El hombre y la naturaleza. La visión de Federico Engels .

Un amigo me comentó  que la frase de Miguel Delibes sobre el culatazo del progreso, en la naturaleza y en el hombre, le recordaba unos párrafos de Federico Engels en su Dialéctica de la Naturaleza.  Así que busqué el libro en mi biblioteca e intenté localizar el párrafo.  Lo encontré en el ensayo incluido en la obra sobre “La Parte Jugada por el Trabajo en la Evolución del Mono al Hombre” . La sorpresa es que efectivamente este párrafo estaba muy distante de la agresión a naturaleza de muchos regímenes comunistas, no muy diferentes a las agresiones brutales del capitalismo más duro, y se acerca más a la actitud de respeto y de integración del hombre a la naturaleza de las tradiciones taoistas y budistas.

El texto es de difícil lectura, quizás por la forma de escribir de Engels , como por la dificultad de la traducción del original. Pero merece el esfuerzo

No dejemos, sin embargo, enorgullecernos nosotros mismos demasiado a causa de nuestras victorias sobre la naturaleza. Por cada una de estas victorias,  la naturaleza se  venga de nosotros. Cada victoria, es cierto, en primer lugar, produce los resultados que esperábamos, pero en segundo y tercer lugar trae efectos muy diferentes, efectos imprevistos que con demasiada frecuencia anulan el primero. Las personas que, en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y en otros lugares, destruyeron los bosques para obtener tierras cultivables, nunca soñaron que, al eliminar con los bosques los centros de recogida y reserva de humedad, estaban sentando las bases para la actual aridez de esos países. .. . Así, a cada paso que damos se nos recuerda que por regla general gobernamos la naturaleza como lo hace un conquistador sobre un pueblo extranjero, como alguien que está fuera de la naturaleza , cuando por el contrario, nosotros, con nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, somos parte de la naturaleza, existimos en su seno, y que todo nuestra dominación sobre ella, consiste en el hecho de que tenemos la ventaja sobre todas las demás criaturas de ser capaces de aprender sus leyes y aplicarlas correctamente .

Y, de hecho, con cada día que pasa estamos adquiriendo una mejor comprensión de estas leyes y consiguiendo la percepción tanto de  las consecuencias más inmediatas como de las más remotas de nuestra interferencia con el curso tradicional de la naturaleza. En particular, después de los avances poderosos de las ciencias naturales en el presente siglo, estamos más que nunca en condiciones de darnos cuenta, y por lo tanto de controlar, también las consecuencias naturales más remotas de por lo menos de nuestras actividades productivas del día a día. Pero cuanto más se avance, más los hombres no sólo sentirán, sino también conocerán su unidad con la naturaleza, y se convertirá en imposible la idea absurda y antinatural del contraste entre la mente y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo, tal y como como surgió después de la decadencia de la antigüedad clásica en Europa y obtuvo su mayor elaboración en el cristianismo.

Es sorprendente que Engels vea en el progreso de nuestro conocimiento de las leyes de la naturaleza, el cambio en la percepción de nuestra relación con la misma naturaleza, cuando la tradición oriental había llegado a similares conclusiones varios milenios antes a través de otras fuentes de conocimiento.

11 de abril  de 2011

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