Japón, la tierra herida y, de nuevo, el peligro de la técnica

No he podido hablar ni escribir, a lo largo de muchas semanas, sobre  lo que hemos visto en Japón. Una amiga mía me decía que durante todo este tiempo hemos estado afectados por el horror y el sufrimiento, estratégicamente ocultado por los medios, de lo que ha sucedido allí. Lo seguimos estando.

He oido decir muchas veces al Lama Gangchen, que estábamos perforando y arañando excesivamente a la tierra. La hemos perforado para sacar la basura del petróleo y de los gases, enterradas en sus entrañas. Hemos construido túneles que perforan la base de las montañas  y hemos arañado su superficie para construir autopistas y vías de ferrocartril, que mejoran la comunicación para que nuestros grandes comerciantes almacenen cada vez más dinero y posesiones. Para qué seguir…..

La tierra, en su conjunto, es un ser sintiente con un poderoso núcleo de energía  y de  fuego, y como ser sintiente, es capaz de sentir furia y enfado,  y de manifestarla.

El terremoto y el maremoto del Japón son una manifestación de esta furia de la tierra y de la pequeñez y mezquindad de la inteligencia de los hombres que la habitamos. Somos como pequeñas bacterias piojosas y ruines al lado de su inmensa grandeza.

Japón, tierra paradigmática del progreso científico y técnico,  fué testigo en el año 1945, en Hiroshima y Nagasaki, de los peligros  de la manipulación de la naturaleza, y de la amenaza nuclear. La catástrofe de la central nuclear de Fukushima, asociada al terremoto y al maremoto de Japón , son una señal muy grave de los peligros de nuestra técnica engreida y de nuestra despreciable actitud frente a la naturaleza.

Hace muchos años, en 1975, cuando España era todavía un poco de pueblo, un escritor vallisoletano, Miguel Delibes, vestido con un frac que nada armonizaba con el tema, pronunció su discurso de ingreso en la Academia Española. Un mundo que agoniza.  El sentido del progreso sobre mi obra, lo tituló. A pesar del paso del tempo, el discurso de Delibes, es cada vez más actual.

Delibes , viejo castellano , amante de la naturaleza y del campo, en la que se introducía en su casa de Sedano, hablaba , desde su lenguaje de  cazador de perdices y conejos, de culetazo del progreso: todo avance  científico-técnico, decía,  conlleva asociado un irremediable retroceso, y en muchas ocasiones un daño colateral al hombre.

Japón, Fukushima, son una muestra trágica e inmensa  de estos culetazos tremendos y tristes  del  progreso.

Los que somos un pocos marcianos, nos hemos sentido trastornados,  a lo largo de estas últimas semanas , por los sucesos de Japón.  Nos hemos sentido muy cercanos a aquella tragedia, unidos a aquellos hombres, a aquellos hermanos, en la terminología de Francisco de Asis,  en nuestro amor y en nuestra compasión.

Hermana tierra.

1 de abril de 2011

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