Las sequoyas gigantes de los Jardines de La Granja antes de que empezaran a crecer (1860)

En el blog de Acu Estebaranz encuentro una fotografia  antigua del jardín enfrente de la Colegiata del palacio de La Granja realizada por   J Laurent que está fechada en 1860.

la foto

Aparentemente en esta foto no hay rastro de las dos sequoyas gigantes que crecen hoy descomunales delante de la Colegiata.

Pero si  ampliamos la foto y nos fijamos en el sitio en donde crecen ahora las dos sequoyas gigantes , podemos apenas percibirlas. Aparecen con el aspecto de  dos pequeños abetos  de aproximadamente  1,5-2 mts de altura.

la foto3

En otra entrada del blog hemos recordado que fue un  escocés llamado John D Matthew el que trajo  a Europa, en 1853 , semillas de secuoyas gigantes del Parque de las Calaveras, en la Sierra Nevada de California y plantó las primeras secuoyas gigantes en Gran Bretaña.

Esta foto de Laurent de 1860 apoya que la plantación de estas dos sequoyas gigantes en la Granja podrían estar muy cercanas a su traida a Europa en 1853, y que muy probablemnte sean de las primeras plantadas en nuestro continente.

En otra foto del mismo blog realizada en 1905, entre  cuarenta y cincuenta años despues de que fueran plantadas, las sequoyas tienen ya un aspecto majestuoso pero indudablemente no con el tamaño inmenso con que las contemplamos  hoy

la foto 4

 Sequoyas Gigantes en losJardines de La Granja

Publicado en Guadarrama, Naturaleza | Etiquetado , | 2 comentarios

Antonio Machado y la Sierra de Guadarrama.

Antono Machado por Joaquín Sorolla (1917)Hispanic Society of America (New York)

Antono Machado por Joaquín Sorolla (1917)
Hispanic Society of America (New York)

Aunque en la obra de Machado la Sierra del Guadarrama no ocupa la extensión  de otros lugares como Soria o Baeza,  su impronta en el alma del poeta  fue muy importante.

Parte de esta huella profunda del Guadarrama en Machado  deriva de su vinculación  con la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y con la figura de Francisco Giner de los Ríos.

En la semblanza  de Francisco  Giner  con motivo de  su muerte en febrero de 1915, Machado expresa magistralmente esta unión suya con Giner , y la  de este,  y la de él mismo, con el Guadarrama:

 . . . Oh, si, llevad, amigos,

su cuerpo a la montaña,

a los azules montes

del ancho Guadarrama.

Allì hay barrancos hondos

de pinos verdes donde el viento canta.

Su corazón repose

bajo una encina casta,

en tierra de tomillos, donde juegan

mariposas doradas . . .

Allí el maestro un día

soñaba un nuevo florecer de España.

 Hay una versión previa en prosa de esta semblanza de Giner, en la que sin la música y el ritmo, nos acerca aún más a la austeridad de Giner , que es la de la ILE y la de la Sierra:

 Bien harán, amigos y discípulos del maestro inmortal, en llevar su cuerpo a los montes del Guadarrama. Su cuerpo casto y noble merece bien el salmo del viento en los pinares, el olor de las hierbas montaraces, la gracia alada de las mariposas de oro que juegan con el sol entre los tomillos. Allí bajo las estrellas, en el corazón de la tierra española reposarán un día los huesos del maestro. Su alma vendrá a nosotros en el sol matinal que alumbra a los talleres, las moradas del pensamiento y el trabajo.

 Tenemos pocos rastros de la excursiones de Antonio Machado por  el Guadarrama.

En una nota en Los Complementarios, en la que el poeta recuerda cómo se enteró del estallido de la Primera Guerra Mundial el tres de agosto de 1914, en La Granja, escribe:

 Salimos de Cercedilla, pernoctamos en la casita de la Institución don Víctor Masriera, su señora, Pepe y yo. De la casita a La Granja a pie. De La Granja a Segovia en automóvil. De Segovia a Madrid en tren. Corazón e itinerario de don Francisco Giner.

 Esta breve nota nos muestra que Machado anduvo por el Guadarrama en una época de su vida, siguiendo, como en tantas otras cosas, los caminos abierto por  Giner. El Guadarrama es, además, el corazón de Giner. A  través del  Guadarrama, Giner y Machado se unen por el mismo corazón.

La casita de la Institución en la Sierra del Guadarrama (Julio Vías)

 

Con los Masriera , él era profesor de dibujo en el Instituto Escuela, hace también excursiones por los encinares del Pardo. Otro de  los lugares intensos de Giner y de la ILE. A los Masriera dedica su bello poema a las encinas, en donde antes  de de escribir sobre ellas revisa los árboles de España, que son los árboles de su vida: el roble, el pino, la palmera, el haya, los chopos, los olmos, el manzano, el eucalipto, el naranjo,el ciprés, y al final, las encinas; en Aragón, en Navarra, en Extremadura, en las altas tierras del Duero, del Tajo, en Santander, en Córdoba y también en el bajo Guadarrama:

 y tú, encinar madrileño,

bajo Guadarrama frío,

tan hermoso, tan sombrío,

con tu adustez castellana

corrigiendo,

la vanidad y el atuendo

y la hetiquez cortesana!

Ya sé, encinas

campesinas,

que os pintaron, con lebreles

elegantes y corceles,

los más egregios pinceles,

y os cantaron los poetas

augustales,

que os asordan escopetas

de cazadores reales;

mas sois el campo y el lar

y la sombra tutelar

de los buenos aldeanos

que visten parda estameña,

y que cortan vuestra leña

con sus manos.

 Hace referencia aquí Machado, a los  retratos  de Velázquez del príncipe Baltasar Carlos a caballo, o vestido de cazador, desde los encinares de El Pardo o del Soto de Viñuelas, con el Guadarrama al fondo.

Fruto  sin duda también de  de las  excursiones de aquellos años por el Guadarrama es el bello poema (CIV) localizado en el camino de Balsaín (sic) y fechado en 1911, en donde muestra la fuerte unión del poeta con la Sierra a lo largo de su vida, una unión difícil de entender sin una vivencia muy profunda del Guadarrama:

   ¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,

la sierra gris y blanca,

la sierra de mis tardes madrileñas

que yo veía en el azul pintada?

    Por tus barrancos hondos

y por tus cumbres agrias,

mil Guadarramas y mil sones vienen

cabalgando conmigo, a tus entrañas.

 Un último grupo de impresiones del Guadarrama se originan durante la estancia de Machado como profesor de francés en el Instituto de Segunda Enseñanza en Segovia y están muy ligadas a sus viajes en tren a Madrid.

 Por donde el tren avanza, sierra augusta,

yo te sé peña a peña y rama a rama;

conozco el agrio olor de tu romero,

vi la amarilla flor de la retama;

los cantuesos morados, los jarales

blancos de primavera; muchos soles

incendiar tus desnudos berrocales,

reverberar en tus macizas moles.

 (CLXIV XI En tren. Flor de Verbasco)

 En este poema Machado nos muestra de nuevo  su conocimiento de la Sierra, un conocimiento que sólo ha podido originarse, como ya hemos hablado, en excursiones ( expediciones, él las llamaba), como la del año catorce o la del  camino de Valsaín o por los montes del Pardo.

Vuelven las impresiones del Guadarrama desde el tren entre Segovia y Madrid,:

   Hacia Madrid, una noche,

va el tren por el Guadarrama.

En el cielo, el arco iris

que hacen la luna y el agua.

¡Oh luna de abril, serena,

que empuja las nubes blancas!

 (CLVIII. X . Iris de la noche)

 También desde  el tren  la presencia de Guiomar, su tardío y prostero amor, a la que también une él al Guadarrama:

 Tu poeta

piensa en ti. La lejanía

es de limón y violeta,

verde el campo todavía.

Conmigo vienes, Guiomar;

nos sorbe la serranía.

De encinar en encinar

se va fatigando el día.

El tren devora y devora

día y riel. La retama

pasa en sombra se desdora

el oro de Guadarrama.

 (CLXXIII)

 —————————————————————-

Mientras releía y reflexionaba sobre  estos poemas de Machado, he tenido entre mis manos un viejo ejemplar de sus Poesías Completas,  que publicó la Colección  Austral en Buenos Aires, Argentina. La primera edición es de 1940, la sexta de1952. Machado enterrado y publicado lejos  de su España, lejos del Guadarrama, de Baeza y de Soria.

El ejemplar, de hojas ya amarillentas, está encuadernado con lomo de piel azul marino y lleva en la primera página, escrita con tinta azul,  la firma sencilla de mi padre, José Luis ,  y una fecha: 1953. El año en que yo nací.

A través de este libro, con las hojas amarilleadas por el paso del tiempo, mandado a encuadernar por mi padre , como atestigua un pequeño sello,  a Calero en su taller de Bárbara de Braganza 9, en Madrid, para que pudiera resistir el paso de los años, más años de los que pudiera vivir él,  o quizás de los que pudiera vivir yo. Mucho más allá del tiempo, he vuelto a sentir el Guadarrama y a encontrarme con un Machado o con un Giner  muy profundos,

Hace casi  cien años  que estos poemas se escribieron  y cerca de  61 años en que mi padre los leyó en este mismo libro, quizás por primera vez, pero en estas tardes de julio, con el sol dorado de la tarde cayendo sobre Peñalara , releyendo a Machado, parece que el tiempo hubiera muerto por primera vez.

Publicado en Guadarrama, Personajes en La Granja | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

El paso de las estaciones en el Guadarrama

Como ahora se celebra el primer aniversario de la creación del Parque Nacional de las Cumbres del Guadarrama, el diario El País ha publicado unas bellas fotos de Luis Miguel Ruiz Gordón, que  muestran, de forma muy especial, el contraste del paso de las estaciones por la Sierra. Las fotos están hechas de forma tan perfecta, que en una primera impresión pudiera parecer un efecto del Photoshop, pero las fotos son reales, realizadas en distintos meses ,desde el mismo sitio con el mismo encuadre y el mismo acercamiento del objetivo. Ruiz Gordón ha captado en su fotografía la belleza del paso de las estaciones en nuestra Sierra.

Mirar por favor las fotos de Ruiz Gordón,  ha logrado captar en ellas mucho más que  las formas, los colores y las luces, ha captado el silencio,  el aire frio y el olor del pinar en el otoño.

 

Publicado en Guadarrama, Naturaleza | Etiquetado , , | Deja un comentario

Jara del Guadarrama

Mis primeros recuerdos del olor de la jara, de la resina pegajosa que impregna sus hojas, de sus flores de pétalos  blancos y estambres  amarillos, se remontan a los veranos cálidos y alargados de mi infancia. Veranos perdidos , cuando la vida era aún estable y segura, y nuestra mayor preocupación era sacar adelante aquellos exámenes inquietantes  que  terminaban definitivamente el curso y daban paso al verano.

Después hemos visto muchas veces, decenas de veces, los montes del Guadarrama repletos de jara floreciendo al final de la primavera y al principio del verano. La veíamos desde las ventanillas de los coches, desde los autobuses de línea, desde los trenes sucios de cercanías camino del Guadarrama, y mucha más cercana, desde los  senderos de tierra  polvorientos y  calurosos .

Y quizás , tras ver la jara  en flor ya tantas veces, tras olerla durante decenas de años, nos fuimos   acostumbrando a ella, y en determinado momento la hicimos parte nuestra, de la memoria de luz de nuestros antiguos  recuerdos.

Vivimos el paso del tiempo a través de los ciclos de la Naturaleza, y mientras ella se renueva en cada primavera, nosotros seguimos envejeciendo sin remedio. Querríamos también  renacer en estos días de junio como la jara  blanca en las cotas bajas de nuestro Guadarrama, como el piorno amarillo en las  más altas, allá donde el pinar acaba pero seguimos atados irremediablemente  a nuestro camino sin vuelta por la vida.

En esta mañana ya casi de verano, la jara en flor , bajo la luz intensa de una primavera tarda, me ha vuelto a sorprender, como si no la hubiera visto nunca, como si hubiera vuelto a aquellos veranos antiguos de los  años cincuenta y sesenta, en los que mi padre cogía el tren todos los días para ir la trabajar a Madrid desde la Sierra, y nosotros correteábamos libres alrededor de la casa, mientras el olor de la jara impregnaba ,sin darnos cuenta,  de forma indeleble los espacios más profundos de nuestra memoria .

IMG_0424r

 

IMG_0419r

IMG_0418r

 

Publicado en Flores, Guadarrama, Naturaleza | Deja un comentario

Vida y Muerte del Parque del Palacio de Valsaín.

A menudo se asocia la historia de La Granja  a la del palacio cuya construcción se inicia en el primer tercio del siglo XVIII. La construcción de este palacio  es sin embargo  consecuencia del mal estado en que se encontraba en aquél momento el cercano palacio de Valsaín, La Casa del Bosque, cuyo  origen se remonta a los tiempos de Enrique IV de Castilla, al siglo XV.

Felipe II acomete, ya  en el Siglo XVI, la tarea de construir sobre el antiguo edificio, un bello palacio en el que intervino el arquitecto Gómez de Mora.  Desgraciadamente esta construcción se fue deteriorando progresivamente por la acción de los rayos, de los incendios, de las inclemencias , por el paso del tiempo y también por la acción del hombre.

Felipe V e Isabel de Farnesio prefieren construir un nuevo palacio en las cercanías de la ermita de San Ildefonso, en la granja que allí tenían los monjes del monasterio segoviano del Parral, que reconstruir La Casa del Bosque, en cuyas  escasas habitaciones,   aún practicables , se alojan antes de la terminación de la construcción del Palacio de La Granja.

En  la actualidad sólo quedan algunos  vestigios, en situación  muy lamentable, de La Casa del Bosque, del Palacio de Felipe II, en Valsaín, el origen cercano de La Granja.

Delante del Palacio de Valsaín hay una gran pradera cercada por vallas de piedra, en donde pastan los caballos, y en donde no queda ni un solo árbol. La vista sobre la Sierra desde esta pradera es de una belleza indescriptible. Este pastizal pelado acaba bruscamente en una zona donde crecen viejos robles. La pradera y el robledal pertenecen a un espacio de terreno limitado por una valla de piedra. Esta zona cercada se conoce como El Parque y formaba parte en su tiempo del Palacio de Felipe II.

la foto 2

Hay un dibujo de un enorme interés trazado por Anton van den Wyngaerde en 1562 cuando se está terminando la construcción del palacio de Valsaín, titulado La Casa del Bosque de Segovia en el que se ve claramente El Parque  bien cercado y repleto de árboles, de grandes robles.

image1889

Hay también noticias de normas de protección de El Parque  en el siglo XVI , impidiendo la corta de leña, la entrada de ganado y la caza dentro del recinto vallado. Por esta normativa sabemos que dentro del recinto no sólo había robles sino también algunos pinos, acebos y fresnos y abundante yerba y que allí  vivían animales de caza mayor y menor. Los de caza mayor parece que eran fundamentalmente venados, aunque es posible que hubiera también corzos, ciervos, gamos, jabalíes; y en lo que respecta a la caza menor, liebres, perdices, conejos y lo que en los documentos antiguos se denominan  aves de volatería. En aquella época vivían también en el pinar osos, que tal vez pudieron llegar a  estar también en algún momento dentro de los límites de El Parque.  Existen también datos de que ya en el Siglo XVI, empezaron las agresiones a El Parque por parte del hombre , y que aún los mismos funcionarios de la corona  se saltaban estas normas de protección talando robles y pinos e introduciendo ganado en el recinto.

En el plano de Valsaín de Pedro de Brizuela , trazado en 1625, además de la  zona de El Parque, hay otra zona vallada en dirección a Segovia al lado del palacio, que lleva el nombre de El Bosquecillo.

En el dibujo  de  Anton van den Wyngaerde, esta zona aparece también densamente poblada de robles. En  la actualidad es también otra pradera totalmente despoblada de árboles en donde pasta el ganado, lo que hace sospechar que El Bosquecillo siguió probablemente un proceso de eliminación del arbolado similar al de  El  Parque.

rinconsonia01

Es difícil saber en que época empezó el talado de los robles en los recintos cerrados del palacio de Valsaín. Carlos M. Manuel Valdés, que ha investigado muy profundamente en todos los archivos posibles la historia de los montes de Valsaín desde el Siglo XVI, señala el Siglo XVIII como la época en que probablemente aconteció este proceso destructivo, el cambio del robledal a la pradera, pero no logro encontar en su completo estudio histórico los datos que apoyan esta afirmación

Yo apoyaría más la hipótesis de que  la que la destrucción de El Parque y de El Bosquecillo, fueron procesos paralelos al de la destrucción del palacio, y que todos ellos probablemente se  originaron en mezquinos intereses individuales, claramente furtivos,  en un un proceso que dura varios siglos y que  probablemente se inicia en el siglo XVI como indican los documentos de los juicios contra los furtivos que cortaban leña e introducían ganado en El Parque  recogidos por C.M: Manuel Valdés en su libro.

En el cuadro del palacio de Valsaín que se conserva en el museo de Valencia de Don Juan, de 1624, puede observarse la zona de El Parque adyacente al palacio , bastante despoblada de árboles.

image1891

En 1870, a consecuencia de la ley de 1869, en la que pasan al Estado la mayoría de los bienes de la corona, el palacio de Valsaín, el Bosquecillo y el Parque del Palacio, pasan a manos privadas. El palacio y el Bosquecillo a las de D Joaquín Reches Fernández de las Cuevas y sus socios, y el Parque a las de D Isidoro de Villota y los suyos.

Las ventas del Bosquecillo y el Parque realizadas sin cumplir la legalidad vigente, son anuladas posteriormente y se restituyen al patrimonio real en 1878 con Alfonso XII. El palacio de Valsaín queda sin embargo en manos privadas y es comprado por Alfonso XIII, pasando posteriormente a sus descendientes. Fue declarado bien de interés cultural en 1931.

Es muy posible que durante estos años se acelerara el deterioro del Palacio, del Parque y del Bosquecillo.

En el recurso ante el Senado contra la venta del Parque de Valsain, se dice que entonces existían allí más de 400 robles seculares, 800 y pico pinos y más de 500 árboles de otras especies. Respecto al Bosquecillo se dice que la tasación del arbolado se había hecho en 20 escudos, diez veces menos que su valor real. Se denuncia que los nuevos propietarios, a la espera de la resolución de los litigios han comenzado la tala de árboles. De hecho los hermanos de Villota talan los 3000 pinos plantados por Carlos III en 1787  con semillas rusas del Báltico, en un lugar de Valsaín llamado el Plantel.

En una  vieja fotografía de Valsaín de  1905 recogida por Acu Estebaranz ,en la que se ve parte de El Parque , puede comprobarse la existencia  todavía robles entre grandes claros, en zonas que hoy están totalmente peladas, lo que indica que estos robles se talaron a lo largo del siglo pasado.

la foto

El porqué se permitió durante siglos este destrozo en una zona propiedad sucesivamente de la Corona , de la República y del Patrimonio, y porqué no se conservó este robledal de forma similar a como se conservó el resto del pinar, tiene dificil respuesta.

En la mañana de mayo los caballos trotaban y pastaban por la pradera de El Parque , en un determinado momento al final de  la gran pradera , dentro del recinto vallado, empezaron a aparecer viejos robles , y a la vista de ellos uno se preguntaba , el porqué los restos de La Casa del Bosque no hubieran podido permanecer rodeados de árboles.

Quizás el palacio, El Parque y El Bosquecillo estaban todos marcados por un mismo triste  y ruín destino .

Publicado en Guadarrama | Etiquetado , , | 2 comentarios

Baños de mar en primavera

En una librería de viejo del Barrio Alto de Lisboa, un barrio con sabor francés al que se puede acceder desde la Baixa, subiendo por el Chiado,en donde la figura de Fernando Pessoa nos saluda sentado eternamente enfrente del café La Braxileira; o por el ascensor de Santa Justa; o por aquellos viejos tranvías amarillos inclinados que trepan raudos y ruidosos por  cuestas no aptas para cardíacos, encontré, hace ya bastantes años, un elegante libro de finales del XIX titulado Hygiene des Gens du Monde escrito por Al. Donné..

La higiene, tema sobre el que versaba el libro, se ocupa de como conservar la salud en las personas sanas.  La higiene es desde los antiguos la  la parte más fundamental de la medicina, porque una vez que se ha perdido la salud, puede ser muy difícil, en muchos casos imposible,  volver a recuperarla.

El tratado de Donné  va dirigido a  las “Personas  de mundo” a la clase dominante, a los líderes de la Francia de entonces.

Donné da por hecho que las nociones  básicas de higiene ya son aplicadas por estas “Personas de mundo”. El libro por ello se centra en los efectos beneficiosos de los viajes; de las excursiones al campo, al mar y a la montaña; del uso de las aguas minerales; de las estaciones termales y por supuesto de los baños de mar,  para mantener la salud.

Estas recomendaciones, podrían parecer hoy a primera vista pasadas de moda, trasnochadas, más propias de los elementos argumentales de las viejas novelas y de las películas de época, que de la vida actual. Pero yo pienso que siguen estando vigentes.

El ambiente en el que se desarrolla nuestra vida, dominado por el trabajo extenuante, en los que lo tienen, porque el no poderse ganar la vida puede ser peor; el estrés; las congestiones de tráfico; el sedentarismo;el ruido; la contaminación del aire; los alimentos industriales; todos ellos actúan como tóxicos para nuestro organismo: para nuestro cuerpo y para nuestra mente. Nuestro organismo está adaptado a la vida en la naturaleza, está inadaptado a esta vida de tensión y de invasión tóxica permanente. Por eso los viajes hacia la naturaleza, hacia el campo, el mar y la montaña siguen siendo muy  beneficiosos, y probablemente hoy más que en el pasado.

De todas las  posibilidades que revisa Donné, quiero centrarme en los  baños de mar, porque reúnen la acción beneficiosa de los elementos  sobre el organismo: el efecto del agua, el del aire , el del calor del sol y el del contacto directo con la arena.

El agua de mar, es el medio en el que se originó la vida y la composición mineral del medio interno en donde viven nuestras células  se asemeja a la del agua de mar. El baño de mar nos hace volver al contacto con nuestro medio primogénico. Enfría nuestro cuerpo y estimula la generación de calor para mantener la temperatura  corporal. Tonifica y ejercita nuestros músculos fundamentalmente cuando hay un cierto oleaje, o nadamos, y ayuda a disminuir la tensión y el estrés. En otra dimensión, el mar nos acerca a la unión con el todo.

El aire del mar es rico en yodo que proviene de la descomposición de las algas marinas. El yodo es fundamental para el funcionamiento del tiroides, y las hormonas tifoideas estimulan la función general del organismo. Sí somos conscientes de nuestra respiración profunda, de como este aire limpio y yodado del mar penetra en nuestros pulmones, nos hacemos conscientes de la unión del aire con nuestro cuerpo, y esto también nos ayuda a unimos al todo.

El sol sintetiza vitamina D en nuestra piel y la vitamina D , no sólo tiene efectos beneficiosos sobre el hueso, si no que también estimula la inmunidad, la función muscular y parece que nos protege de la degeneración celular cancerosa. Todas las células del organismo presentan receptores para la vitamina D, que parece ser de este modo, un componente esencial para el funcionamiento de nuestro organismo. El sol también calienta y dilata los vasos de la piel y al entrar estos en  contacto con  el agua fría,  se contraen, sometiendose a una especie de gimnasia vascular cutánea muy beneficiosa que los nórdicos han llevado a su extremo con la sauna.

Por último, nuestros pies desnudos entran en contacto directo con la arena. El roce, el masaje del pie al andar sobre la arena, tiene acciones estimulantes. Pero también el contacto directo de nuestro cuerpo con la tierra nos acerca a un tipo de relación con los elementos que hemos perdido con el asfalto, las aceras y el calzado. Y que decir de la mirada al horizonte en donde el mar y el aire convergen.

El baño de mar, por todo ello, actúa como un potente estimulante metabólico general de nuestro organismo y nos ayuda a serenar el alma y a acercarnos al todo.

El Mediterráneo en la época en que Donné escribió su libro, empezaba a tener una temperatura adecuada para el baño a finales de mayo, pero con el calentamiento climático, esta fecha se ha adelantado y probablemente a partir de la segunda quincena de abril la temperatura sea ya  adecuada. El Cantábrico puede ser menos propicio en este época, aunque estamos ya acostumbrados a ver en lo noticieros a esas personas que en todas las estaciones, a todas horas y aún habiendo nieve en la arena,  se bañan, movidos por una extraña adicción,  que yo comprendo bien, en la playa de La Concha en San Sebastián. El Atlántico, en mi querida antigua y señorial Lisboa,  en donde encontré este bello libro, me parece impracticable en abril y en mayo.

En los puentes de Semana Santa o del Primero de Mayo, decenas de miles de personas salen de las ciudades con rumbo al Mediterráneo. Este movimiento masivo muestra claramente que los baños de mar en primavera, o al menos el acercarse a la playa, como otras muchas cosas , se han democratizado y han dejado de ser  una exclusiva  costumbre de esa antigua clase social glamourosa “Las Gens du Munde”, a la que en el fondo a muchos nos hubiera gustado pertenecer y en la que tal vez hubiéramos querido vivir.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Publicado en Medicina, Naturaleza, Vida | Etiquetado , , | Deja un comentario

Árboles singulares de España

En una librería de lance, encuentro sin mucho escudriñar, un bello libro del año 2005 titulado Guía de los árboles singulares de España. La obra recoge cincuenta reportajes escritos por el periodista César-Javier Palacios, ilustrados por José Ignacio Redondo y publicados en El País Semanal  entre 1997 y 1998.

La obra incluye las historias populares forjadas a lo largo de muchas generaciones alrededor de cincuenta árboles españoles centenarios y muchos de ellos milenarios.

Estos viejos árboles  tienen un ritmo temporal distinto, mucho más lento que el de la vida del hombre y quizás por esa energía captada de la tierra y de la atmósfera a lo largo de sus varios siglos de existencia, han sido respetado por los hombres que se han acercado a su cobijo. En algunas ocasiones, cuando ha sido necesario,  los han defendido de aquellos que con sus hachas querrían transformar su vida en madera muerta y en billetes de banco.

Javier Palacios relata en su libro las bases de las relaciones ancestrales entre los hombres y los árboles, que originalmente eran adorados como dioses. El cristianismo adaptó en parte esta vieja relación plantando los árboles, fundamentalmente olmos  y tejos, al lado de las iglesias y las ermitas. También muchas de las advocaciones de la Virgen, aparecen ligadas a los nombres de los árboles en donde hacían su aparición: la encina, el robledo, el pino, el espino… Todo esto es muestra de esa enorme cantidad de energía que los árboles son capaces de captar y almacenar, y también de compartir con los otros seres vivientes que se acercan a ellos, incluido el hombre, y el que se les considerara de origen divino.

El viejo roble de Guernica, en Vizcaya , es ejemplo de otro tipo de relación de los árboles con el hombre. Bajo su sombra se tomaban los acuerdos que afectaban a la comunidad, se juzgaba, o se cerraban los tratos con un apretón de manos. El árbol era símbolo de la rectitud, de la solidez, de la experiencia, de la tradición y era respetado por ello  por los conciudadanos.

De los cincuenta árboles singulares recogidos en este libro, diecisiete son robles, seis  encinas, cuatro olivos y en número de tres están representados  los castaños, los pinos y los cipreses. Dos son  tejos, y con sólo un ejemplar están el resto: la higuera, el tilo, el moral, la secuoya, el alcornoque, el olmo y otros árboles ya menos frecuentes como la sabina, el drago o el almez.

Destaca pues  entre todos los árboles singulares por su frecuencia el roble, un árbol que en la vieja tradición vasca, era considerado como un dios y que es capaz de almacenar cantidades enormes de fuerza y energía. Esta distribución hace  pensar también en el roble y la encina como los árboles más arraigados en nuestra piel de toro.

Palacios relata en su libro los esfuerzos de los pueblos por defender estos árboles testigos del paso de múltiples generaciones bajo sus sombras, impregnados en las viejas leyendas. Hace tan sólo veinte o treinta años, las distintas comunidades autónomas empezaron a poner muy lentamente  en marcha acciones  para proteger a algunos de  estos árboles singulares, como monumentos naturales. Esto ha sido  muy beneficioso para su cuidado y su conservación , pero también  ha conseguido  llamar, quizás demasiado,  la atención de las  peligrosas masas turísticas que en los días de asueto andan de aquí para allá visitando lo que sea: un parque temático, las huellas de los dinosaurios, o un árbol singular,  y que a veces no entienden  la frágil condición de estos árboles centenarios.

De hecho, en el libro de Palacios se relata la muerte de dos de estos árboles desde el momento que se hicieron los reportajes hasta que se publicaron en el libro: el roble de la Casa de Juntas de Guernica y la vieja olma  de la plaza de Rasacafría. Esto equivale a la muerte de un cuatro por cien de estos árboles en un periodo de siete-ocho años.

Si yo tuviera que hacer, como sugiere Palacios, un inventario de los árboles singulares y centenarios de La Granja y Valsaín, tendría serias dificultades para seleccionarlos entre las decenas de robles, pinos, fresnos, castaños,  guindos, saúcos, secuoyas,  cedros del Líbano,  avellanos,  acebos… Esto señala que la protección de los árboles singulares debería ser el primer paso hacia una protección más  general de los árboles en España y en la que casi la totalidad de las personas, más allá de los legisladores, deberían implicarse.

En la Naturaleza todos sus componentes formamos parte de una misma unidad, y las acciones sobre una de estas partes repercute de forma irremediable sobre el resto. Debemos respetar a los hombres y a los animales, a los árboles y a las plantas y a los propios elementos geológicos que forman la Tierra porque a todos ellos estamos unidos por fuerzas ancestrales porque todos ellos son nuestros hermanos y porque una acción irresponsable sobre alguno de ellos puede volverse al final contra nosotros.

El hombre primitivo, el hombre antiguo era consciente de esta relación con la Naturaleza, y por ello tengo la esperanza de que el hombre post-moderno, el hombre que sobreviva los desmanes del  capitalismo absurdo que ahora impera, pueda volver a recuperar esta relación. Una relación que todavía tenían con los árboles muchos de los personajes entrevistados por Javier Palacios en sus reportajes.

El último  pino

El último pino

Las olmas desaparecidas de la sierra de Guadarrama

La olmeda de la ermita de San Juan de Baños en Palencia

 

 

Publicado en Naturaleza, Vida | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Retrato de Jaime Gil de Biedma en los Jardines de La Granja de San Ildefonso. Verano de 1974.

Jaime Gil de Biedmaen los Jardines de La Granja. 1974. (Colita)

Jaime Gil de Biedmaen los Jardines de La Granja. 1974. (Colita)

La primera vez que vi esta fotografía del poeta fue hace algunos años, en una acogedora librería de La Granja, Farinelli , a donde a menudo acudía a escudriñar en sus estanterías buscando libros que me acompañarán en las tardes de verano. Aquella foto en la pared captó poderosamente mi atención, pero no hizo que me acercara al personaje, a quien quizás se le considerara entonces, por su homosexualidad abierta, su afición a la noche y a las bebidas alcohólicas un tanto exagerada, y porqué no decirlo, por su condición de poeta, como un personaje  bastante maldito, aunque  siempre muy distante de los límites que llegó a cruzar, hasta perderse, Leopoldo María Panero.

Mi percepción de Jaime Gil de Biedma cambió mucho hace pocos años tras ver un documental  sobre su vida. En aquél documental aparecían sus amigos, y también sus hermanas y sus sobrinas, el tío Jaime, ofreciendo una imagen real, polifacética y compleja de los múltiples personajes que componían su personalidad. Este cambio en mi visión de Gil de Biedma me hizo también interesarme por sus escritos.

Estaban en aquél documental de entonces: el hijo de  familia de la alta burguesía; el consejero de los Tabacos de Filipinas; el viajante a los trópicos; el estudiante de derecho en la Universidad de Barcelona; el estudiante dandi en la Universidad de Oxford, en donde quedó impresionado por Alberto Jiménez Fraud y Natalia Cossio y la España perdida que representaban, el amigo de sus amigos, el hermano, el tío… Y el poeta,

Pero quizás lo que más me interesaba de Gil de Biedma, más allá de todo esto, era su veta castellana, algo que le venía de su madre y de su abuelo, Santiago Alba, un político conservador de Valladolid muy influyente en el primer tercio del pasado siglo. Esta veta un tanto carpetovetónica , contrarrestaba con creces el toque algo remilgado  de algunos de los intelectuales de la Barcelona de su época. Su profundo dominio del castellano, que sin duda provenía también de su madre, contrastaba con su uso algo más ligero  en la Barcelona de entonces.

La Guerra Civil obligó a los  Gil de Biedma  a pasar tres años en una casa familiar antigua  en Nava de la Asunción en la provincia de Segovia. Nava, y más específicamente, los tres años de su niñez en Nava, quedaron muy profundamente grabados en el alma del poeta. A esta casa volvían en los veranos y en ella se curó de una tuberculosis pulmonar que le atacó en su juventud.

Quizás esta relación con Nava, con su niño interior que él buscaba en los años para él felices de la Guerra, fue una de las cosas que más me impresionó. Aquella casa familiar, vendida al cabo de los años y a donde volvían sus hermanas ya mayores, aparecía  mezclandose las imágenes de ahora con los viejos fotogramas descoloridos en súper ocho de otros tiempos. Tiempos en los que a juzgar por las escenas familiares debieron ser de una intensa alegría.

 Para empezar, la guerra

fue conocer los paramos con viento,

los sembrados de gleba pegajosa

y las tardes de azul, celestes y algo pálidas,

con los montes de nieve sonrosada a lo lejos.

Mi amor por los inviernos mesetarios

es una consecuencia

de que hubiera en España casi un millón de muertos.

 Sus dos hermanas aparecían también en el documental sentadas en el pinar en una mesa con mantel merendando enfrente de la bellísima Ribera de los Alisos con el Eresma al fondo, discutiéndolo todo, costumbre está que sin duda también  les venía de Valladolid. La mesa con mantel estaba colocada delante de la casa de campo, ahora derruida, a donde acudía la familia a cazar palomas. El recuerdo del hermano en aquél paraje único al que tanto había querido, delante de la vieja casa de campo con el techo derrumbado, tenía un efecto demoledor. Todo ello ofrecía una imagen barroca  del paso del tiempo, del vacío creado por la muerte, hechos  que desde joven obsesionaron a Gil de Biedma.

 Los pinos son más viejos.

                                         Sendero abajo,

sucias de arena y rozaduras

igual que mis rodillas cuando niño,

asoman las raíces.

Y allá en el fondo el río entre los álamos

completa como siempre este paisaje

que yo quiero en el mundo,

mientras que me devuelve su recuerdo

entre los más primeros de la vida.

 Un pequeño rincón en el mapa de España

que me sé de memoria, porque fue mi reino.

Podría imaginar

que no ha pasado el tiempo,

lo mismo que a seis años, a esa edad

en qué el dormir descansa verdaderamente,

con los ojos cerrados

y despierto en la cama, las mañanas de invierno,

imaginaba un día del verano anterior.

                                                           Con el olor

profundo de los pinos.

Pero están estos cambios apenas perceptibles,

en las raíces, o en el sendero mismo,

que me fuerzan a veces a deshacer  lo andado.

Están estos recuerdos, que sirven nada más

para morir conmigo.

 Estas casas vendidas de las viejas familias, como la de los Panero en León también reflejada en dos intensos documentales, como quizás también las de mi familia en Navarra y en Zamora, eran  el  mejor espejo  del cambio acontecido a lo largo de cuatro o cinco generaciones. Su venta puede que  marque el  paso de las más cercanas a una nueva forma de vida, más o menos impuesta,  en exceso dominada por una extraña cultura norteamericana, mezcla de otras muchas,  y del capitalismo absurdo en donde las raíces de la familia y de la tierra ya poco importan.

Pero antes que en Nava, la familia Gil de Biedma  pasaba los veranos en San Rafael, en casa del abuelo, y tras la Guerra Civil , según su biógrafo Miguel Dalmau, durante algunos años, también en La Granja.

Hasta el final de su vida, escribe Dalmau, el poeta amó La Granja, su palacio, y sus jardines. Le gustaba pasear entre los parterres, las frondas umbrías, y el rumor de las fuentes.

De niño paseaba con las criadas y las hermanas  por los jardines y le extasiaban las estatuas de mármol y las figuras mitológicas que surgían del agua a las que pronto aprendió a reconocer por sus nombres. Jugaban con los hijos de otras familias aristócratas que tras la Guerra Civil veraneaban en La Granja: Martinez-Bordiu, Armada, Casares… con los que practicaba el tenis y la natación. Iban también a la casa del Marqués de Valdeiglesias, el padre de Luis Escobar. Con este  se inicia en el teatro, y aprende a recitar sobre el escenario.

También   he podido encontrar, una leve referencia a las milicias universitarias en el campamento de El Robledo, en donde estuvo en 1949, y  una nostálgica nota sobre el olor de los pinares, de la hiedra y de los tilos de su  jardín, bajando el puerto,  de camino hacia Nava desde Madrid en los veranos, que pudiera de algún modo relacionarse con La Granja.

Nava de la Asunción, La Granja,  Segovia y Castilla formaban parte de la mitología personal y de la forma de ser de Jaime Gil de Biedma.  He querido  por ello colgar hoy en mi blog esta vieja foto del 74 y  agregarle  a la galería de personajes, que de una forma u otra, dejaron su huella entre nosotros.

Publicado en Personajes en La Granja | Etiquetado , , | 1 comentario

Eduardo Chillida: la estructura de la música de J S Bach y la estructura de la naturaleza.

Hay un pensamiento del escultor vasco  Eduardo Chillida, que siempre me ha sorprendido, y al que más de una vez me he referido,  y es la relación que él establecía entre la música de Bach y el ritmo del mar. Chillida, como todos los buenos artistas y poetas, era una persona enormemente intuitiva y  basaba precisamente  su conocimiento  en esta percepción única de las cosas.

He querido explorar si más allá de la mera intuición del artista,  existe una relación entre la música de Bach y la naturaleza.

En los años ochenta, Benoit B Mandelbrot , un matemàtico que trabajaba en el centro de investigación de IBM en París, publicó un impresionante libro que tituló “The Fractal Geometry of Nature” (La geometría fractal de la naturaleza) en donde establecía las bases de una nueva forma de acercarse y comprender los objetos  naturales que superaba las limitaciones de la geometría clásica.

Mandelbrot creó la palabra “Fractal” como una derivación de la palabra latina “Fractus” que quiere decir fragmentos, es decir  el resultado de romper algo. Fractus al mismo tiempo  quiere decir irregularidad. Los fractales  son pues fragmentos irregulares; pero además tienen una perspectiva de escala,  su grado de fragmentación y de irregularidad es idéntico en todas las escalas en donde los estudiemos: desde las más amplias a las infinitesimales. Si hacemos un zoom desde una macroestructura, los fractales se repiten conforme nos vamos acercando cada vez más, y se pueden prolongar hasta el infinito. Mandelbrot definió también las funciones matemáticas que caracterizan una distribución fractal.

Muchos elementos de la naturaleza pueden entenderse como un un conjunto de fractales, y de hecho desde el trabajo de Mandelbrot, el estudio de los fractales se han aplicado prácticamente a todas las ciencias: desde la astronomía a la biología, pasando por la botánica y la geología. Las olas del mar pueden estudiarse  también desde  esta perspectiva y  se ha podido observar en ellas una distribución fractal.

Al inicio de los años 90 Keneth H Xhü y su hijo Andreas, basándose en la concepción de Einstein de que la música podía entenderse como un conjunto de ondas sonoras, definibles por su frecuencia y su amplitud, comprobaron, utilizando varios fragmentos de Bach, que tanto las frecuencias como la amplitud de las ondas sonoras de sus composiciones, tenían una distribución fractal .

Más allá de la mera intuición del artista,  los fenómenos de la naturaleza, incluyendo las olas del mar, y la música de Bach tienen pues  un hecho en común: su  estructura fractal.

Mandelbrot llamó ya la atención en su libro sobre la belleza plástica de las representaciones gráficas de algunas estructuras de fractales y  su relación con el arte. Resulta sorprendente que algunas representaciones  de fractales incluidos en su libro, podrían recordar, si bien muy lejanamente, a alguna de las obras gráficas y escultóricas del  artista vasco.

Chillida podría haber  llegado a las estructuras fractales, en su obra gráfica y en su escultura, no de una manera formal, estudiando la teoría de fractales o a través de la computación, sino por medio de  su potente  intuición de artista,  esa misma intuición que también le hizo llegar a comprender muy profundamente la relación entre la música de Bach y las olas del mar Cantábrico en la bahía de La Concha en San Sebastían , mucho antes de la aparición del libro de Mandelbrot.

Chillida Bach 1

Chillida_vdK_97002_97013_PC_19602_ALL

chillida1

El Peine del Viento de Eduardo Chillida en San Sebastian

Elogio del Horizonte de Eduardo Chillida en Gijón.

La furia del mar Cantábrico

 

 

Publicado en Naturaleza | Etiquetado , | 1 comentario

Álamos blancos entre La Granja y Valsaín.

Ente la Granja y Valsaín, en un sendero que sube desde ” Las Pasaderas” del río hasta la carretera del Robledo, hay un claro del bosque en cuyo fondo brillan, cuando llega el verano, las hojas plateadas de dos grandes álamos blancos.

El color blanco y plata de estos álamos sobre el fondo del claro, contrasta con el verde intenso del pino albar, que en esta altura del bosque aún se mezcla con los robles del melojar. Hay algo misterioso y mágico  en este claro, algo que fluye del envés algodonoso y plateado de las miles de hojas de estos álamos que tiemblan inquietas, acariciadas por la suave brisa del largo y cálido atardecer de un agosto lejano.

No se sabe de donde vinieron estos dos grandes álamos a asentarse entre los pinos y los robles. No  se sabe tampoco su edad, pero un viejo que andaba por allí perdido me dijo que algunos ejemplares de esta especie pueden alcanzar   los cuatrocientos años.

A tan sólo unos kilómetros de allí, los jardines del Palacio de La Granja son un canto al paganismo, a los viejos dioses de la mitología greco-latina;  y este  antiguo claro del bosque,  con sus  grandes álamos blancos, nos hace retornar a ese mundo misterioso y palpable de los mitos ancestrales.

En  la mitología griega el álamo blanco   es el final  de la metamorfosis de la ninfa Leuca. Hades, el dios del inframundo rapta a Leuca y cuando esta muere,  la transforma en un álamo blanco en los Campos Eliseos, una región del inframundo en donde vagan las almas de los muertos que no se han reencarnado.

Al morir, las almas de los hombres son conducidas al inframundo, al Hades como también se le denomina,   hasta la orilla de la laguna Estigia que cruzan en la barca de Caronte. Al entrar en el inframundo, las almas llegan sedientas a la fuente de Leteo,  la fuente del olvido. Sus aguas borran de las almas todos  los recuerdos de su vida anterior. Este olvido  es necesario para que los dioses  puedan reenviarlas  a los nuevos cuerpos en donde renacen. Si no  beben  de las aguas de  Leteo, las almas pueden llegar  a la fuente de Mnemósine, situada junto a un álamo blanco. Su agua otorga el don de   la eterna memoria. Tras beber este agua las almas  quedan   vagando para siempre por los Campos Elíseos, sin volver ya a renacer. Orfeo aprendió esta ruta  que evitaba a las almas ya en el inframundo la reencarnación eterna y se la enseñó a algunos iniciados.

También se transformaron en álamos blancos las Helíades, las hijas del dios Helios,  al  enterarse de la trágica muerte de  su hermano Faetón. Se sabe  que estos álamos blancos lloraban Elektras, que según el gran  médico   segoviano Andrés Laguna, en castellano es el ámbar. Los álamos blancos lloraban lágrimas de ámbar. Laguna, sin embargo, como buen racionalista,  no creía que los álamos blancos vinieran de las Heliades ni que  lloraran lágrimas de ámbar, sin embargo sí nos cuenta que  entre sus bienes más preciados guardaba dos piezas de esta extraña materia  que había encontrado en un lapidario de Roma, una con un mosquito y la otra con una mariposa con las alas  extendidas,  atrapados  para siempre en su interior.

Todos sabemos que en La Granja y sus alrededores habitan extraños fantasmas, que vagan entre sus calles y   caminan perdidos por sus campos.

A mi me cuesta creer sin embargo,  que  sean  estos seres fantasmales los mismos seres que moraban los Campos Elíseos. Me cuesta creer que sean estas almas inmortales  del Hades,  las que pudieran caminar  por este mismo claro del bosque, y con Laguna, que los grandes álamos blancos en el fondo del claro sean  reencarnaciones de Leuca o de alguna de las Heliades. Pero al releer estas páginas de la mitología griega he logrado entender muchas de las sensaciones que experimentamos  en aquél lugar del bosque en la ya lejana  tarde de agosto.

El viejo misterioso que encontramos bajo aquellos  dos grandes álamos blancos, al despedirse , metió la mano en el bolsillo del pantalón, y la sacó con el puño cerrado.   Al abrir el puño, extendió su mano y  mostró sobre la palma, con una extraña sonrisa,  dos trozos de ámbar: uno guardaba en su interior un pequeño mosquito y el otro una mariposa con las alas extendidas.

P1030274-2 P1030284-2Iphone agosto 2013 083-2

Secuoyas gigantes en La Granja de San Ildefonso.

El olor de los tilos en flor en  La Granja de San Ildefonso.

Cerezos en flor en la Cueva del Monje, Montes de Valsaín, La Granja de San Ildefonso.

Las olmas desparecidas de la Sierra de Guadarrama

Otra foto de la Olma de Santa Cecilia. La Granja. 1920

La olmeda de la ermita de San Juan de Baños en Palencia

Tilos en los jardines de Fointenebleau y en La Granja de San Ildefonso

 

Publicado en Guadarrama, Naturaleza | Etiquetado , , , , | Deja un comentario