Cerezos en flor en la Cueva del Monje, Montes de Valsaín, La Granja de San Ildefonso

Durante algunas semanas cortas, normalmente en el mes de abril, los frutales que crecen en el Pinar de Valsaín florecen. Desde la distancia , contrastando sobre  el verde los pinos aparecen manchas blancas , son los guindos, cerezos silvestres, en flor. Cuando llegue el mes de junio darán sus frutos , pequeñas cerezas silvestres de intenso sabor, de las que, al caer al suelo,  se alimentarán los corzos.

Arriba en  el pinar, en la Cueva del Monje, hay varios cerezos que ,como los guindos del bosque , florecen de forma tardía, en el mes de abril.  La Cueva del Monje es un lugar mágico, justo debajo de Peñalara.  Hay allí unas formaciones graníticas, que delimitan una especie de refugio triangular , donde probablemente, en tiempos muy remotos, habitara algún eremita. Los viajeros franceses de los Siglos XVIII y XIX que se acercaron a este lugar tras visitar La Granja, quisieron ver en estas formaciones graníticas, una especie de monumento megalítico , de tiempos muy antiguos. Alguno de ellos creyó ver también  en este conjunto de grandes piedras,  una especie de ara o altar de sacrificio, donde se celebrarían actos rituales en honor de la montaña de Peñalara.  Los expertos que posteriormente estudiaron el tema descartaron estas hipótesis y llegaron a la conclusión de que la formación era fruto del azar y no de la mano del hombre. Pero yo siempre he tenido una gran simpatía por la primera hipótesis, y no descarto que alguién más experto y sesudo  la vuelva a retomar en el futuro.

En el claro del bosque , en medio de la esplanada donde está la Cueva del Monje,  había una bella casa de granito en la que habitaban hace ya bastantes años los guardas del pinar y sus familias. La casa fue derruida hace algunos años, no se sabe muy bien  por qué.

Unos  guardas plantaron algunos cerezos cerca de la casa, y cuando la  tiraron , los respetaron.  Estos cerezos, ya sin casa y sin guardas, siguen floreciendo  cada mes de abril, y a sus flores blancas se siguen acercando a libar miles de abejas que forman un extraño zumbido perceptible desde la distancia cuando te acercas a ellos bien entrada la primavera.

Est os cerezos vestidos  con el blanco de sus flores, enfilados hacia la nieve alba  de Peñalara, son un viejo tributo a  la madre montaña , en cada mes de abril.

24 de abril de 2011

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