“La silla” del Dr Gregorio Marañón (1887-1960)

Don Gregorio Marañón fue el modelo de médico humanista del pasado siglo. Pocos médicos  fueron tan influyentes, tan respetados y tan queridos en España como lo fue el Dr Marañón. Para él, el tratar con el máximo respeto  a los enfermos era lo más importante  en la práctica médica y esta era la idea fundamental que intentaba inculcar, grabar a fuego en la mente de sus discípulos.

Cuentan que una vez le preguntó un periodista  cuál había sido para él el avance más importante que había tenido la medicina, a lo que D Gregorio respondió de forma muy escueta: la silla.

Quería con ello insistir en que en la pràctica de la medicina, lo más importante era lo que contaba el paciente, y que dedicar tiempo  a hablar con el paciente, seguía siendo uno de los aspectos más fundamentales de la relación del enfermo y el  médico. Solo a través de la comunicación interpersonal podemos saber que es lo que el enfermo siente, como vive su enfermedad, y cómo reacciona a ella. Este aspecto de la enfermedad no lo puede conocer el médico a través de una radiografía, ni con un análisis,  solo lo puede saber hablando, comunicándose con el paciente.

Nadie ha podido encontrar el lugar en donde estaba escrita esta  anécdota de la silla . Pero lo que sí existe son varios retratos de su famosa silla. Los he encontrado en un libro del Dr Juan Francisco Jiménez Borreguero de fotografías sobre el Dr Marañón. Creo que es necesario que nos centremos en ellos, pues nos aclaran mucho sobre el significado de la silla en medicina.

Este es el primer retrato de Marañón y su silla. Está tomado probablemente en los años treinta del pasado siglo. Marañón, rodeado de sus colaboradores y discípulos está sentado en la esquina delantera derecha de la mesa y mira directamente a una silla sencilla, muy bella,  de enea. Entre él y la silla, está la historia clínica del enfermo que va a pasar a la consulta. La silla está muy cerca, y orientada directamente hacía él. La figura de Marañón y la silla son lo más importante de este retrato multitudinario.

Esta es la segunda foto de la silla, probablemente tomada en los años cincuenta. Han cambiado las sillas y la mesa. Marañón se sienta a la izquierda y la silla está algo más lejana que en los años treinta. Pero el asiento , que espera al enfermo, y él, siguen siendo lo más importante del retrato. Marañón fija su vista en la silla, como ya lo hacía en los años treinta.

Esta es una primera foto de la silla funcionando. La enferma está tensa, angustiada, con sus manos apretadas, y tiene cara de sufrimiento. Su acompañante está también tenso y un poco ansioso. Marañón se concentra en escuchar la historia clínica. Su cara y la de la enferma, están en la misma línea, la más importante del retrato.

Otra foto de la silla funcionando. Marañón en la misma línea de la enferma, la mira directamente a la cara, mientras que uno de sus discípulos hace un comentario. La enferma está tensa, sentada al borde de la silla, y escucha a uno de los colaboradores. Sus manos parecen indicar la presencia de una artritis reumatoide, una enfermedad inflamatoria articular progresiva, que entonces se empezaba a tratar con cortisona .

Esta vez es un niño acompañado por su madre, a los que Marañón observa. La línea entre él y el paciente es lo más importante. Todo lo demás está en un segundo plano. Ahora es el Maestro quien habla al paciente y a la madre y todos le escuchan con enorme atención. Se puede sentir la intensidad del momento captado por la fotografía.

Este es el segundo tiempo del funcionamiento de la silla. La enferma se ha levantado y se ha acercado al Maestro, siguiendo la línea directa que los une. Ahora están muy cerca. Marañón la habla, mientras acerca su mano. La intensidad de la comunicación que se ha establecido es perfectamente visible en la cara de la paciente y su acompañante. La “droga Marañón”, el efecto sobre el paciente, de su palabra, de su postura, de su mirada, está en el culmen de su efecto.


Otro ejemplo del segundo tiempo del funcionamiento de la silla. La niña enferma , se ha levantado , se ha acercado a Marañón  y mira y coge su mano. No hay solemnidad, no hay miedo, la niña toma la mano de D. Gregorio con serenidad, mientras le escucha. La “droga Marañón de nuevo en acción”. Hay ternura y hay compasión en su mirada.

Probablemente fue el Dr Marañón el médico que más sabiamente hizo uso del poder sanador de su propia persona  sobre el paciente en el pasado siglo.  Ante el poder y la eficacia de las nuevas tecnologías diagnósticas y terapéuticas, muchos médicos pensaron  que este era un aspecto ya obsoleto, que el poder de la palabra, de la mirada, de los gestos, de la postura corporal, en comparación con lo que ofrecían los nuevos tratamientos, habían sido desplazados.  Pero cada vez nos estamos dando más cuenta  de la necesidad de recuperarlos, de volver a poner a la silla en el centro del acto médico. Estas fotografías nos acercan a la forma en que Marañón la utilizaba.

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Una respuesta a “La silla” del Dr Gregorio Marañón (1887-1960)

  1. Juan Francisco Jiménez Borreguero dice:

    Gracias por la referencia y por el análisis tan lucido que haces respecto a la silla como símbolo de una forma de hacer Medicina que nos ofreció el maestro , siempre más humana y por tanto más progresista en el sentido real de la palabra.

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