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	<title>Comentarios en: La aproximación a la Naturaleza de Francisco de Asís (1182-1226)</title>
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	<description>Impresiones de la naturaleza en la ladera norte del Guadarrama</description>
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		<title>Por: Frate Leo</title>
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		<dc:creator>Frate Leo</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Jan 2013 18:22:46 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Hace algunos años tuve la ocasión de visitar Assisi, donde viví una intensa experiencia espiritual. Existe en la parte inferior de la basílica una sala donde se exponen algunas reliquias del Santo, y entre ellas se encuentra un pequeño fragmento de papel que San Francisco regaló a su &quot;frate&quot; Leo, que éste conservó como un tesoro durante toda su vida. Ese papelito contiene,  en una cara, la conocida oración del &quot;Cántico&quot;, y  en la otra se recogen los versículos del Libro de los Números de la Biblia, en los que Dios indica a Moisés la fórmula de la bendición a los israelitas: &quot;El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga brillar su rostro sobre ti y tenga piedad de ti; el Señor te muestre su rostro y te de la paz&quot;. 
La emocion que sentí no sólo provenía de la belleza y simple perfección de la oración, y de las desconcertantes energías que se concentran en Assisi, sino también de que esos mismos versículos los había incluido una tía mía, monja católica, en una biblia que me había dado como regalo de boda, modificando hábilmente la segunda persona del singular por la del plural, para dar así una bendición conjunta a los nuevos esposos. 
Comprendí en ese momento, que también mi tía, a la que algunos sobrinos sarcásticos llamaban la &quot;tía marciana&quot;, había emprendido, como San Francisco, una vida de renuncia, de falta de apego, de pobreza, de humildad, y de compasión, muy pocas veces entendida en nuestra sociedad.         
Desde entonces, he aprendido a respetar y a valorar cualquier gesto de contenido espiritual o religioso, pues todos ellos están encaminados a recordar el sentido trascendente de nuestra vida (con mayor o menor acierto y en función del propio grado de desarrollo espiritual de quien los realiza), y nos pueden ayudar a todos a  disfrutar, aquí y ahora, de Dios y &quot;de todas sus criaturas&quot;.]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hace algunos años tuve la ocasión de visitar Assisi, donde viví una intensa experiencia espiritual. Existe en la parte inferior de la basílica una sala donde se exponen algunas reliquias del Santo, y entre ellas se encuentra un pequeño fragmento de papel que San Francisco regaló a su &#8220;frate&#8221; Leo, que éste conservó como un tesoro durante toda su vida. Ese papelito contiene,  en una cara, la conocida oración del &#8220;Cántico&#8221;, y  en la otra se recogen los versículos del Libro de los Números de la Biblia, en los que Dios indica a Moisés la fórmula de la bendición a los israelitas: &#8220;El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga brillar su rostro sobre ti y tenga piedad de ti; el Señor te muestre su rostro y te de la paz&#8221;.<br />
La emocion que sentí no sólo provenía de la belleza y simple perfección de la oración, y de las desconcertantes energías que se concentran en Assisi, sino también de que esos mismos versículos los había incluido una tía mía, monja católica, en una biblia que me había dado como regalo de boda, modificando hábilmente la segunda persona del singular por la del plural, para dar así una bendición conjunta a los nuevos esposos.<br />
Comprendí en ese momento, que también mi tía, a la que algunos sobrinos sarcásticos llamaban la &#8220;tía marciana&#8221;, había emprendido, como San Francisco, una vida de renuncia, de falta de apego, de pobreza, de humildad, y de compasión, muy pocas veces entendida en nuestra sociedad.<br />
Desde entonces, he aprendido a respetar y a valorar cualquier gesto de contenido espiritual o religioso, pues todos ellos están encaminados a recordar el sentido trascendente de nuestra vida (con mayor o menor acierto y en función del propio grado de desarrollo espiritual de quien los realiza), y nos pueden ayudar a todos a  disfrutar, aquí y ahora, de Dios y &#8220;de todas sus criaturas&#8221;.</p>
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