José de Castillejo en La Granja de San Ildefonso. Julio de 1915

El nombre de José de Castillejo sigue siendo desconocido para la mayoría de los españoles.  Sin embargo,  probablemente,  Castillejo fue uno de los personajes claves para el progreso de España durante el primer tercio del siglo pasado. Su labor fue fundamental en la aparición de lo que se ha venido en denominar ” Edad de Plata de la Cultura y de la Ciencia Española”.

Discípulo  predilecto de Francisco Giner de los Rios, Castillejo  fue el Secretario de la Junta para Ampliación de Estudios, una institución  gubernamental clave en la reforma de España desde los inicios del siglo pasado  hasta la Guerra Civil, desde su creación en 1907 hasta la llegada de la Segunda República,

Una primera aproximación a la labor de Castillejo como Secretario  de la Junta puede  obtenerses   a través de la simple  enumeración de algunos de los organismos que la configuraban: las pensiones para la ampliación de estudios en el extranjero; los centros de investigación en España como el Instituto Cajal, el Instituto Rockefeller , el Museo de Ciencias Naturales o los Laboratorios de Fisiología y de Histopatología; el Instituto de Estudios Hispanos;  el de Estudios Arabes….La Residencia de Estudiantes, la Residencia de Señoritas, el Instituto Escuela o ,  más cercana a nuestra Sierra,  la Estación Alpina del Guadarrama, cuyos edificios, integrados en el CSIC en la Postguerra,  aún podemos ver cuando bajamos del Puerto de Navacerrada hacia Villalba.

Uno de sus nietos, David de Castillejo,  publicó hace algunos años tres impresionantes volúmenes con la correspondencia de Castillejo y de su círculo: Gomez Moreno, Ramón Menendez Pidal, Manuel Bartolomé Cossio… Y el propio Francisco Giner de los Rios.

A través de estas cartas, sabemos que Castillejo, estuvo en La Granja en el verano de 1915, con sus hermanas Mariana y Pilar, reponiendose de un profundo agotamiento.

Hay una primera carta fechada en La Granja el 29 de junio de 1915, dirigida  a sus amigos  los Cossio y  los Rubio en Madrid, en donde les cuenta que han estado hospedados  en el Hotel El Europeo , en donde han cenado , pero que han decidido ir  a vivir a una casa  que les ha enseñado un tal Cipriano, al que Cossio también conoce.

“La casa”, escribe, “es encantadora. El jardín está muy cuidado. Las fuentes corriendo. Hay un pleno silencio en el barrio. Los muebles viejos, la escalera y los cuartos ingenuos y tranquilos…”

“Muchas rosas en el jardín. Peras,  no hay apenas este año. Como me acuerdo de Arcimís, a quien conocí todavía fuerte en su vejez !  Y de nuestro D Francisco! Cómo habría gozado vininendo aquí.

No debemos interrumpir las peregrinaciones  a estos santuarios (este, La Sierra, San Vicente) donde se refresca y se rehace la tradición.

Llevo solamente media hora sentado, que hace más largo el correr de las fuentes, y comienza a hacerme tanto bien este reposo”.

No he podido averiguar  la casa en la que estuvo Castillejo ,¿Quizás en la destruida La Calandria?Tampoco me imagino  quien podría ser este Cipriano, amigo de Manuel Bartolomé  Cossio , quien  pasaba también temporadas en La Granja.

Arcimís , a quien recuerda Castillejo, era un científico del primer grupo de  la Institución Libre de Enseñanza y que también tuvo casa en La Granja a finales del Siglo XIX. Fue el primer Director del Instituto Metereológico Nacional.

“Nuestro D Francisco”, obviamente, era Giner, que acababa de morir hacía solo  unos meses.

El 18 de julio de 1915, Castillejo escribe  desde La Granja a su tio Rafael:

“Aquí puedo descansar  un poco haciendo vida de campo y al mismo tiempo estudio y leo libros, cosa que casi nunca me dejan hacer en Madrid…”

“El sitio es muy hermoso. Está en la umbría de la gran Sierra de Guadarrama, mirando a Segovia. Como el lugar es alto y hay abundacia de agua que corre por todas partes, hay mucho verdor, muchos pinares y robledos y muchas flores. Ahora comen aquí las vacas la hierba fresca y alta.

Están aquí los reyes y sus hijos. Y Mariana y Concha se divierten porque los encontramos en todas partes, los tenemos al lado  en el teatro y los vemos jugar al polo.”

El día 27 de julio Castillejo vuelve a escribir a Cossio, comunicándole el vacio, la tristeza y la ausencia dejada por la muerte de Francisco Giner de los Rios  acontecida el 18 de febrero de ese mismo año:

“Ya lo creo que será triste y vacio todo sin él. Ni un solo día aquí sin cruzar su huella en la  Naturaleza o en mi espíritu”.

El 21 de febrero Antonio Machado  había escrito desde Baeza su famoso “Elogio” al ya fallecido Francisco Giner de Los Rios,  :

” …Oh, sí, llevad, amigos,                                                                                                                       su cuerpo a la montaña,                                                                                                                 a los azules montes                                                                                                                           del ancho Guadarrama                                                                                                                   Allí hay barrancos hondos                                                                                                           de pinos verdes donde el viento canta

Su corazón reposa                                                                                                                     bajo una encina casta,                                                                                                             en tierra de tomilllos donde juegan                                                                                     mariposas doradas….                                                                                                              Allí el maestro un día                                                                                                               soñaba un nuevo florecer de España”

El día 28 de julio Castillejo escribe una última carta a Cossio desde Segovia:

“Hace unas horas hemos dejado  aquella casita simpática que tanto reposo nos ha dado. Ha sido triste  abandonar el jardincito y los cuartos pequeñitos, con los muebles antiguos.

Ayer se presentó aquí Cajal cuando yo no estaba. Luego lo ví en la fonda. He sentido no estar unos días más para haberle acompañado. !Que interesante conversación acerca de los trabajos que está haciendo sobre la vista y el cerebro de los insectos!. Hoy el día en Segovia. Hemos encontrado en la calle a Isabel Uña y su madre que van a La Granja. Esta noche a Madrid. En La Granja, hermoso. Aquí comienza el calor. Suyo C.”

Castillejo pasó  pues un mes en La Granja en aquél verano de 1915, reponiendose del intenso trabajo en la secretaría de la Junta, o quizás también de una enfermedad. A través de su correspondencia parece inferirse que Castillejo  podría haber padecido una úlcera crónica gastroduodenal, de la que tal vez había tenido un brote en aquella época.

A través de los párrafos de sus cartas entrevemos el ambiente de La Granja  en aquellos veranos anteriores al incendio del palacio en 1918. Vislumbramos  que junto a la nobleza y a los nucleos de poder político,  económico  y militar , aparecían en La Granja los representates más destacados de ese mundo científico e intelectual que forjó la renovación de España en el primer tercio del siglo pasado: Cajal, Presidente de la Junta de Ampliación de Estudios desde su inicio hasta su muerte, el mismo Castillejo, su Secretario,  y Manuel Bartolomé Cossio , que en aquél momento , y  en ausencia de Giner, había empezado a dirigir la Institución Libre de Enseñanza. A ellos se unía sin duda  el naturalista Joaquín María de Castellarnau, miembro también de la Junta para Ampliación de Estudios. Es posible que por allí aparecieran  algunos otros institucionistas como Isabel Uña,  a quien Castillejo encuentra en Segovia de camino a La Granja, que fue una de las primeras mujeres pensionadas por la Junta en el extranjero. De  la generación anterior de institucionistas tenían casa en La Granja : José Mc Pherson, uno de los primeros geólogos del Guadarrrama, y Augusto Arcimís al que recuerda  Castillejo entonces.

Yo me he sentido siempre muy  identificado con este tipo de  personajes  históricos de la Granja , más que con cualquier otro, quizás por mi cercanía al pensamiento de  la Instución y de la Junta. A menudo , como sentía Castillejo con Giner,  noto aún muy cercana su presencia.

Presencia  en las calles , en los jardines y en los senderos perdidos del Pinar, como si nunca se hubieran querido apartar de este lugar, como si se hubieran quedado definitivamente  enganchados de esta tierra en aquél  viejo verano de 1915.

PD. La casa en la que estuvo viviendo Castillejo, era la casa de Augusto Arcimís , hoy desaparecida. A su muerte las hijas de Arcimís donaron esta casa a la Institución Libre de Enseñanza. En esta casa vivió también un verano Manuel Bartolomé Cosio, quien dirigió la Institución a la muerte de Giner.

Fundación Olivar de Castillejo

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Una respuesta a José de Castillejo en La Granja de San Ildefonso. Julio de 1915

  1. pedro rivas dice:

    Apasionante su página que ahora recién he descubierto. De siempre me ha fascinado el sitio de la granja, periodicamente cada dos tres años pasamos unos días con mi familia. Pero para mi es nueva esta relación con los ilustres de la junta de ampliación de estudios (otra de mis pasiones). Así pues muchas gracias por este descubrimiento y sigo explorando en esta web (por cierto muy bien escrita).

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