Antonio Machado y la Sierra de Guadarrama.

Antono Machado por Joaquín Sorolla (1917)Hispanic Society of America (New York)

Antono Machado por Joaquín Sorolla (1917)
Hispanic Society of America (New York)

Aunque en la obra de Machado la Sierra del Guadarrama no ocupa la extensión  de otros lugares como Soria o Baeza,  su impronta en el alma del poeta  fue muy importante.

Parte de esta huella profunda del Guadarrama en Machado  deriva de su vinculación  con la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y con la figura de Francisco Giner de los Ríos.

En la semblanza  de Francisco  Giner  con motivo de  su muerte en febrero de 1915, Machado expresa magistralmente esta unión suya con Giner , y la  de este,  y la de él mismo, con el Guadarrama:

 . . . Oh, si, llevad, amigos,

su cuerpo a la montaña,

a los azules montes

del ancho Guadarrama.

Allì hay barrancos hondos

de pinos verdes donde el viento canta.

Su corazón repose

bajo una encina casta,

en tierra de tomillos, donde juegan

mariposas doradas . . .

Allí el maestro un día

soñaba un nuevo florecer de España.

 Hay una versión previa en prosa de esta semblanza de Giner, en la que sin la música y el ritmo, nos acerca aún más a la austeridad de Giner , que es la de la ILE y la de la Sierra:

 Bien harán, amigos y discípulos del maestro inmortal, en llevar su cuerpo a los montes del Guadarrama. Su cuerpo casto y noble merece bien el salmo del viento en los pinares, el olor de las hierbas montaraces, la gracia alada de las mariposas de oro que juegan con el sol entre los tomillos. Allí bajo las estrellas, en el corazón de la tierra española reposarán un día los huesos del maestro. Su alma vendrá a nosotros en el sol matinal que alumbra a los talleres, las moradas del pensamiento y el trabajo.

 Tenemos pocos rastros de la excursiones de Antonio Machado por  el Guadarrama.

En una nota en Los Complementarios, en la que el poeta recuerda cómo se enteró del estallido de la Primera Guerra Mundial el tres de agosto de 1914, en La Granja, escribe:

 Salimos de Cercedilla, pernoctamos en la casita de la Institución don Víctor Masriera, su señora, Pepe y yo. De la casita a La Granja a pie. De La Granja a Segovia en automóvil. De Segovia a Madrid en tren. Corazón e itinerario de don Francisco Giner.

 Esta breve nota nos muestra que Machado anduvo por el Guadarrama en una época de su vida, siguiendo, como en tantas otras cosas, los caminos abierto por  Giner. El Guadarrama es, además, el corazón de Giner. A  través del  Guadarrama, Giner y Machado se unen por el mismo corazón.

La casita de la Institución en la Sierra del Guadarrama (Julio Vías)

 

Con los Masriera , él era profesor de dibujo en el Instituto Escuela, hace también excursiones por los encinares del Pardo. Otro de  los lugares intensos de Giner y de la ILE. A los Masriera dedica su bello poema a las encinas, en donde antes  de de escribir sobre ellas revisa los árboles de España, que son los árboles de su vida: el roble, el pino, la palmera, el haya, los chopos, los olmos, el manzano, el eucalipto, el naranjo,el ciprés, y al final, las encinas; en Aragón, en Navarra, en Extremadura, en las altas tierras del Duero, del Tajo, en Santander, en Córdoba y también en el bajo Guadarrama:

 y tú, encinar madrileño,

bajo Guadarrama frío,

tan hermoso, tan sombrío,

con tu adustez castellana

corrigiendo,

la vanidad y el atuendo

y la hetiquez cortesana!

Ya sé, encinas

campesinas,

que os pintaron, con lebreles

elegantes y corceles,

los más egregios pinceles,

y os cantaron los poetas

augustales,

que os asordan escopetas

de cazadores reales;

mas sois el campo y el lar

y la sombra tutelar

de los buenos aldeanos

que visten parda estameña,

y que cortan vuestra leña

con sus manos.

 Hace referencia aquí Machado, a los  retratos  de Velázquez del príncipe Baltasar Carlos a caballo, o vestido de cazador, desde los encinares de El Pardo o del Soto de Viñuelas, con el Guadarrama al fondo.

Fruto  sin duda también de  de las  excursiones de aquellos años por el Guadarrama es el bello poema (CIV) localizado en el camino de Balsaín (sic) y fechado en 1911, en donde muestra la fuerte unión del poeta con la Sierra a lo largo de su vida, una unión difícil de entender sin una vivencia muy profunda del Guadarrama:

   ¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,

la sierra gris y blanca,

la sierra de mis tardes madrileñas

que yo veía en el azul pintada?

    Por tus barrancos hondos

y por tus cumbres agrias,

mil Guadarramas y mil sones vienen

cabalgando conmigo, a tus entrañas.

 Un último grupo de impresiones del Guadarrama se originan durante la estancia de Machado como profesor de francés en el Instituto de Segunda Enseñanza en Segovia y están muy ligadas a sus viajes en tren a Madrid.

 Por donde el tren avanza, sierra augusta,

yo te sé peña a peña y rama a rama;

conozco el agrio olor de tu romero,

vi la amarilla flor de la retama;

los cantuesos morados, los jarales

blancos de primavera; muchos soles

incendiar tus desnudos berrocales,

reverberar en tus macizas moles.

 (CLXIV XI En tren. Flor de Verbasco)

 En este poema Machado nos muestra de nuevo  su conocimiento de la Sierra, un conocimiento que sólo ha podido originarse, como ya hemos hablado, en excursiones ( expediciones, él las llamaba), como la del año catorce o la del  camino de Valsaín o por los montes del Pardo.

Vuelven las impresiones del Guadarrama desde el tren entre Segovia y Madrid,:

   Hacia Madrid, una noche,

va el tren por el Guadarrama.

En el cielo, el arco iris

que hacen la luna y el agua.

¡Oh luna de abril, serena,

que empuja las nubes blancas!

 (CLVIII. X . Iris de la noche)

 También desde  el tren  la presencia de Guiomar, su tardío y prostero amor, a la que también une él al Guadarrama:

 Tu poeta

piensa en ti. La lejanía

es de limón y violeta,

verde el campo todavía.

Conmigo vienes, Guiomar;

nos sorbe la serranía.

De encinar en encinar

se va fatigando el día.

El tren devora y devora

día y riel. La retama

pasa en sombra se desdora

el oro de Guadarrama.

 (CLXXIII)

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Mientras releía y reflexionaba sobre  estos poemas de Machado, he tenido entre mis manos un viejo ejemplar de sus Poesías Completas,  que publicó la Colección  Austral en Buenos Aires, Argentina. La primera edición es de 1940, la sexta de1952. Machado enterrado y publicado lejos  de su España, lejos del Guadarrama, de Baeza y de Soria.

El ejemplar, de hojas ya amarillentas, está encuadernado con lomo de piel azul marino y lleva en la primera página, escrita con tinta azul,  la firma sencilla de mi padre, José Luis ,  y una fecha: 1953. El año en que yo nací.

A través de este libro, con las hojas amarilleadas por el paso del tiempo, mandado a encuadernar por mi padre , como atestigua un pequeño sello,  a Calero en su taller de Bárbara de Braganza 9, en Madrid, para que pudiera resistir el paso de los años, más años de los que pudiera vivir él,  o quizás de los que pudiera vivir yo. Mucho más allá del tiempo, he vuelto a sentir el Guadarrama y a encontrarme con un Machado o con un Giner  muy profundos,

Hace casi  cien años  que estos poemas se escribieron  y cerca de  61 años en que mi padre los leyó en este mismo libro, quizás por primera vez, pero en estas tardes de julio, con el sol dorado de la tarde cayendo sobre Peñalara , releyendo a Machado, parece que el tiempo hubiera muerto por primera vez.

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