Castro Urdiales desde el cielo.

Soplaba viento del Sur. El avión hacia Bilbao cambió su ruta de aproximación. El viento había arrastrado a las nubes bajas y el  Sol y la luz clara  del mes de junio hacían que los paisajes se perfilaran con extraordinaria nitidez. Desde la ventanilla del avión,   los detalles  de la tierra  se vislumbraran perfectamente recortados.

De repente,  más allá del verde de los prados  que se cortaba bruscamente  en los acantilados, el mar azul apareció brillante  e inmenso. “Ver el mar tan extenso”, dijo la pasajera de atrás a su amiga,” me serena”. Mientras el avión empezaba a girar,  apareció en la distancia  la topografía inconfundible  de Castro Urdiales, con el entrante del viejo caserío del  pueblo y de la iglesia de Santa María separando las ensenadas de Brazomar  y la de Urdiales.

Abajo,  en la playa de Brazomar, el sol calentaba mi cuerpo de diez y siete años, mi madre joven y mis hermanos, estaban conmigo. Sobre la arena, todavía templada a esta hora temprana de la mañana, rompían de forma ordenada las olas, con una cadencia casi perfecta.  El viento del Sur hacía que las crestas de las olas antes de romper, volvieran hacia atrás, y ese movimiento inverso  del agua , emitía un sonido único sobre el silencio de la playa  casi vacía.

La vida empezaba entonces  a correr,   y todavía  no nos habíamos percatado, en la tranquilidad de aquellos años que todo lo llenaba,   de las grandes oscilaciones y cambios, del  oscuro reguero de muerte,  al que irremediablemente  iba asociada. El mundo y la vida se nos presentaban entonces como algo ordenado  y limpio , en continuo movimiento, pero en el fondo estables,  como las olas rompiendo en la playa de Brazomar en la mañana de junio.

El avión empezó a girar de nuevo y se enfrentó a la salida de la ria de Bilbao , y en poco tiempo teníamos el  caserío de la ciudad muy cerca nuestro, con el puente colgante a mi derecha. “Necesito ir todos los veranos a la playa”, dijo la pasajera del asiento de atrás a su amiga.

En la playa de Brazomar, yo ,  mi madre y mis hermanos vimos pasar un avión en la lejanía. En un determinado momento,  empezó a girar hacia Bilbao y se perdió en el cielo.

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