La furia del mar Cantábrico

Todos venimos del mar y todos llevamos el mar dentro de nosotros.

La vida se originó en un caldo marino ancestral, nadie sabe muy bien como, y nuestro medio interno, el medio que baña todas las células de nuestro organismo, tiene una composición mineral muy similar a la del agua del mar, a la del medio en donde se originó la vida. En este sentido todos llevamos nuestro mar dentro, siempre está con nosotros, desde que empieza nuestra vida hasta que se apaga.

Walt Whitman, el enorme poeta americano, escribía que a Dios, cualesquiera que sea lo que se esconde tras esta palabra, se le encontraba en lo alto de las montañas y en las playas del océano.

El escultor Eduardo Chillida decía que él sentía  la música de Bach en el mar Cantábrico cuando estaba sereno, en el ritmo de las olas entrando lentamente, pausadamente, en la bahía de la Concha. Y allí frente al mar, el mar de su infancia, el mar que llevaba también dentro, dejó dos grandes esculturas: el Peine del Viento y el Elogio del Horizonte, que no son sino la expresión  de esta extraña  unión del hombre con la Naturaleza a través del mar. Un sentimiento similar tal vez  lo tuvo también  otro gran escultor vasco, Jorge de Oteiza una de cuyas esculturas, Construcción Vacía, se encuentra en el extremo opuesto a la de Chillida a la entrada de la bahía.  En  Biarritz, hay otra  bella escultura de Oteiza en un alto sobre la playa: Homenaje al Caserio Vasco. En el último agosto, en el final pausado de una  tarde,  su estructura abstracta se dibujaba contra el mar y   el cielo incendiados a lo lejos, muy cerca del horizonte, por un antiguo crepúsculo.

En este mes de febrero, el mar Cantábrico nos ha mostrado su otra cara, esa cara tormentosa, furiosa, terrible, a la que los viejos marineros tanto temen. Si las olas entrando en la bahía, un día de calma, llevan el mismo ritmo de la música de Bach, este mar revuelto de las últimas semanas,  espumoso, de olas gigantescas que derriban los muros e inundan las ciudades, lleva el conflicto ruidoso e inquietante de la música de Wagner. Son las dos caras de una misma unidad el Yin y el Yang del mar. Su Yin  es la calma , el lado femenino , la mar de los marineros. El Yang es su lado masculino, la fuerza incontenida, la furia. Los viejos de los pueblos costeros, dicen que nunca habían visto un mar como el de las últimas semanas,  nunca habían sentido de este modo este lado Yang terrible del Cantábrico.

El mar tiene sin duda, fuertes razones para mostrarse así contra nosotros. A consecuencia del calentamiento del ambiente, se han derretido los polos y hemos vertido más agua en él. Hemos arrojado enormes cantidades de basura que las corrientes han depositado  en gigantescos  vertederos en medio del océano. Hemos perforado  sus entrañas en busca de más petróleo, lo hemos inundado de residuos químicos… Y el mar, quizás ya harto, ha mostrado su furia contra nosotros.

El lugar en que Eduardo Chillida, levantó su Peine del Viento, con el que quiso simbolizar la  unidad del  hombre con  el mar, ha sido dañado  por la fuerza de las enormes olas. Un carguero ha sido partido en dos, y una de sus mitades ha sido arrastrada hacia la playa de Anglet en el país Vasco-Francés. Los daños producidos por el temporal, contra muelles, paseos marítimos, puertos, puentes, casas , comercios, locales, bares, restaurantes, se cuentan en decenas de millones de euros. Pero quizás lo más tremendo de este temporal ha sido ese niño de quince años, arrastrado por las olas mientras paseaba por un muelle en Asturias. Las cámaras de la televisión nos han mostrado la imagen solitaria de su bicicleta y de una de sus zapatillas de deporte. Imagen terrible inquietante ya  sin el niño que el mar Cantábrico había devorado en sus entrañas.

Los meteorólogos, los oceánografos, nos dicen que esta situación  se debe a que han concurrido en un cierto momento muchos factores: las mareas vivas, los vientos huracanados, el frente de un temporal… Pero el mar que yo llevo dentro, el que todos llevamos dentro, me dice que es sólo una muestra, en forma de protesta airada y furiosa, de lo que puede llegar a ser su venganza por todo lo que hemos hecho contra él en los últimos cincuenta o cien años.

Que vuelva pronto la calma, que vuelva a predominar el Yin en sus esencias, que vuelva la música de Bach, con el ritmo acompasado y suave de las olas entrando en un día de calma en la bahía de la Concha, o en un crepúsculo lejano desde la playa de Biarritz.

 Jesús Ramos. El Cantábrico en ebullición

SS Temporal 07-01-14 051

 SS Temporal 07-01-14 174

El mar Cantábrico desde las campas de Deba

Castro Urdiales desde el Cielo

 

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