Itzea, la casa de los Baroja en Bera, a finales del último agosto

A finales del último agosto bajando del Coll de Ibardin, al entrar en Bera del Bidasoa , nos encontramos con Itzea, la casona de los Baroja. Enorme mole de piedra en el inicio  del camino de Francia. Bajábamos  el puerto, recorriendo el bello paisaje hacia Bera, con un profesor de literatura española en Nueva York,  profundo conocedor  de la obra de Baroja, y paramos , cuando ya caía la tarde, en el barrio de Itzea.

En esta tarde de finales de agosto, el sol que empieza a esconderse tras los montes, ilumina con un tono dorado la piedra de la fachada de la casa, también la tapia de la huerta y el mirador del jardín sobre el camino de Francia. En el jardín de la fachada sur , crecen dos grandes árboles, a ambos lados de la puerta de entrada, repletos de flores de color lila. No son los lilos que vemos plantados en los jardines del Guadarrama, son lilos de la India, nos dicen.

En Las horas solitarias, Pio Baroja nos describe los árboles y las plantas de la huerta de Itzea en las distintas estaciones, pero en ningún momento nos habla de los lilos de la India que hoy todavía crecen en la fachada sur de la casona.

Pio Caro Baroja en su Itinerario sentimental (Guía de Itzea), nos dice que estos árboles son lagestremias, en honor del sueco Lagestrom,  un marino que suministraba a Lineo las plantas que recogía en sus viajes. Las lagestremias de Itzea, según los testimonios fotográficos , se debieron plantar sobre 1912, y aunque al principio se las podaba a la altura de los balcones para que no quitaran la luz a las ventanas del comedor, después se les dejó crecer libremente iluminando con sus flores al final del verano las piedras austeras de la casa.

Pio Baroja construye su mundo en Itzea. Se rodea de libros, mapas, grabados, objetos, muebles…  Los Alzate, las Brujas de la región, las Guerras Carlistas, Avinareta, los barcos, el mar, la tierra vasca… Todos estos temas llenan la casa. Aislado del exterior por los gruesos muros de piedra, en este mundo único que ha creado, va trabajando sus  novelas. En la huerta de la casa, y en los paisajes que la rodean , siente el paso de las estaciones. Hay mucho de Michael de Montaigne aislado en su torre, en la vida de Baroja en esta casa.

Su hermano Ricardo, se recluye también largas temporadas en ella para pintar, dibujar sus planchas de grabado, moldear sus esculturas, construir sus maquetas de barco, sus muebles…

Ya en la siguiente generación, Julio es el encargado de  conservar  el mundo de sus tíos Pio y Ricardo, y va creando el suyo propio.

Pio Caro relacionaba estas  lagestremias que adornan la fachada sur de la casa con la muerte , pues con sus flores se adornaron  los lechos mortuorios de su abuela Carmen y de su hermano Julio. Pero  la sensación que  yo he tenido en esta tarde de finales de agosto, al contemplar estos árboles centenarios repletos de flores abrazando la casa, ha sido una sensación de vida, como si ellos con sus flores, quisieran insuflar un aliento vital, a todos los objetos, los libros, los muebles, los cuadros de la casa, que durante más de cien años formaron este mundo singular de los Baroja.

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