El olivar de la Quinta del Duque del Arco en El Pardo (Madrid)

El Pardo es una prolongación de la Sierra del Guadarrama que casi se introduce en Madrid. Como los Montes de Valsain,  debemos la llegada de El  Pardo hasta nosotros a la Monarquía Española.  Fué también  respetado durante la República y la Dictadura de Franco, y afortunadamente lo ha seguido siendo, a pesar de las graves amenazas que le acechan, hasta nuestros días.

Con El Pardo, nos llegan muy cerca, las encinas centenarias, los viejos pinos , los corzos y los ciervos, los jabalíes , los buitres leonados y hasta la águilas imperiales, que los biólogos siguen, gracias a los radiotransmisores,  en sus largos viajes hasta Asturias.  El frescor de la Sierra con la nieve al fondo , puede sentirse muy cerca, cuando nos acercamos al poblado de Mingorrubio.

Felipe V , donó al Duque del Arco, un terreno en El Pardo, en donde el Duque contruyó , un pequeño palacete y un pequeño jardín al gusto francés.

Rodeando el palacete , el Duque plantó un bello olivar , una zona de frutales y de almendros, y es posible también que en aquella época hubiera también un viñedo. Al morir el Duque su viuda devolvió al Rey aquellos terrenos y todo lo que su marido había construido.  De este modo, el palacete y todo lo que rodea ha llegado hasta nosotros,  con el resto de las posesiones de El Pardo, de forma muy similar a cuando el Duque los disfrutaba.

Esta finca de recreo, incrustada entre las encinas del monte de El Pardo, con la Sierra de Guadarrama nevada como fondo, nos muestra una naturaleza domesticada de enorme belleza. La naturaleza está dominada por el hombre , pero sigue siendo hermosa, en los parterres , fuentes, paseos , y estanques del jardín. En los rosales restaurados. En las sequoyas gigantes que aún perduran.  También lo está en el olivar y en los cerezos y  en los almendros  que aún florecen cuando febrero muere.

En la Historia natural de Cayo Plinio Segundo (año 30 ), se mezclan las plantas salvajes y las cultivadas, pues los cultivos, aunque en cierta forma manipulados por el hombre, siguen siendo parte de la naturaleza y de sus ritmos. Refiriendose al olivo , Plinio cita a Teofrasto (371 A.de C), diciendo que el olivo entonces todavía no crecía en España y Laguna, en sus comentarios al Dioscorides , habla de un olivo salvaje, el acebuche, que crece cerca del mar y que yo todavía he visto silvestre cerca de las costas de Barbate, y el olivo cultivado.

Cayo Plinio Segundo, recoje toda la antigua tradición cultural del cultivo de la oliva  y de la producción artesanal del aceite, que en cierto modo debía de seguir respetandose en el siglo XVIII,  cuando el Duque del Arco, plantó en medio de El Pardo su expléndido olivar. Hoy ya nadie sigue la vieja tradición en la Quinta de EL Pardo, y las aceitunas negrean en los olivos del Duque, y caen con el tiempo al suelo,  de donde pueden cogerse y al exprimirse entre los dedos,  aún nos siguen ofreciendo su jugo aceitado , de la misma forma que se lo ofrecían a Plinio y a Teofrasto hace más de dos mil años.

Con los olivos,  los almendros y los cerezos  de la Quinta del Duque del Arco en El Pardo, podemos seguir los ciclos de la naturaleza  en esta extensión del Guadarrama tan adentrada en la ciudad, y sentir  este pedazo de naturaleza como  nuestro.  Algo que ahora no podríamos seguramente hacer , si al final esta finca no se nos hubiera transmitido  con el el resto de El Pardo , y  de las antiguas  posesiones que la vieja monarquía española, conservada  hasta nuestros días.

Entrada a la Quinta del Duque del Arco desde el palacete.

Olivo

Almendros en flor

Flor de un almendro

Olivos

Olivo

Esta entrada fue publicada en Guadarrama y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>