El niño interior de Antoine de Saint-Exupery

Una de las obras literarias de mayor éxito del siglo pasado, es “El pequeño príncipe” , “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupery. Se estima que de este libro se han vendido más de ciento cuarenta millones de copias. El relato , a menudo clasificado como una narración para niños, puede también considerarse como una descripción  del encuentro del Saint-Exupery adulto con su niño interior, un niño que más o menos oculto, le había acompañado desde su infancia.

En la dedicatoria del libro,  Saint-Exupery escribe: …Quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan). Corrijo pues mi dedicatoria:  A LEÓN WERTH CUANDO ERA NIÑO.

Entre los relatos que  componen  el Principito, quiero señalar aquí el de sus encuentros con algunos de los estereotipos de los personajes que han escondido y sepultado a su niño interior, con las personas que llevadas por los acontecimientos de su vida, se han vuelto totalmente incompatibles con la frescura y la transparencia del niño que una vez fueron. En muchos casos este niño enterrado es un niño herido, y es precisamente el sufrimiento que conlleva su contemplación, lo que hace que este niño que una vez fueron, esté profundamente olvidado.

Los encuentros se llevan a cabo en los pequeños planetas en donde transcurren las vidas de estos personajes.

El Rey cuya función esencial es exigir que su autoridad sea respetada. No tolera la desobediencia ni la indisciplina.

El vanidoso para quien el resto de los hombres no son sino sus simples admiradores. Su función es reconocer que el vanidoso en cuestion es la persona más guapa, la mejor vestida, la más rica y la más inteligente.

El  bebedor. Bebe constantemente alcohol para olvidar la vergüenza que le da ser, precisamente, un bebedor.  La adición al alcohol es probablemente la adición más frecuente después de la del tabaco. Algunos adictos tienen un profundo impulso de autodestrucción, un instinto de muerte, totalmente incompatible , con la energía vital, con el potencial de desarrollo hacia la vida que guarda el niño.

El hombre de negocios que quiere poseer todas las estrellas que brillan en la noche en el firmamento. Las administra, las posee, las cuenta y las recuenta y no tiene tiempo para otra cosa.

El farolero, que sigue la consigna de apagar y encender el farol. Se asemeja a los trabajadores que dedican su vida a rutinas sin sentido aparente, pero al menos, y a diferencia de los otros  no piensan solo en sí mismos.

El sabio , ejemplarizado en un  geógrafo que carece de exploradores y que escribe  en un gran libro los accidentes geográficos que otros le cuentan.

Los habitantes de estos seis pequeños planetas permanecen alejados del mundo inmediato de la vida, viven absortos mentalmente en su quimera. Todos ellos, aparentemente, viven también aislados de su niño interior.

Pero el Pequeño Príncipe es también  el niño interior de Saint-Exupery y en esta descripción se relata la dolorosa incapacidad de este  niño, y de los niños de todos estos personajes,  de relacionarse con las personas grandes, cada una aislada en su planeta con sus máscaras y sus estereotipos.  El Pequeño Príncipe vive también aislado en su planeta, lejos de los habitantes de los otros pequeños planetas y esta falta de integración del niño en la sociedad adulta, este aislamiento esencial, esta soledad, es también causa de sufrimiento.

Carlos Gustavo Jung, uno de los grandes exploradores del subconsciente humano, describió la presencia de lo que él llamaba el Arquetipo del Niño, en el inconsciente colectivo de la humanidad . Este niño tiene un enorme potencial de desarrollo y de este desarrollo se beneficia también el adulto. Este niño necesita cuidado y atención.

El maestro budista Thích Nhất Hạn  señala que todos como niños somos muy vulnerables,  fácilmente dañables. Una mirada, una palabra, puede causar una herida en nuestro corazón, y el niño es incapaz de expresarse. El niño interior es pues un niño herido, al que hay que cuidar y sanar.

Es difícil pensar que toda la humanidad descrita por Saint-Exupery, en la Tierraviven ciento once reyes, siete mil geògrafos, novecientos mil hombres de negocios, siete millones y medio de bebedores, trescientos once millones de vanidosos y unos cuatrocientos sesenta y dos mil quinientos once faloreros, sea capaz de encontrarse con su niño interior, acercarse al niño herido, comunicarse con él y , de este modo, intentar sanarse. Pero yo creo que unos pocos, quizás tras la lectura del Principito, , inician este camino, de reconciliación con uno mismo.

El Niño interior de Juan Ramón Jiménez,  de Jaime Gil de Biedma, de Saúl Steinberg, de Fernando Pessoa.

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Una respuesta a El niño interior de Antoine de Saint-Exupery

  1. Roberto T. Pérez dice:

    Gracias Carlos por estos artículos sobre el niño interior que me han hecho descubrir el tesoro de las poesías de Alberto Caeiro. Para mí este niño es lo que realmente somos, unido a la experiencia directa, desnuda y sin prejuicios de la realidad, que todos hemos perdido y que Alberto expresa como antes a nadie había escuchado. Los habitantes de los aislados asteroides del Principito y de ese planeta llamado Tierra son personajes que han convertido a lo que realmente son cada uno de ellos en algo interior, oculto, subyugado. De adultos lo llamamos niño porque solo en esa época pudo manifestarse, pero somos nosotros mismos, ahora ninguneado y ridiculizado en cualquier intento de expresarse tanto nosotros mismos como en los demás por un despótico, falso y efímero personaje al que los adultos en nuestra locura llamamos Yo. Entre sus mil y una estratagemas para tenernos a su servicio y que no despertemos solo mencionaré como todos los calificativos relacionados con la infancia (infantil, aniñado, pueril, inmaduro, cándido, inocente, ingenuo….) los ha convertido en ofensivos insultos.

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