La Sierra del Guadarrama en los cuadros de Velázquez

Fueron los institucionistas los descubridores de la Sierra de Guadarrama a finales del Siglo XIX y principios del XX, y fueron también ellos los primeros que con emoción identificaron los paisajes de la Sierra retratados en los cuadros de Diego de Silva y Velázquez trescientos años antes, y que sin duda constituyen las primeras imágenes del Guadarrama que han llegado hasta nosotros.

Constancio Bernaldo de Quirós, ilustre Guadarramista ,  discípulo de Giner, emigrado como tantos otros tras la Guerra Civil , en esa dolorosa sangría de la que nunca nos recuperamos,  a Méjico, fue sin duda la primera persona que dejó escrita la identificación exacta de los paisajes serranos retratados en  las obras de Velazquez.

Quizás el más conocido de estos  paisajes es el  de la cumbre  nevada de La Maliciosa  que aparece en el fondo del retrato del Príncipe Baltasar Carlos, a caballo (1635, Museo del Prado ). Dice Bernaldo de Quirós, que el primero que hizo esta identificación fue D Eugenio Cuello Calón, que después fué catedrático de Derecho Penal,  a los pocos días de una ascensión  a la Sierra con el propio Quirós, y con el escritor segoviano José Rincón Lazcano. Este hallazgo quedó sin duda en la tradición institucionista, y yo todavía he visto una gran foto de esta parte del retrato de  La Maliciosa  en una  casa de los Menendez Pidal en San Rafael. Para Bernaldo de Quirós esta vista de La Maliciosa estaría tomada desde el encinar de El Pardo o desde el Soto de Viñuelas.

Según Bernaldo de Quirós fue el geólogo Juan Carbonell, desaparecido durante la Guerra Civil, quien en 1922 identificó el paisaje serrano que aparecía como fondo en el retrato de Felipe IV a caballo (1628, Museo del Prado). Según Carbonell  el paisaje se  corresponde, “con la fidelidad de un documento geográfico”, en palabras de  Bernaldo de  Quirós, con el macizo de la Pedriza Anterior y la La Ladera de las Viñas, vistos desde un punto que puede situarse en las proximidades de El Escorial de Abajo , en el camino de Galapagar.

Para Bernaldo de Quirós , el paisaje  que aparece como fondo en el retrato del Príncipe Baltasar Carlos , cazador (1635-1636, Museo del Prado) , es el macizo  de la Sierra de Hoyos de Manzanares en su conexión con el Serrejón de Collado Villalba.

De nuevo La Maliciosa, unida al Macizo de Las Guadarramillas y monstrando el Ventisquero de La Condesa , origen de  el rio Manzanares, forma , para Bernaldo de Quirós, el fondo montañoso que aparece en el retrato de el bufón D Diego de Acedo “el Primo” ( 1634, Museo del Prado).

La enumeración de D Constancio Bernaldo de Quirós, termina con un hallazgo de Aureliano de Berruete, pintor y efímero director del Museo del Prado, sobre el origen del paisaje que aparece en el cuadro de “Las Lanzas” ( 1635, Museo del Prado). Para Beruete  el fondo de la Rendición de Breda , se corresponde con la llanura de El Escorial de Abajo, con las charcas lejanas de Peralejo, según se dominan desde las alturas de San Juan de Malagón,  antes de llegar al puerto del mismo nombre tambén denominado puerto de Malagón o alto de Abantos.

Habrían de pasar cerca de trescientos años , para que los paisajes del Guadarrama , que forman los fondos únicos y misteriosos de estos cuadros de Velazquez, cuyo origen se perdió con el de  la memoria  de la propia Institución,  adquierieran el total protagonismo de los cuadros del mismo Aureliano de Beruete.

Para mí es emocionante  intentar rescatar estas aportaciones de Constancio Bernaldo de Quirós y 0jalá que  algún Guadarramista actual, armado con sus planos GPSs y cámaras fotográficas,   pudiera   confirmar estas vistas  del Guadarramay los puntos exactos en donde Diego de Silva y Velazquez las retrató hace cerca ya de cuatrocientos años.

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Compasión y curación.

En el núcleo central de la doctrina de Buda está la eliminación del sufrimiento: el sufrimiento existe, se origina en nuestra mente y puede eliminarse con la práctica de la doctrina que el Buda nos transmitió.

Junto a la doctrina del sufrimiento, otro de los puntos fundamentales del budismo lo constituye  la práctica de la compasión que se considera el  principal camino  hacia la iluminación.

La compasión es una actitud individual de querer liberar a todos los seres del sufrimiento. Todos los seres forman una unidad con nosotros.

La práctica de la  compasión tiene un tremendo efecto curativo, tanto para las personas que la practican , como para las personas que sufren y que se acercan a un ser compasivo.

Santhideva describe al Buda como el médico que todo lo sabe. Su doctrina ( el Dharma) es la medicina. La enfermedad es el sufrimiento  y las personas que practican la compasión con la intención de curar a todos los que están enfermos se convierten en su medicina, en su médico y en su enfermero.

En la tradición oriental , cuerpo, mente y espíritu forman una sola unidad y lo que acontece en cada uno de estos dominios repercute en los otros, nunca se conceptuan de forma aislada.

El sufrimiento de una persona  que tiene una enfermedad física, está en su mente. Pero este sufrimiento repercute a su vez en la enfermedad física, porque no hay separación entre una y otra.

Por otro lado, el sufrimiento provocado por una mente desbocada, o por acontecimientos vitales externos que la persona no puede controlar:  la muerte, la soledad, el aislamiento ,  el acoso por otras personas en el trabajo , o el maltrato  físico o psicológico en el seno de la propia familia, por citar solo algunas circunstancias externas,  terminan provocando enfermedades graves, porque no existe un dualismo entre la mente y el cuerpo.

Las personas que tienen enfermedades físicas , pueden además sufrir como consecuencia de una mente descontrolada o por acontecimientos vitales como los que hemos descrito, y este sufrimiento repercute a su vez en su enfermedad.

La capacidad curativa de la compasión en el budismo tibetano, va pues más allá de la la curación del trastorno físico del cuerpo, para adentrarse en la dimensión mental y  espiritual de la enfermedad, con las que forma una unidad. La raiz de la enfermedad está en el sufrimiento y en nuestra mente.

Sorprendentemente, las palabras sufrimiento y compasión , que forman uno de los núcleos fundamentales del budismo, están  ausentes , salvo muy escasas y honrosas excepciones, como en  los trabajos de Eric Cassel, en la moderna bibliografía médica occidental,  Mente y espíritu están fuera del campo de la atención del modelo médico occidental centrado fundamentalmente en el cuerpo físico.

En los últimos cincuenta años hemos asistido a una mutilación progresiva y sistemática de la dimensión más espiritual del hombre, buscando lo que Herbert Marcuse, denominó “El hombre unidimensional”, un ser manejable y estrictamente dirigido a su misión de producir y de consumir. Este nuevo hombre, alineado, es especialmente sensible al sufrimiento cuando se enfrenta a la realidad de la enfermedad y de la muerte , a la propia realidad del cambio constante en el que discurre nuestra vida. Este hombre quiere aliviar el  sufrimiento , que se origina en su mente, en la medicina , que en occidente es la medicina del cuerpo , una medicina que en su concepción actual es incapaz de enfrentarse a la dimensión mental y espiritual de la enfermedad.

Creo que el médico ideal del futuro debería ser un médico que dominando las técnicas de la medicina occidental dirigidas al daño físico, hubiera trabajado profundamente en el origen del sufrimiento, en las técnicas para eliminarlo presentes en el Dharma y en la compasión.

A pesar del crecimiento de las doctrinas budistas en occidente en los últimos veinticinco años, este tipo de médico me parece hoy muy dificil de conseguir , por lo que probablemente durante muchos años seguiremos asistiendo al modelo actual en occidente: médicos centrados en el cuerpo por un lado y por otro lado un grupo de personas sanadoras singulares, algunas de ellas actualmente refugiadas en el campo de la medicina alternativa,  como sucede con los lamas sanadores tibetanos, capaces de interactuar en la otra dimensión psicológica y espiritual que forman el núcleo del sufrimiento personal y de la enfermedad. “Curar muy pocas veces, aliviar algunas, consolar siempre” dice un viejo aforismo médico francés del siglo XIX, hoy ya en gran parte olvidado.

Imagen del Buda de la Medicina

Mantra del Buda de la Medicina

Estatua del Buda de la Medicina

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La Luz de La Granja en los óleos de Joaquín Sorolla

Joaquín Sorolla acude a La Granja en 1907 invitado por Alfonso XIII. Sorolla retratará al Rey en los Jardines, pero  al mismo tiempo capta los instantes de su familia en el jardín  y los paisajes y la luz única del lugar en aquellos meses del verano y del otoño de 1907. A pesar de que han sido muchos los artistas que han pintado los jardines y los paisajes de La Granja, quizás ninguno de ellos haya logrado captar su luz clara e intensa , tan especial, como Joaquín Sorolla.

De los cuadros de Sorolla que recorren Internet he logrado reunir algunos de ellos pintados en La Granja  y en sus alrededores en aquellos meses.

El retrato de Alfonso XIII  vestido de Husar bajo la luz del mes de julio entre los tilos del jardín, tiene una especial delicadeza.

Alfonso XIII en los Jardines de La Granja

Sorolla retratando a Alfonso XIII en los Jardines de La Granja

Algunos de los retratos de su hija María y su mujer Clotilde recogen también  la luz  muy especial del verano en los Jardines.

María en La Granja 1907

María en los Jardines de La Granja

María mirando los peces. La Granja 1907

Clotilde paseando por los Jardines de La Granja 1907

No faltan tampoco los cuadros de los niños jugando en los Jardines  o bañandose.

Niñas saltando a la comba

El baño en La Granja

Niño desnudo. La Granja

Hay una luz  única y mágica  también el Pinar  durante el verano, que  Sorolla capta en su paisaje del Vado de la Reina  (Baño  de la Reina se llama, creo que  erróneamente, el cuadro)

El vado de la Reina

Intenta recoger también el reflejo de los tilos sobre el agua tranquila de la Fuente de Neptuno

Fuente de Neptuno

La imagen lejana de las Peñas Buitreras tras el verdor del verano sobre los árboles del Jardín

Jardines de La Granja

Las tormentas de verano sobre la cumbre de Peñalara.

Tormenta en Peñalara

Paisajes inacabados

Paisaje de La Granja

De nuevo la luz en los jardines en el Parterre de la fuente de La Fama

Arboles de La Granja

Boceto desde el frente del palacio

Jardines de La Granja

Boceto del Palacio desde la fuente de las Tres Gracias

Palacio de La Granja

Cuando llega el otoño , intenta captar el cambio de luz en los árboles y en el jardín

Árboles en otoño.

Árboles en otoño

Otoño en La Granja

Árbol amarilllo

Aquel otoño marcó el final de Joaquín Sorolla en la Granja, pero la luz quedó en sus cuadros con nosotros para siempre

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Alfonso XIII y La Granja de San Ildefonso

La primera parte del reinado de Alfonso XIII coincide con la época de mayor esplendor de La Granja en el Siglo XX. Este periodo  va desde practicamente  el inicio de su reinado en 1902 , hasta el incendio del palacio en 1918 en que se destruyen las habitaciones que ocupaban Alfonso XIII y su familia.

Alfonso XIII sentía de joven una gran atracción por La Granja, y muchos de los lugares “glamourosos” del municipio , fueron construidos por él. Si algunos autores han hablado ,refiriéndose  a Felipe V, de la Granja como capricho del Rey, las huellas de las aficiones de Alfonso XIII , son todavía  muy patentes en el Real Sitio.

A su afición a la escopeta y al tiro de pichón se debe la fundación de ” El Tiro” en 1905. A él acuden el Rey y sus amigos aristócratas, durante los veranos, a ejercitarse con la escopeta. En los terrenos de “El Tiro”, también para el  Rey y  sus amigos, se contruye  en 1907 un campo de tenis , Lawn-Tenis se llamaba entonces. Sobre esta época, se crea también un campo de golf, el primero de España, a instancias del Rey.  En 1907 se construye el Campo de Polo, también para uso del Rey y sus amigos, inagurandose en 1908.

Si el tiro de pichón puede quizás encuadrarse dentro de  la más pura veta aristocrática hispana, la práctica del tenis, del golf y del propio polo, están sin duda influenciados por las costumbres inglesas de la  Reina  Victoria Eugenia de Batenberg ,  con quien contrairía Alfonso XIII matrimonio en 1906.  Es llamativo que la real  pareja celebrara su luna de miel en el Palacio de La Granja. En este palacio  nacieron también algunos de sus hijos: Jaime, Juan y Beatriz. Los tres nombrados hijos predilectos de La Granja y de la Provincia de Segovia en 1928.

Alfonso XIII y Victoria Eugenia , como buenos jinetes, eran muy aficionados a los paseos a caballo por los montes y el pinar, para lo cual montaban en un tipo de caballo serrano, muy duro y de poca talla, a los que llamaban “Blases”. Hacian excursiones en los veranos con los amigos hasta Peñalara y Siete Picos montados en estos “Blases”.

Alfonso XIII era también un gran aficionado al automovil, y le gustaba viajar conduciendo en sus propios coches  de gran potencia entre Madrid y La Granja, subiendo al Puerto de Los Leones , y cubriendo el trayecto en tiempos record.

La presencia del Rey y su familia en los veranos en La Granja , atrajo al municipio a gran número de aristócratas, altos mando militares, políticos,  banqueros , artistas, intelectuales yc científicos que compraban ,  edificaban o alquilaban casas en el Real Sitio, o simplemente arrendaban habitaciones en los hoteles y en las  fondas. La vida social , enormemente glamurosa en aquellos veranos, se reallizaba alrededor del campo de polo cuando el Rey jugaba sus partidos, en el club de tiro , en donde además de practicar el golf, tenis o tiro de pichón, se bailaba el “Rigodon”,  en los paseos por la pradera del hospital o por el camino de Madrid o de Segovia. El Rey daba alguna fiesta en el palacio, que a veces duraban toda la noche, y durante el mes de julio y agosto había funciones de teatro , en donde se congregaba todo el séquito y la colonia veraneante.Era frecuente en aquellos veranos , las corridas de toros que se celebraban  en el patio de la Casa de Canónigos.

Alfonso XIII y su familia pasaba los veranos desde julio a septiembre entre La Granja, San Sebastián y Santander. Pero a partir del incendio del Palacio de La Granja en el invierno de 1918, Alfonso y su familia dejarán de acudir a La Granja, para pasar los veranos solo  en Santander y en San Sebastían. Con la ausencia del Rey , de la Reina Victoria Eugenia y de sus hijos , a partir de 1918, La Granja empieza a perder “glamour”. La ausencia del Rey  se intenta contratestar entonces con la presencia de la Infanta Isabel de Borbón , “La Chata” , en los veranos del municipio, lo que en cierto modo parece  se consigue hasta la llegada de la República en 1931.

Tengo la impresión de que el joven Rey ,  a pesar de todo lo que se ha escrito en contra, tuvo una cierta felicidad  en aquellos años en los que pasaba parte de los veranos en La Granja y esta alegría creo que quedó prendada , junto con algo del “glamour” perdido, en el  campo de polo , en el que probablemente nadie volvió a jugar desde el año 1918, y quizás también en algunos otros lugares como la carretera de “El Tiro”, o en las  sequoyas y en los campos de tenis del viejo Club. Gran parte de los fantasmas  que habitan en  La Granja se remotan a aquella época y es todavía posible contemplarlos en algunas noches de luna , tomando el te con la Reina Victoria Eugenia, en el chalet del campo de polo, recientemente reconstruido, o bailando el rigolón en las tardes del mes de julio en “El Tiro”. Es también posible que la juventud del Rey quedara prendada, como tantas otras juventudes , en las tardes de verano de La Granja. Yo todavía he visto muchas de ellas, atrapadas en el tiempo y en el devenir de la vida, que aquí parecía entonces  tan distinta.

Las siguientes fotografías provienen del archivo digitalizado de Francisco Goñi de la Junta de Castilla La Mancha.

Alfonso XIII jugando al tenis en "El Tiro"

Alfonso XIII descansando en un partido de polo hablando con la Reina

Alfonso XIII jugando al Golf en La Granja

Alfonso XIII y Victoria Eugenia saliendo por la Puerta de La Granja

La Reina Victoria Eugenia jugando al golf en "El Tiro"

La Reina Victoria Eugenia paseando a pie por la carretera de El Tiro

La Reina Victorai Eugenia paseando a caballo por La Granja

El Rey Alfonso XIII Jugando al polo en “La Granja”. 1915

Excursión en caballos “Blases” . 1915

El Rey Alfonso XIII saliendo del Palacio de La Granja en un Hispano Suiza. 1915

La infanta Isabel de Borbón (“La Chata”) bailando el Rigodón en “El Tiro”

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El olivar de la Quinta del Duque del Arco en El Pardo (Madrid)

El Pardo es una prolongación de la Sierra del Guadarrama que casi se introduce en Madrid. Como los Montes de Valsain,  debemos la llegada de El  Pardo hasta nosotros a la Monarquía Española.  Fué también  respetado durante la República y la Dictadura de Franco, y afortunadamente lo ha seguido siendo, a pesar de las graves amenazas que le acechan, hasta nuestros días.

Con El Pardo, nos llegan muy cerca, las encinas centenarias, los viejos pinos , los corzos y los ciervos, los jabalíes , los buitres leonados y hasta la águilas imperiales, que los biólogos siguen, gracias a los radiotransmisores,  en sus largos viajes hasta Asturias.  El frescor de la Sierra con la nieve al fondo , puede sentirse muy cerca, cuando nos acercamos al poblado de Mingorrubio.

Felipe V , donó al Duque del Arco, un terreno en El Pardo, en donde el Duque contruyó , un pequeño palacete y un pequeño jardín al gusto francés.

Rodeando el palacete , el Duque plantó un bello olivar , una zona de frutales y de almendros, y es posible también que en aquella época hubiera también un viñedo. Al morir el Duque su viuda devolvió al Rey aquellos terrenos y todo lo que su marido había construido.  De este modo, el palacete y todo lo que rodea ha llegado hasta nosotros,  con el resto de las posesiones de El Pardo, de forma muy similar a cuando el Duque los disfrutaba.

Esta finca de recreo, incrustada entre las encinas del monte de El Pardo, con la Sierra de Guadarrama nevada como fondo, nos muestra una naturaleza domesticada de enorme belleza. La naturaleza está dominada por el hombre , pero sigue siendo hermosa, en los parterres , fuentes, paseos , y estanques del jardín. En los rosales restaurados. En las sequoyas gigantes que aún perduran.  También lo está en el olivar y en los cerezos y  en los almendros  que aún florecen cuando febrero muere.

En la Historia natural de Cayo Plinio Segundo (año 30 ), se mezclan las plantas salvajes y las cultivadas, pues los cultivos, aunque en cierta forma manipulados por el hombre, siguen siendo parte de la naturaleza y de sus ritmos. Refiriendose al olivo , Plinio cita a Teofrasto (371 A.de C), diciendo que el olivo entonces todavía no crecía en España y Laguna, en sus comentarios al Dioscorides , habla de un olivo salvaje, el acebuche, que crece cerca del mar y que yo todavía he visto silvestre cerca de las costas de Barbate, y el olivo cultivado.

Cayo Plinio Segundo, recoje toda la antigua tradición cultural del cultivo de la oliva  y de la producción artesanal del aceite, que en cierto modo debía de seguir respetandose en el siglo XVIII,  cuando el Duque del Arco, plantó en medio de El Pardo su expléndido olivar. Hoy ya nadie sigue la vieja tradición en la Quinta de EL Pardo, y las aceitunas negrean en los olivos del Duque, y caen con el tiempo al suelo,  de donde pueden cogerse y al exprimirse entre los dedos,  aún nos siguen ofreciendo su jugo aceitado , de la misma forma que se lo ofrecían a Plinio y a Teofrasto hace más de dos mil años.

Con los olivos,  los almendros y los cerezos  de la Quinta del Duque del Arco en El Pardo, podemos seguir los ciclos de la naturaleza  en esta extensión del Guadarrama tan adentrada en la ciudad, y sentir  este pedazo de naturaleza como  nuestro.  Algo que ahora no podríamos seguramente hacer , si al final esta finca no se nos hubiera transmitido  con el el resto de El Pardo , y  de las antiguas  posesiones que la vieja monarquía española, conservada  hasta nuestros días.

Entrada a la Quinta del Duque del Arco desde el palacete.

Olivo

Almendros en flor

Flor de un almendro

Olivos

Olivo

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La ciencia del arte médico.

Placebo

Conforme ha ido ganando poder en sus métodos diagnósticos y en sus procedimientos terapeúticos, la medicina ha ido abandonando gran parte de los elementos rituales que han sido parte importante de su forma de hacer desde los antiguos. Sin embargo, estos elementos  no han desaparecido de nuestra sociedad  sino que , en gran parte ,  se han ido a refugiar en lo que hemos llamado  las medicinas alternativas. La proliferación de todo tipo de sanadores y de prácticas curativas, indican que muchos pacientes, además de los elementos poderosos de la medicina científica occidental, siguen necesitando este tipo de rituales.

En los últimos años ha habido un avance importante en el estudio científico de los efectos placebo y nocebo, es decir del efecto curativo  o,  por el contrario,   del poder  dañino o nocivo para el paciente, de muchos  de los elementos  que rodean el acto médico, y de los que muchos profesionales sanitarios , tanto para bien como para mal, puede que no sean  todavía plenamente  conscientes.

Dos recientes comentarios publicados en la Revista de la asociación médica americana (JAMA 2012, 307: 567 ; JAMA 2011, 306:2612) han vuelto a llamar la atención sobre algunos de estos hechos , resumiendo estudios clínicos bien diseñados en donde se estudiaban de forma científica el efecto de algunos de estos componentes  tradicionalmente calificados como no científicos del acto  médico, y que a veces se han clasificado globalmente como arte médico.

Un estudio mostró que en los enfermos hospitalizados a los que se administró medicación por una bomba de infusión intravenosa, hubo  una gran diferencia en el efecto sobre el dolor o la ansiedad cuando la administración de analgésicos o ansiolíticos se hizo de forma escondida a través de la bomba, sin decir nada al paciente,  comparado con ,   cuando  además de infundir los medicamentos,  se le comunicó al paciente que se le iba a administrar la medicación. El decir  al paciente que se le iba a administrar la medicación multiplicaba los efectos positivos de esta  sobre el dolor o  la ansiedad.  Se demostró el efecto beneficioso de la palabra del médico en este contexto.

Cuando, en otro estudio,  se administró a pacientes con síndrome del intestino irritable, una alteración funcional muy frecuente de la movilidad del colon,  un sucedáneo de tratamiento de acupuntura ( las agujas se pinchaban lejos de los puntos tradicionales conocidos como beneficiosos) aumentaba la respuesta terapeútica    comparado con los pacientes a los que  no se les hacía nada. Pero si las agujas de acupuntura colocadas en puntos distintos a los tradicionales, se realizaba en un ambiente cálido de relación interpersonal , aumentaba aún más el efecto beneficioso  sobre los pacientes del sucedáneo de  la acupuntura.  El estudio por tanto demostró  que la pura actuación del médico produciía alivio al enfermo ,pero que si además este se realizaba en una ambiente acogedor en donde se daba importancia a la relación interpersonal el efecto beneficiosos aumentaba aún más.

Los mismos efectos se pudieron observar desde la perspectiva negativa o del efecto nocebo en distintos estudios.

En un estudio, cuando a los pacientes  que tras una intervención quirúrgica se les había tratado el dolor con una bomba de infusión intravenosa de morfina,  se les comunicaba  que se les iba a parar la infusión del analgésico y que esto les podía  provocar más dolor,  tenían realmente un incremento significativo del dolor , de la ansiedad  y  de su movilidad, comparado con aquellos pacientes a los que no se les decía  nada sobre el momento en que se les iba a parar la infusión. La palabra del médico , en este caso no tenía un efecto beneficiosos sino perjudicial sobre el dolor del paciente.

En otro estudio, la forma en que se explicó a las mujeres que iban a dar a luz los efectos  posibles de la anestesia epidural , tuvo un efecto importante sobre el control de dolor durante el parto. El decirles “Vas a sentir como una gran picadura de abeja, esta es la peor parte del procedimiento” produjo mucho más dolor durante el parto que el decirles “Te vamos a poner un anestésico local que te adormecerá la zona  y estarás confortable durante el procedimiento”. De nuevo , la palabra del médico, enfocada en un sentido positivo o negativo,  podía tener efectos contrarios sobre el dolor en la mujer que iba a dar  a luz.

En estos estudios clínicos se demostró de forma clara y con una metodología científica, aplicada a  la investigación clínica, el poder positivo o negativo de las palabras del médico o del personal sanitario, algo que siempre se habia creido parte del “arte médico” y cuyo poder  muchos médicos “científicos” muchas veces han despreciado.

El invitar y escuchar al paciente para que exprese su experiencia de la enfermedad;  el ofrecerle una explicación satisfactoria del malestar que sufre ; el manifestarle  sus cuidados y su preocupación; el comunicarle  las expectativas positivas del efecto de  un tratamiento y el ayudar a los pacientes a sentir un mejor control de su vida frente a la enfermedad;  son  las recomendaciones de uno de los autores de estos comentarios sobre como integrar estos aspectos en la práctica clínica. Del mismo modo, el como comunicar los posibles efectos negativos de un tratamiento a un paciente de forma balanceada con  los efectos beneficiosos del mismo , es un hecho de gran importancia sobre como el paciente puede vivir este tratamiento.

Afortunadamente, todos los buenos médicos clínicos que he conocido , nuncan han abandonadonado estas prácticas, y  siempre las  han dado la gran importancia que se merece. Pero es importante difundir  que ningún médico, independientemente de su pericia técnica  en la aplicación de los poderosos métodos diagnósticos y terapeúticos actualmente  su alcance,  nunca podrá ser considerado un buen clínico, si ignora estos elementos básicos del arte clínico., del poder beneficioso o dañino  de su palabra y de sus actitud ante el enfermo.

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Los sonidos del Pinar de Valsaín. Carlos de Hita

Un amigo  me ha llamado la atención sobre un video con los sonidos del invierno en el Pinar de Valsaín publicado  en las páginas digitales del periódico “El Mundo”. Está publicado en uns sección denominada “Los sonidos de la naturaleza” y su autor es Carlos de Hita. Reviso el archivo de la sección, donde se guardan numerosos reportajes sobre los sonidos del  Pinar, y en donde los cantos de las aves en las distintas estaciones , adquieren un singular protagonismo. Carlos de Hita explica la técnica que utiliza para captar estos sonidos y el porqué lo hace. Conoce los cantos de todos y cada uno de las aves del Pinar, y el origen de otros muchos sonidos: animales, vegetales o minerales de la Sierra.

En el año que llevo escribiendo este blog, me he ido encontrando muchos amantes del Pinar , que van recogiendo con amor y dedicación diversos aspectos del mismo: Honorio Iglesias, con sus fotografías de la fauna y  la flora del Pinar;  Ignacio Maderuelo realizando el catálogo de su fuentes; Conrado Martín reconstruyendolas o  Julio Vías recogiendo la memoria histórica del  Pinar. Pero no podría pensar que existía alguien como Carlos de Hita que recogía editaba y publicaba los sonidos del Pinar de Valsaín y de la Sierra. Ha sido un emocionante hallazgo.

La idea del paisaje es una idea unitaria. Se unen todas nuestras percepciones: lo que vemos, lo que olemos, lo que oimos o  lo que percibimos a través de nuestra piel ( la temperatura , el movimiento del aire ). Pero  quizás lo mas importante en el sentimiento del paisaje son las  sensaciones más profundas:  de unión con todo lo que nos rodea. Un sentimiento que no es facil de encontrar lejos de las sierras y de las costas desnudas.

Aún fragmentando, analizando los componentes del paisaje, la fuerza evocadora  de cada uno de sus componentes es impresionante.  Si Honorio Iglesias nos acerca a la increible belleza de las imágenes del Pinar, Carlos de Hita  nos muestra la mágica fuerza de los sonidos  de la Sierra. Los dos, junto con Julio Vias,  Conrado Martín y otros muchos amantes de este pinar, nos recuerdan la necesidad  imperiosa e ineludible de su conservación.

Los sonidos de la natureza

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Un acto médico del Lama Gangchen

Una mujer de mediana edad, delgada , con pelo rubio y rizado, nariz  algo respingona, se acerca al Lama.  Viste pantalón y chaqueta corta de color negro. El Lama , con su túnica anaranjada, y sus brazos descubiertos, su cabeza calva, del mismo color que sus brazos,  está sentado en una silla sencilla. La mujer,  un poco azarada, se sienta en otra silla encarandose a él. Están muy cerca,  sus rodillas casi se tocan. No hay nada en medio de los dos: no hay mesa, ni ordenador, ni papeles en los que escribir. La mujer empieza a  narrar su queja, su dolor. El Lama la mira,  con semblante serio,  fijamente a sus ojos. Observa cada movimiento de su rostro. En ese momento no existe otra cosa para él,  que la cara de esta mujer y lo que intenta  decirle. A ella le dedica su plena atención.  Casi cuando  la mujer comienza  a hablar,  el Lama coge con su mano izquierda la  muñeca derecha de la mujer. Después,  eleva con  su brazo  medio extendido, la mano de ella  a la altura de su hombro. Con sus dedos el lama palpa el  pulso radial derecho de la paciente.Tras unos minutos,  el lama realiza los mismos movimientos con su mano derecha:  agarra  la muñeca izquierda de la mujer, la eleva  a la altura de su hombro, y palpa el  pulso radial izquierdo.  Mientras la mujer sigue hablando, el lama sigue palpando los dos pulsos radiales de la mujer, con las dos muñecas a la altura de sus hombros. Las palmas de la mujer están hacia abajo, las del Lama hacia arriba. Hay una extraña unión en la figura que forman. Con sus brazos elevados , palpando los dos pulsos radiales de la mujer, con su atención completa en lo que ella le está diciendo, hay una expresión  en la postura en el Lama de captación de la pena y el dolor de la  mujer. Sin cambiar la postura , sin emitir ningún diagnóstico sobre el origen del dolor que la mujer tiene, el Lama la dice que la va a dar unas píldoras que la pondrán bien. Después el Lama abraza con fuerza a la mujer durante unos segundos.  Ella se retira con cara emocionada y aún algo trastornada.

El Lama Gangchen es un extraordinario sanador. Es consciente del poder sanador de cada uno de sus movimientos , de cada uno de sus gestos, de cada una de sus palabras, del poder curativo de su propia persona. La posición de su cuerpo, su mirada, el contacto de sus dedos con las muñecas de la paciente, su actitud abierta a recoger el mal y el padecimiento de la mujer, sus palabras positivas , la fuerza que él ha concentrado en la píldoras que dará a la paciente, todo ello, tiene una enorme capacidad sanadora.  Pero probablemnte sea a través de ese abrazo final , con el que cierra su encuentro, en donde él coloca toda su fuerza y su poder de sanación, en donde él expresa toda su inmensa energía y compasión, que la mujer recogerá  en su propio cuerpo. A través de todo esto, aparentemente sencillo, pero de una sabiduría antigua y un simbolismo enormemente complejo, la mujer se sentirá aliviada, y este alivio , que proviene dierctamente de la propia capacidad sanadora del Lama, permanecerá en el tiempo a través de las píldoras en las cuales el Lama ha depositado su propia energía , su enorme compasión, su gran capacidad de sanación.

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El significado antiguo de las fiestas de Navidad y Año Nuevo

Cuando era niño, desde una de las ventanas de la casa de mis padres en Madrid, veia ponerse el Sol cada tarde sobre el horizonte lejano. A  un lado del horizonte se elevaba  la Sierra de Guadarrama, algunas de cuyas cumbres, en el mes de diciembre, estaban ya nevadas.

Uno de los más grandes descubrimientos de mi  infancia entonces , fue el percatarme de  que la puesta de  el Sol no ocurría siempre en el mismo punto del horizonte. En el verano este punto se desplazaba hacia el norte , hacia la Sierra,  y en el invierno lo hacía el sur , hacia la meseta. Lo que a mí me explicaban en el colegio sobre el movimiento de la Tierra y del Sol, era que la Tierra, al contrario de lo que habían creido los antiguos, giraba alrededor del Sol , y esto había sido el fundamento de la Revolución Copernicana. Lo que yo veía, sin embargo, era el Sol desplazandose alrededor de la tierra y moviendo  su punto en el ocaso en el horizonte. Esto era lo  que todos los hombres habían visto desde la prehistoria y , a pesar de Copérnico, lo que seguimos  viendo en la actualidad. Es la realidad inmediata de la Tierra y el Sol, tal y como se nos presenta, lejos de las construciones  matemáticas de nuestras mentes.

Si observamos la salida y la puesta del Sol, hay dos momentos del año en que la salida y la puesta coinciden exactamente con el Este y el Oeste. Estos son los Equinocios de Primavera (21 de marzo) y de Otoño (21 de septiembre).  A partir del Equinocio de Otoño, el Sol se va poniendo cada vez más al sur y este movimiento llega a su máximo en el Solsticio de Invierno , el 21 de diciembre. A partir de este momento, el punto del ocaso empieza a desplazarse hacia el norte, cruza de nuevo el punto del Oeste , en el Equinocio de Verano, y sigue  desplazandose hacia el  norte hasta llegar a su punto máximo el 21 de junio que es el  Solsticio de Verano.

La altura máxima del sol lleva un movimiento que es  paralelo al anterior , es máximo en el solsticio de verano y mínimo en el de invierno. La duración del día sigue también un ciclo similar , es la más larga en el Solsticio de Verano y la más corta en el Solsticio de Invierno con una duración igual del día y de la noche en los Equinocios.

La fiesta cristiana de la Navidad y la fiesta de Fin de Año, se asientan sobre otras fiestas mucho más antiguas y ancestrales alrededor del Solsticio de Invierno. Este es el momento en el que el dia es más corto, la noche más largas, el Sol está más  bajo, los días son más frios. A partir de este momento el mundo empezará a renacer: los días serán progresivamente más largos, la trayectoria del Sol se irá elevando y cuando lleguemos al próximo Equinicio vendrá la explosión de la nueva Primavera. Nuestro organismo, que está ahora en sus momentos más bajos, sufrirá un ciclo parecido acompañando al Sol y a la Tierra. La vida en general participa de este mismo ritmo estacional, y  parece dormir en estos meses frios  y de corta luz.

Una de las cosas más bellas de la vida es este ritmo estacional , este ritmo que es sin embargo  peremne. Celebremos en estos dias de Navidad y de Año Nuevo, este comienzo de un nuevo ciclo y extendamos nuestro amor y nuestra compasión a todos los seres sintientes que nos han de acompañar en este nuevo periodo ciclico y  peremne que ahora empieza.

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Elogio del fuego en la chimenea a finales de diciembre

En  estos dias de diciembre que marcan el final del otoño y el inicio del invierno, cuando la niebla se extiende al caer la tarde sobre el rio,  suelo encender algunos leños en mi chimenea.

El fuego en la madera me hace volver a sensaciones de elementos ancestrales: el calor, la luz de las llamas, el reverberar del rojo intenso de las brasas  cuando se mueve el aire, el humo subiendo hacia el tiro de la vieja chimenea.

El fuego es la luz, es el calor, es el color irisado de las llamas, es el olor del humo y de la madera quemada.

Sobre las brasas ardientes,  se cocinaba en el pasado los alimentos, y en esta época del año ,  alguna vez pongo castañas sobre ellas.  El olor de las castañas sobre el fuego se une  entonces a los olores del humo de la madera al arder.

En estas fechas  alrededor del solsticio de invierno , cuando los dias son más cortos, y la luz del sol es más tibia, el calor del fuego penetra en nosotros y parece darnos vida.

Conforme pasa la noche,  las brasas se van consumiendo, y en el frio despertar de la mañana, en la vieja chimenea solo quedan las cenizas grises. Esta conversión del tronco en ceniza a través del fuego, es una demostración de la transitoriedad, de la fugacidad de las cosas, del vacio sobre el que están constituidas. Esos bellos leños, que crujían hace solo unas horas , y nos daban el calor y la luz, al cabo de poco ya no son nada. Pero ese fuego y esa luz , como sucede con muchas  personas ya ausentes,  continúan  viviendo en nosotros.

Cuando avanzada la tarde, con la oscuridad y el frio de la noche cayendo sobre el pueblo , camino alguna vez por sus calles desiertas y    siento la pureza y el frio de este aire de la sierra en mi cara y en mi pecho.  Mezclado con este aire gélido y limpio, siento también el olor del humo de las chimeneas, de la madera ardiendo en las casas , entregando su calor a otros habitantes , de este pueblo que a estas horas , se me asemeja vacio y distante.  De vuelta a casa mi  chimenea encendida  vuelve de nuevo a recogerme,  y una sensación de sueño,  profundo e infantil, me embarga, y con el tiempo cae de mis manos al suelo el libro, que a estas horas de la tarde siempre leo,   y ese  ruido súbito  me hace de nuevo despertar y sentir de nuevo  el calor de las brasas  y de la gente que quiero  tan cercanas .

Fuego en mi chimenea en esta tardes de diciembre en el  solisticio de invierno.

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