Gigantes y cabezudos el día de San Luis de los Franceses en La Granja de San Ildefonso.

El 25 de agosto, fiesta de San Luis, recorren las calles de La Granja, bailando y girando al son de las dulzainas y de los tamboriles , cuatro grandes gigantones. A su alrededor corren varios cabezudos detrás de los chicos, golpeándoles con pequeñas botellas de plástico. Antes usaban vejigas de cerdo hinchadas .

Los gigantes están construidos sobre un armazón de madera recubierto por un gran vestido . La cabeza y las manos son de cartón pintado. El gigante anda y baila a través de los movimientos de una persona que se introduce en el interior y que carga sobre sus hombros la estructura de madera. La cabeza distorsionada de los cabezudos se coloca sobre los hombros de los chicos, que corren golpeando a los otros con sus botellas. En La Granja los cabezudos ya no llevan los trajes desgastados que se colocaban como una túnica sobre los hombros.

Cuando llegan a la plaza de los Dolores, los gigantes bajan hasta el suelo y salen de su interior sus portadores acalorados por el esfuerzo. Los chicos se quitan las grandes cabezas y las colocan también sobre el suelo. Configuran todos una formación barroca y fantasmagórica delante de la entrada de la capilla de la orden tercera, a la izquierda del edificio del Ayuntamiento. Llegan algunas señoras vestidas con trajes tradicionales segovianos, y un mando de la Guardia Civil.


En determinado momento, sale a hombros de la capilla una imagen de San Luis y, mientras suena la música de las dulzainas, el séquito, con los sacerdotes y sus casullas, las mujeres vestidas de segovianas, y el resto de la compaña, comienza a andar hacia la cercana iglesia del Cristo.

Los gigantones y los cabezudos escoltan a la imagen de San Luis, hasta la puerta de la iglesia pero no entran, se quedan fuera, en el patio, manteniendo su formación. El Santo y el resto de la procesión entran en la iglesia.

Siempre había asociado los gigantes y cabezudos, con las fiestas de las ciudades y pueblos, con los pasacalles en las mañanas, con las alegrías y los miedos infantiles, pero esta implicación con la vida religiosa es nueva para mí.

Me sorprende encontrar que los desfiles de gigantes y cabezudos formaban en el pasado parte importante de la procesión del Corpus Chisti cuyo origen se remonta a 1265.
Aunque el Corpus es una fiesta eminentemente religiosa, su celebración coincide con el solsticio de verano y en sus inicios se impregnó de ritos paganos y de carnaval asociados con este.
Entre los motivos carnavalescos que pertenecían antiguamente a la procesión del Corpus se encontraba la Tarasca, un dragón-sierpe construido sobre un armazón de madera que abría el cortejo . De su gran boca salían extensos brazos con los que quitaban los sombreros al público con gran diversión de los asistentes. Sobre los lomos de la Tarasca iba la figura de una mujer.
A la Tarasca le seguían los danzantes y también los botargas, unas máscaras que golpeaban a los espectadores desprevenidos con vejigas hinchadas.
Los gigantes y cabezudos se movían de un lado para otro, sin una ubicación fija en las antiguas procesiones del Corpus. Solían representar a los cuatro continentes.
Todos estos personajes monstruosos y estrambóticos bailaban al son de la música de las dulzainas, y de los tamboriles y eran motivo de una gran alegría y bullicio para el público. Su presencia en la procesión se justificaba por ser la representación del mal que había sido vencido por el Cuerpo de Cristo.

La presencia de todos estos elementos populares en las procesiones y en el interior de las iglesias fue prohibida por Carlos III en una Real Cédula de 21 de julio de 1780 curiosamente dictada en San Ildefonso:


Parece ser que la Real Cédula se aplicó a la procesión del Corpus y a la presencia de gigantones y demás personajes en el interior de las iglesias , pero que se toleró su presencia en las procesiones de los santos patronos.

Los gigantes y cabezudos forman hoy  parte importante  de las procesiones de los santos patronos de muchas ciudades y pueblos de España, por ejemplo y por citar solo una , de la procesión de San Fermín de los Navarros en Pamplona.

Probablemente  esta sea una de las razones por la que permanecen también en la de San Luis de los Franceses en la Granja de San Ildefonso.

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