El Peine del viento de Eduardo Chillida en San Sebastián

Durante años quise acudir a Chillida Leku, el Museo de Chillida, en el caserio de Zabalaga en Hernani, cerca de San Sebastían, y cuando lo he podido hacer,  Chillida Leku estaba ya cerrado.

He caminado hacia el final de la playa de Ondarreta en un día gris de intenso oleaje, para encontrarme de nuevo con el Peine del viento, uno de los más bellos conjuntos escultóricos de Eduardo Chillida, y uno de los que más me impresionan.  Chillida  percibía las cosas con  esa gran intuición que tan solo algunos excepcionales creadores han  logrado  aprehender, y luego    transformaba  esta intuición en materia y en espacio , creando    una nueva realidad a partir de aquello que había intuido.

Chillida había leido, por recomendación de Braque, el libro El zen en el arte del tiro con arco de Eugen Herrigel, un libro sobre la fuerza de la intuición en el budismo zen. Decía también Chillida que  cuando leyó a Lao-Tse tuvo la impresión de estar ante algo conocido o más allá de lo conocido.

El  Peine del viento creo que es esencia un canto a la unidad de las cosas: la tierra en los acantilados, el mar, el viento, la luz, el misterio del horizonte y el hombre. Un lugar de encuentro de todas las fuerzas telúricas y ancestrales en un punto de la cornisa cantábrica.

El Peine del viento se fue gestando  a lo largo de toda su vida. De niño ,  Chillida pasaba la tarde contemplando el mar en un agujero en aquél lugar al final de la playa de Ondarreta, del que solo se podía salir cuando bajaba la marea. También había buceado de niño en aquella zona y se había percatado de que las rocas que aparecían sobre el agua estaban unidas por debajo y que todas pertenecían a un mismo estrato. La primera idea  sobre el Peine del viento le vino a la cabeza en 1952, pero solo la materializó en 1977, tras madurarla durante veinticinco años.

El Peine del viento, forma también una unidad con el caserío de Zabalaga, donde el quiso que estuviera su museo, hoy cerrado. Descubrió que el rio que pasa por el caserio ,mágico y misterioso, desemboca precisamente en el mismo lugar en donde está el conjunto escultórico, al final de la playa.

En esta mañana de diciembre , el cielo estaba gris , soplaba viento del noroeste y el mar estaba encrispado y revuelto. Decenas de personas caminaban hacia la entrada de  la bahía  al inicio de Ondarreta y se quedaban contemplando el viento, las olas rompiendo , el acantilado, las nubes y el horizonte ,  y a través de las esculturas de acero de Eduardo Chillida quizás algunos podían  intuir con intensa emoción la profunda unidad de las cosas que en aquella esquina de la playa,  el Peine del viento nos desvelaba.

Las tres esculturas del Peine del viento

La escultura central

La escultura de la derecha enmarcando al fondo la escultura central

La escultura de la derecha

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