El agua en La Granja de San Ildefonso y Valsain

El agua brota en primavera en todas las fuentes y en todos los arroyos de esta Sierra.

Agua clara, limpia y fría.

La montaña se abre y los cauces recogen este borbotón mágico y puro.

La fuerza de este agua se aprovechaba para mover el molino, hoy derruido,  junto a los viejos robles inmediatamente antes del Parque del Palacio de Valsain. Al agua de  su presa se lanzaban desde el tejado los chicos que pasaban los veranos con sus abuelos en el pueblo. Dejaban sus bicicletas desgastadas sobre el polvo del camino, y tras el baño volvían al pueblo agitando las toallas de playa de colores absurdos mientras caía la tarde sobre todos.

Más abajo en la Presa y  en el Salto del Olvido volvía este agua a recoger su fuerza, y se transformaba en las turbinas del salto , en pura y bruta energía domesticada en forma de electricidad. Electricidad que encendía las bombillas de luz amarillenta y temblorosa de las casas de La Granja en los largos días de invierno, antes de la guerra.

Derribaron también la Casa del Ingeniero sobre el Salto del Olvido. Pudieron tirar sus muros , los tabiques y los techos; pero no pudieron acabar con la vida de cientos de veranos ilusionados alrededor de aquella casa. Vida que aún resuena entre la jara y los restos del viejo campo de tenis abandonado;  vida revestida de camisas blancas y de viejas pamelas guardadas en los imaginarios armarios y en los polvorientos desvanes de la memoria.

Cae el agua por el Chorro Grande con estruendo mientras en la llanura se encienden a lo lejos los reflejos de la tarde en la Catedral de Segovia.  Agua fría sobre los recuerdos vivos escondidos en las piedras y en la sonrisas de jóvenes que despiertan con el agua pulverizada que el viento nos trae a la cara desde la cascada.

Agua a veces remansada en las pozas de Las Calderas a las cuales solo se puede llegar atravesando el calor de la estepa. Calderas frías , rocas calientes. Excursión obligada  en los antiguos agostos y en nuestros sueños.

Fuerza del agua domesticada y dirigida en los jardines. Muros, compuertas y cañerías. Llaves y espuertas, y ,al final, en la Fuente de La Fama, ese gran chorro potente y puro, elevado a más de cincuenta metros, símbolo último de la belleza y de la fuerza del agua que brota en esta tierra.

21 de junio 2011

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