Don Ignacio Bolivar y Urrutia (1850-1944) y sus excursiones científicas en La Granja.

Entre las grandes figuras injustamente relegadas tras la Guerra Civil Española, robadas de la memoria  a la gran mayoría de los españoles durante más de cincuenta años, destaca la del entomólogo Ignacio Bolivar y Urrutia . Sin Ignacio Bolivar , difícilmente puede comprenderse gran parte de las ciencias biológicas  en España a finales del siglo XIX y en el primer tercio de Siglo XX: su Edad de Plata.

Solo  con la enumeración de  algunos de sus puestos, puede comprenderse la importancia y la influencia de D Ignacio Bolivar en esta época: Catedrático de Entomología (1877), Decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid  (1904-9) y Miembro y Presidente del Consejo de Instrucción Pública (1930-1931) . Vocal desde su fundación de La Junta para Ampliación de Estudios , JAE( 1907), Vicepresidente  (1918) y último Presidente de la misma tras la muerte de Cajal   hasta el final de la Guerra Civil. Director del Museo de Ciencias Naturales (1901-1939) y del Real jardín Botánico (1921-1931).    Miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural desde 1872, de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales , de la de Medicina y de la Real Academia Española.

La figura de Bolivar destacó en el campo de la investigación entomológica, en la enseñanza de la entomología y en la reorganización de la enseñanza superior y de la investigación científica en España durante el primer tercio del siglo XX.

Como investigador se centró fundamentalmente en el estudio y taxonomía de los ortópteros  de la península ibérica. Escribió más de doscientos treinta artículos científicos  y describió más de doscientos nuevos géneros y cerca de mil nuevas especies de ortópteros.

Como docente destacó en sus enseñanzas  y en la organización de la docencia en la Facultad de Ciencias , y en el Museo de Ciencias Naturales.

Como organizador de la actividad científica, trabajó en la JAE desde su fundación hasta el  final de la Guerra Civil, desarrolló el Museo de Ciencias Naturales, al que integró en la JAE, transformándolo  en  una institución científica y de investigación , y colaboró en la fundación de otras dos instituciones de investigación biológicas incluidas en la JAE: La Estación de Biología Alpina del Guadarrama y la Estación de Biología Marina de Santander. Amigo personal de Francisco Giner de los Rios, junto con Cajal y Castillejo, Bolivar fue un pilar fundamental para el desarrollo de las ciencias biológicas  en España alrededor de  la JAE  a lo largo de toda su existencia.

Cuando terminó la Guerra Civil, Bolivar, que ya contaba con cerca de 90 años, se exilia a México. Allí todavía trabaja en la acogida de los exiliados científicos y funda la revista “Ciencia”, órgano de expresión de  los científicos españoles  en el exilio. Murió en 1944.

Algunos  datos sobre las excursiones de D Ignacio Bolivar en La Granja se publicaron en las Actas de la Sociedad Española de Historia Natural  en 1873, al año de ingresar y fundar  la Sociedad,  y en las de 1887. Hay una descripción también de estas excursiones en la biografía de Bolivar que escribió su discípulo Manuel  Cazurro (1865-1935), y que reeditó Alberto Gomis. Cazurro, por comprensible  pudor,  no firmó la biografía de Bolivar que fue publicada como un homenaje de sus amigos y discípulos con motivo de su jubilación como Catedrático. El silencio forjado  sobre Bolivar durante la dictadura y primeros años de la democracia, silencio que abarcó a toda la Institución y a toda la JAE, hicieron  que la autoría de esta  biografía de Bolivar fuera olvidada. A pesar de ello,   en la nota biográfica, que escribió  D Rafael Alvarado sobre Bolivar en los años ochenta, se reconoce que la más completa  biografía que existía de D. Ignacio  era la de D. Manuel Cazurro.

La primera nota de Bolivar de 1873 , es muy breve y dice que en una excursión a la Granja  verificada en el mes de julio de 1872, y en la que participaron además de Bolivar, su maestro Perez Arcas y sus compañeros Martinez y Saez, Uhagon y Larrinua, recogieron varias especies de ortópteros y neurópteros.  Hace una enumeración de estas especies y reconoce que las mismas habían sido ya recogidas en esta localidad por  Pictet, un entomólogo suizo de la primera mitad del Siglo XIX.

La nota de 1887 es más extensa y relata la excursión que Ignacio Bolivar hace desde La Granja hasta Peñalara el 7 de agosto de 1886, acompañado precisamente por  Miguel Cazurro.  Es  este  el responsable de la minuciosa descripción del camino que siguen  hasta Peñalara. “Desde San Ildefonso hasta la laguna de Pájaros en Peñalara se cuentan 17 kilómetros. El camino parte del ángulo del Jardín en el que hay un mirador sobre un árbol ( 2 km de la plaza del pueblo)”. Relata después Cazurro como cruzan un arroyo ( Arroyo del Morete en la cartografía actual) y se introducen en el pinar dejando a la derecha la Silla del Rey. Continuan subiendo  por el pinar , y al salir de él ,  cruzan un arroyo (Arroyo de los Carneros) cerca de una majada de pastores ( Majada del Tio Blas). El camino toma  entonces una dirección perpendicular a la que han seguido , dejando los Castillejos ( Alto de los Neveros) a la izquierda, pasan  un ventisquero (los Neveros ) y llegan a la Laguna de Pájaros , donde descasan, continuando después hasta la de Peñalara. Deshacen el camino de nuevo hasta La Granja y por la carretera de Navacerrada llegan a la Venta de Los Mosquitos a las once de la noche. Recorren más de treinta y cuatro kilómetros en ese día.

En el ventisquero ( Los Neveros)  comentan que “Todavía en el mes de agosto conserva gran cantidad de nieve, merced al cuidado con que la cubren con estiercol (!!) y paja”.

En la Laguna de Pájaros relatan sus sensaciones: ” La vista se extiende por un dilatado horizonte y el ánimo se siente sobrecogido por el absoluto silencio que allí reina, y por la contemplación de aquellas inmensas masas de montañas y de los profundos y dilatados valles que las separan”.

Hacen también una recomendación para los que tengan más tiempo ( y menos resistencia física ): “El que tenga tiempo sobrado puede contar seguramente con hallar en la choza de los pastores, un albergue para pasar la noche, y quizás, si no es muy escrupuloso, alguna cosa con que entretener el hambre; aunque con esto último mejor que no cuente”.  Esta tradición, iniciada por los pastores en las majadas,  se ha mantenido en La Granja y todavía es posible encontrar en la montaña algún refugio en donde los montañeros dejan algún alimento y leña para las personas que puedan tener dificultades.

Esta excursión de agosto de 1886 fue desde el punto de vista entomológico una de las más fecundas que hicieron aquél verano. En total recolectaron  cuarenta y seis especies, cuarenta y uno  en la subida a Peñalara, y otras cinco que previamente habían recogido en el Puerto de Navacerrada. A ellas sumaban otras veintinueve especies que habían recogido en otras excursiones en los mismos lugares.  Todas estas especies están enumeradas en el trabajo de Bolivar. ¿Como habrá variado  la descripción de las especies que hizo Bolivar hace cerca de cientro treinta  años?.

La última descripción de las excursiones  entomológicas de Ignacio  Bolivar a La Granja  en aquella época, se encuentra en la ya citada  biografía de Cazurro:

“De Villalba a La Granja había que ir en diligencia, por más que nosotros siempre subíamos al puerto cazando [insectos] y a pie llegábamos al Real Sitio, aprovechando los buenos cazaderos de insectos que tan bién conocía Bolivar: las praderas donde se cogía el Ctenodecticus pupulus Bol. ; los piornos de las cumbres servían de refugio al Pycnogaster juglicola Graells y diversas especies de Ephippigera; los matorrales a las Antaxias; las praderas a variadas especies de Stenobothrus ; la Chelidrra Bolivari Dubr, se encontraba bajo las piedras de las barrancadas expuestas al norte; el  Gomphocerus sibiricus L. en lo alto del puerto y los aficionados a los coleópteros sabían hallar con seguridad en los arroyos de las bajadas de las Siete Revueltas la Nebria Vuilletroyi Choud, el Carabalus Ghillianii Laf. y centenares de curiosas especies muy solicitadas por los naturalistas extranjeros”.

“Era incomparable”, escribe en otras páginas Manuel Cazurro refiriéndose a estas excursiones , “La resistencia física de Bolivar: nada le cansaba, ni la sed le aquejaba jamás , ni sentía ganas de comer cuando la comida estaba lejana” Esta misma resistencia es recogida por su discípulo  Uvarov en su nota necrológica de Bolivar publicada en la revista Nature, y que también pasa desapercibida a Alvarado y a Gomis: “Su energía era prodigiosa, nunca olvidaré una excursión al pico más alto de la Sierra del Guadarrama, cuando D. Ignacio bien entrado en sus setenta años, nos guió a pie por el camino durante varias horas”.

La Granja fue testigo de la investigación entomológica de aquél hombre excepcional y yo estoy seguro de que alguna forma, a pesar de la barabarie de la Guerra Civil ( que Bolivar denunció en una nota en la revista Nature tras el bombardeo de Barcelona en 1938) y del olvido ,  el silencio y la pérdida  del trabajo de educación científica de al menos tres generaciones integradas en la JAE , y  de lo que esto significó para muchas generaciones formadas en España desde entonces, volveremos  algún día a ver nuevos  jóvenes  Bolivares  pateando la Sierra y emocionarse  con los paisajes y con la belleza y la variedad de las especies que todavía viven allí. Quizás algunos de ellos  ya estén  de nuevo aquí.

Otra excursión entomológica de D Ignacio Bolivar a La Granja. Agosto de 1888

Ignacio Bolivar y Urrutia


Actias Isabelae (Graells, 1849). Museo de Ciencias Naturales.CSIC


Callicrania meigi (Bolivar 1898). Museo de Ciencias Naturales


Steropleurus stali (Bolivar, 1877). Museo de Ciencias Naturales

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