La fiesta de San Antonio en Valsaín

En un bar de la Pradera de Valsaín, hay un grupo de unos diez hombres que comen en una mesa grande. Lo hacen  muy inclinados sobre los platos  y no levantan la cabeza para mirarte. Ninguno de ellos pasa de los cincuenta años, y algunos,  no llegan a los treinta.

- Celebran San Antonio. Dice otro hombre,  algo más mayor,   a los tres que van a iniciar con él una partida de cartas.

Fuera del bar , los días han empezado a hacerse más largos y   un sol y una luz intensas se reflejan  en la nieve  que cubre la ladera norte de Peñalara. Cielo azul   sobre la nieve blanca. El aire , como la luz , está claro y limpio.

Un calendario en  la pared del bar señala que el lunes 17 de enero será San Antonio Abad y que el día 19 de enero habrá luna llena, la primera luna del año. Estos datos  sobre las fases de la luna y sobre el santo del día, ya no se recogen  en los calendarios en inglés de las oficinas de las ciudades. Importan poco estos datos en los despachos. Pero en los restos de vida rural que nos quedan, siguen diciendonos muchas cosas. La luna marca el ritmo de los meses;  y las fiestas de los santos ,  señalan las viejas fiestas paganas a las que un día sustituyeron en  el santoral. Muchas de estas fiestas paganas y antiguas  coincidían  con  momentos importantes en el ciclo del año:  cambios en la altura del sol ,  y  en los pasos de las estaciones. Es posible que esta fiesta de San Antonio , tan cercana a la primera luna del año, indique el inicio del aumento de la duración del día que ya empieza a ser perceptible por las tardes. Llegará el ciclo de duración del día a su máximo en el mes de junio,  la fiesta de San Juan. En muchos pueblos de España, no sé si aquí también en Valsaín, se encienden también grandes hogueras en San Antonio, como en la noche de San Juan.

Josep Plá , en su libro  “Las horas”, sobre el que volveremos algún día,  refleja el paso cíclico de la estaciones y del tiempo en El Ampurdán. En él habla  Plá también de la fiesta de San Antonio.

En este día de San Antonio, cuando lo escribió Pla hace más de cuarenta o cincuenta años, se bendecían en su pueblo los caballos y las yeguas, los mulos y las mulas,  los burros y las burras. Pero en aquella época, había tal predominio de los burros sobre las otras caballerías que  a esta fiesta en su pueblo la llamaban de San Antonio de los burros. Hoy los burros , como la vieja  vida rural, prácticamente han desaparecido.

Yo aún recuerdo decenas y decenas de burros, en algunas mañana de verano en Deva , Guipúzcoa, cuando yo era niño. Las mujeres bajaban de los caserios al mercado , con sus burros cargados de la hortalizas de sus huertos. Ataban sus animales a unas argollas que había en las paredes de las calles, y  mientras estos se pasaban la mañana comiendo , defecando ,  orinando y rebuznando,  las mujeres de los caserios hacían sus ventas y sus compras y discutían recitando sus retailas en un bello vascuence que a los niños veraneantes nos admiraba por lo mágico e incomprensible. Nos impresionaban también  a los niños de ciudad aquellos apéndices urinarios  telescópicos  a través de las cuales los burros llenaban de aguas malolientes las calles del pueblo. No creo que haya ya muchos burros en los caserios de los alrededores de Deva y de Itziar, ni que las caseras sigan bajando montadas en sus burros. por los caminos  del monte a los mercados de los pueblos.

En Valsaín, los mulos han sido durante décadas parte importante de la vida en el pinar. Arrastraban los  largos troncos del pino albar , derribados por el viento o por las hachas, y cargaban la leña de los gabarreros por los caminos. Los caballos, por su parte, han sido durante varios siglos el principal medio de transporte  para el hombre en el pinar. Los caballos les hacían  llegar,  pronto y sin resuello,  a los puertos sobre la nieve, y les conducían hacia sus hogares al caer la tarde. Gracias al caballo, más de uno salvó su vida , cuando perdidos en el pinar, al caer una cruda noche de invierno , supo el animal encontrar el camino hacia la llanura y el pueblo.

No es pues de extrañar, de que a pesar de los camiones todo terreno y de las máquinas, se siga celebrando en Valsain la fiesta de San Antonio, y que el cura de la iglesia siga bendeciendo   a los caballos y a los mulos. Ellos eran importantes compañeros del hombre en el pinar y así se les reconoce aún. Cuando  hoy ha terminado la ceremonia de la bendición de animales, los jovenes del pueblo, a la puerta de la iglesia,  han hecho  una demostración de corta de troncos con sus hachas. No han olvidado como sus abuelos trabajaban en el pinar   con la fuerza de sus brazos, y  como se ayudaban con la potencia  de los mulos  y caballos a moverse por el monte  y a acarrear los troncos y las ramas de los pinos.

Quizás también alguno  de ellos se haya dado cuenta, al mirar hacia la sierra en esta luminosa mañana de mediados de enero, de que los días  habían empezado a hacerse más largos, que la luna estaba creciendo por primera vez en el año,  y que el ciclo de la vida en el pinar  iniciaba de nuevo,  lentamente, apenas aún perceptible,  su camino  hacia  la áun distante primavera.

16 de enero de 2011

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El número siete en el tratado hipocrático “Sobre las semanas” (c 400 a.C.)

Santa María del NarancoUno de los mejores ejercicios de humildad que podemos hacer los que hemos sido instruidos en la aplicación de la metodología científica a la  medicina, es volver hacia atrás y revisar algunos de los dogmas que han sustentado la práctica médica de las generaciones anteriores.

Las doctrinas hipocráticas han sido uno de los más importantes fundamentos de  la práctica médica desde el siglo IV a. C.  hasta bien entrado el siglo XIX.  Por ello,  el volver sobre estos textos puede ser un ejercicio importante de indagación  sobre nuestros orígenes como médicos y sobre el inicio remoto de nuestra  forma de pensar.

En el último volumen de los tratados hipocráticos editados en castellano bajo la dirección de Carlos García Gual, hay una pequeña obra misteriosa, fragmentaria e incompleta,  denominada “Sobre las semanas”.

En la primera parte del tratado el autor intenta demostrar que todo lo que existe: el universo, el cuerpo humano, la tierra…  O  tiene siete partes, o está organizado en múltiplos del siete.  Este sistema septagenario forma la estructura mental sobre la cual estos antiguos médicos griegos intentan explicar  la naturaleza, el hombre y la propia enfermedad.

La vida del hombre, por ejemplo, se explica en siete etapas  cada una de las cuales , a su vez,  se interpreta por los múltiplos del siete:” el niño  lo es hasta los siete años y la caida de los dientes; el chico hasta la aparición del semen , hasta que alcanza dos veces siete años; el muchacho hasta que la barba cubre las mejillas, tres veces siete años; el joven hasta que crece todo el cuerpo, hasta cuatro veces siete años; el hombre hasta los cuarenta y nueve años, hasta siete veces siete años; el de edad avanzada, hasta los cincuenta y seis años, hasta siete veces ocho; después ya es anciano.”

La resolución espontánea de las fiebres, lo que los antiguos griegos llamaban “crisis”, aparece también a los siete días , o en periodos de múltiplos de siete, normalmente  no más allá de   los catorce días. Este mismo sistema se aplica a otras muchas realidades: la estructura del cuerpo humano, la estructura de la tierra, el sistema astrológico, el paso de las estaciones…

Este sistema de conocimiento basado en el número siete y en sus múltiplos, forma, en cierto modo,  como hemos dicho, la estructura mental sobre la que estos hombres  intentaban  explicar toda la naturaleza y el mundo.  Es lógico pensar que pronto,  otros médicos se darían cuenta de la insuficiencia del modelo para explicar los hechos que  observaban, e inventarían otro sistema que  los explicara mejor. Sin duda el origen del sistema estaba basado en la observación directa de algunos hechos, pero con el tiempo, el modelo se transformó en una especie de corsé mental a través del cual  intentaban explicar todas las nuevas observaciones.

Thomas S Kunh estableció el concepto de paradigma, para intentar explicar el conjunto de reglas y leyes que rigen el conocimiento científico en cada época. Cuando este paradigma es insuficiente para explicar la realidad, aparece una crisis, y emerge un nuevo paradigma que se adapta mejor a la realidad de los hechos observados.

Estos viejos médicos hipocráticos,   sin duda,  estaban condicionados por su, en muchas partes, caduco paradigma, pero nosotros , los médicos del siglo XXI,  tambien lo estamos por el paradigmo científico  que  nos envuelve. Un paradigma bastante más complejo  basado en la biología molecular, la genómica, la proteonómica, las nuevas técnicas de imagen y modelos matemáticos infinitamente más complejos que el sistema del número siete.

La medicina occidental, gracias a este paradigma científico, tiene actualmente magníficos recursos para diagnosticar y resolver de forma adecuada gran número de enfermedades y de trastornos, pero las consultas médicas están,  cada vez más, repletas de personas que sufren por problemas no directamente relacionados con sus trastornos orgánicos y en los que las más sofisticadas técnicas bioquímicas y de imagen, no logran encontrar nada que explique su sufrimiento. Estas personas generan una demanda cada vez más grande de recursos diagnósticos y terapeúticos. Pero  al final, a la mayoría de ellos,  el actual sistema no  podrá ofrecerles ninguna solución. Las  bases de su sufrimiento, en muchos casos,  tiene un dimensión psíquica y,  ¿Porqué no también decirlo?,  profundamente  espiritual.

La  aproximación a una medicina del alma , a una medicina espiritual  con la que paliar este sufrimiento no parece ser  posible desde  nuestro paradigma científico actual. Sin embargo, a juzgar por su uso cada vez más numeroso por la población occidental, muchos de los antiguos sistemas médicos basados en asunciones  no explicables a través de nuestro sistema científico  actual pudieran ofrecer soluciones al algunos de estos problemas.

En algunos paises económicamente más desarrollados se ha empezado a desarrollar una “medicina integrativa” que ofrece los remedios de la medicina científica, y también aquellos  remedios de las “otras medicinas” cuya eficacia ha sido ya contrastada de forma empírica, aunque no puedan ser todavía explicadas a través de nuestro paradigmo científico.

Quizás, a través del desarrollo de  métodos adecuados para evaluar de forma contrastada la eficacia de los remedios terapeúticos de las antiguas medicinas y  de los métodos tradicionales de sanación, puedan establecerse  las bases de un nuevo paradigma, capaz de aunar los viejos remedios y las dimensiones más auténticamente humanas de la enfermedad rechazadas todavía en nuestro paradigma  actual .

Pero el primer paso para ello es intentar liberarnos de nuestros corses mentales que, de la misma forma que a los médicos hipocráticos a través del sistema basado en el número siete, nos siguen condicionando nuestra visión de la realidad.

9 de enero de 2010

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La aproximación a la Naturaleza de Francisco de Asís (1182-1226)

Francisco de Asís

De los santos cristianos, el  más cercano  a las religiones orientales y a su aproximación a la naturaleza es Francisco de Asis.

Francisco tuvo una iluminación  cuando era muy joven , y a través de esta y de lo que él aprende de  los Evangelios,  plantea una posición radical ante la vida. Esta actitud,  en muchos aspectos,  recuerda a las enseñanzas del budismo.

La renuncia, la falta de apego,  la pobreza, la humildad,  el amor y la compasión (que se extiende mucho más allá del propio hombre hacia todos los seres) recuerdan en muchos aspectos a las doctrinas  budistas.

No hay ningún dato de que Francisco de Asis hubiera tenido algún  contacto con el pensamiento oriental. Francisco de Asis llega a esta nueva actitud ante la vida  a través de su propia iluminación  que hace compatible con las enseñanzas de los Evangelios.

Tengo la impresión de que si Francisco de Asís hubiera nacido en la tradición budista  hubiera sido considerado, por su capacidad de compasión hacia todos los seres , como un “bodichita” absoluto. Es decir como un ser en el estadio más avanzado del camino espiritual. Estos bodichitas iluminados, a los que Francisco de Asis se asemeja,  son seres  absolutamente excepcionales. Algunos Budistas estiman que solo aparece un iluminado como Francisco  cada quinientos años y ciertamente , no sé si en la historia del Cristianismo, pueda haber alguien que pueda asemejarse a Francisco de Asís.

En el  Cántico a las criaturas, escrito por el Propio Francisco, todos los seres de la naturaleza , hombres, animales, vegetales y minerales, son tratados   como “Hermana/os”. Con este término de Hermano/a define una relación muy especial de amor y de compasión que Francisco extiende a  todos los seres.

“Loado seas, mi señor, con todas tus criaturas, especialmente el loado hermano sol,… Por la hermana luna y las estrellas… Por el hermano viento, y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo…Por la hermana agua…Por el hermano fuego… Por nuestra hermana la madre tierra”

Escribe Celano en su vida primera  de Francisco de Asís que “su espíritu de caridad se derramaba en piadoso afecto, no solo sobre hombres que sufrían necesidad sino también sobre los mudos y brutos animales, reptiles, aves y demás criaturas sensibles e insensibles”

“Al encontrarse  en presencia de nuchas flores”, sigue escribiendo Celano, ” les predicaba, invitándolas a loar al Señor, como si gozaran del don de la razón. Y lo mismo hacía con las mieses y las viñas, con las piedras y las selvas y con todo lo bello de los campos, las aguas de las fuentes, la frondosidad de los huertos, la tierra y el fuego, el aire y el viento, invitándoles con ingenua pureza al amor divino y a una gustosa fidelidad. En fin, a todas las criaturas las llamaba hermanas, como quien había llegado a la gloriosa libertad de los hijos de Dios, y con la agudeza de su corazón penetraba, de modo eminente y desconocido a los demás, los secretos de las criaturas.”

El mismo Celano en su vida segunda vuelve a insistir en la especial relación fraternal de Francisco con la Naturaleza a través de sus criaturas,  incluidas la piedras sobre las que andaba, y de su compasión no solo hacia los hombres sino a todos los seres.  A través de esta compasión,   a través de su propia presencia y de sus manos,  Francisco tenía también una gran capacidad de curación.

La enseñanzas de Francisco de Asis, aquí apenas esbozadas, señalan un camino de enorme valor en el mundo de hoy, en el que el ser humano tiene que volver a plantearse su relación con la naturaleza.

Creo que suponen además un valioso punto de contacto entre la visión muy profunda del cristianismo que  ellas representan ,  y  la tradición espiritual oriental. Entre las dos :  el amor y el respeto a la naturaleza  como fondo y un largo viaje por discurrir.

El Greco. Francisco de Asis

Primero de enero de 2011

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La unidad del hombre con la Naturaleza.

Oviedo y Picos de Europa desde Monte Naranco

A partir de los años ochenta, empezaron  a asentarse en occidente un grupo de maestros budistas y taoistas, que nos  han ido acercando, fundamentalmente  a los que hemos sido educados en la  tradición del pensamiento occidental,  a   una nueva  concepción del mundo y de la vida.

La visión del hombre y de la naturaleza que nos ofrecen estos maestros es la de la unidad de todas las cosas. No solo  los hombres, sino también los animales,  las plantas y el mundo mineral forman una unidad con nosotros. Cualquier agresión a cada una de estas partes, termina agrediendo al resto y a  nosotros mismos.  Cualquier cuidado a cada una de estas partes, termina siendo beneficiosa para todos, también para el hombre.

Wang-Yan-Ming  (1472-1529) llegó, en una posición radical,  a enunciar la realidad de un solo cuerpo que engloba a todas las cosas.

“El viento, la lluvia, el rocio, los truenos, el sol y la luna, las estrellas, los animales y las plantas, las montañas y los rios, la tierra y las piedras,  forman esencialmente un solo cuerpo con el hombre. Es por esta razón por la que algunos tipos de  cosas como el grano o los animales pueden nutrir al hombre y por la que  algunos otros tipos de cosas como los medicamentos o los minerales pueden curar las enfermedades. Esto es debido a que todos ellos comparten la misma fuerza material: penetran el uno en el otro”

La actitud de  amor y compasión,  tan fundamental en el budismo, ha de  extenderse, no solo a los hombres (amigos y enemigos) sino también a las plantas y al propio mundo mineral.

“Todas las cosas”, escribe Wang-Yan-Ming, “desde … El  marido, la esposa y los amigos hasta las montañas, los rios , … Los pájaros, los animales y las plantas, deben de ser amados de verdad  para que pueda  darme cuenta de que  mi humanidad  forma un solo cuerpo con ellos”.

En los últimos cincuenta años la tierra ha enfermado, y esta enfermedad de la tierra repercute ya en todos nosotros. Hemos contaminado, por ejemplo, los mares y los oceanos con mercurio, un mineral tóxico  no degradable,  y el mercurio a través de la cadena de alimentación de los peces , se ha empezado a acumular en los grandes atunes y peces espada, de modo que al comerlos nosotros hemos empezado a acumular mercurio en nuestro organismo. Y este ejemplo de  contaminación  que ocurre en los mares con el mercurio, también aparece con otras sustancias no degradables en el aire y en la propia tierra.

“Los elementos que componen nuestro mundo exterior e interior”, escribe el Lama Gangchen, “están enfermos, el aire que respiramos, el agua que bebemos, la tierra que cultivamos, todo está contaminado; a pesar de ello tenemos que seguir respirando, bebiendo y comiendo para sobrevivir. Es muy importante para nuestra salud cuidar los elementos”.

Hemos tenido que darnos cuenta de la destrucción de gran parte de  nuestro planeta,  para poder  empezar a entender la sabiduría de la aproximación a la naturaleza de las doctrinas budistas y taoistas  y la necesidad de un nuevo tipo de acción que nos permita entrar en una nueva aproximación de la relación del hombre con el mundo que le rodea y del que ineludiblemente formamos parte.

Cuando todavía no hemos  iniciado el camino hacia el amor y la compasión entre  el ser humano !Qué enormemente distante y dificil  nos parece el extender esta compasión hacia los animales, hacia las plantas y los árboles y hacia el mundo de los minerales¡ Y sin embargo, puede ser que esta sea una de las escasas vías factibles de sanar este enorme cuerpo del que según Wan-Yang-Min, solo somos una parte.

29 de diciembre de 2010

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El Lama Gangchen en Albagnano

Lama Gangchen en Borobudur

En las montañas que rodean el Lago Mayor en el norte de Italia, hay un pequeño pueblo, Albagnano, en donde, desde los inicios de los años ochenta , vive el Lama Gangchen.

Lama Gangchen nació en 1942 en el Tibet y desde la edad de tres años fue instruido en una antiquísima tradición de Lamas sanadores en un viejo linaje que tenía su origen en el Buda Sakyamuni.

Conocí al Lama Gangchen en Albagnano en el verano de 2009. Acudí a un curso de iniciación en algunos fundamentos de Medicina Tibetana, que el Lama impartía allí todos los años.

Albagnano está en un viejo bosque de hayas y de castaños en cuyo espesor existen señales de sendas de antiguos druida. En los  claros del bosque puede  verse a lo lejos, muy abajo, el reflejo del sol en las aguas del lago. En aquella paz del pueblo bajo el sol y la luz del verano se percibía una energía distinta. Energía de la tierra liberada a través de los pliegues de las estribaciones de los Alpes, de las altas cimas,  de los profundos valles, de los grandes simas en lagos alpinos ; y quizás también,  energía cósmica, porque estas montañas están también más cerca del cielo.

Me dijeron  que el Lama Gancheng se había establecido en Albagnano porque este lugar le recordaba a las montañas del Tibet. Pero es posible que más que  un parecido físico, en aquellas montañas el Lama hubiera encontrado el sentimiento de energía que él había percibido en el distante Tibet.  El Lama desprendía con su sola presencia una enorme energía, que transmitía a través de sus manos y que  sanaba.

Escribe el Lama que en 1991, en el poblado de Gangchen en el Tibet central, en el transcurso de una sola jornada  bendijo tocando con sus manos sus cabezas, a más de diez mil personas.

Yo he sentido la energía sanadora de la sola presencia del Lama  y el poder curativo  de sus manos, en aquél verano en Albagnano. Quizás por eso también sé , que esta capacidad excepcional de curación del Lama, no se debe solo a la energía telúrica o cósmica que puede percibirse en los alrededores del lago Mayor en Albagnano, sino a una única y también excepcional capacidad del Lama Gangchen de amor y de compasión.

Encima de mi mesilla de noche tengo una foto del Lama Gancheng meditando, en idéntica actitud a la de una pequeña talla del Buda.

Cuando agobiado por algunas pequeñas cosas de la  vida, miro la foto del Lama Ganchen, siento de nuevo su presencia. Una presencia excepcional marcada por su capacidad de amor y de compasión hacia todos los seres que habitamos en este planeta , al hombre, a los animales, vegetales,  minerales y hacia nuestra  propia tierra herida.

Imagen del Buda en Albagnano

Imagen del Buda en Albagnano

El lago Mayor y el bosque en Albagnano

28 de diciembre de 2010

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Los Montes de El Pardo

Cuando en 1872 Francisco Giner de los Rios contempla el paisaje de Segovia desde la cima de Las Guadarramillas en un atardecer de otoño, se siente sobrecogido por una emoción intensa. “No recuerdo”, escribe,” haber sentido nunca una emoción de recogimiento más profunda, más grande, más solemne, más verdaderamente religiosa”.

Esta profunda impresión de la Naturaleza y del paisaje que ha sentido Giner,   puede percibirse , y este es uno de sus grandes descubrimientos, en lugares muy cercanos a la gran ciudad como son las cumbres del Guadarrama.

Son los institucionistas los que nos enseñan a disfrutar y a sentir el paisaje de la Sierra del Guadarrama  y los que transmiten a los madrileños, a través de muchas generaciones, el amor a la Sierra y al Paisaje.

Pero mucho  más cercanos a la ciudad de Madrid que las cumbres del Guadarrama están los montes de El Pardo. Giner escribe sobre El Pardo en 1888: “Un admirable paisaje, donde el sombrío verdor de las encinas, la esmeralda de los pinos, la plateada seda de las retamas, las zarzas, jaras, rosales espinos, sauces, fresnos, chopos y álamos blancos, cuyo pie alfombran con inagotable profusión el tomillo, el cantueso, el romero, la mejorana y otras olorosas labiadas, que huellan sin cesar gamos y conejos, forman una vista grandiosa, coronada por la vecina sierra con su cresta de nieve en el invierno, sus radiantes celajes en el verano…”

A El Pardo se acercan muchas veces Giner y los hombres más cercanos de la Institución, y entre los paisajes de El Pardo, D Francisco enseña a sus discípulos lo más profundo de sus ideas y de su postura ante la vida y ante las cosas.

Giner siente en el paisaje de El Pardo , la misma intensa emoción que en las cumbres del Guadarrama.  “A veces”, escribió Pijoan ( uno de sus discípulos), ” se tiende en el suelo, levantando solo la cabeza con las manos para mirar mejor: absorbe, diríase, con los ojos los colores del campo; huele la tierra, se adivina que percibe cantos en el rumor de las ramas de las encinas…!Dios mío, Dios mío, y que indignos somos de esta terrenal belleza”.

Estos paisajes tienen también propiedades saludables y sanadoras no solo para el alma ,  sino también para el cuerpo. Hay un cuadro de Sorolla , tan cercano a la Institución, retratando a  su hija María tomando el aire y el sol en una finca cercana a los montes de El Pardo intentando curarse una tuberculosis.

En el albúm de fotos de mi madre había unas fotos mias de niño andando entre las encinas de El Pardo, probablemente en los últimos años cincuenta, en la luz de la tarde, con mi abuelo Pepe. Mi abuelo había tenido mucho contacto a través de los Laboratorios de la Junta y de la Residencia de Estudiantes con muchos hombres muy cercanos a la Institucion, y creo yo que muchas de  mis posturas básicas ante la vida, entre ellas ante la Naturaleza,  y que a posteriori entendí como muy cercanas a la Institución,  me hubieran venido a través de él.

En muchas mañanas, agobiado por el tráfico y  la vida de la ciudad,  me acerco a El Pardo.   Esta mañana , como tantas otras, he vuelto a subir a las cercanías del Cristo de El Pardo. Allí como Giner y los suyos, he contemplado de nuevo el Guadarrama nevado,  las encinas extendiondose hacia el horizonte, los viejos pinos, he sentido el color de la retama. Un águila imperial nos sobrevolaba y sentíamos los gamos en la distancia. Hoy también a mí, como entonces  a todos aquellos hombres, el Paisaje de El Pardo, la visión de la Sierra nevada en la distancia,  me han vuelto a serenar, quizás tal vez también a curar.

Pinos en el Cristo del Pardo

María Sorolla en El Pardo

26 de diciembre de 2010

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Orquídeas blancas sobre mi mesa esta Navidad

Compré unas orquídeas blancas. Iluminaban la mesa de mi despacho entre papeles y libros.

Empezaron a caer las flores muy pronto. Se arrugaban como papel de seda blanco y caían muertas sobre la mesa.

Parecían influenciarse por la radiación de la pantalla del ordenador que, de alguna forma, podía contrarestar la fuerza vital que mantenía sus pétalos turgentes y enhiestos.

Al poco tiempo, todas las flores habían caido. Quedaba solo el tallo verde de donde habían nacido.

A lo largo de varios meses he visto sobre mi mesa, este tallo desnudo y seco, sin las flores blancas que lo vestían.

A lo largo de todos estos meses eché de menos aquellas flores blancas, tan fugaces. Pero yo seguía regando cada cierto tiempo aquella planta. Seguía contemplando aquellas hojas grandes y carnosas en su base, por donde llegaba la luz a la planta, las raices por donde captaba el agua y sus nutrientes.

Hace unas semanas aparecieron un brotes verdes en los tallos. Estos brotes han ido creciendo hacia la luz de la ventana y produciendo ramificaciones perpendiculares al tallo, cada vez más numerosas conforme los brotes iban creciendo hacia la luz.

En las ramificaciones han ido apareciendo unos botones que han ido engordando hasta convertirse en capullos. Estos capullos guardaban las misma flores blancas que un día yo perdí. De nuevo estaban allí sobre mi mesa, iluminadas sobre los libros y los papeles.

Afuera de mis despacho, en la calle, en los campos y en las luces estaba ya la Navidad.

En este renacer de mis orquídeas se encierra el gran misterio de la vida. Del eterno retorno de las cosas.

A lo largo de todas estas semanas , el contemplar día a día este proceso del renacer en las orquídeas blancas sobre mi mesa, me ha ayudado a curar heridas recientes, a mirar hacia el futuro y a buscar la luz hacia la que yo también debería dirigirme. Me han traido  de nuevo la Paz en esta Navidad.

Simetría de la orquídeaLuces en Navidad

25 de diciembre de 2010

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Carlos de Iracheta.

Nací  en Tudela (Navarra) en mayo de  1953. Último descendiente de una antigua  familia  en la que se  mezclaba  sangre carlista y liberal , tuve una educación  básica estrictamente jesuítica. Estudié medicina en Madrid en los primeros años setenta  y realicé estudios  clínicos de postgrado en Nueva Jersey ( Estados Unidos) donde durante algunos años trabajé en el departamento de investigación de una compañía farmacéutica multinacional. Muy influenciado por los sucesos del Mayo del 68 Francés,  por  los últimos años  agónicos del Franquismo en España y por los inicios de la Transición Democrática, fui abandonando progresivamente mis condicionantes  familiares, religiosos y políticos, hasta conseguir un casi perfecto vaciado mental . En la actualidad  me considero  seguidor de la tradición taoista y budista y vivo en situación de retiro y aislamiento, pero en profundo contacto con la realidad política  y social, en las montañas de Segovia.

Al transmitir a través de este Blog  mis escritos  y pensamientos,  que no  son sino reflejo de mi  actitud ante la naturaleza y la vida,  quiero dejar constancia de mi fundamental rechazo a  la manipulación y el control que los grandes “trust” de comunicación ejercen sobre la libre expresión de las ideas y la transmisión del conocimiento en la sociedad actual. Quiero con ello también contribuir a fortalecer este nuevo y revolucionario  medio mágico, que está destinado a transformar la libre comunicación entre los hombres en un futuro inmediato.

Diciembre de 2010.

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