Compasión y curación.

En el núcleo central de la doctrina de Buda está la eliminación del sufrimiento: el sufrimiento existe, se origina en nuestra mente y puede eliminarse con la práctica de la doctrina que el Buda nos transmitió.

Junto a la doctrina del sufrimiento, otro de los puntos fundamentales del budismo lo constituye  la práctica de la compasión que se considera el  principal camino  hacia la iluminación.

La compasión es una actitud individual de querer liberar a todos los seres del sufrimiento. Todos los seres forman una unidad con nosotros.

La práctica de la  compasión tiene un tremendo efecto curativo, tanto para las personas que la practican , como para las personas que sufren y que se acercan a un ser compasivo.

Santhideva describe al Buda como el médico que todo lo sabe. Su doctrina ( el Dharma) es la medicina. La enfermedad es el sufrimiento  y las personas que practican la compasión con la intención de curar a todos los que están enfermos se convierten en su medicina, en su médico y en su enfermero.

En la tradición oriental , cuerpo, mente y espíritu forman una sola unidad y lo que acontece en cada uno de estos dominios repercute en los otros, nunca se conceptuan de forma aislada.

El sufrimiento de una persona  que tiene una enfermedad física, está en su mente. Pero este sufrimiento repercute a su vez en la enfermedad física, porque no hay separación entre una y otra.

Por otro lado, el sufrimiento provocado por una mente desbocada, o por acontecimientos vitales externos que la persona no puede controlar:  la muerte, la soledad, el aislamiento ,  el acoso por otras personas en el trabajo , o el maltrato  físico o psicológico en el seno de la propia familia, por citar solo algunas circunstancias externas,  terminan provocando enfermedades graves, porque no existe un dualismo entre la mente y el cuerpo.

Las personas que tienen enfermedades físicas , pueden además sufrir como consecuencia de una mente descontrolada o por acontecimientos vitales como los que hemos descrito, y este sufrimiento repercute a su vez en su enfermedad.

La capacidad curativa de la compasión en el budismo tibetano, va pues más allá de la la curación del trastorno físico del cuerpo, para adentrarse en la dimensión mental y  espiritual de la enfermedad, con las que forma una unidad. La raiz de la enfermedad está en el sufrimiento y en nuestra mente.

Sorprendentemente, las palabras sufrimiento y compasión , que forman uno de los núcleos fundamentales del budismo, están  ausentes , salvo muy escasas y honrosas excepciones, como en  los trabajos de Eric Cassel, en la moderna bibliografía médica occidental,  Mente y espíritu están fuera del campo de la atención del modelo médico occidental centrado fundamentalmente en el cuerpo físico.

En los últimos cincuenta años hemos asistido a una mutilación progresiva y sistemática de la dimensión más espiritual del hombre, buscando lo que Herbert Marcuse, denominó “El hombre unidimensional”, un ser manejable y estrictamente dirigido a su misión de producir y de consumir. Este nuevo hombre, alineado, es especialmente sensible al sufrimiento cuando se enfrenta a la realidad de la enfermedad y de la muerte , a la propia realidad del cambio constante en el que discurre nuestra vida. Este hombre quiere aliviar el  sufrimiento , que se origina en su mente, en la medicina , que en occidente es la medicina del cuerpo , una medicina que en su concepción actual es incapaz de enfrentarse a la dimensión mental y espiritual de la enfermedad.

Creo que el médico ideal del futuro debería ser un médico que dominando las técnicas de la medicina occidental dirigidas al daño físico, hubiera trabajado profundamente en el origen del sufrimiento, en las técnicas para eliminarlo presentes en el Dharma y en la compasión.

A pesar del crecimiento de las doctrinas budistas en occidente en los últimos veinticinco años, este tipo de médico me parece hoy muy dificil de conseguir , por lo que probablemente durante muchos años seguiremos asistiendo al modelo actual en occidente: médicos centrados en el cuerpo por un lado y por otro lado un grupo de personas sanadoras singulares, algunas de ellas actualmente refugiadas en el campo de la medicina alternativa,  como sucede con los lamas sanadores tibetanos, capaces de interactuar en la otra dimensión psicológica y espiritual que forman el núcleo del sufrimiento personal y de la enfermedad. “Curar muy pocas veces, aliviar algunas, consolar siempre” dice un viejo aforismo médico francés del siglo XIX, hoy ya en gran parte olvidado.

Imagen del Buda de la Medicina

Mantra del Buda de la Medicina

Estatua del Buda de la Medicina

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