El barco real de la maqueta de la iglesia de Deba.

Al poco de escribir mi entrada sobre la maqueta del barco de la iglesia de Deba, Alex Turrillas vuelve a sorprenderme con una entrada en su blog que resume sus investigaciones  sobre el barco: Los exvotos marineros de Santa María de Deba. Hay otros datos de enorme interés sobre otros exvotos de Deba e Itziar en esta entrada que animo a leer.

No quiero privar al lector del placer de la lectura de la entrada del blog de Alex  y el resumen de sus investigaciones. Solo adelantaré  que la fragata era propiedad de la Real Compañía Guipuzcuana de Caracas y que el barco al que representa el exvoto  muy probablemente fuera la fragata  Santa Bárbara. Construida  en Pasajes, navegó entre 1730 y 1757. Su  tripulación llegaba a los 56 hombres y realizó once viajes a América .

Alex está investigando sobre la causa que motivó el exvoto de la fragata Santa Bárbara, también llamada con el sobrenombre de La Galera Guipuzcoana.

Muchas gracias Alex por tu generosa dedicatoria y por tu aportación a la comprensión de nuestra historia.

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Un barco en la Iglesia  de Santa María en Deba

Entre los recuerdos de los veranos de mi niñez en Deba está el de una maqueta de un velero que colgaba del ábside de la Iglesia de Santa María. Cuando volví muchos años después y quise enseñar aquél barco a mis hijos ya no estaba allí. Durante años he estado pensando si aquél barco , apenas entrevisto entre la oscuridad de la iglesia y el olor y la luz de las velas de aquellos días, era real , o solo fruto de mis sueños.

La maqueta corsaria de la iglesia de Deba colgada (http://archivoexvotos.revista-sanssoleil.com/)

La maqueta corsaria de la iglesia de Deba colgada (http://archivoexvotos.revista-sanssoleil.com/)

Ahora el debarra Alex Turrillas, entusiasta, como yo, de las vistas del Cantábrico desde las campas de Deba, alrededor de la ermita de Santa Catalina, camino de Itziar, me confirma que el barco seguía colgado en la iglesia de Deba y que también había otro en la de Itziar, como yo también muy vagamente, recordaba. Me dice que siempre habían estado allí, salvo en una breve época en que fueron arriados para ser restaurados

La maqueta de la iglesia de Deba, me escribe, es la de “Una fragata armada en corso con ocho cañones por cada banda”. Leo que corso se refiere a  barcos particulares que estaban autorizados por el Rey , tenían ” Patente de corso”, para ser armados  para atacar y atrapar  los barcos de los paises enemigos y su botín.

Iñaki Martinez Gorrochategui “Amua”, que fue el restaurador de la maqueta de la iglesia de Deba  en 1995  , nos dice que la iglesia  se construyó en los siglos XIII y XIV ( siglo XV, leo en otros sitios) , y que aunque no se sabe desde cuando estaba colgada la fragata,  se piensa que llevaba allí desde hacía trescientos años.

Estas maquetas se colocaban en las iglesias como exvotos, para dar las gracias por haber salido la nave de alguna situación de gran peligro. No conocemos las circunstancias que dieron origen al exvoto, pero la actividad corsaria en el Cantábrico parece que fue bastante intensa en el siglo XVIII.

Alex Turrillas ha bajado la maqueta de la fragata hace unos días y la ha limpiado. Me ha enviado dos  preciosas fotos que dan constancia de su excelente estado de conservación.

La maqueta de la fragata corsaria de la iglesia de  Deba arriada y limpia.(Alex Turrillas)

La maqueta de la fragata corsaria de la iglesia de Deba arriada y limpia.(Alex Turrillas)

 

En contraste con la furia del Cantábrico, el viento, la lluvia, la tempestad, las olas gigantescas y rugientes que convertidas en espuma  iban a morir en la arena de la playa de Deba; la iglesia de Santa María con sus gruesos muros, su penumbra, y el olor de los cirios, era refugio, tranquilidad y  paz.  La maqueta de aquella fragata corsaria colgada de la bóveda de la iglesia sin duda protegía a los debarras que navegaban en la fragata real en su lucha contra las adversidades de la mar y en su batallar contra los navíos ingleses. Es posible que en medio del fagor, los corsarios debarras se refugiaran con sus mentes en el interior de la iglesia de Santa María, junto a la maqueta de su fragata.

Siento ahora  que el alma del niño que yo fui y sigo siendo, como aquella maqueta de la fragata , como los antiguos corsarios debarras, se refugia sin saberlo en la penumbra de la iglesia de Santa Maria y  siento su tranquilidad y su paz.

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Gigantes y cabezudos el día de San Luis de los Franceses en La Granja de San Ildefonso.

El 25 de agosto, fiesta de San Luis, recorren las calles de La Granja, bailando y girando al son de las dulzainas y de los tamboriles , cuatro grandes gigantones. A su alrededor corren varios cabezudos detrás de los chicos, golpeándoles con pequeñas botellas de plástico. Antes usaban vejigas de cerdo hinchadas .

Los gigantes están construidos sobre un armazón de madera recubierto por un gran vestido . La cabeza y las manos son de cartón pintado. El gigante anda y baila a través de los movimientos de una persona que se introduce en el interior y que carga sobre sus hombros la estructura de madera. La cabeza distorsionada de los cabezudos se coloca sobre los hombros de los chicos, que corren golpeando a los otros con sus botellas. En La Granja los cabezudos ya no llevan los trajes desgastados que se colocaban como una túnica sobre los hombros.

Cuando llegan a la plaza de los Dolores, los gigantes bajan hasta el suelo y salen de su interior sus portadores acalorados por el esfuerzo. Los chicos se quitan las grandes cabezas y las colocan también sobre el suelo. Configuran todos una formación barroca y fantasmagórica delante de la entrada de la capilla de la orden tercera, a la izquierda del edificio del Ayuntamiento. Llegan algunas señoras vestidas con trajes tradicionales segovianos, y un mando de la Guardia Civil.


En determinado momento, sale a hombros de la capilla una imagen de San Luis y, mientras suena la música de las dulzainas, el séquito, con los sacerdotes y sus casullas, las mujeres vestidas de segovianas, y el resto de la compaña, comienza a andar hacia la cercana iglesia del Cristo.

Los gigantones y los cabezudos escoltan a la imagen de San Luis, hasta la puerta de la iglesia pero no entran, se quedan fuera, en el patio, manteniendo su formación. El Santo y el resto de la procesión entran en la iglesia.

Siempre había asociado los gigantes y cabezudos, con las fiestas de las ciudades y pueblos, con los pasacalles en las mañanas, con las alegrías y los miedos infantiles, pero esta implicación con la vida religiosa es nueva para mí.

Me sorprende encontrar que los desfiles de gigantes y cabezudos formaban en el pasado parte importante de la procesión del Corpus Chisti cuyo origen se remonta a 1265.
Aunque el Corpus es una fiesta eminentemente religiosa, su celebración coincide con el solsticio de verano y en sus inicios se impregnó de ritos paganos y de carnaval asociados con este.
Entre los motivos carnavalescos que pertenecían antiguamente a la procesión del Corpus se encontraba la Tarasca, un dragón-sierpe construido sobre un armazón de madera que abría el cortejo . De su gran boca salían extensos brazos con los que quitaban los sombreros al público con gran diversión de los asistentes. Sobre los lomos de la Tarasca iba la figura de una mujer.
A la Tarasca le seguían los danzantes y también los botargas, unas máscaras que golpeaban a los espectadores desprevenidos con vejigas hinchadas.
Los gigantes y cabezudos se movían de un lado para otro, sin una ubicación fija en las antiguas procesiones del Corpus. Solían representar a los cuatro continentes.
Todos estos personajes monstruosos y estrambóticos bailaban al son de la música de las dulzainas, y de los tamboriles y eran motivo de una gran alegría y bullicio para el público. Su presencia en la procesión se justificaba por ser la representación del mal que había sido vencido por el Cuerpo de Cristo.

La presencia de todos estos elementos populares en las procesiones y en el interior de las iglesias fue prohibida por Carlos III en una Real Cédula de 21 de julio de 1780 curiosamente dictada en San Ildefonso:


Parece ser que la Real Cédula se aplicó a la procesión del Corpus y a la presencia de gigantones y demás personajes en el interior de las iglesias , pero que se toleró su presencia en las procesiones de los santos patronos.

Los gigantes y cabezudos forman hoy  parte importante  de las procesiones de los santos patronos de muchas ciudades y pueblos de España, por ejemplo y por citar solo una , de la procesión de San Fermín de los Navarros en Pamplona.

Probablemente  esta sea una de las razones por la que permanecen también en la de San Luis de los Franceses en la Granja de San Ildefonso.

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María Gracia

Creo que la conocimos en una galería de arte en la calle del Almirante de Madrid. Me sorprendió entonces  su agilidad física y mental y una cierta curiosidad infantil que contrastaba con la edad avanzada que al mismo tiempo aparentaba su rostro. Su sonrisa también era de niña y a través de sus ojos brillantes se comunicaba con una mirada interrogante.
A lo largo de los años, mantuvimos muchas horas de  conversación con ella en Madrid , donde pasaba los inviernos, y también en Italia en su casa de Albagnano  cerca del lago Mayor y del  Centro del Lama Gangchen , en donde vivía desde la primavera  hasta el otoño.

Desde que murió su pareja, un acaudalado noble madrileño, a finales de los sesenta,  y fundamentalmente después de un grave accidente  de coche en los Estados  Unidos, María centró su vida en una incesante búsqueda espiritual, intentando quizás apaciguar el profundo desasosiego que siempre la acompañó , y cuyo origen nunca  descubrió o si lo hizo, nunca quiso desvelar.

A lo largo de este largo peregrinaje de búsqueda,  se implicó profundamente en  algunos movimientos alternativos que provenientes de otras culturas y religiones se habían ido desarrollando en los Estados Unidos. Pero supo siempre guardar la distancia necesaria y una independencia mental, que le alejaron de cualquier atisbo de sectarismo. Pensó estudiar religiones comparadas pero creyó que lo mejor era introducirse en las propias religiones.

Trabajó con Carlos Castaneda en Los Ángeles, enseñando los movimientos de Tensegridad  que este había desarrollado a través de las enseñanzas chamánicas y las disciplinas marciales orientales. María hablaba a veces de las mujeres que acompañaban a Castaneda,  las brujas de Castaneda, con un cierto temor. Iban mucho al cine, decía, porque a través del cine se expresaban los poderes que intentaban mover al mundo. Podían transformarse en mujeres jóvenes y bellísimas o volver a su edad real en poco tiempo. Cuando murió Castaneda, sus dos brujas desaparecieron con él , como si hubieran pasado a esa otra realidad que él había  conocido a través de las enseñanzas de D. Juan.

María  tenía la capacidad de estar corporalmente en un sitio , por ejemplo en Madrid, pero al mismo tiempo dejar su presencia en otro sitio muy lejano, por ejemplo en una casa de Málaga  donde se había enfadado con una amiga. Pero era buena y cuando la decías “María vete ya” su espíritu de niña rabiosa,  su presencia siempre inquieta,  desparecía de allí. Esta capacidad la había aprendido, sin duda, aunque esto nunca lo dijo,  en el círculo de Castaneda sobre el que probablemente conocía cosas que nunca contó.

Tenía una gran estima por el  maestro sufí Adnan Sarhan,  a cuyos campamentos de verano en Alburquerque , Nuevo Méjico, había acudido en varias ocasiones . Con  Adnan había aprendido técnicas de meditación, ejercicios físicos , danza sufí, música y percusión. Adnan venía todas las Semanas Santas a Madrid a impartir un curso al que María nunca faltaba, y al que acudían desde París algunas señoras de edad imprecisa con las que alguna vez se peleaba. Adnan tocaba el tambor de una forma muy sabia  y era capaz de sumir a la audiencia con sus ritmos en un estado mental muy singular, en donde el cuerpo , en cierto modo , quedaba gravitando sobre el asiento.

María contaba experiencias muy duras, como el entrenamiento en el budismo Zen, una larga meditación de casi un mes encerrada en una habitación oscura ,  y cuyo único contacto con el exterior era el agua y la comida que alguien introducía en su habitación, o los largos meses en que vivió sola y aislada en las montañas de Argentina.

En sus últimos años  se acercó a través del Lama Gangchen al budismo tántrico tibetano. Su hija trabajaba durante una época como traductora con el Lama y ella compró una preciosa casa de piedra junto al bosque de Albagnano , comía en la comunidad budista, y participaba en los ritos y en los rezos de la Shanga, pero siempre manteniendo una cierta independencia. El Lama la consideraba y la cuidaba.

Su padre era naturista y María guardó siempre un gran respeto por los medios de curación natural y evitaba siempre la medicina convencional, a sus médicos y a sus hospitales. La última vez que la ví, en el último verano, se había roto la cadera y estaba ingresada en el Hospital Clínico de Madrid, en este ingreso se concilió con la medicina tradicional.

María había sido uno de  los socios fundadores del primer restaurante macrobiótico que se abrió en Madrid: La Biotica, y practicaba la alimentación macrobiótica con una persistencia aragonesa. Por un cartel que había en La Biotica nos enteramos de su muerte acontecida en una residencia en el último septiembre. Me sorprendió, porque ella siempre afirmaba últimamente que estaba muy segura de que nunca iba a morir . Y es muy posible de que realmente no haya muerto, sino que solo haya pasado a esa otra dimensión a la que pasaron las brujas de Carlos Castaneda, y para lo que se había entrenado con el Lama Gangchen en Albagnano .

Cuando un día le pregunté de todas las actividades que había hecho cual le había ayudado más, me dijo que lo más importante era el camino.

Busquemos como si hubiéramos de encontrar, y encontremos con el afán de buscar. Cuando el hombre cree acabar, entonces principia. 

(Agustín de  Hipona )

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La vieja puerta de acceso a las huertas y los  chopos lombardos. La Granja de San Ildefonso.

Encuentro en Internet una bella foto panorámica de La Granja de San Ildefonso . Es parte de una guía de turismo francesa publicada en 1902. Está tomada desde la loma del viejo polvorín, cerca del antiguo hospital.

Me llaman la atención los altos chopos lombardos, plantados en hilera, siguiendo la valla de las huertas que hoy ocupan las urbanizaciones del Sitio de Noles y los Jardines de Bolonia.  Sobre la valla puede distinguirse la antigua puerta de una de las huertas.

Hay una pintura de Bambrilla,  de 1823, con una perspectiva más baja, tomada desde el hospital, donde aparece con más detalle esta puerta y los viejos chopos, en los que se recrea el artista.

Estos chopos, apenas cambiaron en los 80 años que separan la pintura y la fotografía .  Ofrecían  una visión única del paisaje, elevándose en vertical, como si quisieran alcanzar las alturas de la Silla del Rey y de Peñalara, más allá del doble arco iris que también quiso captar Bambrilla.

Los chopos lombardos, tan misteriosos, con esta belleza recta y vertical, perfectamente formados en hilera, fueron desapareciendo con los años y con ellos se fué también parte muy importante del paisaje.

La vieja puerta de la huerta  sin embargo, por no se que extraño milagro, permaneció  cerca del lugar donde la pintó Bambrilla. Sin las hojas de madera, sin su tejadillo, esta puerta, testigo de otras épocas, que quiso colocarse formando parte de un jardín siempre inacabado,  me parece hoy un poco viuda, triste y solitaria, sin aquellos viejos chopos que pintó Bambrilla.

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Exposición de pintura. Ateneo de Madrid


  

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Itzea, la casa de los Baroja en Bera, a finales del último agosto

A finales del último agosto bajando del Coll de Ibardin, al entrar en Bera del Bidasoa , nos encontramos con Itzea, la casona de los Baroja. Enorme mole de piedra en el inicio  del camino de Francia. Bajábamos  el puerto, recorriendo el bello paisaje hacia Bera, con un profesor de literatura española en Nueva York,  profundo conocedor  de la obra de Baroja, y paramos , cuando ya caía la tarde, en el barrio de Itzea.

En esta tarde de finales de agosto, el sol que empieza a esconderse tras los montes, ilumina con un tono dorado la piedra de la fachada de la casa, también la tapia de la huerta y el mirador del jardín sobre el camino de Francia. En el jardín de la fachada sur , crecen dos grandes árboles, a ambos lados de la puerta de entrada, repletos de flores de color lila. No son los lilos que vemos plantados en los jardines del Guadarrama, son lilos de la India, nos dicen.

En Las horas solitarias, Pio Baroja nos describe los árboles y las plantas de la huerta de Itzea en las distintas estaciones, pero en ningún momento nos habla de los lilos de la India que hoy todavía crecen en la fachada sur de la casona.

Pio Caro Baroja en su Itinerario sentimental (Guía de Itzea), nos dice que estos árboles son lagestremias, en honor del sueco Lagestrom,  un marino que suministraba a Lineo las plantas que recogía en sus viajes. Las lagestremias de Itzea, según los testimonios fotográficos , se debieron plantar sobre 1912, y aunque al principio se las podaba a la altura de los balcones para que no quitaran la luz a las ventanas del comedor, después se les dejó crecer libremente iluminando con sus flores al final del verano las piedras austeras de la casa.

Pio Baroja construye su mundo en Itzea. Se rodea de libros, mapas, grabados, objetos, muebles…  Los Alzate, las Brujas de la región, las Guerras Carlistas, Avinareta, los barcos, el mar, la tierra vasca… Todos estos temas llenan la casa. Aislado del exterior por los gruesos muros de piedra, en este mundo único que ha creado, va trabajando sus  novelas. En la huerta de la casa, y en los paisajes que la rodean , siente el paso de las estaciones. Hay mucho de Michael de Montaigne aislado en su torre, en la vida de Baroja en esta casa.

Su hermano Ricardo, se recluye también largas temporadas en ella para pintar, dibujar sus planchas de grabado, moldear sus esculturas, construir sus maquetas de barco, sus muebles…

Ya en la siguiente generación, Julio es el encargado de  conservar  el mundo de sus tíos Pio y Ricardo, y va creando el suyo propio.

Pio Caro relacionaba estas  lagestremias que adornan la fachada sur de la casa con la muerte , pues con sus flores se adornaron  los lechos mortuorios de su abuela Carmen y de su hermano Julio. Pero  la sensación que  yo he tenido en esta tarde de finales de agosto, al contemplar estos árboles centenarios repletos de flores abrazando la casa, ha sido una sensación de vida, como si ellos con sus flores, quisieran insuflar un aliento vital, a todos los objetos, los libros, los muebles, los cuadros de la casa, que durante más de cien años formaron este mundo singular de los Baroja.

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El niño interior de Antoine de Saint-Exupery

Una de las obras literarias de mayor éxito del siglo pasado, es “El pequeño príncipe” , “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupery. Se estima que de este libro se han vendido más de ciento cuarenta millones de copias. El relato , a menudo clasificado como una narración para niños, puede también considerarse como una descripción  del encuentro del Saint-Exupery adulto con su niño interior, un niño que más o menos oculto, le había acompañado desde su infancia.

En la dedicatoria del libro,  Saint-Exupery escribe: …Quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan). Corrijo pues mi dedicatoria:  A LEÓN WERTH CUANDO ERA NIÑO.

Entre los relatos que  componen  el Principito, quiero señalar aquí el de sus encuentros con algunos de los estereotipos de los personajes que han escondido y sepultado a su niño interior, con las personas que llevadas por los acontecimientos de su vida, se han vuelto totalmente incompatibles con la frescura y la transparencia del niño que una vez fueron. En muchos casos este niño enterrado es un niño herido, y es precisamente el sufrimiento que conlleva su contemplación, lo que hace que este niño que una vez fueron, esté profundamente olvidado.

Los encuentros se llevan a cabo en los pequeños planetas en donde transcurren las vidas de estos personajes.

El Rey cuya función esencial es exigir que su autoridad sea respetada. No tolera la desobediencia ni la indisciplina.

El vanidoso para quien el resto de los hombres no son sino sus simples admiradores. Su función es reconocer que el vanidoso en cuestion es la persona más guapa, la mejor vestida, la más rica y la más inteligente.

El  bebedor. Bebe constantemente alcohol para olvidar la vergüenza que le da ser, precisamente, un bebedor.  La adición al alcohol es probablemente la adición más frecuente después de la del tabaco. Algunos adictos tienen un profundo impulso de autodestrucción, un instinto de muerte, totalmente incompatible , con la energía vital, con el potencial de desarrollo hacia la vida que guarda el niño.

El hombre de negocios que quiere poseer todas las estrellas que brillan en la noche en el firmamento. Las administra, las posee, las cuenta y las recuenta y no tiene tiempo para otra cosa.

El farolero, que sigue la consigna de apagar y encender el farol. Se asemeja a los trabajadores que dedican su vida a rutinas sin sentido aparente, pero al menos, y a diferencia de los otros  no piensan solo en sí mismos.

El sabio , ejemplarizado en un  geógrafo que carece de exploradores y que escribe  en un gran libro los accidentes geográficos que otros le cuentan.

Los habitantes de estos seis pequeños planetas permanecen alejados del mundo inmediato de la vida, viven absortos mentalmente en su quimera. Todos ellos, aparentemente, viven también aislados de su niño interior.

Pero el Pequeño Príncipe es también  el niño interior de Saint-Exupery y en esta descripción se relata la dolorosa incapacidad de este  niño, y de los niños de todos estos personajes,  de relacionarse con las personas grandes, cada una aislada en su planeta con sus máscaras y sus estereotipos.  El Pequeño Príncipe vive también aislado en su planeta, lejos de los habitantes de los otros pequeños planetas y esta falta de integración del niño en la sociedad adulta, este aislamiento esencial, esta soledad, es también causa de sufrimiento.

Carlos Gustavo Jung, uno de los grandes exploradores del subconsciente humano, describió la presencia de lo que él llamaba el Arquetipo del Niño, en el inconsciente colectivo de la humanidad . Este niño tiene un enorme potencial de desarrollo y de este desarrollo se beneficia también el adulto. Este niño necesita cuidado y atención.

El maestro budista Thích Nhất Hạn  señala que todos como niños somos muy vulnerables,  fácilmente dañables. Una mirada, una palabra, puede causar una herida en nuestro corazón, y el niño es incapaz de expresarse. El niño interior es pues un niño herido, al que hay que cuidar y sanar.

Es difícil pensar que toda la humanidad descrita por Saint-Exupery, en la Tierraviven ciento once reyes, siete mil geògrafos, novecientos mil hombres de negocios, siete millones y medio de bebedores, trescientos once millones de vanidosos y unos cuatrocientos sesenta y dos mil quinientos once faloreros, sea capaz de encontrarse con su niño interior, acercarse al niño herido, comunicarse con él y , de este modo, intentar sanarse. Pero yo creo que unos pocos, quizás tras la lectura del Principito, , inician este camino, de reconciliación con uno mismo.

El Niño interior de Juan Ramón Jiménez,  de Jaime Gil de Biedma, de Saúl Steinberg, de Fernando Pessoa.

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Alfonso XII ( 1857-1885)  en la cima de Peñalara. Sierra de Guadarrama


En las memorias de Joaquín María de Castellarnau, que fue uno de los primeros ingenieros del pinar de Valsaín, cuenta como el Rey Alfonso XII le encomendó la dirección de las excursiones a caballo, que se organizaban, desde los primeros años de su reinado (1874-1885)  durante sus estancias de verano en el palacio de La Granja. Se organizaban dos o tres grandes excursiones a caballo al Pinar cada temporada. El Rey invitaba a estas “expediciones”  ”a lo más selecto de la corona veraniega” que se relacionaba con él. En los primeros años acudía también su hermana mayor la Infanta Isabel.

El punto de partida de estas excursiones, relata Castellarnau, eran los Jardines del Palacio, y la expedición salía por la puerta de la fuente de los Baños de Diana, la hoy llamada puerta de Cossio. Los invitados , todos a caballo, formaban un gran grupo, a cuya vanguardia iban entre seis y ocho guardas del Pinar, y otro número igual en la retaguardia. Nadie podía adelantarse, ni colocarse detrás de los grupos de guardias. El grupo se desparramaba o se contraía, según las circunstancias del terreno,  en el Pinar, campo a través o por las veredas y los caminos , y los que se rezagaban, eran recogidos por el último grupo de guardas. Los que tenían un buen caballo y estaban acostumbrados a montar por el Pinar, iban de un lado para otro, desde la cabeza de la expediciòn hasta  la cola.

Los jóvenes, entre los que iban siempre mujeres casaderas, buenas amazonas, ponían la nota alegre, “cantaban y reían y hacían diabluras” que el Rey, que contaba entonces algo más de veinte años, aplaudía. La infanta Isabel, seis años mayor que el Rey, “mantenía la formalidad” de la excursión.

Al mediodía se llegaba al lugar escogido para el almuerzo, allí se había adelantado el personal de la cocina de palacio para preparar adecuadamente los manjares. Tras la comida, las muchachas bailaban, y los hombres fumaban y las veían bailar. La segunda esposa de don Alfonso, la reina doña María Cristina, y otros personajes importantes que no querían ir a caballo, acudían directamente al lugar del almuerzo.

Cuando terminaba la fiesta, se volvía a La Granja por un camino distinto, y al llegar a los Jardines, al patio de la Herradura, se despedían el Rey y la Infanta, y los expedicionarios volvían a sus casas.

En una de estas excursiones de verano de las jornadas de don Alfonso,  el lugar elegido para la marcha  fue la cumbre de Peñalara. Subió la expedición a caballo, ya fuera del pinar , por la ladera norte, por las praderas, hasta casi el mismo pico. Allí descabalgaron y  continuaron a pie hasta la cumbre. La comida se había preparado en la Laguna, al final de la otra vertiente , y allí llevaron los mozos los caballos. La bajada desde el alto de Peñalara a la laguna, es escarpada, de gran pendiente, y está formada por grandes moles de granito, por las que el tránsito es enormemente difícil, y en las que hay que arrastrarse, agarrandose de las manos para no caer en el abismo.

 

Laguna y Pico de Peñalara http://patrullapiesnegros.blogspot.com.es/.

D. Alfonso, joven y ágil , inició el descenso hacia la Laguna , capitaneando un grupo , brincando y a medio arrastras, pronto despareció entre las peñas . Castellarnau ayudaba a la infanta Isabel, y los dos, con el grupo de D Alfonso, pronto estuvieron abajo.

Desde la laguna, Castellarnau describiá el espectáculo de la expedición bajando desde el pico por aquél inmenso pedregal:

La “expedición” , deshecha y esparcida en pequeños grupos por entre las moles de granito, iba descendiendo lenta y trabajosamente. Los de delante animaban a los de atrás dando voces para indicarles un mal paso que debían evitar o un pequeño sendero favorable que podían seguir. Y así ese rebaño humano iba descendiendo lentamente. Y no hay porqué decir que el elemento joven masculino (oficiales del Escuadrón Real, agregados de las Embajadas, etc., etc.) ayudaba galante y solícito a las damas para salvar los pasos más difíciles. Y en esta ocasión, como en otras semejantes, prestaron también un auxilio valiosísimo esos chiquillos de las Caballerizas Reales, de chaquetilla encarnada,que iban siempre al servicio de las “expediciones grandes”, y que trepaban por las peñas como gatos o se echaban a rodar por el suelo con el fín de prestar su ayuda a quienes lo necesitarán.

Lograron descender todos los grupos sanos y salvos a la orilla de la Laguna y mientras se comentaban las peripecias del descenso , en la que hubo alguna caida sin consecuencias, se acercó airado un General de la Guardia del Rey a Castellarnau:

- Usted señor Ingeniero, no sabe su obligación . Antes de meterse a director, debería conocer los caminos.

- Mi obligación señor General, le contestó enfadado Castellarnau , es seguir al Rey sin mirar si el camino es bueno o malo, y creo que esta obligación es la de todos los que estamos aquí.

Tuvieron que separarles las damas.

Tras terminar el almuerzo, llamó el Rey a Castellarnau. Estaba rodeado de un grupo de invitados, y le cogió por el brazo :

- Señores que vamos a brindar. Primero demos gracias a Dios por haber salido de ese peñascal sin un rasguño ni una gota de sangre, y luego las gracias a usted por habernos traído por un camino tan delicioso. Desde ahora le encargo que busque para el próximo año otro tan bueno, y si no lo hay en el Pinar que lo invente

Y entonces resonó una salva de aplausos, que el eco llevaba de una a otra de esas inmensas moles de granito que sirven de zócalo al majestuoso Pico de Peñalara .

 

http://arqueologiadeimagenes.blogspot.com.es/search/label/Pe%C3%B1alara Pico de Peñalara . Excursion de JM Castellarnau hacia 1880. .Archivo Peñalosa.Segovia



Las fotografías de Augusto Arcimís en La Granja de San Ildefonso (1899-1905). IV. Las excursiones a caballo

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Nostalgia del estanque del “Chato” en La Granja de San Ildefonso

En un libro que editó el Patrimonio Nacional con las vistas de La Granja de San Ildefonso que pintó   Fernando Bambrilla a principios del Siglo XIX, hay un óleo denominado “Vista del Estanque llamado del Chato”.

Según nos cuenta José Luis Sancho en este libro, el estanque fué construido fuera de la tapia de los Jardines en  1738 para embalsar el agua que surtía a la fuente de “Los baños de Diana”.

En la pintura de Bambrilla, “El Chato” no tiene vallas , y sus bordes están   desprovistos  de la cerrada vegetación de pinos que hoy  le rodea. Hay una visión abierta sobre la montaña y el horizonte en la puesta de sol de una tarde encendida de verano.  Pero sin duda, lo más llamativo del óleo es la  gente bañandose en “El Chato”, en camisón, o medio desnuda, en esta calurosa caída de la tarde a principios del siglo XIX .

 

Patrimonio Nacional. Madrid

Vista del Llamado Estanque del Chato. por Bambrilla. .

Yo conocí “El Chato”  a mediados de los años setenta del pasado siglo. Estaba ya encerrado entre vallas de piedra y rodeado de tupidos pinos. Tenía tres puertas: dos que daban a los jardines, de las que sólo una estaba operativa,  y otra que se abría al pinar. Había una caseta moderna para cambiarse y otra más antigua, pegada a la valla del jardín, en donde se sentaba el  vigilante y  se guardaban las sillas de playa y  los botijos de agua fresca que traía de la cercana fuente.

En aquellas largas mañanas de julio de estudiante en El Chato, nos enamorábamos de las chicas bronceadas por el aire del Guadarrama, que tomaban el sol en la plataforma de madera que había en el centro del estanque y, entre baño y baño, discutíamos  con los amigos durante horas sobre todos los temas imaginables. Lo más osados se tiraban al estanque con una liana de cuerda que colgaba de un pino, o hacían piruetas en un viejo trampolín de madera.  Algunos niños buscaban frambuesas en la parte alta y otros corrían y gritaban por los bordes del estanque.  Eran los años previos a la muerte de Franco y los más progres leían El País, fumaban porros, saltaban la valla y se  bañaban desnudos  a la luz de la luna  soñando con una libertad que tal vez ya vislumbraban.

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El paseo de ida  y vuelta por los jardines para ir al Chato a bañarse por las mañanas  , nos traía el olor , el calor  y la luz  del verano.

El Chato formaba parte del Club de Tiro y esta anexión debió ocurrir en algún momento después de La Guerra Civil porque antes de ella, el sitio de baño asociado al Tiro era la llamada Playa del Guadarrama,  en el embalse del salto del Olvido. En otra entrada hemos narrado los episodios que dieron lugar al cierre de este distinguido sitio de baño.

Creo que fue ya en los años ochenta, cuando a algún funcionario de La Junta de Castilla y Leon se le ocurrió la feliz idea que el embalse del Chato no cumplía la normativa de piscinas y lo cerró. ¿Cómo podría cumplir un embalse la normativa de una piscina? Solo Dios sabe lo que habría en la mente de aquél digno funcionario.

En una de estas mañanas de julio, subiendo hacia el esquinazo y a la fuente de la Plata, he vuelto a pasar por la valla del estanque del Chato. No sólo habían subido la valla de piedra, sino que habían colocado una alambrada rodeandola . A pesar de ello me he colado dentro del Chato, saltando las dos vallas, como en los viejos tiempos, y he logrado bañarme desnudo en su interior.

Permanecía el viejo trampolin, el árbol y la yerba donde se sentaba mi padre a hablar con sus amigos, y ese agua verde y única, fría como siempre, acariciando mi piel.  Era como si el tiempo, como en tantos otros lugares de La Granja , no hubiera transcurrido, se hubiera quedado congelado.

Desde el agua he visto desfilar a los personajes de aquellos tiempos: al guarda bondadoso, que enfermó en algún momento; al señor Faustino capaz de identificar a cualquier intruso; a mi padre y a mis hermanos, como eran entonces; los amigos de mis padres, sentados en la yerba bajo el pino;  mis amigos; las otras familias…Sobre ninguno de ellos  había pasado ni el tiempo ni  la muerte.

Por un momento he sentido muy reales a todos estos personajes y de repente he comprendido porqué habían subido la altura de las vallas del estanque y las habían reforzado con alambradas exteriores, y me he preguntado, disfrutando del agua, con un cierto temor, como había logrado yo saltar esas dos vallas, y que demonios tendría que hace ahora  para poder volver a salir fuera.  Desde  el borde del estanque, cerca del trampolín , me miraba hierático el señor Faustino, dispuesto a pedirme, una vez más, mi carnet de socio, mientras el resto de los personajes vestidos con sus viejos bañadores se concentraban detrás de él y esbozaban una extraña sonrisa. Fue solo entonces cuando claramente comprendí que quizás ya nunca más podría salir de allí.

El Chato en los años 40. Del Blog de Acu Estebaranz. Arqueología de Imágenes.

El Chato en los años 40. Del Blog de Acu Estebaranz. Arqueología de Imágenes.

 

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