Elogio del fuego en la chimenea a finales de diciembre

En  estos dias de diciembre que marcan el final del otoño y el inicio del invierno, cuando la niebla se extiende al caer la tarde sobre el rio,  suelo encender algunos leños en mi chimenea.

El fuego en la madera me hace volver a sensaciones de elementos ancestrales: el calor, la luz de las llamas, el reverberar del rojo intenso de las brasas  cuando se mueve el aire, el humo subiendo hacia el tiro de la vieja chimenea.

El fuego es la luz, es el calor, es el color irisado de las llamas, es el olor del humo y de la madera quemada.

Sobre las brasas ardientes,  se cocinaba en el pasado los alimentos, y en esta época del año ,  alguna vez pongo castañas sobre ellas.  El olor de las castañas sobre el fuego se une  entonces a los olores del humo de la madera al arder.

En estas fechas  alrededor del solsticio de invierno , cuando los dias son más cortos, y la luz del sol es más tibia, el calor del fuego penetra en nosotros y parece darnos vida.

Conforme pasa la noche,  las brasas se van consumiendo, y en el frio despertar de la mañana, en la vieja chimenea solo quedan las cenizas grises. Esta conversión del tronco en ceniza a través del fuego, es una demostración de la transitoriedad, de la fugacidad de las cosas, del vacio sobre el que están constituidas. Esos bellos leños, que crujían hace solo unas horas , y nos daban el calor y la luz, al cabo de poco ya no son nada. Pero ese fuego y esa luz , como sucede con muchas  personas ya ausentes,  continúan  viviendo en nosotros.

Cuando avanzada la tarde, con la oscuridad y el frio de la noche cayendo sobre el pueblo , camino alguna vez por sus calles desiertas y    siento la pureza y el frio de este aire de la sierra en mi cara y en mi pecho.  Mezclado con este aire gélido y limpio, siento también el olor del humo de las chimeneas, de la madera ardiendo en las casas , entregando su calor a otros habitantes , de este pueblo que a estas horas , se me asemeja vacio y distante.  De vuelta a casa mi  chimenea encendida  vuelve de nuevo a recogerme,  y una sensación de sueño,  profundo e infantil, me embarga, y con el tiempo cae de mis manos al suelo el libro, que a estas horas de la tarde siempre leo,   y ese  ruido súbito  me hace de nuevo despertar y sentir de nuevo  el calor de las brasas  y de la gente que quiero  tan cercanas .

Fuego en mi chimenea en esta tardes de diciembre en el  solisticio de invierno.

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