Alexander Von Humbolt (1769-1859) y La Granja de San Ildefonso

Uno de los primeros naturalistas europeos que se asocian a La Granja de San Ildefonso , fue el noble prusiano Alexander Von Humbolt.

Sin embargo,  Alexander Von Humbolt, nunca estuvo en La Granja.

Von Humbolt viajó a España en 1799, haciendo observaciones geográficas  sobre la meseta castellana que incluían  cálculos sobre las alturas de algunas de nuestras montañas y ciudades. De  España partiría, tras pasar por Tenerife, hacia Latinoamérica donde permanecería hasta 1804. Allí hizo observaciones sobre la naturaleza en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, México y Cuba.

Von  Humbolt fue el prototipo de naturalista romántico, que integraba la geografía, con la botánica, la zoología o la antropología y con un afán viajero  que en aquella época estaba unido a la aventura. Era un hombre afín a la Revolución Francesa y a su vuelta de América, residió en Paris. Sus obras , originalmente escritas en francés, fueron traducidas al castellano y tuvieron una gran influencia en los ambientes naturalistas españoles del Siglo XIX.

En las primeras noticias de las medidas que hace de las alturas de varios puntos de la meseta castellana en 1799, Humbolt utiliza medidas propias y de otros científicos. La medida de la altura de San Ildefonso,que utiliza en este primer escrito, fue hecha por Thalaker:

Según las medidas que M. Talacker, mineralogista, tomó en las cercanías de Madrid, el real sitio de S. Ildefonso tiene 593 toesas de la misma elevación; la cual es mayor que la del borde actual del cráter del Vesubio. De manera que entre todos los monarcas de Europa, solo el de España puede gloriarse de tener un palacio en la región de las nubes, cuyo grueso en verano se halla ya a 550 o 600 toesas de elevación”.

En otra publicación  posterior sobre su viaje a España , Humbolt utiliza varias medidas realizadas por el marino Felipe Bauzá en La Granja de San Ildefonso y en la cumbre de Peñalara. Esta es la narración de Humbolt:

  ” En el año 1822 (me escribe el señor Bauzá desde Londres) hice una excursión geognóstica a las montañas graníticas del norte y noroeste de Madrid. Me serví para mis medidas de altitud de dos barómetros muy precisos de Carry, que había comparado con el de Troughton (el cual estaba destinado en Madrid para las correspondientes observaciones). Después de haber pasado unos días en La Granja o S. Ildefonso y en El Escorial, subí el 14 de agosto al Peñalara con uno de mis barómetros; el otro permaneció en La Granja para contrastar las observaciones. El tiempo estaba tan despejado y estable como yo hubiera podido desear. Yo encontré:

 Después de nueve días de observaciones, el palacio de S. Ildefonso 301,41 toesas sobre Madrid… Peñalara sobre Madrid 951,29 toesas, el mismo punto resultó sobre el mar Mediterráneo, por observaciones correspondientes a la misma hora en Cádiz con barómetros contrastados, 1286,49 toesas; por lo que la altitud de Madrid resulta también de esa combinación 335 toesas…

La Granja (6846 pies) es con certeza el  palacio de Europa situado a mayor altitud. La antigua medición de Thalacker (593 toesas) era demasiado pequeña, 47 toesas menor”.

 La toesa era una antigua medida de longitud francesa que equivalía a 1,946 m. La altura de Peñalara medida por Bauzá es de 2506 mts algo mayor que las medidas actuales (2430 mts).

Humbolt hace mención a  dos científicos en sus escritos. El primero de ellos es Juan Guillermo Thalacker, un prusiano que trabaja  con su hermano en Madrid como colector de minerales para el Museo de Ciencias Naturales y que es conocido por sus exploraciones de las viejas minas romanas de plomo en Oyarzum, y de otras minas en Teruel, Galicia y Sierra Nevada.Guillermo  Thalacker  y su hermano, hicieron un excursión científica por la sierra de Guadarrama. Guillermo fue el primer científico que midió la altura de La Granja. En 1799 publicó sus observaciones en el primer tomo de los Anales de Historia Natural tomando como referencia las mediciones de Humbolt había hecho ese año a nivel del Mar en Valencia.

La expresión de Humbolt de que el Palacio de La Granja está en la región de las nubes en verano, debe de entenderse como una referencia a lo que él había visto en Prusia, más que en la Granja,en donde, salvó la niebla, creo que nadie ha visto nubes a la altura del palacio en el verano.

El segundo científico al que hace referencia  Humbolt en sus escritos es Felipe Bauzá. Bauzá es un personaje que parece salido de las novelas de Baroja: con rasgos del marino Santi Andìa  y de  Avinareta el conspirador, que viven más o menos en la misma época que Bauzá. Bauzá toma  parte como cartógrafo de  la expedición de Malaspina, alrededor del mundo a bordo de la corbeta Descubierta. De vuelta a Madrid sigue trabajando como cartógrafo para intentar trazar el primer mapa de España. Como Avinareta, forma  parte de diversas conspiraciones liberales, exiliandose en Londres en 1823  donde continúa  su labor como cartógrafo y es miembro de diversas sociedades científicas como la Royal Society, la Geographic Society o la Astronomical Society.  Muere en 1834 cuando iba a volver de nuevo a España. Bauzá tuvo una relación epistolar a lo largo de muchos años con Humbolt, y los dos dieron muestras de una gran consideración mutua. De hecho Humbolt confía más en las mediciones de  Bauzá  que en las de Thalaker. En el segundo escrito hace bajar la altura del palacio de San Ildefonso desde la región de las nubes para convertirlo, lo que tampoco está mal, en el palacio real más alto de Europa.

Gracias a que Von Humbolt incluyó las medidas de estos autores en sus escritos, sabemos hoy que Thalacker fue quien hizo las primeras determinaciones de la altura de La Granja y que debemos a  Bouzá las primeras medidas de la altura de Peñalara.

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Volver a los diez y nueve.

No sé qué año corría. No recuerdo bien en qué hospital sucedía. Acudía yo como estudiante a una guardia de obstetricia, el estudio de los partos. Había allí una pobre señora con un feto anencéfalo, un monstruo sin cabeza, al que no sé quién había dejado llegar al último estadio del embarazo. Este feto sin cerebro y sin cráneo, tenía un cuerpo enorme y desproporcionado. Aquella mujer, con aquel monstruo inviable en sus entrañas, se había puesto de parto, y el anencéfalo había empezado a descender por el canal del parto, con tan mala suerte que sus enormes clavículas se habían quedado encajadas en la pelvis de la pobre mujer, todavía bella y joven. Los médicos de guardia y los profesores a los que llamaron ante lo excepcional del caso, lucharon toda la noche por salvar su vida. Cuando llegó el amanecer, batallaban todavía contra la muerte en un quirófano al que yo ya no pude entrar. No sé si al final lograrían vencer.

Aquella brutal experiencia, me marcó para el resto de mi vida.

Ahora las noticias del último Consejo de Ministros, han vuelto a aflorar a mi memoria aquella traumática experiencia.

Esta tropa arraigada en el poder, Fernández, Bañez, Montoro,Wert, Gallardon… Nos están haciendo volver a los infiernos de la dictadura franquista. Esta tropa que despide el aroma de un cuartel viejo, de las oscuras tiendas del rastro donde vendían en montones la ropa militar usada, de las iglesias donde se decían las misas con los cadáveres aún en las cajas y en donde se intentaba paliar el olor putrefacto de los muertos con sprays de aromas de rosa envenenada, asemeja una bandada de buitres, destrozando con sus picos y sus garras la carroña que nos ha dejado la crisis. Están haciendo volver a nuestra generación a los diez y nueve, pero a diferencia de la canción de Violeta Parra, no a la vida y a la lozanía de nuestros cuerpos y a los sentimientos de entonces, si no a aquel ambiente que muchos de nosotros pensamos que ya nunca podría llegar a volver.

Dios quiera que a pesar de todas estas absurdas nuevas leyes, ninguna mujer en ningún lugar de nuestra tierra, tenga que volver a poner en peligro su vida, como la puso aquella pobre mujer en aquella lejana madrugada.

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Bergoglio, Francisco

Reconozco que este Papa Francisco ha captado mi atención.

Tal y como cuenta las cosas, como vive y como se acerca a los demás, todo lo que le rodea,  me  hace creer que es un auténtico iluminado. Incluso en alguna de sus entrevistas, habla de una experiencia personal de iluminación. Si no se pierde, que creo que no lo hará,  entre la marabunta eclesial, en la peste de la curia, entre la derechona obscena y la pederastia que infiltra algunos de  los reductos carcomidos de la institución, si no le matan antes, creo que Francisco podría estar destinado a guiarnos por la senda espiritual. Una guía de la que tanto estamos necesitados. Todos: los que están  dentro,  los que nunca han estado y los que en un determinado momento nos apartamos para seguir buscando, porque allí poco ya encontrabamos.

He leído su último escrito (Evangelii Gaudeum)  en donde, a pesar del lastre ineludible que suponen  veinte siglos de doctrina, Bergoglio entrealumbra algunos de los fundamentos del camino. Bergoglio   ha tomado el nombre de Francisco, y esto fue una de las primeras cosas que me llamo la atención de él,  y de la misma manera que en los antiguos escritos sobre y de   Francisco de Asís,   Bergoglio deja señales claras de su iluminación.

La alegria, una iglesia abierta (¿Quien cerro las puertas de todas las iglesias de nuestras ciudades y pueblos? ) el desapego de las cosas materiales, la pobreza , su frontal rechazo a la “idolatría del  dinero”,  su ” no a la economía de la inequidad y de la exclusión “, la inclusión social de los pobres, el cuidado de los débiles y los frágiles, La Paz, la sanación  de los heridos en el cuerpo un el alma, el respeto a la naturaleza… Hay mucho más que palabras tras las frases claras  de Francisco en este escrito.

La revista “Time” ha elegido al Papa Francisco como el hombre del año 2013 y ha señalado como una de sus características únicas su  “foco en la compasión”. La compasión a su más alto nivel, es uno  de los hechos identificativos de los que, según los budistas,  han llegado al último estadio del camino de la iluminación.  Francisco , como otros iluminados, muestra una inmensa compasión, que se extiende a toda la creación, e impone sus manos a los enfermos y tullidos, siguiendo la vieja tradición del Cristo y del Buda Sakiamuni. Por las señales que va dando, Francisco podría sería considerado, si hacemos caso de la tradición budista,  como un ” Bodichita” absoluto,  uno de esos seres iluminados excepcionales,  que según algunos estudiosos de la tradición, sólo aparecen  uno cada quinientos años.

Sigamos a Francisco muy de cerca, leamos con cuidado sus escritos , escuchemos sus palabras, contemplemos  sus actos. Es posible que seamos testigos de  cosas excepcionales; cosas que sólo puede hacer un iluminado.

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Como eran los jardines de La Granja de San Ildefonso hace cerca de trescientos años

En los fondos digitalizados de la Biblioteca Nacional de Francia existe un bello plano trazado en tinta negra  y coloreado en verde, de los jardines de La Granja, que está fechado en 1725. Probablemente sea el plano más antiguo que se conserva de los jardines.

Plano de los jardines de la Granja 1725. Biblioteca Nacional de Francia

Plano de los jardines de la Granja 1725. Biblioteca Nacional de Francia

Una de las peculiaridades que tiene este plano es que, al contrario de otros posteriores,  los nombres de los lugares, construcciones y fuentes están detallados en francés, lo que nos ofrece pistas importantes para comprender las denominaciones actuales y los antiguos usos de algunos de  los lugares de los jardines.

Así , el gran estanque en la parte más alta del jardín se marca en el plano como  “Lamarre”, que en francés quiere decir “Charca”. Es posible que hubiera allí una charca, que se utilizara después para construir el actual estanque. La pronunciación de “Lamarre” como ” Lamar” fue sin duda el origen de su actual denominación: “El mar”. Acostumbrados al secano de la estepa, y en contra del tono un poco despectivo de la palabra charca, este gran estanque pudo ser contemplado mejor como un pequeño mar en los jardines. De hecho, yo  todavía he conocido la antigua góndola con la que al parecer  navegaba Felipe V  por este mar, tranquilo y bucólico, mientras oía resonar la voz del “Castrati” Farinelli en el silencio  misterioso  y frío del jardín desierto.

Es curioso también el origen de la palabra actual “Los Bolandrines”, que remeda algo así como pequeños “bolondrios” o aparatos, que no existen en ningún lado.  El termino deriva del francés “Les Boulingrins”, como se refiere en el mapa, y este  a su vez deriva, como se explica  en el libro “La theorie et la practique du jardinage” de Dezallier D’Argenville, de la palabra inglesa “Bowling green”, pronunciado en francés “Boulin Grin”,  que es un  césped compacto para jugar a los bolos, y que por tanto  no tiene a su vez mucho que ver con el uso que se le da al término en la jardinería francesa, y menos en su  derivación castiza al castellano.

En el plano también se marcan claramente los lugares destinados a los juegos en el jardín, resaltando su carácter original lúdico y de disfrute. Además del “Labirinte” reconstruido a su trazado original hace ya bastantes años, están claramente marcados en el plano otros dos lugares destinados a juegos: “Le jeu du mail”  y “Le jeu de tournant”.

Sobre la cancha del  “Le jeu du mail ” , el “Juego de la maza” , “Juego del mallo”  en su traducción castiza,  y las reglas del propio juego, han escrito de forma muy detallada Valentín Quevedo y Pedro Heras. El juego,  consistente en esencia en golpear con un mazo (“Mail”) una bola de madera a lo largo de un circuito con un codo de noventa grados,  es considerado como un precursor del golf . La cancha de juego de los jardines de La Granja parece ser  la mejor conservada del mundo. Valentín y Pedro han encontrado viejos elementos de la misma en el jardín,  como, por ejemplo, la piedra cuadrada que marca el inicio del juego, el hito de piedra que marca el giro de noventa grados de la pista de juego y el anillo que marca el final del mismo.

Sobre   “Le jeu de tournant”, “los nocturnales” en su actual derivación castiza, ha escrito también detalladamente Pedro Heras. Se conoce muy poco de este juego, del que existe muy escasa documentación . En la reconstrucción de esta parte  del jardín en los años noventa,  se instaló un anillo de piedra, con una serie de números romanos grabados,  que siguen una cierta disposición y que sería uno de los elementos de este antiguo juego, al parecer inventado por el propio Luis XIV.

Tanto el “Labirinte” como el “Jeu du mail” o el “Jeu de tournant” existían en otros jardines franceses. El trazado del laberinto de la Granja sigue un esquema muy similar al que se recoge en  el libro “La theorie et la practique du jardinage” de Dezallier D’Argenville, y los otros dos juegos, aunque no explicados en este libro, existían en otros jardines franceses: el “Jeu du Mail” en Versalles y en Marly, y el “Jeu de tournant” en Marly , en el desaparecido palacio de Meudon  y en el palacio del duque de Chartres.

En este plano de 1725 al que nos estamos refiriendo, que es muy similar al de Fernando Méndez de Rao, trazado sobre 1734-1737, se muestra que la mayoría de los elementos del jardín ( fuentes, estatuas, bosquetes, parterres, cascadas, calles, estanques… ) se conservan de forma muy similar a como eran entonces. Se observan sin embargo en algunas zonas grandes diferencias con  los trazados actuales . Lo que en el plano de 1725 se denomina “Le Jardin des fleurs” , hoy esta en parte ocupado por “El Potosí ” , “El jardín del Principe” y la “Casa de las Flores”, con una disposición muy cambiada; y lo que se denomina “Le Jardin de la Reine” ,esta  hoy ocupado por  “Partida de la Reina” y “El Jardín de la Real Botica”.  ” Le Colmenard” , “El Colmenar”,   ha desaparecido y los planteles actuales han sustituido a antiguos bosquetes. En el Potosí y en el parterre de Andromera, se plantaron, probablemente en la segunda mitad del Siglo XIX, sequoyas gigantes y cedros del Líbano, que lógicamente no existían en los antiguos planos  del Siglo XVIII.

Pero quizás una de las cosas  más llamativas de este plano, es el trazado de calles y bosquetes en la parte superior del jardín, antes de llegar al Mar. Hay  en el plano una calle, de valla a valla, con la misma dirección de la  que existe enfrente del Mar y de la que salen al menos  ocho bosquetes cuadrangulares , con sus calles correspondientes , en la parte alta del jardín antes de llegar al Mar, que hoy ya no existen.

En el plano posterior de Fernando Méndez de Roa, estos bosquetes cuadrangulares continuan trazados, pero su número ha bajado ya a siete. En el plano de Pons de 1781, hay trazados sólo tres de estos bosquetes cuadrangulares, hacia el este del mar, y en el de Antonio de Herrera de 1800, ya solo queda uno de estos bosquetes , que permanece todavía  en un plano de 1932.  (tomo estos planos de la web de la Asociación Castellarnau  y del Blog de Fotografias antiguas de Acu Estebaranz). Actualmente se comprueba el añadido  de uno de estos bosquetes  con sus calles , al este del anteriormente citado.  Da la sensación de que esta parte del jardín se hubiera de nuevo  asilvestrado con el paso de los siglos.

La conservación a lo largo de estos cerca de trescientos años de las zonas más significativas del jardín y la magnífica labor de restauración sobre los elementos vegetales realizada en los últimos años que ha vuelto a recuperar muchas zonas que se habían perdido por el paso de los siglos ,  nos permiten acercarnos  a como e deberían  de ser originariamente.

Este viejo plano que se guarda en la Biblioteca Nacional de Francia, nos ayuda  a aproximarnos a la situación primitiva del antiguo jardín y nos hace, sin duda, comprender muchas cosas  que antes no entendíamos, y quererlo aún más.

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La singularidad de los jardines del Palacio de La Granja de San Ildefonso

Suele decirse  que los jardines de La Granja, se construyeron a imitación de los jardines franceses de los  Palacios de Versalles y de Fointanebleau. Algunos van más allá y afirman, con un cierto menosprecio, que los jardines de San Ildefonso son una mala imitación de los jardines de Versalles y de Fointanebleau. Pero en los útimos años hemos empezado a oir voces que reclaman  su singularidad.

Los historiadores que han participado en la reciente restauración de los jardines de La Granja, han llamado la atención sobre un bello texto de jardinería  escrito  por Antoine-Joseph DezaillerD’Argenville titulado La Theorie et la Practique du Jardinage. A través de la lectura de esta obra uno puede fácilmente percatarse de que los jardines de La Granja no son una imitación de los de Versalles o de los de Fointanebleau, sino que todos ellos  se parecen porque todos están realizados sobre unos mismos principios generales magistralmente resumidos en este libro.

El libro de D’Argenville, puede consultarse en forma digitalizada en los fondos disponibles en la red de la Biblioteca Nacional de Francia. El libro guarda los sellos de la Biblioteca Real y tiene una bella encuadernación en cuero rojo en done están grabados a fuego en oro los escudos  de los borbones

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En la primera edición de este texto de 1709,  Dezailler D’Argenville describe detalladamente como se debe de construir un jardín de estilo francés:  la selección del terreno, la preparación del mismo; el diseño y trazado de los parterres, los bosquetes, los “boulingrins”; la construcción de las fuentes y los caminos; la selección , plantación y cuidado de los árboles y plantas; la colocación de las estatuas y de las construcciones ornamentales, de los vasos,  estanques y las conducciones de agua; el diseño y construcción de los laberintos, las terrazas, las escaleras, las cascadas… Todos los elementos que conforman los jardines de La Granja, se encuentran detallados en el libro de  Dezailler D’Argenville, en donde además  se dan claras instrucciones sobre cómo hay que realizar y disponer de forma ordenada de todos ellos.

 La originalidad y la belleza de la obra, radica en la aplicación de las leyes de la geometría, y del método analítico descrito por Decartes, a la propia naturaleza. Es la transposición de la mente analítica y ordenada del hombre culto del barroco a los elementos naturales, y este orden, esta simetría , cuando se aplica a los árboles, a las plantas, a la tierra, al paisaje y al agua, produce un efecto de una enorme belleza. Es la racionalidad extrema de la mente humana aplicada al medio natural que nos rodea.

A pesar de estar construidos con los mismos principios y elementos que los jardines de Versalles y de Fointanebleau,  resumidos por Dezailler D’Argenville en su tratado, los jardines de La Granja tiene la singularidad que le otorga  el terreno montañoso en el que se ubican.

La construcción del jardín , debido a esta localización tan especial, fue extremadamente dificultosa.Los documentos de la época  relatan los problemas de trabajar los terrenos de roca granítica de las faldas del Guadarrama para construir las explanadas de las terrazas sobre las que se iban asentar los jardines, y la necesidad de emplear pólvora muy a menudo para conseguirlo. El fondo de roca ofrecía además muy poco espacio para la tierra en donde deberían plantarse los árboles del jardín. El agua abundante del lugar, ofrecía, por el contrario, una gran facilidad para su aprovechamiento en los estanques, fuentes, canales y cascadas.

Las montañas y los pinares agrestes, perfectamente integrados, forman en los jardines de San Ildefonso, un telón de fondo único en donde se recorta los  jardines, ordenados y  y geométricos ,y este contraste entre la naturaleza cartesiana del jardín y la naturaleza un tanto salvaje de la montaña y los pinares, le otorga una belleza única que no puede observarse en los jardines franceses, ubicados en la llanura y tan distantes de los Alpes o del Pirineo. Es desde esta perspectiva desde la que debemos también contemplar la singularidad de estos jardines , construidos en la ladera occidental del Guadarrama, justo donde se inicia la tremenda y árida estepa de Castilla.

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Tilos en Fontainebleau y en La Granja de San Ildefonso

Cuando Felipe V empieza la construcción de los jardines del palacio de La Granja, tiene en mente los jardines los palacios de la monarquía francesa, en los que se había vivido de niño: los de Versalles y los de Fontainebleau.

Aparte de los espacios y el orden que caracteriza a la jardinería francesa, nunca quedé muy convencido de la semejanza entre los jardines de Versalles y los de La Granja.

Este verano he estado en Fontainebleau . El palacio es uno de los más antiguos de la monarquía francesa y desde el siglo XII hasta el XIX, en el que lo habito Napoleón, se fueron haciendo nuevos añadidos a los edificios. Al igual que La Granja, el palacio fue construido cerca de los bosques en donde cazaban los reyes.

Como La Granja, los jardines de Fontainebleau están adornados por un gran lago. En el caso de Fontainebleau este lago está practicamente pegado al Palacio, en La Granja esta bastante mas distante, y como recomendaba el Marqués de Lozoya de forma un poco exagerada en una vieja guía a los visitantes, solo aconsejable ” a los buenos andarines”

En Fontainebleau estuvimos sentados en el Jardín Inglés y paseando por las avenidas de grandes castaños que rodean al lago.

De repente, tras girar una glorieta , nos encontramos con grandes hileras de tilos, que me recordaron a los tilos de los jardines de La Granja, y en algún momento, estos tilos aparecieron con una disposición respecto al palacio que también era muy parecida.

Los historiadores han datado la llegada de los tilos a San Ildefonso procedentes de Holanda en 1723. ” Las hojas, el tronco, la copa, su corteza, todo en él es bello, dando flores en verano de olor fuerte y agradable…” Escriben del tilo en aquel momento.

Parece que ya no quedan tilos en los jardines de La Granja de aquella época, los más antiguos tienen unos 200 años.

En la última restauración del jardín de La Granja, que intenta volver a la disposición original de 1723, se han vuelto a traer tilos de Holanda, y se han vuelto a colocar conforme a los planos más antiguos que se disponen hoy de los jardines.

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El olor de los tilos en flor en La Granja de San Ildefonso

Cuando llegaban las primeras noches de julio, las flores de los tilos de los jardines de la fachada de levante del palacio se abrían y esparcían su perfume denso y empalagoso por el pueblo.

Abríamos entonces los balcones de la antigua casa de oficios, y es posible que también antes las ventanas de la casa de canónigos,  y el perfume inundaba todos los rincones y penetraba también en nosotros.

En la casa de una amiga hay dos tilos plantados en el jardín de al lado y en estas noches primeras de julio el aroma dulzón  de su flor, vuelve a penetrar en nosotros cuando abrimos las ventanas de la casa.

Yo no sé qué virtudes mágicas tendrá este perfume profundo de los tilos. Pero es seguro que los antiguos jardineros de palacio que aconsejaron a Felipe V traerlos a La Granja desde Holanda en el Siglo XVIII, y que después se agrupaban en misteriosas y antiguas cofradías, las conocían muy bien cuando  los plantaron por decenas delante de la fachada del palacio.

El aroma de las flores de los tilos en estas noches de verano han embriagado durante más de tres siglos a los habitantes del palacio y a  los vecinos de este pueblo, probablemente sin que ninguno de ellos se percatara de su influjo. Un influjo amoroso, dionisiaco y embriagador; antiguo y ancestral.

Es posible que la infanta Isabel de Borbon cayera enamorada bajo su influjo profundo y penetrante, y el Rey Alfonso XIII, y la reina Victoria Eugenia, y el infante D Alfonso y la infanta Beatriz de Sajonia Coburgo Gotha y la princesa de Sal-Sam y otros tantos muchos que querían  a La Granja en su palacio, desconociendo el origen de el influjo ancestral que despertaba sus amores en aquellos veranos. Es posible también  que por el Barrio Alto llegara este influjo hasta el palacio de los Bauer; y que en alguna noche de brisa, embriagara el aroma también los barrios bajos, entrando por las ventanas en las alcobas de las muchachas en flor y de las mujeres maduras, que volvían a soñar con aquella época en la que sus cuerpos era jovenes y sus sentidos empezaban a despertarse.

 Y es posible que algunos de vosotros también lo sintierais   en alguna noche de julio mecido por el arrobo de unos ojos castaños o unos labios carnosos, desconociendo el origen profundo de este embeleso salvaje del estío

Hoy creo que los jardineros ya no se agrupan en cofradías y claramente han perdido  esa sabiduría profunda de los jardineros de antaño, que hacía relacionarse al hombre con las plantas de una forma distinta. Pero los tilos delante del palacio, ya muy viejos, dañados, cansados y enfermos , siguen floreciendo al inicio del verano, y vacío ya de risas y del manteo de los trajes de seda el interior del palacio, el aroma de sus flores sigue penetrando por las ventanas de las casas del pueblo, jugando con los hombres y las mujeres que en el calor de la noche , inocentemente, vuelven a abrir sus ventanas al silencio y a la luz de las estrellas.

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El Mundo IV: el mundo espiritual

En una entrada anterior discutíamos los tres mundos que había descrito el filosofo Karl Popper: el Mundo I de la realidad física; el Mundo II, el de nuestras ideas y de nuestra mente; y el Mundo III el de nuestras creaciones: el cine, la radio, la televisión, la literatura, el teatro …

Popper como buen racionalista ignoraba la posibilidad de lo que podriamos llamar un Mundo IV, un mundo quizás ya entonces bastante denostado: el mundo espiritual.

Los positivistas, con Augusto Comte a la cabeza, habían considerado a la ciencia como el estadio más perfecto y avanzado de la evolución del conocimiento humano, y habían llegado a considerar a la Filosofía y a la Religión como estadíos atrasados, y en cierto modo despreciables, de este proceso evolutivo.Popper y otros filosofos de aquella época, habían dado la vuelta a todo esto y habían hecho de la ciencia un motivo de reflexión filosófica. Habían logrado colocar a la filosofía en una posición preponderante sobre la ciencia, a la que estudiaban, analizaban, para al final señalar sus propias limitaciones y la transitoriedad de muchos de sus dogmas.

El retorno al mundo del espíritu,denostado por el positivismo, se inicia después de la Primera Guerra Mundial de mano de los filósofos y los poetas.

Husserl denuncia que:

“Meras ciencias de hechos hacen meros hombres de hechos”, “En nuestra indigencia vital, nada tiene esta ciencia que decirnos. Las cuestiones que excluye por principio son precisamente las más candentes para unos seres sometidos, en esta época desventurada, a mutaciones decisivas: las cuestiones relativas al sentido o sinsentido de la mera existencia humana”

Y el poeta Fernando Pessoa, en boca de su heterónimo Bernardo Soares, denuncia a su vez que :

Cuando nació la generación a la que pertenezco, encontró al mundo desprovisto de apoyos para quien tuviera cerebro y al mismo tiempo corazón. El trabajo destructivo de las generaciones anteriores había hecho que el mundo para el que nacimos no tuviese seguridad en el orden religioso, apoyo que ofrecernos en el orden moral, tranquilidad que darnos en el orden político. Nacimos ya en plena angustia metafísica, en plena angustia moral, en pleno desasosiego político.”

Nuestra generación , y probablemente mucho más las generaciones que siguen a la nuestra, es ya una generación planchada, alineada, dormida, dirian otros, y que, lejos de las generaciones de las guerras, vive en un mundo marcado por el consumo.

Nuestra generación se acerca al concepto de hombre unidimensional, un hombre concebido para formar felizmente parte de las cadenas de producción, comercialización y consumo, capaz de emitir votos y de pagar impuestos, de disfrutar con beneplácito el estado del bienestar que se ha felizmente creado con sus votos, su tiempo y sus impuestos.

Ciencia, filosofía y espiritualidad son complementarias, pero al mismo tiempo, tienen puntos en donde se entrecruzan. La experiencia espiritual tiene lugar sobre nuestro cerebro y mediante técnicas especiales pueden ya estudiarse modificaciones cerebrales durante situaciones como la meditación o la oración.

A esta experiencia y a este camino espiritual individual, a esta vivencia personal, no ha
sido hasta ahora posible llegar a través de la ciencia, ni del razonamiento filosófico.

Es importante volver a rehacer el trabajo destructivo de las generaciones anteriores y volver a colocar esta dimensión esencial del hombre en el lugar que le corresponde.

 

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Los tres mundos en los que vivimos

A principios de los años ochenta, me matriculé en un curso del doctorado que impartía el profesor Zamorano en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Zamorano un histólogo, explicaba un curso sobre Teoría y Metodología de las Ciencias Biológicas y Médicas.

En este curso  por primera vez hablar de Karl Popper, uno de los más influyentes pensadores del pasado siglo.

Karl Popper y un neurofisiólogo John Eccles,  habían escrito un bello libro que titularon “El yo y su Cerebro” , The Self and its Brain, fruto de unas conversaciones entre ambos.

En este libro Popper habla de la existencia de tres mundos.  El Mundo I  el de la realidad física; el Mundo II, el de nuestras ideas; y el Mundo III que es el de nuestras creaciones.

Creo que la vida actual se desarrolla para muchísima gente fundamentalmente sobre el Mundo III, el mundo de la televisión, el cine, la prensa, la novela, el internet… En comparación con otras generaciones, este mundo se ha hipertrofiado y muchas personas viven inmersas en esta falsa realidad cada vez más apartada del mundo físico,  del mundo de la vida.

Alonso Quijano, D Quijote de La Mancha, vivía ya inmerso en el mundo ficticio de las novelas de caballerías de su época  apartado de la realidad de la vida, que contemplaba solo a través del mundo creado por los libros en su mente.  Hoy la mayoría de la gente aún cree que el mundo de la televisión, de los telediarios, de la gente absurda que sale en su programas, son parte de un mundo real, y sufre y se agobia y tiene miedo, porque piensa que este mundo creado, este mundo de las cifras económicas y del Apocalipsis, es parte del mundo de la vida, del Mundo I.

 El Mundo II es el mundo de nuestras ideas, de nuestra mente. Descartes cometió el gran error de pensar que la mente, nuestras ideas, equivalen a nuestro Yo. El daño que ha hecho esta concepción del hombre, resumido en su aforismo “Pienso luego existo”,ha sido enorme.

El paradigma del hombre dominado por su mente, es el paciente esquizofrénico, en el que las ideas producidas por su mente enferma y distorsionada, son para él la realidad que le rodea.

Eckhar Tolle, autor de un libro de gran éxito muy basado en las doctrinas budistas, “El poder del ahora ” se percató de que la mente dirigía nuestras vidas. Fue consciente de esta dominación cuando en el metro de Londres observó frente a sí  a una anciana que hablaba en alto consigo misma aislada del resto de gente que la acompañaba en el vagón , la mente que se expresaba a través del habla de aquella mujer, la dominaba. La mente  dirigía el yo de aquella anciana  y a él mismo. A él, además  le arrastraba hacia la autodestrucción y hacia la muerte. Muchas personas en nuestro mundo están dominadas por su mente, creyendo que su mente es en realidad su Yo, cuando son dos cosas distintas. De hecho mediante la meditación nuestro Yo puede contemplar como nuestra mente piensa, puede ver como nuestras ideas aparecen, se desarrollan y mueren.

El Mundo I es el mundo físico real que nos rodea, el mundo físico natural lo que existe en la realidad. Pero este mundo real, este mundo de la vida, está muy influenciado por lo que percibimos con nuestro cerebro. Los budistas nos han enseñado también la necesidad de intentar acercarnos a la realidad tal y como es, alejandola de la influencia de nuestras ideas y de nuestros prejuicios.

A raíz de todo esto ¿Deberíamos  salir del Mundo III, del mundo de la novela, de la literatura,  el cine, el teatro? ¿Deberíamos  abandonar nuestro pensamiento y nuestras ideas? ¿Tendríamos que intentar vivir solo en la realidad del Mundo I?

 Rotundamente no. Debemos seguir inmersos en los tres mundos. Debemos seguir disfrutando de la literatura y el cine, debemos de seguir pensando y generando ideas, y por supuesto debemos seguir en contacto directo con la realidad natural, tománndola como nos es dada, sin ideas ni prejuicios.

La diferencia debe de estar en nuestra forma de acercarnos a los tres mundos. Debemos  acercárnos a ellos de forma siempre consciente, con atención plena, con “Mindfulness”. Siendo conscientes impediremos que los Mundos II y III nos arrastren y nos dominen; siendo conscientes nos acercaremos cada vez más al Mundo I a la realidad natural y  nos ayudará a vivir cada vez más en el “Aquíy en el ahora” con conciencia critica de las tres realidades que nos rodean y lejos del sufrimiento absurdo que los Mundos II y III nos pueden llegar a infligir.

Karl Popper

Karl Popper

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Las excursiones de los naturalistas a San Ildefonso en el Siglo XIX: (III) Laureano Perez Arcas (1824-1894)

Perez Arcas es el tercer componente de la saga de naturalistas españoles que iniciandose en Juan Mieg y Mariano de Paz Graells,  a principios del Siglo XIX llega hasta el inicio de la Guerra Civil de mano de Ignacio Bolivar y Urrutia, su más brillante discípulo.

Perez Arcas llega a Madrid muy joven para estudiar Derecho en la entonces Universidad Central, y empieza a frecuentar los ambientes naturalistas de Madrid, fundamentalmente el Museo de Historia Natural, en donde comienza a trabajar con Paz Graells en las colecciones del museo y en las excursiones alrededor de Madrid. Pronto se vuelve colaborador inseparable de Graells , que le nombre Profesor Ayudante de Zoología del Museo. Muy joven, con 22 años, gana de forma interina la Cátedra de Zoología de la Universidad de Madrid, que se le adjudica de forma permanente pocos años después tras terminar la licenciatura y el doctorado de Ciencias y finalizar también la carrera de Derecho, que nunca ejerció.

Pérez Arcas junto con su maestro Paz Graells se relaciona desde muy joven con Juan Mieg. Este les aprecia por su dedicación y entusiasmo, pero al mismo tiempo es muy crítico con algunas de sus posturas, como su afán de protagonismo intentando ligar siempre sus nombres a los nuevos insectos, incluso a aquellos que les envían otros naturalistas españoles. Mieg es quien les pone en contacto con León Dufour y con otros naturalistas europeos.

Escribió unos “Elementos de Zoología” que fue texto en las universidades españolas e hispanoamericanas.

Perez Arcas empezó a reunirse en su casa con otros naturalistas madrileños para discutir e intercambiar sus hallazgos y observaciones, y a partir de este núcleo inicial, se desarrolló la Sociedad Española de Historia Natural.

Leonardo Perez Arcas comparte con Paz Graells y con Mieg, su relación con gran número de naturalistas europeos, muchos de los cuales vendrán a España para enriquecer sus colecciones. Paz Graells y Perez Arcas les acompañarán a menudo en estas excursiones.

En las Actas de la Sociedad Española de Historia Natural se recogen los detalles de una excursión de Pérez Arcas a Navacerrada efectuada a finales de junio de 1877 y en la que le acompañan, entre otros, Bolívar.

El itinerario que siguen Pérez Arcas y sus discípulos, es muy similar al que describe Mariano de Paz Graells y al que después seguirán también Ignacio Bolívar y sus discípulos.

Salen de Madrid el 22 de junio a las ocho de la mañana y llegan a Villalba a las diez. En Villalba se dividen en dos grupos: uno de cinco personas que sube andando hasta el puerto de Navacerrada y otro de tres que lo hacen en diligencia. Pérez Arcas hace un resumen de todos los insectos que cazan los cinco que hacen el trayecto a pie. Los que han subido en diligencia, tras un breve descanso, exploran los ventisqueros de las Guadarramillas, y hacen numerosos hallazgos que también narra Pérez Arcas de forma concienzuda. Esperan hasta al anochecer entre los pinos buscando un insecto específico que no encuentran y a las diez de la noche entran exhaustos en la fonda de Navacerrada.

La fonda de Navacerrada es  entonces una fonda de arrieros y de carretero y es siempre ” “  descrita por los naturalistas del XIX, como un lugar desagradable con escaso alimento, e inundado de insectos, que persiguen a los propios perseguidores de insectos.

Al día siguiente los excursionistas vuelven a subir al puerto y bajan por el pinar de Valsain hasta el puente de los mosquitos. Cuando cae la tarde vuelven a subir directos por el pinar hasta la fonda, donde cenan.

No queriendo repetir las calamidades de la noche anterior, en la fonda,  a las doce de la noche bajan andando los más jóvenes hasta Villalba.

Describe Pérez Arcas en cada parte la excursión los insectos que van hallando así como los que están buscando pero que no encuentran. Los han visto en excursiones de años anteriores, pero por alguna razón, ellos hablan de una noche de Luna, no los encuentran. Castellarnau hace referencia a Perez Arcas como uno de los naturalistas a los que acompañan en sus excursiones por La Granja, todo ello denota que este naturalista y sus discípulos andaban a menudo por estos parajes a la caza de nuevos insectos.

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