La furia del mar Cantábrico

Todos venimos del mar y todos llevamos el mar dentro de nosotros.

La vida se originó en un caldo marino ancestral, nadie sabe muy bien como, y nuestro medio interno, el medio que baña todas las células de nuestro organismo, tiene una composición mineral muy similar a la del agua del mar, a la del medio en donde se originó la vida. En este sentido todos llevamos nuestro mar dentro, siempre está con nosotros, desde que empieza nuestra vida hasta que se apaga.

Walt Whitman, el enorme poeta americano, escribía que a Dios, cualesquiera que sea lo que se esconde tras esta palabra, se le encontraba en lo alto de las montañas y en las playas del océano.

El escultor Eduardo Chillida decía que él sentía  la música de Bach en el mar Cantábrico cuando estaba sereno, en el ritmo de las olas entrando lentamente, pausadamente, en la bahía de la Concha. Y allí frente al mar, el mar de su infancia, el mar que llevaba también dentro, dejó dos grandes esculturas: el Peine del Viento y el Elogio del Horizonte, que no son sino la expresión  de esta extraña  unión del hombre con la Naturaleza a través del mar. Un sentimiento similar tal vez  lo tuvo también  otro gran escultor vasco, Jorge de Oteiza una de cuyas esculturas, Construcción Vacía, se encuentra en el extremo opuesto a la de Chillida a la entrada de la bahía.  En  Biarritz, hay otra  bella escultura de Oteiza en un alto sobre la playa: Homenaje al Caserio Vasco. En el último agosto, en el final pausado de una  tarde,  su estructura abstracta se dibujaba contra el mar y   el cielo incendiados a lo lejos, muy cerca del horizonte, por un antiguo crepúsculo.

En este mes de febrero, el mar Cantábrico nos ha mostrado su otra cara, esa cara tormentosa, furiosa, terrible, a la que los viejos marineros tanto temen. Si las olas entrando en la bahía, un día de calma, llevan el mismo ritmo de la música de Bach, este mar revuelto de las últimas semanas,  espumoso, de olas gigantescas que derriban los muros e inundan las ciudades, lleva el conflicto ruidoso e inquietante de la música de Wagner. Son las dos caras de una misma unidad el Yin y el Yang del mar. Su Yin  es la calma , el lado femenino , la mar de los marineros. El Yang es su lado masculino, la fuerza incontenida, la furia. Los viejos de los pueblos costeros, dicen que nunca habían visto un mar como el de las últimas semanas,  nunca habían sentido de este modo este lado Yang terrible del Cantábrico.

El mar tiene sin duda, fuertes razones para mostrarse así contra nosotros. A consecuencia del calentamiento del ambiente, se han derretido los polos y hemos vertido más agua en él. Hemos arrojado enormes cantidades de basura que las corrientes han depositado  en gigantescos  vertederos en medio del océano. Hemos perforado  sus entrañas en busca de más petróleo, lo hemos inundado de residuos químicos… Y el mar, quizás ya harto, ha mostrado su furia contra nosotros.

El lugar en que Eduardo Chillida, levantó su Peine del Viento, con el que quiso simbolizar la  unidad del  hombre con  el mar, ha sido dañado  por la fuerza de las enormes olas. Un carguero ha sido partido en dos, y una de sus mitades ha sido arrastrada hacia la playa de Anglet en el país Vasco-Francés. Los daños producidos por el temporal, contra muelles, paseos marítimos, puertos, puentes, casas , comercios, locales, bares, restaurantes, se cuentan en decenas de millones de euros. Pero quizás lo más tremendo de este temporal ha sido ese niño de quince años, arrastrado por las olas mientras paseaba por un muelle en Asturias. Las cámaras de la televisión nos han mostrado la imagen solitaria de su bicicleta y de una de sus zapatillas de deporte. Imagen terrible inquietante ya  sin el niño que el mar Cantábrico había devorado en sus entrañas.

Los meteorólogos, los oceánografos, nos dicen que esta situación  se debe a que han concurrido en un cierto momento muchos factores: las mareas vivas, los vientos huracanados, el frente de un temporal… Pero el mar que yo llevo dentro, el que todos llevamos dentro, me dice que es sólo una muestra, en forma de protesta airada y furiosa, de lo que puede llegar a ser su venganza por todo lo que hemos hecho contra él en los últimos cincuenta o cien años.

Que vuelva pronto la calma, que vuelva a predominar el Yin en sus esencias, que vuelva la música de Bach, con el ritmo acompasado y suave de las olas entrando en un día de calma en la bahía de la Concha, o en un crepúsculo lejano desde la playa de Biarritz.

 Jesús Ramos. El Cantábrico en ebullición

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El mar Cantábrico desde las campas de Deba

Castro Urdiales desde el Cielo

 

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El fin de una época en La Granja de San Ildefonso (Julio- Agosto de 1932)

Aparte de  la situación ciertamente tensa que suponía la utilización por el primer  Presidente de la República de un antiguo palacio de los Borbones, la estancia de D Niceto Alcalá Zamora en La Granja en el verano de 1932 parecía transcurrir con aparente normalidad.

Tras su llegada al Real Sitio el lunes 18 de julio de 1932, nada parecía salirse de los cauces habituales: audiencia al Ayuntamiento, presidencia de los juegos de aguas de  las fuentes, recepción a las autoridades provinciales, celebración de un Consejo de Ministros … Todo transcurría dentro de la aparentemente  aburrida  rutina  presidencial.

Pero en la primera semana de agosto, parece que hace calor en La Granja y la esposa del Secretario del Presidente D. Rafael Sánchez Guerra, decide irse a bañar con sus hijos al río Valsaín, a la presa del salto del Olvido, en donde la Sociedad de Iniciativas de La Granja ha construido para sus socios unas instalaciones de baño a la que han denominado, con una cierta dosis de ironía, el Club Náutico del Guadarrama y la Playa de Valsaín.

Pero la señora de Sánchez Guerra, agobiada por el calor del estío, en su camino hacia el baño, se encuentra, al parecer,  con un guarda bien adiestrado, una de cuyas funciones es no dejar pasar a nadie que no sea socio a las instalaciones del club. Los defensores  de la señora de Sánchez Guerra dirán  que el guarda la trató de “forma descortés y desconsiderada”  y “la prohibió entrar”. Pero el  presidente del club afirmará que la señora  ” no fue expulsada, sino que con toda cortesía se le hizo presente que debía inscribirse en las listas de la misma para utilizar sus servicios”. En las memorias del actor y director de escena Luis Escobar, que se encontraba allí, y que por entonces no debía pasar de los diez y sietese años, dice que la señora  ” procedió a instalarse con acojino de mantas de baño y sombrillas” y que algunas de las jóvenes del grupo de amigos de Escobar,  “las más osadas”,  “fueron a decirle que no podía estar allí porque aquello era un club privado”.

De un modo u otro, Dña Rosario Moreno y Luque, que al parecer así se llamaba la mujer de Sánchez Guerra, vuelve enfadada y humillada al palacio. Al poco tiempo aparece en el Club Náutico el  Secretario del Presidente en persona y el Consejero Delegado del Patrimonio, para enterarse, dicen, de lo  ocurrido, y no se sabe si en el mismo momento, o un poco después, como afirmaran los defensores de la señora, llegan los carabineros que desalojan y clausuran las instalaciones del club poniéndolas a disposición del público general.

El incidente tiene repercusiones importantes. Por un lado, la actuación sobre la mujer de Sánchez Guerra, es tomada como una agresión a la República por  parte de los aristócratas monárquicos que se reúnen en  el club. El presidente de la Sociedad de Iniciativas es entonces el marqués de Valdeiglesias, Alfredo Escobar Ramírez (1887-1954) , propietario del diario aristocrático monárquico  “La Época” , senador real y padre de Luis Escobar. El  Secretario del club es el Conde de Albiz, D. Juan Manuel Comyn y Allendesalazar (1890-1961) que en ese momento es el Presidente de CAMPSA. Los dos son Gentilhombres de Cámara de D Alfonso XIII.

El diario “El Sol” recoge el incidente, al que también hace referencia “El Adelantado”. Ambos  periódicos se hacen eco a su vez de un inquietante rumor en los pasillos del Congreso contra el Conde de Albiz:

 ”Entendiendo que el Conde de Albiz realiza en La Granja una labor de oposición al régimen y aprovechando el que este señor es secretario de CAMPSA , entidad controlada por el Estado, el gobierno piensa hacer ver al Consejo de Administración que no le es grato que este señor permanezca en dicho cargo”.

 El marqués de Valdeiglesias, consciente de la complicada situación que el incidente ha puesto al Conde de Albiz, aclara en una carta en su diario “La Época” que este es el secretario, no el presidente del club; que últimamente ha renunciado a su cargo; que por motivos de salud solo ha pasado unas horas este verano en La Granja y que en el momento del incidente iniciaba un viaje al extranjero. Recuerda también que el club no sólo está abierto a los aristócratas sino que cualquier veraneante que lo solicite puede formar parte de la sociedad.

D. Manuel Azaña, por otro lado, a juzgar por lo que escribe en sus  Diarios de 1932-1933, no parece  muy contento con lo que había pasado en la Playa de Valsaín:

 ”La torpeza de Sánchez Guerra, y la indiscreción de su mujer, han provocado un incidente con los socios de un club de golf, aristócratas monárquicos, establecido en un terreno del patrimonio. El Presidente “está que echa lumbre” contra Sánchez Guerra y el general Queipo”.

 El general Queipo de Llano era entonces republicano y Jefe del Cuartel Militar  del Presidente del Gobierno, de quien era concuñado. Su intervención en el incidente no figura en  ninguna de las reseñas de prensa, pero  a partir de la nota de Azaña cabe inferir  que su actuación  pudiera haber estado al mismo nivel que la de Sánchez Guerra. ¿Quizás dando órdenes  a los carabineros de desalojar y cerrar el Club Náutico?

Las autoridades del Patrimonio, en su nota de prensa, intentarán justificar lo que a todas luces era una demostración de fuerza desmedida. Dicen que un funcionario de Hacienda se había percatado, a finales de junio, de que la Sociedad de Iniciativas ocupaba terrenos del Patrimonio sin pagar ningún tipo de contraprestación. Los responsables del Patrimonio se habían reunido entonces con el Conde de Albiz y el Marqués de Valdeiglesias y habían llegado al acuerdo de que la Sociedad pagaría un canon al Patrimonio y que los miembros de la Casa del Presidente y sus familias tendrían acceso libre a sus instalaciones. Al no dejar utilizar la Playa de Valsaín a la mujer del Secretario, se había incumplido el segundo punto acordado, y por ello se habían  enviado a los carabineros y clausurado las instalaciones.

Con el levantamiento del General Sanjurjo  el 10 de agosto y el cierre obligado de todos los periódicos monárquicos hasta el 1 de septiembre, la polémica se apaga, al menos en la prensa.

El cierre del Club Naútico y el de las instalaciones del club de tiro, tiene sin duda un impacto entre los veraneantes que organizaban su vida alrededor de estos dos lugares. Les queda, como único punto de encuentro, el Blas Club. Así lo refleja Luis Escobar en sus memorias, para quien la llegada de la República acaba con “una forma de vida” en los veranos de La Granja, en los que él había disfrutado intensamente desde niño.

El 14  de agosto de 1935 el ABC publicaba una reseña sobre un funeral por los caídos del  levantamiento de Sanjurjo, en la iglesia de San Juan Nepomuceno, en el barrio alto de La Granja. En este funeral se concentran todos los miembros de la aristocracia que veranean en el Real Sitio. Hace también referencia a un campeonato de tenis que se celebra en la localidad, en donde los jugadores parecen ser miembros de la Sociedad.

Al leer la reseña, podría parecer que todo continuaba igual en La Granja, pero es indudable, como señala Luis Escobar, testigo de aquella época, que el advenimiento de la República, con el exilio del Rey, la muerte de la infanta Isabel, la ruina de los Bauer, principales inversores de la Sociedad de Iniciativas de La Granja, y este episodio de la Playa de Valsaín, habían ido golpeando progresivamente a una época, que tendría su definitivo final con el inicio de la Guerra Civil.

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Hombre, naturaleza y alimentación paleolítica

La inteligencia del hombre, ha producido un ambiente artificial, que nos protege y que aumenta nuestro bienestar.

Hemos creído que nuestro organismo se adaptaría fácilmente a estos cambios que hemos inducido en el ambiente, pero estamos empezando a darnos cuenta de que la adaptación biológica del hombre puede ser muchísimo  más lenta comparada con la velocidad sorprendente de los cambios que hemos inducido en el entorno.

Hemos dado por hecho que las modificaciones bruscas en la alimentación que hemos introducido tras la revolución industrial, habrían producido ajustes adaptativos rápidos de nuestro organismo. Las harinas blancas, el azúcar de caña o de remolacha. Los  derivados de estos: pan blanco, pasteles, dulces, pastas, bebidas azucaradas. Las grasas concentradas como los aceites refinados o las margarinas. Todos estos alimentos procesados han aparecido en los últimos 150-200 años. Durante este tiempo en nuestro organismo se habrían producido cambios biológicos, que habrían pasado a las siguientes generaciones de forma hereditaria y que nos habrían permitido una asimilación de todos estos alimentos refinados, no totalmente naturales, sin ningún tipo de problema.

Hace más de veinticinco años que un médico americano, Eaton, estableció la teoría de que desde el punto de vista evolutivo, los procesos de digestión y asimilación de alimentos del hombre actual no habrían evolucionado prácticamente desde el paleolítico y que por lo tanto, el hombre actual estaría completamente inadaptado desde el punto de vista biológico, a la alimentación procesada disponible actualmente e introducida en los últimos 150 – 200 años. Esta ínadaptación habría comenzado con la introducción del cultivo de cereales hace unos 10.000 años, con el paso de las sociedades cazadoras a las agricultoras.

En este sentido, nuestro organismo continuaría adaptada a un tipo de alimentación paleolítica , del hombre cazador, fundamentalmente basado en frutas, hierbas, raíces,  y verduras, mariscos, pescados y animales. La alimentación actual, basada en harinas blancas, azúcar, grasas refinadas y todos sus derivados, produciría respuestas metabólicas totalmente inadecuadas que conducirían a un acumulo de grasa y a un almacenamiento excesivo de nutrientes en el tejido adiposo. Existe la sospecha de que esto se produciría a través de una liberación excesiva de insulina, la hormona que facilita el paso de azúcar a los tejidos y que favorece  el acumulo de grasa en los tejidos.

El segundo tipo de ínadaptación se refiere al ejercicio físico y al consumo de calorías. Nuestro organismo estaría adaptado a las condiciones de vida del cazador paleolítico, más expuesto a las condiciones de la intemperie y necesitado de un ejercicio físico también mucho más intenso para sobrevivir. El escaso gasto de calorías del hombre actual, debido a su sedentarismo y a la protección contra los elementos, haría  que el exceso calórico se almacenara también en forma de grasa.

Uno de los hechos más preocupantes de las últimas décadas es el enorme incremento de la obesidad en los países desarrollados y en los que empiezan a desarrollarse. Esta obesidad esta apareciendo en edades cada vez más tempranas, en niños y adolescentes. La obesidad evoluciona hacia la aparición de graves enfermedades como la diabetes, con sus complicaciones, o la arteriosclerosis.

Aunque los expertos buscan desde hace años posibles sustancias químicas ambientales que pudieran favorecer la aparición de estos problemas, algo que todavía no se ha podido descartar totalmente,  la opinión más extendida es que estos cambios parecen estar ligados a una mala adaptación de nuestro organismo  a los cambios en la alimentación y a la falta de ejercicio físico, que desde hace años se observa en nuestros niños y jóvenes.

La solución a estos problemas pasaría por  intentar volver a las condiciones ambientales que pudieran remedar en cierto modo a la del hombre paleolítico. Por un lado ir hacia una alimentación más  basada en la fruta y la verdura y por otro a un incremento del  ejercicio físico.

La buena noticia es que no tenemos que vestirnos con un taparrabos e ir a cazar al campo con una lanza, para observar cambios metabólicos positivos. Es mucho más sencillo.

Con respecto  a la verdura y la fruta, los expertos recomiendan el consumo de cinco raciones al día de estos alimentos. Esto se complementa con pescado de extracción, no cultivado, marisco extractivo y en mucho menor cantidad carne magra de animales alimentados con hierba, cada vez más difícil de encontrar. Eliminar las harinas blancas, el azúcar blanco y todos los derivados de esto: pan, pastas, pizzas, bebidas azucaradas, dulces, pasteles. También patatas. legumbres , arroz y leche. Limitar el aceite y margarinas .

Con respecto al ejercicio físico, lo mínimo para el adulto, sería dedicar 30 minutos de andar rápido al día, cinco días a la semana. A partir de aquí puede aumentarse la complejidad y la intensidad de acuerdo a la edad y al estado de salud de cada persona.

Con  tres medidas sencillas empiezan  a observarse ya cambios metabólicos importantes:

1) Intentar tomar 5 raciones de fruta y verdura al día , nueces y frutos secos, y priorizar sobre pescado y marisco extractivo como fuente de proteínas. Carnes magras en mucha menor cantidad

2) Eliminar derivados de harinas blancas y azúcar refinada ( pasta, pizza, pasteles, galletas, bebidas azucaradas…) leche, féculas, patatas, arroz   y legumbres ; limitar el aceite , priorizar sobre el de  oliva, no más de una cucharada al día,   y

3) andar 30 minutos al día, cinco días a la semana.

¿Porqué no intentarlo?

Consecuencias de nuestra alimentación sobre el entorno

 

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El entomólogo León Jean Marie Dufour ( 1780 – 1865) en La Granja de San Ildefonso.

León Dufour fue un afamado entomólogo francés de la primera mitad del Siglo XIX.

Su relación con España se inicia en 1808, cuando como médico militar y   formando parte del ejército de Napoleón  participa en la invasión militar. Acantonado sucesivamente en Madrid, Valencia, Cataluña, Aragón y Navarra, Dufour realiza una auténtica “entomología de batalla”, logrando establecer una colección de insectos españoles durante la contienda de más de 4000 especímenes, que envía a Paris en 1811.

Terminada la Guerra de la Independencia, Dufour establece una intensa relación epistolar con los entomólogos españoles: Juan Mieg, Mariano de Paz Graells y Laureano Pérez Arcas, que le envían  los ejemplares  con los que tienen dificultades de identificación que recolectan en sus excursiones alrededor de Madrid y en la Sierra de Guadarrama.

En 1854 Dufour vuelve a España, con 74 años, enviado por la Academia de Ciencias de Paris, acompañado de otro entomólogo,  Edouard Perris, siguiendo la misma ruta hacia Madrid que había seguido en 1808 con Napoleón Bonaparte: Bayona, Irún, Burgos, Aranda y Somosierra.

Dufour hace una interesante descripción de su viaje en la  que compara su visión de España en las notas que había tomado en 1808 con la de 1854, mostrando el cambio en las ciudades, en los cultivos y en los españoles.

El 14 de junio de 1854 Dufour, Perris, Paz Graells y Sanchez parten en diligencia desde Madrid  hacia El Escorial  para hacer una excursión por el Guadarrama. Siguen la misma ruta que Paz Graells había recomendado años antes a otros naturalistas.

En El Escorial forman una caravana con cuatro caballos y un quinto para el equipaje, y les acompaña un joven guía de nombre Francisco. Graells y Sánchez van armados con fusiles  “para disparar a los pájaros” pero probablemente también para la defensa del grupo.Van de camino hacia Los Molinos y Cercedilla, recolectando hierbas e insectos, y al cabo de ocho horas de viaje llegan a la Venta de Navacerrada, una venta de arrieros,usada con quejas por los naturalistas del XIX,  en donde pasan la noche.

Al día siguiente emprenden la marcha hacia el Puerto de Navacerrada quedando Dufour impresionado por la región de la Genista purgans. A la bajada del puerto les sorprende una lluvia intensa, refugiandose en una caseta de guardias civiles. Continúan la bajada hacia La Granja por las Revueltas y Dufour anota la belleza de los Ranuculus carpetensis, de la Statice caspitosae y sobre todo del Pinus Sivestris. Al llegar a Valsaín hacen un alto para devorarse un lechón asado que habían encargado en la Venta de Navacerrada.

La expedición permanece en La Granja durante una semana. Durante este tiempo suben al Reventón, en donde Dufour encuentra una Tarentula, arácnido que ya había estudiado con detenimiento en 1808.

Tras descansar un  día en el que visitan a los jardines, dedican una jornada para subir a Peñalara para lo cual contratan a un guía del país. Tras pasar por los Neveros, en donde a esta altura de el año todavía hay nieve, hacen un alto al borde de la Laguna de Los Pájaros, quedando Dufour impresionado por el silencio y la belleza del lugar: Je ne connnais pas de solitude plus salvage, plus lugrube, plus inanimèe, que celle de ce petit lac.

Escalan a la cima de Peñalara, en donde todavía hay nieve y describe los tres tipos de Narcissus   de la flora local: rupicula, nivalis y Graellis. Este último descrito por su amigo Graells que les acompaña.

Tras bajar de nuevo  a La Granja, hacen una visita  a los monumentos de Segovia, y vuelven a partir  hacia El Escorial. Hacen noche en la venta de San Rafael, que encuentran más recomendable que la de Navacerrada para los naturalistas, y de aquí continúan hacia su destino a través de Pinares Llanos. En El Escorial descasan durante un día en la casa de Graells en la que este y su familia pasan el verano.

A lo largo del camino el grupo han ido  recolectando  muy diversas flores y hierbas, así como muy distintos especímenes de insectos que Dufour detalla con gran entusiasmo en su escrito.

El día 30 de junio por la tarde, Perris parte hacia Francia. Ese mismo día todavía cazan insectos con Pérez Arcas por el Manzanares. Dufour viaja el 14 de julio hacia Francia siguiendo una ruta distinta a la que había utilizado para venir;  vuelve  por Alcalá, Guadalajara, Soria, Pamplona y Elizondo. En la aduana enseña , con la incomprensión de los aduaneros, que obligan a declararla, “su caja llena de inocentes pequeñas bestias” , “su pequeño botín científico”.

Su compañero Edouard Perri recordando este viaje a España con Dufour escribiría:  L’Espagne est le paradis des  naturalistes.

Leon Dufour

Leon Dufour

Edouard Perri ( a la derecha de la imagen)

Edouard Perri ( a la derecha de la imagen)

Las escursiones científicas de D Ignacio Bolivar a La Granja de San Ildefonso.

Otra Excursión de D Ignacio Bolivar a la Granja de San Ildefonso.

Los científicos naturalistas  en la Granja de San Ildefonso en la Segunda Mitad del Siglo XIX

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Alexander Von Humbolt (1769-1859) y La Granja de San Ildefonso

Uno de los primeros naturalistas europeos que se asocian a La Granja de San Ildefonso , fue el noble prusiano Alexander Von Humbolt.

Sin embargo,  Alexander Von Humbolt, nunca estuvo en La Granja.

Von Humbolt viajó a España en 1799, haciendo observaciones geográficas  sobre la meseta castellana que incluían  cálculos sobre las alturas de algunas de nuestras montañas y ciudades. De  España partiría, tras pasar por Tenerife, hacia Latinoamérica donde permanecería hasta 1804. Allí hizo observaciones sobre la naturaleza en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, México y Cuba.

Von  Humbolt fue el prototipo de naturalista romántico, que integraba la geografía, con la botánica, la zoología o la antropología y con un afán viajero  que en aquella época estaba unido a la aventura. Era un hombre afín a la Revolución Francesa y a su vuelta de América, residió en Paris. Sus obras , originalmente escritas en francés, fueron traducidas al castellano y tuvieron una gran influencia en los ambientes naturalistas españoles del Siglo XIX.

En las primeras noticias de las medidas que hace de las alturas de varios puntos de la meseta castellana en 1799, Humbolt utiliza medidas propias y de otros científicos. La medida de la altura de San Ildefonso,que utiliza en este primer escrito, fue hecha por Thalaker:

Según las medidas que M. Talacker, mineralogista, tomó en las cercanías de Madrid, el real sitio de S. Ildefonso tiene 593 toesas de la misma elevación; la cual es mayor que la del borde actual del cráter del Vesubio. De manera que entre todos los monarcas de Europa, solo el de España puede gloriarse de tener un palacio en la región de las nubes, cuyo grueso en verano se halla ya a 550 o 600 toesas de elevación”.

En otra publicación  posterior sobre su viaje a España , Humbolt utiliza varias medidas realizadas por el marino Felipe Bauzá en La Granja de San Ildefonso y en la cumbre de Peñalara. Esta es la narración de Humbolt:

  ” En el año 1822 (me escribe el señor Bauzá desde Londres) hice una excursión geognóstica a las montañas graníticas del norte y noroeste de Madrid. Me serví para mis medidas de altitud de dos barómetros muy precisos de Carry, que había comparado con el de Troughton (el cual estaba destinado en Madrid para las correspondientes observaciones). Después de haber pasado unos días en La Granja o S. Ildefonso y en El Escorial, subí el 14 de agosto al Peñalara con uno de mis barómetros; el otro permaneció en La Granja para contrastar las observaciones. El tiempo estaba tan despejado y estable como yo hubiera podido desear. Yo encontré:

 Después de nueve días de observaciones, el palacio de S. Ildefonso 301,41 toesas sobre Madrid… Peñalara sobre Madrid 951,29 toesas, el mismo punto resultó sobre el mar Mediterráneo, por observaciones correspondientes a la misma hora en Cádiz con barómetros contrastados, 1286,49 toesas; por lo que la altitud de Madrid resulta también de esa combinación 335 toesas…

La Granja (6846 pies) es con certeza el  palacio de Europa situado a mayor altitud. La antigua medición de Thalacker (593 toesas) era demasiado pequeña, 47 toesas menor”.

 La toesa era una antigua medida de longitud francesa que equivalía a 1,946 m. La altura de Peñalara medida por Bauzá es de 2506 mts algo mayor que las medidas actuales (2430 mts).

Humbolt hace mención a  dos científicos en sus escritos. El primero de ellos es Juan Guillermo Thalacker, un prusiano que trabaja  con su hermano en Madrid como colector de minerales para el Museo de Ciencias Naturales y que es conocido por sus exploraciones de las viejas minas romanas de plomo en Oyarzum, y de otras minas en Teruel, Galicia y Sierra Nevada.Guillermo  Thalacker  y su hermano, hicieron un excursión científica por la sierra de Guadarrama. Guillermo fue el primer científico que midió la altura de La Granja. En 1799 publicó sus observaciones en el primer tomo de los Anales de Historia Natural tomando como referencia las mediciones de Humbolt había hecho ese año a nivel del Mar en Valencia.

La expresión de Humbolt de que el Palacio de La Granja está en la región de las nubes en verano, debe de entenderse como una referencia a lo que él había visto en Prusia, más que en la Granja,en donde, salvó la niebla, creo que nadie ha visto nubes a la altura del palacio en el verano.

El segundo científico al que hace referencia  Humbolt en sus escritos es Felipe Bauzá. Bauzá es un personaje que parece salido de las novelas de Baroja: con rasgos del marino Santi Andìa  y de  Avinareta el conspirador, que viven más o menos en la misma época que Bauzá. Bauzá toma  parte como cartógrafo de  la expedición de Malaspina, alrededor del mundo a bordo de la corbeta Descubierta. De vuelta a Madrid sigue trabajando como cartógrafo para intentar trazar el primer mapa de España. Como Avinareta, forma  parte de diversas conspiraciones liberales, exiliandose en Londres en 1823  donde continúa  su labor como cartógrafo y es miembro de diversas sociedades científicas como la Royal Society, la Geographic Society o la Astronomical Society.  Muere en 1834 cuando iba a volver de nuevo a España. Bauzá tuvo una relación epistolar a lo largo de muchos años con Humbolt, y los dos dieron muestras de una gran consideración mutua. De hecho Humbolt confía más en las mediciones de  Bauzá  que en las de Thalaker. En el segundo escrito hace bajar la altura del palacio de San Ildefonso desde la región de las nubes para convertirlo, lo que tampoco está mal, en el palacio real más alto de Europa.

Gracias a que Von Humbolt incluyó las medidas de estos autores en sus escritos, sabemos hoy que Thalacker fue quien hizo las primeras determinaciones de la altura de La Granja y que debemos a  Bouzá las primeras medidas de la altura de Peñalara.

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Volver a los diez y nueve.

No sé qué año corría. No recuerdo bien en qué hospital sucedía. Acudía yo como estudiante a una guardia de obstetricia, el estudio de los partos. Había allí una pobre señora con un feto anencéfalo, un monstruo sin cabeza, al que no sé quién había dejado llegar al último estadio del embarazo. Este feto sin cerebro y sin cráneo, tenía un cuerpo enorme y desproporcionado. Aquella mujer, con aquel monstruo inviable en sus entrañas, se había puesto de parto, y el anencéfalo había empezado a descender por el canal del parto, con tan mala suerte que sus enormes clavículas se habían quedado encajadas en la pelvis de la pobre mujer, todavía bella y joven. Los médicos de guardia y los profesores a los que llamaron ante lo excepcional del caso, lucharon toda la noche por salvar su vida. Cuando llegó el amanecer, batallaban todavía contra la muerte en un quirófano al que yo ya no pude entrar. No sé si al final lograrían vencer.

Aquella brutal experiencia, me marcó para el resto de mi vida.

Ahora las noticias del último Consejo de Ministros, han vuelto a aflorar a mi memoria aquella traumática experiencia.

Esta tropa arraigada en el poder, Fernández, Bañez, Montoro,Wert, Gallardon… Nos están haciendo volver a los infiernos de la dictadura franquista. Esta tropa que despide el aroma de un cuartel viejo, de las oscuras tiendas del rastro donde vendían en montones la ropa militar usada, de las iglesias donde se decían las misas con los cadáveres aún en las cajas y en donde se intentaba paliar el olor putrefacto de los muertos con sprays de aromas de rosa envenenada, asemeja una bandada de buitres, destrozando con sus picos y sus garras la carroña que nos ha dejado la crisis. Están haciendo volver a nuestra generación a los diez y nueve, pero a diferencia de la canción de Violeta Parra, no a la vida y a la lozanía de nuestros cuerpos y a los sentimientos de entonces, si no a aquel ambiente que muchos de nosotros pensamos que ya nunca podría llegar a volver.

Dios quiera que a pesar de todas estas absurdas nuevas leyes, ninguna mujer en ningún lugar de nuestra tierra, tenga que volver a poner en peligro su vida, como la puso aquella pobre mujer en aquella lejana madrugada.

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Bergoglio, Francisco

Reconozco que este Papa Francisco ha captado mi atención.

Tal y como cuenta las cosas, como vive y como se acerca a los demás, todo lo que le rodea,  me  hace creer que es un auténtico iluminado. Incluso en alguna de sus entrevistas, habla de una experiencia personal de iluminación. Si no se pierde, que creo que no lo hará,  entre la marabunta eclesial, en la peste de la curia, entre la derechona obscena y la pederastia que infiltra algunos de  los reductos carcomidos de la institución, si no le matan antes, creo que Francisco podría estar destinado a guiarnos por la senda espiritual. Una guía de la que tanto estamos necesitados. Todos: los que están  dentro,  los que nunca han estado y los que en un determinado momento nos apartamos para seguir buscando, porque allí poco ya encontrabamos.

He leído su último escrito (Evangelii Gaudeum)  en donde, a pesar del lastre ineludible que suponen  veinte siglos de doctrina, Bergoglio entrealumbra algunos de los fundamentos del camino. Bergoglio   ha tomado el nombre de Francisco, y esto fue una de las primeras cosas que me llamo la atención de él,  y de la misma manera que en los antiguos escritos sobre y de   Francisco de Asís,   Bergoglio deja señales claras de su iluminación.

La alegria, una iglesia abierta (¿Quien cerro las puertas de todas las iglesias de nuestras ciudades y pueblos? ) el desapego de las cosas materiales, la pobreza , su frontal rechazo a la “idolatría del  dinero”,  su ” no a la economía de la inequidad y de la exclusión “, la inclusión social de los pobres, el cuidado de los débiles y los frágiles, La Paz, la sanación  de los heridos en el cuerpo un el alma, el respeto a la naturaleza… Hay mucho más que palabras tras las frases claras  de Francisco en este escrito.

La revista “Time” ha elegido al Papa Francisco como el hombre del año 2013 y ha señalado como una de sus características únicas su  “foco en la compasión”. La compasión a su más alto nivel, es uno  de los hechos identificativos de los que, según los budistas,  han llegado al último estadio del camino de la iluminación.  Francisco , como otros iluminados, muestra una inmensa compasión, que se extiende a toda la creación, e impone sus manos a los enfermos y tullidos, siguiendo la vieja tradición del Cristo y del Buda Sakiamuni. Por las señales que va dando, Francisco podría sería considerado, si hacemos caso de la tradición budista,  como un ” Bodichita” absoluto,  uno de esos seres iluminados excepcionales,  que según algunos estudiosos de la tradición, sólo aparecen  uno cada quinientos años.

Sigamos a Francisco muy de cerca, leamos con cuidado sus escritos , escuchemos sus palabras, contemplemos  sus actos. Es posible que seamos testigos de  cosas excepcionales; cosas que sólo puede hacer un iluminado.

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Amor

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Como eran los jardines de La Granja de San Ildefonso hace cerca de trescientos años

En los fondos digitalizados de la Biblioteca Nacional de Francia existe un bello plano trazado en tinta negra  y coloreado en verde, de los jardines de La Granja, que está fechado en 1725. Probablemente sea el plano más antiguo que se conserva de los jardines.

Plano de los jardines de la Granja 1725. Biblioteca Nacional de Francia

Plano de los jardines de la Granja 1725. Biblioteca Nacional de Francia

Una de las peculiaridades que tiene este plano es que, al contrario de otros posteriores,  los nombres de los lugares, construcciones y fuentes están detallados en francés, lo que nos ofrece pistas importantes para comprender las denominaciones actuales y los antiguos usos de algunos de  los lugares de los jardines.

Así , el gran estanque en la parte más alta del jardín se marca en el plano como  “Lamarre”, que en francés quiere decir “Charca”. Es posible que hubiera allí una charca, que se utilizara después para construir el actual estanque. La pronunciación de “Lamarre” como ” Lamar” fue sin duda el origen de su actual denominación: “El mar”. Acostumbrados al secano de la estepa, y en contra del tono un poco despectivo de la palabra charca, este gran estanque pudo ser contemplado mejor como un pequeño mar en los jardines. De hecho, yo  todavía he conocido la antigua góndola con la que al parecer  navegaba Felipe V  por este mar, tranquilo y bucólico, mientras oía resonar la voz del “Castrati” Farinelli en el silencio  misterioso  y frío del jardín desierto.

Es curioso también el origen de la palabra actual “Los Bolandrines”, que remeda algo así como pequeños “bolondrios” o aparatos, que no existen en ningún lado.  El termino deriva del francés “Les Boulingrins”, como se refiere en el mapa, y este  a su vez deriva, como se explica  en el libro “La theorie et la practique du jardinage” de Dezallier D’Argenville, de la palabra inglesa “Bowling green”, pronunciado en francés “Boulin Grin”,  que es un  césped compacto para jugar a los bolos, y que por tanto  no tiene a su vez mucho que ver con el uso que se le da al término en la jardinería francesa, y menos en su  derivación castiza al castellano.

En el plano también se marcan claramente los lugares destinados a los juegos en el jardín, resaltando su carácter original lúdico y de disfrute. Además del “Labirinte” reconstruido a su trazado original hace ya bastantes años, están claramente marcados en el plano otros dos lugares destinados a juegos: “Le jeu du mail”  y “Le jeu de tournant”.

Sobre la cancha del  “Le jeu du mail ” , el “Juego de la maza” , “Juego del mallo”  en su traducción castiza,  y las reglas del propio juego, han escrito de forma muy detallada Valentín Quevedo y Pedro Heras. El juego,  consistente en esencia en golpear con un mazo (“Mail”) una bola de madera a lo largo de un circuito con un codo de noventa grados,  es considerado como un precursor del golf . La cancha de juego de los jardines de La Granja parece ser  la mejor conservada del mundo. Valentín y Pedro han encontrado viejos elementos de la misma en el jardín,  como, por ejemplo, la piedra cuadrada que marca el inicio del juego, el hito de piedra que marca el giro de noventa grados de la pista de juego y el anillo que marca el final del mismo.

Sobre   “Le jeu de tournant”, “los nocturnales” en su actual derivación castiza, ha escrito también detalladamente Pedro Heras. Se conoce muy poco de este juego, del que existe muy escasa documentación . En la reconstrucción de esta parte  del jardín en los años noventa,  se instaló un anillo de piedra, con una serie de números romanos grabados,  que siguen una cierta disposición y que sería uno de los elementos de este antiguo juego, al parecer inventado por el propio Luis XIV.

Tanto el “Labirinte” como el “Jeu du mail” o el “Jeu de tournant” existían en otros jardines franceses. El trazado del laberinto de la Granja sigue un esquema muy similar al que se recoge en  el libro “La theorie et la practique du jardinage” de Dezallier D’Argenville, y los otros dos juegos, aunque no explicados en este libro, existían en otros jardines franceses: el “Jeu du Mail” en Versalles y en Marly, y el “Jeu de tournant” en Marly , en el desaparecido palacio de Meudon  y en el palacio del duque de Chartres.

En este plano de 1725 al que nos estamos refiriendo, que es muy similar al de Fernando Méndez de Rao, trazado sobre 1734-1737, se muestra que la mayoría de los elementos del jardín ( fuentes, estatuas, bosquetes, parterres, cascadas, calles, estanques… ) se conservan de forma muy similar a como eran entonces. Se observan sin embargo en algunas zonas grandes diferencias con  los trazados actuales . Lo que en el plano de 1725 se denomina “Le Jardin des fleurs” , hoy esta en parte ocupado por “El Potosí ” , “El jardín del Principe” y la “Casa de las Flores”, con una disposición muy cambiada; y lo que se denomina “Le Jardin de la Reine” ,esta  hoy ocupado por  “Partida de la Reina” y “El Jardín de la Real Botica”.  ” Le Colmenard” , “El Colmenar”,   ha desaparecido y los planteles actuales han sustituido a antiguos bosquetes. En el Potosí y en el parterre de Andromera, se plantaron, probablemente en la segunda mitad del Siglo XIX, sequoyas gigantes y cedros del Líbano, que lógicamente no existían en los antiguos planos  del Siglo XVIII.

Pero quizás una de las cosas  más llamativas de este plano, es el trazado de calles y bosquetes en la parte superior del jardín, antes de llegar al Mar. Hay  en el plano una calle, de valla a valla, con la misma dirección de la  que existe enfrente del Mar y de la que salen al menos  ocho bosquetes cuadrangulares , con sus calles correspondientes , en la parte alta del jardín antes de llegar al Mar, que hoy ya no existen.

En el plano posterior de Fernando Méndez de Roa, estos bosquetes cuadrangulares continuan trazados, pero su número ha bajado ya a siete. En el plano de Pons de 1781, hay trazados sólo tres de estos bosquetes cuadrangulares, hacia el este del mar, y en el de Antonio de Herrera de 1800, ya solo queda uno de estos bosquetes , que permanece todavía  en un plano de 1932.  (tomo estos planos de la web de la Asociación Castellarnau  y del Blog de Fotografias antiguas de Acu Estebaranz). Actualmente se comprueba el añadido  de uno de estos bosquetes  con sus calles , al este del anteriormente citado.  Da la sensación de que esta parte del jardín se hubiera de nuevo  asilvestrado con el paso de los siglos.

La conservación a lo largo de estos cerca de trescientos años de las zonas más significativas del jardín y la magnífica labor de restauración sobre los elementos vegetales realizada en los últimos años que ha vuelto a recuperar muchas zonas que se habían perdido por el paso de los siglos ,  nos permiten acercarnos  a como e deberían  de ser originariamente.

Este viejo plano que se guarda en la Biblioteca Nacional de Francia, nos ayuda  a aproximarnos a la situación primitiva del antiguo jardín y nos hace, sin duda, comprender muchas cosas  que antes no entendíamos, y quererlo aún más.

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La singularidad de los jardines del Palacio de La Granja de San Ildefonso

Suele decirse  que los jardines de La Granja, se construyeron a imitación de los jardines franceses de los  Palacios de Versalles y de Fointanebleau. Algunos van más allá y afirman, con un cierto menosprecio, que los jardines de San Ildefonso son una mala imitación de los jardines de Versalles y de Fointanebleau. Pero en los útimos años hemos empezado a oir voces que reclaman  su singularidad.

Los historiadores que han participado en la reciente restauración de los jardines de La Granja, han llamado la atención sobre un bello texto de jardinería  escrito  por Antoine-Joseph DezaillerD’Argenville titulado La Theorie et la Practique du Jardinage. A través de la lectura de esta obra uno puede fácilmente percatarse de que los jardines de La Granja no son una imitación de los de Versalles o de los de Fointanebleau, sino que todos ellos  se parecen porque todos están realizados sobre unos mismos principios generales magistralmente resumidos en este libro.

El libro de D’Argenville, puede consultarse en forma digitalizada en los fondos disponibles en la red de la Biblioteca Nacional de Francia. El libro guarda los sellos de la Biblioteca Real y tiene una bella encuadernación en cuero rojo en done están grabados a fuego en oro los escudos  de los borbones

Dezallier d’Argenville, Antoine-Joseph. La théorie et la pratique du jardinage


En la primera edición de este texto de 1709,  Dezailler D’Argenville describe detalladamente como se debe de construir un jardín de estilo francés:  la selección del terreno, la preparación del mismo; el diseño y trazado de los parterres, los bosquetes, los “boulingrins”; la construcción de las fuentes y los caminos; la selección , plantación y cuidado de los árboles y plantas; la colocación de las estatuas y de las construcciones ornamentales, de los vasos,  estanques y las conducciones de agua; el diseño y construcción de los laberintos, las terrazas, las escaleras, las cascadas… Todos los elementos que conforman los jardines de La Granja, se encuentran detallados en el libro de  Dezailler D’Argenville, en donde además  se dan claras instrucciones sobre cómo hay que realizar y disponer de forma ordenada de todos ellos.

 La originalidad y la belleza de la obra, radica en la aplicación de las leyes de la geometría, y del método analítico descrito por Decartes, a la propia naturaleza. Es la transposición de la mente analítica y ordenada del hombre culto del barroco a los elementos naturales, y este orden, esta simetría , cuando se aplica a los árboles, a las plantas, a la tierra, al paisaje y al agua, produce un efecto de una enorme belleza. Es la racionalidad extrema de la mente humana aplicada al medio natural que nos rodea.

A pesar de estar construidos con los mismos principios y elementos que los jardines de Versalles y de Fointanebleau,  resumidos por Dezailler D’Argenville en su tratado, los jardines de La Granja tiene la singularidad que le otorga  el terreno montañoso en el que se ubican.

La construcción del jardín , debido a esta localización tan especial, fue extremadamente dificultosa.Los documentos de la época  relatan los problemas de trabajar los terrenos de roca granítica de las faldas del Guadarrama para construir las explanadas de las terrazas sobre las que se iban asentar los jardines, y la necesidad de emplear pólvora muy a menudo para conseguirlo. El fondo de roca ofrecía además muy poco espacio para la tierra en donde deberían plantarse los árboles del jardín. El agua abundante del lugar, ofrecía, por el contrario, una gran facilidad para su aprovechamiento en los estanques, fuentes, canales y cascadas.

Las montañas y los pinares agrestes, perfectamente integrados, forman en los jardines de San Ildefonso, un telón de fondo único en donde se recorta los  jardines, ordenados y  y geométricos ,y este contraste entre la naturaleza cartesiana del jardín y la naturaleza un tanto salvaje de la montaña y los pinares, le otorga una belleza única que no puede observarse en los jardines franceses, ubicados en la llanura y tan distantes de los Alpes o del Pirineo. Es desde esta perspectiva desde la que debemos también contemplar la singularidad de estos jardines , construidos en la ladera occidental del Guadarrama, justo donde se inicia la tremenda y árida estepa de Castilla.

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Tilos en Fontainebleau y en La Granja de San Ildefonso

Cuando Felipe V empieza la construcción de los jardines del palacio de La Granja, tiene en mente los jardines los palacios de la monarquía francesa, en los que se había vivido de niño: los de Versalles y los de Fontainebleau.

Aparte de los espacios y el orden que caracteriza a la jardinería francesa, nunca quedé muy convencido de la semejanza entre los jardines de Versalles y los de La Granja.

Este verano he estado en Fontainebleau . El palacio es uno de los más antiguos de la monarquía francesa y desde el siglo XII hasta el XIX, en el que lo habito Napoleón, se fueron haciendo nuevos añadidos a los edificios. Al igual que La Granja, el palacio fue construido cerca de los bosques en donde cazaban los reyes.

Como La Granja, los jardines de Fontainebleau están adornados por un gran lago. En el caso de Fontainebleau este lago está practicamente pegado al Palacio, en La Granja esta bastante mas distante, y como recomendaba el Marqués de Lozoya de forma un poco exagerada en una vieja guía a los visitantes, solo aconsejable ” a los buenos andarines”

En Fontainebleau estuvimos sentados en el Jardín Inglés y paseando por las avenidas de grandes castaños que rodean al lago.

De repente, tras girar una glorieta , nos encontramos con grandes hileras de tilos, que me recordaron a los tilos de los jardines de La Granja, y en algún momento, estos tilos aparecieron con una disposición respecto al palacio que también era muy parecida.

Los historiadores han datado la llegada de los tilos a San Ildefonso procedentes de Holanda en 1723. ” Las hojas, el tronco, la copa, su corteza, todo en él es bello, dando flores en verano de olor fuerte y agradable…” Escriben del tilo en aquel momento.

Parece que ya no quedan tilos en los jardines de La Granja de aquella época, los más antiguos tienen unos 200 años.

En la última restauración del jardín de La Granja, que intenta volver a la disposición original de 1723, se han vuelto a traer tilos de Holanda, y se han vuelto a colocar conforme a los planos más antiguos que se disponen hoy de los jardines.

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