La medicina occidental como arte mudo.

La primera, y única vez, que, como médico, oí hablar de la relación entre la palabra  y la medicina , fue en un curso de doctorado,  a principio de los años ochenta,  de D Pedro Laín Entralgo.

El nombre de Laín evoca muchas sensaciones en los que le conocimos. En mi caso,  solo como distante profesor de historia de la medicina.Yo provengo decía , según cuenta uno de sus jóvenes discípulos más cercanos a mi generación, de la “España del tiro en la nuca”. Este era el terrible bagaje con el que se acercaba a los jóvenes de mi generación, la mayoría de los cuales ni le entendían, ni querían entenderle.

Laín había escrito a finales de los  cincuenta un libro de título sugestivo “La  curación por la palabra en la antigüedad clásica”. El libro, sin duda muy influenciado por las enseñanzas de  Tovar y de  Zubiri,  se abría  en su prólogo con una cita de Virgilio en la Eneida: “prefirió conocer las virtudes de las hierbas y los usos del curar, y ejercitar sin gloria las artes mudas”. Cuatro siglos más tarde, Vegecio escribe “los animales y los hombres no han de ser tratados con palabras vanas, sino con el seguro arte de curar” y Celio Aureliano transcribe una frase de Sereno “jáctense necia y vanamente quienes creen que la fuerza de la enfermedad puede ser expelida por melodías y cantos”. La medicina  técnica y científica que tiene sus orígenes en aquellos años, para diferenciarse de la medicina supersticiosa y popular, se hace, en este sentido de ausencia de ensalmos curativos,  una medicina  sin  palabras una “muta ars”.

Laín , sin embargo, investiga en La Iliada y en la Odisea, y encuentra huellas del uso terapeútico de la palabra : del ensalmo o conjuro;  de la plegaria y  de  “el decir placentero” o “sugestivo”. Pero el uso terapeútico de la palabra pierde su sentido primitivo en la obra de Platón y es rechazado  enérgicamente en los tratados hipocráticos.

La medicina occidental con su  rechazo a los ensalmos y conjuros , ya desde el siglo IV a D C , se vuelve una medicina muda. Sigue manteniendo sin embargo la palabra   como un medio para  indagar sobre los síntomas del enfermo y sus orígenes, para  explicarle  el origen de sus males,  para convencerle de la necesidad de determinadas acciones terapéuticas, y para ayudarle a comprenderlas y seguirlas. Y también  para  serenarle, para calmarle.

Pero es muy posible, por lo que oigo, que este  uso de la palabra por el médico  se esté también atrofiando, ante el uso de medios técnicos cada vez más sofisticados y resolutivos, y en este sentido , la medicina de hoy, no solo por la ausencia de ensalmos y conjuros, se esté volviendo, ciertamente,  también un arte mudo.

1 de febrero 2011

Esta entrada fue publicada en Fundamentos, Medicina y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>