Nuestro niño interior

El concepto de niño interior ha ido tomando cuerpo en una parte de la psicología occidental desde el pasado siglo. El niño interior ( “The Child Within”)  nace con nosotros y permanece con nosotros,  en lo más profundo de nuestra mente, a pesar del paso de  los años y de nuestras experiencias vitales, hasta nuestra muerte. Este niño presenta una inocencia primordial, una enorme capacidad de asombro ante todo lo que nos rodea, y una capacidad ilimitada de desarrollo. Este niño forma la parte más fundamental de nuestro yo.

“En el fondo de todo adulto “, escribió el psicólogo Carlos Gustavo Jung, ” Yace un niño eterno, en continua formación , nunca terminado, que solicita cuidado, atención y educación constante”. El tema del niño es para Jung un arquetipo, una estructura común heredada de nuestra mente.

“Hay datos que apuntan a una permanencia en el alma humana”, escribe el escritor y Académico Gaston Bachelard,  “De un nucleo de infancia, una infancia inmovil pero siempre viva, ajena a la historia, oculta a los demás.”

Este niño interior , es un  niño “divino” y eterno. Pero al mismo tiempo es extremadamente vulnerable a los acontecimientos externos.

La educación clásica, tantas veces  basada en el castigo físico y moral, el abuso, el abandono, la represión , ejercida a veces de forma brutal , sobre este niño tan vulnerable, hace que  en la mayoría de las veces nuestro niño interior sea sepultado, en una actitud defensiva, en lo más profundo de nuestra mente.

Pero escondido , para evitar el dolor y el sufrimiento, este niño sensible y vulnerable  sigue permaneciendo  oculto  entre los condicionantes de nuestra personalidad social y profesional,  y conforme nos vamos haciendo mayores ,  adultos muy serios, el niño  continua allí,  a pesar del declinar que nos irá acercando de forma irremediable a la vejez.  Yo no creo que este niño sea un niño herido, creo que el niño permanece, con su enorme potencial,  indemne y limpio,  dentro de nosotros, rodeado de las rigideces de nuestra personalidad adulta. Este niño interior, vive con nosotros  atrapado en una red de comportamientos defensivos que lo protegen, rodeado de la estructura de la personalidad que el hombre adulto ha desarrollado, precisamente para proteger  la  vulnerabilidad esencial de este   niño que lleva dentro.

Como en tantas otras cosas, han sido los poetas los que más claramente han percibido la realidad y la grandeza del niño interior, y nunca he visto reflejado  este concepto , como en un poema de Alberto Caeiro, uno de los heteróminos de Fernando Pessoa.  Caeiro es un ser puro, metafísico, unido a la naturaleza y al paganismo antiguo, hermano de Walt Whiltman, que lejos de cualquier condicionante social o educativo, logra ver con pristina claridad lo que es el niño interior y cual debe de ser nuestra relación con él.

Él vive conmigo en mi casa en medio del otero.
Él es el Niño Eterno, el dios que faltaba.
Él es lo humano  lo natural,
Él es lo divino que sonríe y que juega.
Y por eso sé con toda certeza
Que él es el Niño Jesús verdadero.

Y el niño es  tan humano que es divino
Y  está en mi  vida cotidiana  de poeta,
Y  es porque él anda siempre conmigo por lo que yo soy poeta siempre.
Y por lo que mi más mínima mirada
Me llena de sensación,
Y el más pequeño sonido, sea de lo que sea,
Parece hablar conmigo.

El Niño Nuevo que habita donde vivo
Me da una mano a mí
Y la otra a todo lo que existe.
Y así vamos los tres por el camino  que vendrá,
Saltando y cantando y riendo
Y gozando de nuestro secreto común
Que es el de saber por todas partes
Que no hay misterio en el mundo
Y que todo vale la pena.

El Niño Eterno me acompaña siempre.
La dirección de mi mirar es la de su dedo que señala.
Mi oído atiende  alegremente a todos los sonidos
Son las cosquillas que él me hace, jugando, en las orejas.

Nos llevamos tan bien el uno con el otro
En compañía de todo
Que nunca pensamos el uno en el otro,
Pero vivimos los dos juntos
Con  un acuerdo íntimo
Como la mano derecha con la izquierda.

Al anochecer jugamos a las cinco piedrecitas
En el escalón de la puerta de casa,
Serios como corresponde a un dios y a un poeta,
Y como si cada piedra
Fuese todo un universo
Y fuera por eso un gran peligro para ella
Dejarla caer al suelo.

Después yo le cuento historias de las cosas de los hombres
Y él sonríe, porque todo es increíble.
Se ríe de los reyes y de los que no son reyes,
Y siente pena al oír hablar de las guerras,
Y de los negocios, y de los navíos
Que dejan humo en el aire de altamar.
Porque él sabe que todo eso falta a aquella verdad
Que una flor tiene al florecer
Y que anda con la luz del sol
Que hace variar los montes y los valles
Y que hace que los ojos duelan con  los muros encalados.

Después él se adormece y yo le acuesto.
Lo llevo en brazos para dentro de casa
Y le acuesto, desnudándole lentamente
Como siguiendo un ritual muy limpio
Y muy  maternal hasta que está desnudo.

Él duerme dentro de mi alma
Y a veces despierta de noche
Y juega con mis sueños.
Les da la vuelta patas arriba,
Pone unos encima de los otros
Y aplaude solo
Sonriéndole a mi sueño.

…………………………………..

Cuando yo muera, hijito,
Que sea yo el niño, el más pequeño.
Cogeme   en brazos
Y llévame dentro de tu casa.
Desviste mi ser cansado y humano
Y acuéstame en tu cama.
Y cuéntame historias, si me despierto,
Para que vuelva a dormirme.
Y dame sueños tuyos para jugar
Hasta que nazca cualquier  día
Que tú ya conoces.

……………………………………..

Ésta es la historia de mi Niño Jesús.
¿Por que razón que se perciba
No ha de ser más verdadera
Que todo lo que los filósofos piensan
Y todo lo que enseñan las religiones?

Yo he ido descubriendo mi niño interior solo en pequeños flashes, apenas entrevisto, cuando pasaba por delante de las antiguas casas de mi padre y de mi abuelo, envuelto por el dolor que produce el acoso y la brutalidad de la  maldad de algunos seres humanos. Él seguía viviendo allí y también vivía en mí .  Poco a poco he intentado  acercarme  a él , pero él tiene aún miedo de una parte del mundo que nos rodea , y le cuesta romper la coraza de protección que he ido creando en torno a él y que , al mismo tiempo , me fué alejando cada vez más de él.

Hoy me han grabado en un i phone un mensaje para una amiga que partía. Detrás de la rígida máscara de mi cara, veía moverse en la grabación unos ojos jugetones e inocentes, que contrastaban con la rigidez de mi rostro. Estos ojos eran los mios , pero al mismo tiempo , no lo eran, pues en ellos yo reconocía los ojos de mi niño interior, del niño que yo fui y sigo siendo, encerrados tras la  rigidez de mi máscara inexpresiva

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