Cerezos en flor en la Cueva del Monje, Montes de Valsaín, La Granja de San Ildefonso

Durante algunas semanas cortas, normalmente en el mes de abril, los frutales que crecen en el Pinar de Valsaín florecen. Desde la distancia , contrastando sobre  el verde los pinos aparecen manchas blancas , son los guindos, cerezos silvestres, en flor. Cuando llegue el mes de junio darán sus frutos , pequeñas cerezas silvestres de intenso sabor, de las que, al caer al suelo,  se alimentarán los corzos.

Arriba en  el pinar, en la Cueva del Monje, hay varios cerezos que ,como los guindos del bosque , florecen de forma tardía, en el mes de abril.  La Cueva del Monje es un lugar mágico, justo debajo de Peñalara.  Hay allí unas formaciones graníticas, que delimitan una especie de refugio triangular , donde probablemente, en tiempos muy remotos, habitara algún eremita. Los viajeros franceses de los Siglos XVIII y XIX que se acercaron a este lugar tras visitar La Granja, quisieron ver en estas formaciones graníticas, una especie de monumento megalítico , de tiempos muy antiguos. Alguno de ellos creyó ver también  en este conjunto de grandes piedras,  una especie de ara o altar de sacrificio, donde se celebrarían actos rituales en honor de la montaña de Peñalara.  Los expertos que posteriormente estudiaron el tema descartaron estas hipótesis y llegaron a la conclusión de que la formación era fruto del azar y no de la mano del hombre. Pero yo siempre he tenido una gran simpatía por la primera hipótesis, y no descarto que alguién más experto y sesudo  la vuelva a retomar en el futuro.

En el claro del bosque , en medio de la esplanada donde está la Cueva del Monje,  había una bella casa de granito en la que habitaban hace ya bastantes años los guardas del pinar y sus familias. La casa fue derruida hace algunos años, no se sabe muy bien  por qué.

Unos  guardas plantaron algunos cerezos cerca de la casa, y cuando la  tiraron , los respetaron.  Estos cerezos, ya sin casa y sin guardas, siguen floreciendo  cada mes de abril, y a sus flores blancas se siguen acercando a libar miles de abejas que forman un extraño zumbido perceptible desde la distancia cuando te acercas a ellos bien entrada la primavera.

Est os cerezos vestidos  con el blanco de sus flores, enfilados hacia la nieve alba  de Peñalara, son un viejo tributo a  la madre montaña , en cada mes de abril.

24 de abril de 2011

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Violetas en la tierra y en el cielo de la Granja de San Ildefonso

Casi coincidiendo con la salida de los narcisos, aparecen en la sierra, también  a los inicios del mes de marzo,  las pequeñas  violetas. Pero a diferencia de los narcisos, cuya vida es muy fugaz, apenas un mes hasta el siguiente año, las violetas perduran bajo los árboles hasta bien entrado el mes de agosto.

Cuando se guardan entre el calor de las manos, las violetas emiten un perfume concentrado e intenso, que a través del olfato producen un fuerte impacto en nuestro cerebro. El nervio olfatorio es un nervio muy primitivo, muy cercano a nuestro cerebro antiguo, y los estímulos que viajan por él , tienen un efecto intenso en nosotros. El perfume de las violetas, tienen esta misteriosa acción sobre nosotros, que asociamos a mujeres antiguas y a belleza.     Se puede saborear también las violetas y colocadas en nuestra boca, nos percatamos  de  su gusto ancestral, al tiempo que sentimos en nuestro olfato su intenso perfume. La sensación es similar a la del vino añejo, cuyo sabor se siente no solo a través de las terminaciones del gusto, sino fundamentalmente por el olfato.

Pero hay también otras flores  más grandes de color violeta que brotan en esta época  en los jardines y que al igual que las pequeñas violetas , permanecen hasta  el verano, pero que no tienen olor , y que a diferencia de las pequeñas violetas son tóxicas: las flores de la vinca major o hierba doncella

Un gran hematólogo francés ya fallecido,  Jean Bernard, cuenta como los campesinos canadienses utilizaban una infusión de flores de vinca , no exactamente de vinca  major  si no de la vinca rosae,  para tratar la diabetes. Cuando se administraron  los extractos de la vinca  a animales a los que se les había inducido una diabetes experimental, los científicos observaron que no tenía ninguna acción sobre la diabetes, pero que sin embargo provocaban un descenso muy llamativo de los glóbulos blancos. Estos extractos fueron el origen de una familia de fármacos, los alacaloides de vinca que durante años han sido utilizados para el tratamiento de las leucemias y otros tumores malignos.

Uno puede preguntarse de donde extraen estas flores sus  poderes: el perfume intenso de las pequeñas violetas, las capacidades curativas contra las leucemias y tumores de los derivados de la vinca.  Es difícil saberlo, fruto del azar dirían algunos. Pero si uno mira algunos de los atardeceres en  estos meses de  marzo y abril, cuando el campo apenas empieza a despertar, uno puede percatarse de un azul intenso que vira a violeta en el cielo del  crepúsculo.

Aunque no tengo ninguna base científica en la que asentarme,  mi sentimiento me dice que las violetas y las flores de la vinca nacen y  extraen sus colores y sus propiedades del poder mágico y ancestral de  estos cielos incendiados del crepúsculo al inicio de la primavera

Uno de los últimos narcisos sobre las nuevas violetas

Violeta

Flores de la Vinca

Violetas en el cielo de la tarde

13 de abril 2011

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El hombre y la naturaleza. La visión de Federico Engels .

Un amigo me comentó  que la frase de Miguel Delibes sobre el culatazo del progreso, en la naturaleza y en el hombre, le recordaba unos párrafos de Federico Engels en su Dialéctica de la Naturaleza.  Así que busqué el libro en mi biblioteca e intenté localizar el párrafo.  Lo encontré en el ensayo incluido en la obra sobre “La Parte Jugada por el Trabajo en la Evolución del Mono al Hombre” . La sorpresa es que efectivamente este párrafo estaba muy distante de la agresión a naturaleza de muchos regímenes comunistas, no muy diferentes a las agresiones brutales del capitalismo más duro, y se acerca más a la actitud de respeto y de integración del hombre a la naturaleza de las tradiciones taoistas y budistas.

El texto es de difícil lectura, quizás por la forma de escribir de Engels , como por la dificultad de la traducción del original. Pero merece el esfuerzo

No dejemos, sin embargo, enorgullecernos nosotros mismos demasiado a causa de nuestras victorias sobre la naturaleza. Por cada una de estas victorias,  la naturaleza se  venga de nosotros. Cada victoria, es cierto, en primer lugar, produce los resultados que esperábamos, pero en segundo y tercer lugar trae efectos muy diferentes, efectos imprevistos que con demasiada frecuencia anulan el primero. Las personas que, en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y en otros lugares, destruyeron los bosques para obtener tierras cultivables, nunca soñaron que, al eliminar con los bosques los centros de recogida y reserva de humedad, estaban sentando las bases para la actual aridez de esos países. .. . Así, a cada paso que damos se nos recuerda que por regla general gobernamos la naturaleza como lo hace un conquistador sobre un pueblo extranjero, como alguien que está fuera de la naturaleza , cuando por el contrario, nosotros, con nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, somos parte de la naturaleza, existimos en su seno, y que todo nuestra dominación sobre ella, consiste en el hecho de que tenemos la ventaja sobre todas las demás criaturas de ser capaces de aprender sus leyes y aplicarlas correctamente .

Y, de hecho, con cada día que pasa estamos adquiriendo una mejor comprensión de estas leyes y consiguiendo la percepción tanto de  las consecuencias más inmediatas como de las más remotas de nuestra interferencia con el curso tradicional de la naturaleza. En particular, después de los avances poderosos de las ciencias naturales en el presente siglo, estamos más que nunca en condiciones de darnos cuenta, y por lo tanto de controlar, también las consecuencias naturales más remotas de por lo menos de nuestras actividades productivas del día a día. Pero cuanto más se avance, más los hombres no sólo sentirán, sino también conocerán su unidad con la naturaleza, y se convertirá en imposible la idea absurda y antinatural del contraste entre la mente y la materia, el hombre y la naturaleza, el alma y el cuerpo, tal y como como surgió después de la decadencia de la antigüedad clásica en Europa y obtuvo su mayor elaboración en el cristianismo.

Es sorprendente que Engels vea en el progreso de nuestro conocimiento de las leyes de la naturaleza, el cambio en la percepción de nuestra relación con la misma naturaleza, cuando la tradición oriental había llegado a similares conclusiones varios milenios antes a través de otras fuentes de conocimiento.

11 de abril  de 2011

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Japón, la tierra herida y, de nuevo, el peligro de la técnica

No he podido hablar ni escribir, a lo largo de muchas semanas, sobre  lo que hemos visto en Japón. Una amiga mía me decía que durante todo este tiempo hemos estado afectados por el horror y el sufrimiento, estratégicamente ocultado por los medios, de lo que ha sucedido allí. Lo seguimos estando.

He oido decir muchas veces al Lama Gangchen, que estábamos perforando y arañando excesivamente a la tierra. La hemos perforado para sacar la basura del petróleo y de los gases, enterradas en sus entrañas. Hemos construido túneles que perforan la base de las montañas  y hemos arañado su superficie para construir autopistas y vías de ferrocartril, que mejoran la comunicación para que nuestros grandes comerciantes almacenen cada vez más dinero y posesiones. Para qué seguir…..

La tierra, en su conjunto, es un ser sintiente con un poderoso núcleo de energía  y de  fuego, y como ser sintiente, es capaz de sentir furia y enfado,  y de manifestarla.

El terremoto y el maremoto del Japón son una manifestación de esta furia de la tierra y de la pequeñez y mezquindad de la inteligencia de los hombres que la habitamos. Somos como pequeñas bacterias piojosas y ruines al lado de su inmensa grandeza.

Japón, tierra paradigmática del progreso científico y técnico,  fué testigo en el año 1945, en Hiroshima y Nagasaki, de los peligros  de la manipulación de la naturaleza, y de la amenaza nuclear. La catástrofe de la central nuclear de Fukushima, asociada al terremoto y al maremoto de Japón , son una señal muy grave de los peligros de nuestra técnica engreida y de nuestra despreciable actitud frente a la naturaleza.

Hace muchos años, en 1975, cuando España era todavía un poco de pueblo, un escritor vallisoletano, Miguel Delibes, vestido con un frac que nada armonizaba con el tema, pronunció su discurso de ingreso en la Academia Española. Un mundo que agoniza.  El sentido del progreso sobre mi obra, lo tituló. A pesar del paso del tempo, el discurso de Delibes, es cada vez más actual.

Delibes , viejo castellano , amante de la naturaleza y del campo, en la que se introducía en su casa de Sedano, hablaba , desde su lenguaje de  cazador de perdices y conejos, de culetazo del progreso: todo avance  científico-técnico, decía,  conlleva asociado un irremediable retroceso, y en muchas ocasiones un daño colateral al hombre.

Japón, Fukushima, son una muestra trágica e inmensa  de estos culetazos tremendos y tristes  del  progreso.

Los que somos un pocos marcianos, nos hemos sentido trastornados,  a lo largo de estas últimas semanas , por los sucesos de Japón.  Nos hemos sentido muy cercanos a aquella tragedia, unidos a aquellos hombres, a aquellos hermanos, en la terminología de Francisco de Asis,  en nuestro amor y en nuestra compasión.

Hermana tierra.

1 de abril de 2011

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El Mercedes Benz y los siete emigrantes

Un amigo guardaba su Mercedes en un garage del Ayuntamiento, un aparcamiento de residentes (PAR). Lo protegía de los cambios de tiempo y de los rasguños en la chapa. Arriba , en la calle,  siete emigrantes de tez cetrina y hablar romaní dormían sobre la acera, a la interperie. Los coches tenían techo en el PAR del ayuntamiento los emigrantes no.

31 de marzo 2011

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Narcisos silvestres en los Jardines de la Granja

Alguien me avisó de que los narcisos silvestres habían crecido ya en los Jardines de La Granja. Como todos los años,  allí estaban cerca de l.a fuente que lleva su nombre. Se nos aparecían en esta mañana gris y lluviosa del inicio de la  primavera , como todos los años,  resaltando con el amarillo intenso de sus pétalos,   impactando  nuestra vista  sobre las hojas secas de los robles y  el verde intenso  de  la hierba joven . El narciso es la flor temprana con la que  la  primavera que empieza a anunciarse  en este lado de la Sierra. Primavera tarda  la de Segovia, como la de Soria de Machado, pero “Tan bella y dulce cuando llega”. El brote del narciso silvestre en los Jardines señala el  inicio del ciclo de la vida que retorna inmortal en cada año en este bello paraje de la Sierra.

El ilustre médico segoviano Andrés Laguna, uno de los más afamados médicos españoles de la historia,  en sus comentarios a los libros de Dioscórides , dice que el narciso es un tipo de lirio , de color blanco. Con ello sigue al gran Cayo Plinio Segundo, quien en su Historia Natural  habla también de los narcisos como una clase de lirios. Laguna, viajero infatigable, pintó en su libro unos narcisos que había visto detrás del Castillo de  Sant Angelo  en Roma cuando por allí estuvo alrededor del año 1550.  Llama la atención que tanto Plinio como Laguna hablen de narcisos blancos, cuando los de los montes de Segovia son amarillos.

Los antiguos poetas con  el viejo Ovidio a la cabeza, otorgan un   origen  mítico al  narciso. Un  joven  se enamora al ver  su propio reflejo en el agua y al ser incapaz de alcanzarle a través del espejo del agua, entristece hasta morir y  al final se convierte en flor. La flor que describe Ovidio es de pétalos blancos con centro amarillo, por tanto también distinta a los narcisos amarillos del Guadarrama. El canto al paganismo antiguo que envuelve los viejos jardines de La Granja, el canto al amor en el desnudo de sus estatuas y a la naturaleza, crea el ambiente apropiado para el florecimiento de los narcisos en primavera,  que se reflejan en el agua clara y limpia que baja de las laderas de Peñalara.

Laguna, endurecido  en su práctica médica,  no estaba muy de acuerdo con esta interpretación poética  y calificaba al joven Narciso  del mito “como  mancebo muy necio” defendiendo que el nombre de Narciso viene del griego narce,  que significa entumecimiento pues al parecer este era el efecto que producía en el organismo una bebida basada en estas flores que tomaban los antiguos.

A principios de marzo los arroyos bajan de la sierra  repletos del agua del deshielo y al desbordarse producen  cerca de ellos pequeños charcos, donde nacen los narcisos. Por ello y a pesar de la opinión de Laguna yo en el fondo  sigo creyendo  que  realmente los narcisos, como opinaba Ovidio, siguen  naciendo de jóvenes que al reflejarse en el agua se transforman con el tiempo en estas flores. Narcisos inmortales que  renacen al inicio de cada primavera.

Las muchachas que entran en los jardines   en estos días,  roban a hurtadillas de los guardias algunos de estos narcisos y los esconden  de la mirada siempre inquisitiva de sus padres al tiempo que adornan sus cuartos inundados de la luz transparente de esta  Sierra en primavera.

Aunque raros tambien se ven narcisos blancos en el Guadarrama

28 de marzo de 2011

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El agua en Mondariz (Pontevedra)

Cuando yo era estudiante de medicina,  había una asignatura en los estudios de doctorado,  a la que los recien licenciados , inflados por el furor científico, dábamos una escasa importancia. Esta asignatura se denominaba “Hidrología Médica” y trataba del estudio de los usos médicos de las aguas.

A los que entonces teníamos llena la cabeza de fisiopatología ,  bioquímica,  biología molecular, farmacología experimental y clínica, de ciencia,  aquellos temas nos parecían , cuando menos, lejanos y exóticos.

Era una época, hablamos del  inicio de la década de los setenta del pasado siglo,  en la que los balnearios y las curas de aguas, que habían alcanzado en España su máximo explendor a finales del Siglo XIX y principios del XX, habían llegado,  probablemente,  al culmen de su declinar y de abandono. Era el tiempo en el que el Gran Hotel de Mondariz había sido destruido por un incendio, y algunos otros balnearios , como el de Solares en Cantabria, habían sido definitivamente cerrados y abandonados.

En los últimos años, hemos contemplado un cierto renacer de estos viejos balnearios. Gran parte de esta nueva vida deriva de un nombre mágico “SPA” , iniciales de la frase en italiano “Salute per Aqua”,  salud por el agua. Grandes piscinas de aguas calientes, chorros, camas de agua , masajes , saunas… De los abuelos artríticos y de los enfermos desahuciados, estos balnearios han pasado a acoger a parejas jóvenes, grupos de amigas, matrimonios en la treintena con niños. Mondariz no es ajeno a ello.

El agua en Mondariz corre en sus rios y arroyos ,  limpia y transparente, pero sobre todo brota de sus fuentes. La más famosa de ellas es la fuente de Gándara. El agua que brota en la fuente de Gándara contiene mucho bicarbonato sódico (la más alcalina de España decian los viejos anuncios), burbujas de dióxido de carbono y hierro.  La tradición balnearia le otorga propiedades curativas sobre los trastornos del estómago y enfermedades de la nutrición como la obesidad o la diabetes leve. Yo nunca había bebido un agua parecida a esta de Mondariz.

Desde la fundación del balneiro de Monadariz en 1872 por el Dr Peinador, fueron muchos los pacientes que mejoraron con estas aguas y quizás por ello la fuente de Gándara está guardada en un edificio  en forma de templo antiguo , construido por el arquitecto Antonio Palacios, autor de extraños edificios de gran éxito en Madrid. Dentro del templo se guarda una enorme cápsula de cristal en donde se pueden contemplar las burbujas de gas que brotan con el agua de esta tierra;  también se deposita el mineral de hierro. El agua así presentada, en este entorno arquitectónico un tanto teatral ,  parece divina. Esta forma de presentarla  sin duda incrementa sus propiedades curativas, como  también lo hace el entorno natural y de reposo que la rodea , o el viejo parque del   Gran Hotel, hoy convertido en edificio de apartamentos de lujo.

En Mondariz , a donde me he acercado en esta mañana de marzo , al inicio de la primavera , cuando en  los montes gallegos florecen  las aulagas  y las mimosas, tiñendolos de amarillo vibrante;  cuando la lamprea inicia su subida desde el mar hacia la parte alta de los rios para continuar su ciclo misterioso de la vida;   he vuelto a amar a esto viejos balnearios y después de tantos años, superando aquella cabeza cietificista de recién licenciado,  me he puesto a estudiar con interés los viejos y empolvados tratados de hidrología médica, que aún guardaba en mi biblioteca.

El parque y el Gran Hotel. Mondariz

El agua en Mondariz. El parque del gran hotel

El agua en el parque.

El templo de Antonio Palacios que alberga la fuente de Gandara

El templo de la Fuente de Gandara

La fuente de Gandara

El gas carbónico en la fuente Gandara. Mondariz

Restos de mineral de hierro en la fuente de Gandara. Mondariz

23 de marzo de 2011

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La bella historia de los cristales en el agua de Masaru Emoto

Un japonés llamado Masaru Emoto, escribió un bello cuento , una bella historia, sobre la aparición de los cristales en el agua.

Según Emoto, el agua al congelarse forma cristales microscópicos , de muy diferentes estructuras y esta cristalización es muy influenciable por muy distintos factores externos, algunos de ellos muy sutiles.

La teoría de Emoto,  en contra de lo que él afirma, ignora totalmente la metodología científica. Esto  hace que lo que  él pretende que sea un descubrimiento revolucionario de la ciencia,  se transforme en un bello cuento. Pero como de todo los cuentos, también del cuento de Masaru Emoto  podemos sacar importantes reflexiones y enseñanzas.

Según Emoto, no solo las aguas residuales o contaminadas sino también las aguas de grifo tratadas con cloro en las grandes ciudades son incapaces de cristalizar al congelarse o si lo hacen forman cristales amorfos. Cuando el agua se expone a la música de Beethoven, Bach o Mozart, forma bellas cristalizaciones.  Esto mismo sucede cuando se le recita  algunos mantras o se le coloca etiquetas con  palabras de amor y gratitud en los recipientes.  Por el contrario, cuando se le coloca delante de música de Heavy Metal, se le insulta, o se le coloca un letrero en el frasco que la contiene, con palabras injuriosas o despectivas, la cristalización se deteriora.

El agua constituye el 75% de nuestro cuerpo, y es una de las bases fundamentales de nuestro medio interno, el medio en el que viven nuestras células.  El agua de nuestro cuerpo  presenta una disolución de minerales que en cierto modo recuerda a la composición del agua de mar. Muy probablemente fué en un mar ancestral  en donde surgió la vida sobre la tierra, y los primeros seres unicelulares. Es en algo similar a este mar primordial  el medio en donde viven las células de nuestro cuerpo.  Los increibles mecanismos de regulación de nuetro cuerpo, mantienen constantes las propiedades  físicas y químicas de este medio interno.

El mensaje de la historia de Emoto es claro, si el agua es la base de nuestro organismo, y es tan finamente influenciable, por nuestras palabras , por la música, por la disolución de productos químicos , tengamos sumo cuidado con lo que hablamos, con la contaminación química e incluso con nuestros deseos.

Pero si al fín y al cabo, en contra de los que afirma Emoto,  no es a través del agua como se lleva a cabo la acción de todos estos factores sobre nosotros,  tampoco importa mucho. Es claro que que a través de la palabras, de la música y de nuestros deseos, nos influenciamos unos a otros, tengamos cuidado con ellos, para no dañar a los otros hombres. Si esto lo hemos conseguido , tengamos también cuidado en no dañar a los otros animales, y, por fín,  tengamos cuidado en no dañar la tierra , el aire y, por supuesto, al agua. Todos, ellos , no solo los hombres,  según las antiguas doctrinas orientales, son seres sintientes, Hermanos, dijo el santo cristiano Francisco de Asís.

Un video con la bella historia de Emoto

Imágenes del agua

11 de marzo de 2011

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La doctrina de los cuatro elementos en la medicina tibetana

Cuando era niño, en los viejos textos de filosofía del  bachillerato, sobre los que pintabamos aburridos monigotes en el tedio de las tardes lluviosas de octubre, se nos hablaba de la doctrina de los cuatros elementos de Empédocles. Más que los dibujos en colores de los átomos con sus electrones trazando sus perfectas y absurdas órbitas alrededor del núcleo, lo que a mí me atraía de  las lecciones sobre la constitución de la materia del bachillerato , que casi siempre se repetía después en las primeras páginas de los textos de física y de química, era la vieja doctrina de los cuatro elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego, como elementos constituyentes de todo lo que existe y de nosotros mismos. ¡Que belleza y que fuerza la de estos cuatro elementos ! Y al tiempo:  ¡ Que aburrimiento la de esos tristes electrones del modelo del átomo de Bhor, orbitando como un pequeño sistema planetario alrededor del núcleo!.

Al encontrarme en las iniciaciones del Lama Gangchen , guardados en pequeños cuencos sobre su mesa,  los elementos simbólicos del agua, del fuego, de la tierra, incluso con el  aire que el Lama ponía en movimiento con su abanico, me hacía retornar hacia la sencillez el  calor  y la claridad de aquellos años de  la infancia , y me hacía reencontrarme  con los cuatro elementos de aquellos viejos libros de texto.

Basandose en  el sutra de los cuatro fundamentos de la conciencia, el monje de origen vietnamita Thich Nhat Hanh, propone un ejercicio de consciencia de los  cuatro elementos en nuestro cuerpo: el agua,  que supone el 75% de nuestro organismo; la tierra, que forma parte de  la estructura dura de nuestros huesos y que  llega indirectamente a nosotros a través de los alimentos;  el aire sin el cual  no viviríamos; y el fuego , simbolo del calor y de la vida.

A través de la conciencia de presencia de los  elementos en nuestro organismo , nos sumergimos y nos integramos en el Universo, y transcendemos a nuestro propio cuerpo. Estamos compuestos de los mismos elementos del Universo   y estamos condicionados a sus mismas leyes energéticas.

Más allá de las teorías físicas de la composición de la materia, de nuestra estructura bioquímica, de nuestra digestión , absorción  y metabolismo. Más allá de nuestro mantenimiento energético y de nuestra regulación corporal, la teoría de los cuatro elementos en su antigua y potente sencillez nos deja un mensaje claro.

Si contaminamos el agua, que forma más del 75% de nuestro cuerpo, nos contaminamos a nosotros mismos. Si contaminamos la tierra , en donde crecen los alimentos que ingerimos,  nos contaminamos a nostros mismos. Si contaminamos el aire que respiramos nos contaminamos también a nosotros mismos. Si perforamos la tierra y hacemos salir el petróleo, que no es sino  basura y descomposición  enterrada de otras épocas, nos exponemos a ensuciar el mar, el aire y la tierra de esta basura , y a través de ellos a nosotros mismos.

Volvamos a los cuatro elementos y sigamos luchando por limpiar y cuidar nuestro agua, nuestra tierra y nuestro aire. Entre todos, más allá de la tiranía absurda del crecimento desmedido que todo los destruye en beneficio de unos pocos que ya no saben que hacer con sus montañas de oro y de dinero, como aquél absurdo  Tio Gilito de los comics del Pato Donald, intentemos volver al equilibrio.

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Recuerdo del Dr Juan Madinaveitia y Ortiz de Zárate en el Guadarrama

Entre los personajes que Julio Vías recupera en su “Memoria del Guadarrama”, D. Juan Madinaveitia y Ortiz de Zarate ocupa un pequeño lugar. Borrado de nuestra memoria histórica tras la guerra civil,  su semblanza fue recuperada en un libro de Daniel Zulaica editado a mediados de los años ochenta del siglo pasado, por la Diputación Foral de Guipúzcua.

Nacido en Oñate, Guipuzcoa,  Madinaveitia fue un célebre  médico del Hospital Provincial de Madrid. Era un hombre muy cercano a la Institución Libre de Enseñanza,  a cuyo Instituto Escuela en la Calle Martinez Campos regaló un frontón para que los niños  jugaran  a la pelota vasca.

Ateneista, anarquista teórico, ilustre maestro de medicina clínica, a su lado aprendieron las bases de una  clínica científica , muchos ilustres médicos que en conjunto forman una generación brillantísima   maldecida y apartada  tras la Guerra Civil. Nicolás de Achúcarro, precozmente fallecido, Gonzalo  Rodriguez Lafora, Luis Calandre, Miguel Gayarre, José  Miguel Sacristan , Juan Lopez Suarez o Luis Urrutia, por citar solo algunos, fueron discípulos de D Juan Madinaveitia. Gregorio Marañón, recibió también su formación más importante como clínico al lado de Madinaveitia.

D Juan, hombre bueno y desprendido, pasaba los veranos junto al mar en una casa que construyó a las afueras de San Sebastián, donde tenía un pequeño balandro,  y era también un gran aficionado a la montaña. Zulaica le describe paseando totalmente desnudo por los montes de El Pardo, con su sombrero, sus  botas y su bastón, tomando el sol , pues creía firmemente , con toda la razón, en los efectos saludables de los baños de sol.  También era un firme defensor de la alimentación equilibrada,  y en sus lecciones sobre las enfermedades del aparato digestivo  ataca tanto la absurda  y desmedida alimentación de las clases altas  como la totalmente monótona e insuficiente de los obreros de su tiempo.

D Juan y sus hijos  fueron probablemente los primeros españoles que esquiaron en el Guadarrama, y en el camino al alto del puerto de Navacerrada, en El Ventorrillo, en el término de Cercedilla, hizo construir  el Dr Madinaveitia una pequeña casa de piedra para que esquiaran sus hijos: Antonio, Carmen, Juan Manuel y José. En torno a ellos y otros amigos, surgió en 1903 el Club Alpino Español.

El 13 de enero de 1907 D Juan Madinaveitia sorprende a los socios del Ateneo de Madrid con una conferencia sobre “Su viaje a las regiones polares”, lo que muestra que D. Juan iba mucho más allá de las nieves del Guadarrama en sus excursiones.

D Juan Madinaveitia, como tantos otros personajes de aquella época cercanos a la Institución y a la Junta para Ampliación de Estudios, era agnóstico, patriota,  excéptico, científico , laicista y  europeista;  pero al mismo tiempo y  en el buen sentido de la palabra, bueno.  Con su tez morena, su  larga barba blanca benedictina y su boina vasca calada hasta las cejas debía ser  visto por sus compatriotas carpetovetónicos y sus sabiondos y apostados  colegas médicos  de entonces, muy probablemente  como un incomprendido extraterrestre.

Otra especie de singular  extraterrestre de aquellos tiempos , D Juan Negrín, escribió su epitafio en “La Vanguardia” en plena Guerra Civil. “Se ha perdido” decía Negrín  de Madinaveitia, ” un  Hombre: una especie rara”.

No se daba cuenta D.Juan Negrín  entonces,  de que quizás  tanto él  como D Juan Madinaveitia  no fueran miembros de una especie rara de hombres, sino de incomprendidos marcianos perdidos en la España de entonces. Pienso que tampoco hubiera sido muy distinto si les hubiera tocado vivir en esta misma  España de ahora.

Los que hoy nos reconocemos también un poco marcianos nos gusta encontrar a estos grandes y magníficos ejemplares de nuestra especie, si bien en un tiempo ya tan distante, porque aún hoy  nos ayudan a comprender de donde venimos y lo que somos.

27 de febrero 2011

D Juan Madinaveitia y su hijo Antonio en las cumbres del Guadarrama

 

Retrato de D Juan Madinaveitia

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