Las posturas de las manos en las imágenes del Buda. El poder de los mudras.

El ser humano, y también muchos animales, se comunican  por los gestos del cuerpo, de la cara, de la mirada y también a través de las manos. A través de los movimientos de las manos, comunicamos a los otros lo que en determinado momento,  está pasando por nuestra mente.

En la tradición budista,  la posición de las manos en las imágenes de Buda  guarda un profundo simbolismo. Estas posiciones de las manos se denominan mudras y reflejan algunas de las actitudes mentales del Buda.  Existen cinco posiciones de las manos o mudras  fundamentales, que reflejan cinco situaciones mentales.

En el Dhyana Mudra, la mano derecha, que tiene las energía masculina, reposa sobre la mano izquuierda, que tiene la energía femenina.  El Dhyana Mudra representa la fuerza de la  meditación como camino para alcanzar la iluminación.

Dhiani Mudra. Meditación

En el varada mudra, la mano izquierda permanece en la misma posición, mientras que la mano derecha desciende señalando el suelo con la palma hacia afuera. Representa la generosidad, la actitud de ofrecer, de dar.

Varada Mudra. Generosidad. Dar.En el abhaya mudra la mano derecha se eleva , los dedos se abren y la palma de la mano se coloca hacia fuera. La mano izquierda permanece en la misma posición.  Representa la ausencia de  miedo y la protección.

Abhaya mudra. Protección

En el vitarka mudra el dedo pulgar de la mano derecha se cierra en circulo con el dedo índice , tocandose con las yemas. La mano izquierda permanece en la misma situación. Es la sabiduría, el conocimiento.

Vitarka mudra. ConocimientoEn el bhumispara mudra, la mano derecha con el dorso hacia delante desciende con los dedos extendidos has ta tocar el suelo, mientras la mano izquierda permanece en la misma posición. Este mudra simboliza el poder de la tierra , la resistencia a la tentación, el permanecer imperturbable.

Bhumispara mudra.TierraLos mudras van sin embargo mucho más allá de la pura expresión. El adoptar las posturas de las manos, nos ayuda a tranquilizarnos y a meditar , a protejer nuestra mente de las agresiones externas, a seguir en contacto con la tierra, a tomar una actitud generosa, y  elevar nuestro conocimiento.  Pareciera que las posturas de las manos, la posición de nuestro cuerpo, tuviera también una influencia en nuestra mente. De este modo,  se producirían con los mudras dos efectos: uno hacia afuera la postura como expresión de nuestra mente y uno hacia dentro en donde adoptar una cierta posición  con nuestras manos y nuestro cuerpo tendría, a su vez ,  un efecto potente sobre nuestra mente. Yo os animo a que de vez en cuando adopteis la posición de estos cinco mudras. Notareis como vuestra respiración se hace más profunda y más consciente y como vuestra mente se serena.

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Los chakras en la medicina tibetana

Los médicos occidentales rara vez reflexionamos sobre el tema de la energía en el cuerpo humano. Necesitamos energía para mantener la temperatura interior estable en nuestro cuerpo, para la contracción muscular, para la digestión… En  nuestro torrente circulatorio hay un derroche de energía hidraúlica, y nuestro sistema nervioso, incluido nuestro cerebro, funciona gracias a  la  generación y transmisión de energía  electrica.  Nuestro organismo es una compleja máquina energética.

En la tradición oriental  la visión del organismo como ser en el que se acumulan y fluyen energías , contrasta con la visión de la tradición occidental  en la que el estudio del organismo se centra , desde Hipócrates y Galeno, en el estudio de la anatomía y de la fisiología.

Los viajeros que acudían a Oriente en el siglo XVIII , y contemplaban sus concepciones energéticas  del cuerpo humano  desdela perspectiva de  los cánones occidentales,  las calificaban de fantasías y patrañas. Calificación que, al menos en el caso de la medicina tradicional china, ha persistido hasta hace pocos años.

Los canales energéticos utilizados en la medicina tradicional  china como base para definir los puntos de la acupuntura  son hoy contemplados por los médicos occidentales de forma distinta, y esto ha sido posible porque la aplicación de las técnicas científicas de investigación clínica occidentales a la acupuntura ha demostrado claramente el beneficio de esta técnica milenaria  en el tratamiento de muchos problemas médicos algunos de los cuales  no tienen una clara solución dentro del conocimiento médico occidental  actual. Hoy es posible leer magníficos trabajos  sobre la eficacia de la acupuntura china en ciertas enfermedades en algunas de las mejores revistas de medicina occidentales como el New England Journal of Medicine o los Annals of Internal Medicine. Aunque con una postura básicamente escéptica, los médicos occidentales miran ahora de forma muy distinta a la acupuntura y a las doctrinas que la explican  a como lo hacían hace escasamente diez años.

El tema de los flujos energéticos en el organismo es parte muy importante también de la concepción  del cuerpo humano de la medicina tibetana  y de las técnicas tántricas de autosanación transmitidas por el Lama Gangchen.  A través del sistema circulatorio, nervioso, linfático , venoso, fluye la energía burda de nuestro cuerpo tal y como la conocemos en Occidente .  Pero existe otro tipo de energía , la energía sutil ,  que circula por unos canales energéticos distintos , que en  cierto modo son semejantes a los canales de la acupuntura en la medicina tradicional china.

Los tibetanos centran su atención en cinco centros energéticos de distribución  de energía sutil, dentro del cuerpo humano  a los que denominan chakras, ruedas en sanscrito.  Estos centros están localizados a nivel de la coronilla, la garganta, el corazón, el ombligo y el área genital ( chankra secreto).  De cada una de estas ruedas o chakras salen distintos canales energéticos que se van ramificando  hasta  llegar a un número de 72.000.  Los chakras están conectados por un canal central. Paralelos al canal central  corren dos canales laterales, uno derecho y otro izquierdo, los canales derecho e izquierdo se enrollan alrededor del canal central  a la altura de los Chakras, y pueden comprometer el flujo de energía por este canal.  La energía que circula por este sistema energético es, como hemos dicho ,  la energía  sutil,  la relacionada con nuestra mente y nuestra consciencia . La energía del canal derecho es masculina y depende del sol. La del canal izquierdo es femenina y depende de la luna.

Las técnicas tántricas de autosanación, tienen como base la visualización de los chakras  y sobre ellos se van añadiendo complejidades adicionales.  El fin último de estas técnicas es también  liberar los chakras y dejar que la energía sutil fluya a través de los mismos a todos los canales. Es fundamental también liberar el  canal central , que normalmente se encuentra oprimido por los dos canales laterales, para que fluya la energía sutil a través de él  para llegar a los Chakras.

En las figuras adjuntas provenientes de internet y  dibujadas en los años sesenta por un médico tibetano en Lasa, se resumen muy bien las teorías de los chakras y de los canales que hemos descrito.

Creo que la medicina tibetana está aún bastante lejos de las comprobaciones que se aplicaron en su día a las técnicas de acupuntura utilizando el método clínico científico occidental, pero mientras ocurre creo que debemos obligación de salvar todas estas técnicas milenarias , hasta  que un día pueda comprobarse científicamente su eficacia, como hace años se empezó a hacer con las técnicas chinas de acupuntura.

Chakras y canales energéticos (1)

Chakras y canales energéticos (2)

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El budismo tántrico tibetano

Desde la muerte de Buda hasta nuestros días han florecido diversas escuelas dentro del Budismo.  Una de estas  grandes escuelas  es la del Budismo Mahayana dentro de la cual se encuadra el Budismo Vajrayana que es la forma del Budismo del  Tibet.  Dentro del Vajrayana se encuadra la secta Gelupa, que sigue las doctrinas de síntesis  del Lama Tsangkapa  que vivió en el Tibet en el Siglo XV D. C. La secta Gelupa es una de las más influyentes hoy en Occidente,  a ella pertencen su Santidad el Dalai Lama y el Lama Gangchen Rimpoché.

Según el Vajrayana,  el Buda Shakiamuni estableció dos tipos de doctrinas: unas públicas recogidas en los sutras,  y otras doctrinas secretas , transmitidas individualmente  de los maestros a unos discípulos escogidos. Para poder recibir las enseñanzas tántricas , los monjes tibetanos debían haber estudiado durante más de veinte años las doctrinas en los monasterios. En esta transmisión de maestro a discípulo se establecía una línea, un linaje, que tenía  su origen en el Buda Shakyamuni .  Este linaje se iba enriqueciendo con las vidas de los Maestros.

La invasión china del Tibet en los años cincuenta, y el exilio de muchos lamas hacia la India,  y después hacia otros muchos paises en Occidente,  puso en serio peligro de desaparición  todo este conocimiento tántrico antiguo transmitido directamente de los maestros a los discípulos . Estas prácticas eran de  una enorme importancia desde el punto de vista de desarrollo psíquico  y espiritual , y tenían   una gran influencia  en la salud de nuestro cuerpo. Este peligro, desencadenado por la invasión china del Tibet,  fue la gran oportunidad para Occidente, pues los líderes tibetanos abrieron la posibilidad de transmitir algunas de  las enseñanzas tántricas tibetanas a todos  aquellos profanos occidentales , que las quisieran de forma sincera aprender . Este conocimiento se ha ido transmitiendo de forma muy cauta por los Lamas. De hecho el Lama Gangchen durante 10 años solo trasmitió un mantra a los occidentales.

Cuando yo atendí , hace algunos años, a las primeras iniciaciones tántricas del Lama Gangchen , me recordaron mucho a los ritos religiosos alos que yo había asistido de niño y me produjeron una enorme confusión, y en el fondo quizás también un cierto inconsciente  rechazo.

He ido participando desde entonces  en otras iniciaciones del Lama,  pero solo hasta este año no he empezado  a  comprender el porqué de la complejidad del sistema tántrico tibetano y percibir una cierta lógica en todo aquello  que aparentemente era  ilógico.

La didáctica clásica  de los sistemas tántricos consiste en  aprender  las prácticas del Gurú y en repetirlas una y otra vez hasta que se experimente su efecto. Lo importante es aprender las prácticas y repetirlas, independientemente de que pueda haber una lógica o un sentido en lo que hacemos. Lo que tiene valor  es el resultado final  de lapráctica, no los fundamentos ni la lógica  en los que se asienta. Esto puede ser dificil de aceptar para los occidentales educados, con mayor o menor intensidad,  en los sistemas  racionales lógicos y científicos.

Algunos  occidentales necesitamos por ello   que se nos intente explicar el fundamemto de lo que hacemos con un cierto grado de razocinio y lógica. El Lama Mitchel , que aprendió desde niño directamente  del Lama Gangchen muchos de los rituales tántricos, en la forma que hemos descrito,  los hacía y repetía una y otra vez  sin intentar comprenderlos. “Ponía en la lista de espera”, decía,  muchas de las acciones cuyo significado no lograba entender. Solo al cabo de un cierto tiempo de hacerlas y repetirlas,  los lograba , en cierto modo, empezar a entender. Lo importante en el budismo tántrico es la práctica y los resultados que se obtienen con el trabajo contiunado en la misma , los fundamentos y el porqué de la práctica , son siempre secundarios.

Creo, sin embargo que este planteamiento puede ser dificil de aceptar para muchos occidentales  inmersos en el mundo de la racionalidad, y que quizás precisemos  para ello de  una aproximación opuesta al problema.

Necesitamos en primer lugar  un acercamiento  al porqué hacemos las cosas. Luego las hacemos y , finalmente, vemos si nos son útiles o no.  Pero si no hay una lógica subyacente, nos resistimos a hacerlas.

En  la adpatación del Budismo Tántrico a Occidente, probablemente sea importante  también tener en la mente esta perspectiva, y reconocer que para muchos , el empezar directamente la práctica y repetirla , puede ser dificil sino hay una lógica subyacente que la explique.

La gran noticia es que en el budismo tántrico , también hay una  lógica que explica la práctica, a la cual en la mayor parte de las veces solo se puede llegar tras un cierto tiempo de ejercitarse en la  práctica.

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Otra foto de la olma de Santa Cecilia: La Granja 1920

Leo en el periódico sobre la existencia de una fototeca  en el  Instituto  Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA) accesible por Internet.

Fototeca del INAIA

Busco viejas fotos del Pinar de Valsaín. Hay algunas muy bellas en blanco y negro, pero la que más me impresiona es otra foto de la Olma de Santa Ceciclia, escaneada  de la revista “La España Forestal” de 1920,  y sin duda también realizada por D Joaquín María de Castellarnau, quien publicó  un artículo  este año sobre esta Olma en la misma revista.   Ya hablé sobre esta vieja olma hoy ya inexistente  en otra entrada de este blog (Las olmas desaparecidas de ña Sierra de Guadarrama)

Veo con cierta envidia ese banco debajo de esta única y colosal masa arbórea , y me imagino  sensaciones y experiencias únicas  sentado en el mismo bajo la olma centenaria  en las tardes calurosas de verano.

Contemplando  la imagen de  esta vieja olma  comprendo  que el Buda se iluminara debajo de otro  gran árbol,  hace ya muchos siglos . Entiendo que de repente encontrara , arropado por sus ramas, la solución a las preguntas que durante muchos años había estado buscando en sus peregrinaciones por la India.  Entiendo que las verdades  que el Buda nos transmitió sobre  la existencia y el origen del sufrimiento y la forma de eliminarlo de la mente de los hombres, se descubrieron debajo de otro gran árbol, sin duda tan mágico, misterioso y sagrado , como lo debió ser esta extraorinaria olma de Santa Cecilia.

Debemos agradecer , como tantas otras cosas, a D Joaquín María de Castellarnau , el que   la imagen fotográfica de esta olma centenaria , en todo su esplendor , mágico y sagrado, haya podido llegar  hasta nosotros y que los investigadores del INIA la hayan puesto tan cerca de nosotros.

La olma de Santa Cecilia en 1920 . J M de Castellarnau.

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Castro Urdiales desde el cielo.

Soplaba viento del Sur. El avión hacia Bilbao cambió su ruta de aproximación. El viento había arrastrado a las nubes bajas y el  Sol y la luz clara  del mes de junio hacían que los paisajes se perfilaran con extraordinaria nitidez. Desde la ventanilla del avión,   los detalles  de la tierra  se vislumbraran perfectamente recortados.

De repente,  más allá del verde de los prados  que se cortaba bruscamente  en los acantilados, el mar azul apareció brillante  e inmenso. “Ver el mar tan extenso”, dijo la pasajera de atrás a su amiga,” me serena”. Mientras el avión empezaba a girar,  apareció en la distancia  la topografía inconfundible  de Castro Urdiales, con el entrante del viejo caserío del  pueblo y de la iglesia de Santa María separando las ensenadas de Brazomar  y la de Urdiales.

Abajo,  en la playa de Brazomar, el sol calentaba mi cuerpo de diez y siete años, mi madre joven y mis hermanos, estaban conmigo. Sobre la arena, todavía templada a esta hora temprana de la mañana, rompían de forma ordenada las olas, con una cadencia casi perfecta.  El viento del Sur hacía que las crestas de las olas antes de romper, volvieran hacia atrás, y ese movimiento inverso  del agua , emitía un sonido único sobre el silencio de la playa  casi vacía.

La vida empezaba entonces  a correr,   y todavía  no nos habíamos percatado, en la tranquilidad de aquellos años que todo lo llenaba,   de las grandes oscilaciones y cambios, del  oscuro reguero de muerte,  al que irremediablemente  iba asociada. El mundo y la vida se nos presentaban entonces como algo ordenado  y limpio , en continuo movimiento, pero en el fondo estables,  como las olas rompiendo en la playa de Brazomar en la mañana de junio.

El avión empezó a girar de nuevo y se enfrentó a la salida de la ria de Bilbao , y en poco tiempo teníamos el  caserío de la ciudad muy cerca nuestro, con el puente colgante a mi derecha. “Necesito ir todos los veranos a la playa”, dijo la pasajera del asiento de atrás a su amiga.

En la playa de Brazomar, yo ,  mi madre y mis hermanos vimos pasar un avión en la lejanía. En un determinado momento,  empezó a girar hacia Bilbao y se perdió en el cielo.

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La Sierra del Guadarrama en los cuadros de Velázquez

Fueron los institucionistas los descubridores de la Sierra de Guadarrama a finales del Siglo XIX y principios del XX, y fueron también ellos los primeros que con emoción identificaron los paisajes de la Sierra retratados en los cuadros de Diego de Silva y Velázquez trescientos años antes, y que sin duda constituyen las primeras imágenes del Guadarrama que han llegado hasta nosotros.

Constancio Bernaldo de Quirós, ilustre Guadarramista ,  discípulo de Giner, emigrado como tantos otros tras la Guerra Civil , en esa dolorosa sangría de la que nunca nos recuperamos,  a Méjico, fue sin duda la primera persona que dejó escrita la identificación exacta de los paisajes serranos retratados en  las obras de Velazquez.

Quizás el más conocido de estos  paisajes es el  de la cumbre  nevada de La Maliciosa  que aparece en el fondo del retrato del Príncipe Baltasar Carlos, a caballo (1635, Museo del Prado ). Dice Bernaldo de Quirós, que el primero que hizo esta identificación fue D Eugenio Cuello Calón, que después fué catedrático de Derecho Penal,  a los pocos días de una ascensión  a la Sierra con el propio Quirós, y con el escritor segoviano José Rincón Lazcano. Este hallazgo quedó sin duda en la tradición institucionista, y yo todavía he visto una gran foto de esta parte del retrato de  La Maliciosa  en una  casa de los Menendez Pidal en San Rafael. Para Bernaldo de Quirós esta vista de La Maliciosa estaría tomada desde el encinar de El Pardo o desde el Soto de Viñuelas.

Según Bernaldo de Quirós fue el geólogo Juan Carbonell, desaparecido durante la Guerra Civil, quien en 1922 identificó el paisaje serrano que aparecía como fondo en el retrato de Felipe IV a caballo (1628, Museo del Prado). Según Carbonell  el paisaje se  corresponde, “con la fidelidad de un documento geográfico”, en palabras de  Bernaldo de  Quirós, con el macizo de la Pedriza Anterior y la La Ladera de las Viñas, vistos desde un punto que puede situarse en las proximidades de El Escorial de Abajo , en el camino de Galapagar.

Para Bernaldo de Quirós , el paisaje  que aparece como fondo en el retrato del Príncipe Baltasar Carlos , cazador (1635-1636, Museo del Prado) , es el macizo  de la Sierra de Hoyos de Manzanares en su conexión con el Serrejón de Collado Villalba.

De nuevo La Maliciosa, unida al Macizo de Las Guadarramillas y monstrando el Ventisquero de La Condesa , origen de  el rio Manzanares, forma , para Bernaldo de Quirós, el fondo montañoso que aparece en el retrato de el bufón D Diego de Acedo “el Primo” ( 1634, Museo del Prado).

La enumeración de D Constancio Bernaldo de Quirós, termina con un hallazgo de Aureliano de Berruete, pintor y efímero director del Museo del Prado, sobre el origen del paisaje que aparece en el cuadro de “Las Lanzas” ( 1635, Museo del Prado). Para Beruete  el fondo de la Rendición de Breda , se corresponde con la llanura de El Escorial de Abajo, con las charcas lejanas de Peralejo, según se dominan desde las alturas de San Juan de Malagón,  antes de llegar al puerto del mismo nombre tambén denominado puerto de Malagón o alto de Abantos.

Habrían de pasar cerca de trescientos años , para que los paisajes del Guadarrama , que forman los fondos únicos y misteriosos de estos cuadros de Velazquez, cuyo origen se perdió con el de  la memoria  de la propia Institución,  adquierieran el total protagonismo de los cuadros del mismo Aureliano de Beruete.

Para mí es emocionante  intentar rescatar estas aportaciones de Constancio Bernaldo de Quirós y 0jalá que  algún Guadarramista actual, armado con sus planos GPSs y cámaras fotográficas,   pudiera   confirmar estas vistas  del Guadarramay los puntos exactos en donde Diego de Silva y Velazquez las retrató hace cerca ya de cuatrocientos años.

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Compasión y curación.

En el núcleo central de la doctrina de Buda está la eliminación del sufrimiento: el sufrimiento existe, se origina en nuestra mente y puede eliminarse con la práctica de la doctrina que el Buda nos transmitió.

Junto a la doctrina del sufrimiento, otro de los puntos fundamentales del budismo lo constituye  la práctica de la compasión que se considera el  principal camino  hacia la iluminación.

La compasión es una actitud individual de querer liberar a todos los seres del sufrimiento. Todos los seres forman una unidad con nosotros.

La práctica de la  compasión tiene un tremendo efecto curativo, tanto para las personas que la practican , como para las personas que sufren y que se acercan a un ser compasivo.

Santhideva describe al Buda como el médico que todo lo sabe. Su doctrina ( el Dharma) es la medicina. La enfermedad es el sufrimiento  y las personas que practican la compasión con la intención de curar a todos los que están enfermos se convierten en su medicina, en su médico y en su enfermero.

En la tradición oriental , cuerpo, mente y espíritu forman una sola unidad y lo que acontece en cada uno de estos dominios repercute en los otros, nunca se conceptuan de forma aislada.

El sufrimiento de una persona  que tiene una enfermedad física, está en su mente. Pero este sufrimiento repercute a su vez en la enfermedad física, porque no hay separación entre una y otra.

Por otro lado, el sufrimiento provocado por una mente desbocada, o por acontecimientos vitales externos que la persona no puede controlar:  la muerte, la soledad, el aislamiento ,  el acoso por otras personas en el trabajo , o el maltrato  físico o psicológico en el seno de la propia familia, por citar solo algunas circunstancias externas,  terminan provocando enfermedades graves, porque no existe un dualismo entre la mente y el cuerpo.

Las personas que tienen enfermedades físicas , pueden además sufrir como consecuencia de una mente descontrolada o por acontecimientos vitales como los que hemos descrito, y este sufrimiento repercute a su vez en su enfermedad.

La capacidad curativa de la compasión en el budismo tibetano, va pues más allá de la la curación del trastorno físico del cuerpo, para adentrarse en la dimensión mental y  espiritual de la enfermedad, con las que forma una unidad. La raiz de la enfermedad está en el sufrimiento y en nuestra mente.

Sorprendentemente, las palabras sufrimiento y compasión , que forman uno de los núcleos fundamentales del budismo, están  ausentes , salvo muy escasas y honrosas excepciones, como en  los trabajos de Eric Cassel, en la moderna bibliografía médica occidental,  Mente y espíritu están fuera del campo de la atención del modelo médico occidental centrado fundamentalmente en el cuerpo físico.

En los últimos cincuenta años hemos asistido a una mutilación progresiva y sistemática de la dimensión más espiritual del hombre, buscando lo que Herbert Marcuse, denominó “El hombre unidimensional”, un ser manejable y estrictamente dirigido a su misión de producir y de consumir. Este nuevo hombre, alineado, es especialmente sensible al sufrimiento cuando se enfrenta a la realidad de la enfermedad y de la muerte , a la propia realidad del cambio constante en el que discurre nuestra vida. Este hombre quiere aliviar el  sufrimiento , que se origina en su mente, en la medicina , que en occidente es la medicina del cuerpo , una medicina que en su concepción actual es incapaz de enfrentarse a la dimensión mental y espiritual de la enfermedad.

Creo que el médico ideal del futuro debería ser un médico que dominando las técnicas de la medicina occidental dirigidas al daño físico, hubiera trabajado profundamente en el origen del sufrimiento, en las técnicas para eliminarlo presentes en el Dharma y en la compasión.

A pesar del crecimiento de las doctrinas budistas en occidente en los últimos veinticinco años, este tipo de médico me parece hoy muy dificil de conseguir , por lo que probablemente durante muchos años seguiremos asistiendo al modelo actual en occidente: médicos centrados en el cuerpo por un lado y por otro lado un grupo de personas sanadoras singulares, algunas de ellas actualmente refugiadas en el campo de la medicina alternativa,  como sucede con los lamas sanadores tibetanos, capaces de interactuar en la otra dimensión psicológica y espiritual que forman el núcleo del sufrimiento personal y de la enfermedad. “Curar muy pocas veces, aliviar algunas, consolar siempre” dice un viejo aforismo médico francés del siglo XIX, hoy ya en gran parte olvidado.

Imagen del Buda de la Medicina

Mantra del Buda de la Medicina

Estatua del Buda de la Medicina

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La Luz de La Granja en los óleos de Joaquín Sorolla

Joaquín Sorolla acude a La Granja en 1907 invitado por Alfonso XIII. Sorolla retratará al Rey en los Jardines, pero  al mismo tiempo capta los instantes de su familia en el jardín  y los paisajes y la luz única del lugar en aquellos meses del verano y del otoño de 1907. A pesar de que han sido muchos los artistas que han pintado los jardines y los paisajes de La Granja, quizás ninguno de ellos haya logrado captar su luz clara e intensa , tan especial, como Joaquín Sorolla.

De los cuadros de Sorolla que recorren Internet he logrado reunir algunos de ellos pintados en La Granja  y en sus alrededores en aquellos meses.

El retrato de Alfonso XIII  vestido de Husar bajo la luz del mes de julio entre los tilos del jardín, tiene una especial delicadeza.

Alfonso XIII en los Jardines de La Granja

Sorolla retratando a Alfonso XIII en los Jardines de La Granja

Algunos de los retratos de su hija María y su mujer Clotilde recogen también  la luz  muy especial del verano en los Jardines.

María en La Granja 1907

María en los Jardines de La Granja

María mirando los peces. La Granja 1907

Clotilde paseando por los Jardines de La Granja 1907

No faltan tampoco los cuadros de los niños jugando en los Jardines  o bañandose.

Niñas saltando a la comba

El baño en La Granja

Niño desnudo. La Granja

Hay una luz  única y mágica  también el Pinar  durante el verano, que  Sorolla capta en su paisaje del Vado de la Reina  (Baño  de la Reina se llama, creo que  erróneamente, el cuadro)

El vado de la Reina

Intenta recoger también el reflejo de los tilos sobre el agua tranquila de la Fuente de Neptuno

Fuente de Neptuno

La imagen lejana de las Peñas Buitreras tras el verdor del verano sobre los árboles del Jardín

Jardines de La Granja

Las tormentas de verano sobre la cumbre de Peñalara.

Tormenta en Peñalara

Paisajes inacabados

Paisaje de La Granja

De nuevo la luz en los jardines en el Parterre de la fuente de La Fama

Arboles de La Granja

Boceto desde el frente del palacio

Jardines de La Granja

Boceto del Palacio desde la fuente de las Tres Gracias

Palacio de La Granja

Cuando llega el otoño , intenta captar el cambio de luz en los árboles y en el jardín

Árboles en otoño.

Árboles en otoño

Otoño en La Granja

Árbol amarilllo

Aquel otoño marcó el final de Joaquín Sorolla en la Granja, pero la luz quedó en sus cuadros con nosotros para siempre

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Alfonso XIII y La Granja de San Ildefonso

La primera parte del reinado de Alfonso XIII coincide con la época de mayor esplendor de La Granja en el Siglo XX. Este periodo  va desde practicamente  el inicio de su reinado en 1902 , hasta el incendio del palacio en 1918 en que se destruyen las habitaciones que ocupaban Alfonso XIII y su familia.

Alfonso XIII sentía de joven una gran atracción por La Granja, y muchos de los lugares “glamourosos” del municipio , fueron construidos por él. Si algunos autores han hablado ,refiriéndose  a Felipe V, de la Granja como capricho del Rey, las huellas de las aficiones de Alfonso XIII , son todavía  muy patentes en el Real Sitio.

A su afición a la escopeta y al tiro de pichón se debe la fundación de ” El Tiro” en 1905. A él acuden el Rey y sus amigos aristócratas, durante los veranos, a ejercitarse con la escopeta. En los terrenos de “El Tiro”, también para el  Rey y  sus amigos, se contruye  en 1907 un campo de tenis , Lawn-Tenis se llamaba entonces. Sobre esta época, se crea también un campo de golf, el primero de España, a instancias del Rey.  En 1907 se construye el Campo de Polo, también para uso del Rey y sus amigos, inagurandose en 1908.

Si el tiro de pichón puede quizás encuadrarse dentro de  la más pura veta aristocrática hispana, la práctica del tenis, del golf y del propio polo, están sin duda influenciados por las costumbres inglesas de la  Reina  Victoria Eugenia de Batenberg ,  con quien contrairía Alfonso XIII matrimonio en 1906.  Es llamativo que la real  pareja celebrara su luna de miel en el Palacio de La Granja. En este palacio  nacieron también algunos de sus hijos: Jaime, Juan y Beatriz. Los tres nombrados hijos predilectos de La Granja y de la Provincia de Segovia en 1928.

Alfonso XIII y Victoria Eugenia , como buenos jinetes, eran muy aficionados a los paseos a caballo por los montes y el pinar, para lo cual montaban en un tipo de caballo serrano, muy duro y de poca talla, a los que llamaban “Blases”. Hacian excursiones en los veranos con los amigos hasta Peñalara y Siete Picos montados en estos “Blases”.

Alfonso XIII era también un gran aficionado al automovil, y le gustaba viajar conduciendo en sus propios coches  de gran potencia entre Madrid y La Granja, subiendo al Puerto de Los Leones , y cubriendo el trayecto en tiempos record.

La presencia del Rey y su familia en los veranos en La Granja , atrajo al municipio a gran número de aristócratas, altos mando militares, políticos,  banqueros , artistas, intelectuales yc científicos que compraban ,  edificaban o alquilaban casas en el Real Sitio, o simplemente arrendaban habitaciones en los hoteles y en las  fondas. La vida social , enormemente glamurosa en aquellos veranos, se reallizaba alrededor del campo de polo cuando el Rey jugaba sus partidos, en el club de tiro , en donde además de practicar el golf, tenis o tiro de pichón, se bailaba el “Rigodon”,  en los paseos por la pradera del hospital o por el camino de Madrid o de Segovia. El Rey daba alguna fiesta en el palacio, que a veces duraban toda la noche, y durante el mes de julio y agosto había funciones de teatro , en donde se congregaba todo el séquito y la colonia veraneante.Era frecuente en aquellos veranos , las corridas de toros que se celebraban  en el patio de la Casa de Canónigos.

Alfonso XIII y su familia pasaba los veranos desde julio a septiembre entre La Granja, San Sebastián y Santander. Pero a partir del incendio del Palacio de La Granja en el invierno de 1918, Alfonso y su familia dejarán de acudir a La Granja, para pasar los veranos solo  en Santander y en San Sebastían. Con la ausencia del Rey , de la Reina Victoria Eugenia y de sus hijos , a partir de 1918, La Granja empieza a perder “glamour”. La ausencia del Rey  se intenta contratestar entonces con la presencia de la Infanta Isabel de Borbón , “La Chata” , en los veranos del municipio, lo que en cierto modo parece  se consigue hasta la llegada de la República en 1931.

Tengo la impresión de que el joven Rey ,  a pesar de todo lo que se ha escrito en contra, tuvo una cierta felicidad  en aquellos años en los que pasaba parte de los veranos en La Granja y esta alegría creo que quedó prendada , junto con algo del “glamour” perdido, en el  campo de polo , en el que probablemente nadie volvió a jugar desde el año 1918, y quizás también en algunos otros lugares como la carretera de “El Tiro”, o en las  sequoyas y en los campos de tenis del viejo Club. Gran parte de los fantasmas  que habitan en  La Granja se remotan a aquella época y es todavía posible contemplarlos en algunas noches de luna , tomando el te con la Reina Victoria Eugenia, en el chalet del campo de polo, recientemente reconstruido, o bailando el rigolón en las tardes del mes de julio en “El Tiro”. Es también posible que la juventud del Rey quedara prendada, como tantas otras juventudes , en las tardes de verano de La Granja. Yo todavía he visto muchas de ellas, atrapadas en el tiempo y en el devenir de la vida, que aquí parecía entonces  tan distinta.

Las siguientes fotografías provienen del archivo digitalizado de Francisco Goñi de la Junta de Castilla La Mancha.

Alfonso XIII jugando al tenis en "El Tiro"

Alfonso XIII descansando en un partido de polo hablando con la Reina

Alfonso XIII jugando al Golf en La Granja

Alfonso XIII y Victoria Eugenia saliendo por la Puerta de La Granja

La Reina Victoria Eugenia jugando al golf en "El Tiro"

La Reina Victoria Eugenia paseando a pie por la carretera de El Tiro

La Reina Victorai Eugenia paseando a caballo por La Granja

El Rey Alfonso XIII Jugando al polo en “La Granja”. 1915

Excursión en caballos “Blases” . 1915

El Rey Alfonso XIII saliendo del Palacio de La Granja en un Hispano Suiza. 1915

La infanta Isabel de Borbón (“La Chata”) bailando el Rigodón en “El Tiro”

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El olivar de la Quinta del Duque del Arco en El Pardo (Madrid)

El Pardo es una prolongación de la Sierra del Guadarrama que casi se introduce en Madrid. Como los Montes de Valsain,  debemos la llegada de El  Pardo hasta nosotros a la Monarquía Española.  Fué también  respetado durante la República y la Dictadura de Franco, y afortunadamente lo ha seguido siendo, a pesar de las graves amenazas que le acechan, hasta nuestros días.

Con El Pardo, nos llegan muy cerca, las encinas centenarias, los viejos pinos , los corzos y los ciervos, los jabalíes , los buitres leonados y hasta la águilas imperiales, que los biólogos siguen, gracias a los radiotransmisores,  en sus largos viajes hasta Asturias.  El frescor de la Sierra con la nieve al fondo , puede sentirse muy cerca, cuando nos acercamos al poblado de Mingorrubio.

Felipe V , donó al Duque del Arco, un terreno en El Pardo, en donde el Duque contruyó , un pequeño palacete y un pequeño jardín al gusto francés.

Rodeando el palacete , el Duque plantó un bello olivar , una zona de frutales y de almendros, y es posible también que en aquella época hubiera también un viñedo. Al morir el Duque su viuda devolvió al Rey aquellos terrenos y todo lo que su marido había construido.  De este modo, el palacete y todo lo que rodea ha llegado hasta nosotros,  con el resto de las posesiones de El Pardo, de forma muy similar a cuando el Duque los disfrutaba.

Esta finca de recreo, incrustada entre las encinas del monte de El Pardo, con la Sierra de Guadarrama nevada como fondo, nos muestra una naturaleza domesticada de enorme belleza. La naturaleza está dominada por el hombre , pero sigue siendo hermosa, en los parterres , fuentes, paseos , y estanques del jardín. En los rosales restaurados. En las sequoyas gigantes que aún perduran.  También lo está en el olivar y en los cerezos y  en los almendros  que aún florecen cuando febrero muere.

En la Historia natural de Cayo Plinio Segundo (año 30 ), se mezclan las plantas salvajes y las cultivadas, pues los cultivos, aunque en cierta forma manipulados por el hombre, siguen siendo parte de la naturaleza y de sus ritmos. Refiriendose al olivo , Plinio cita a Teofrasto (371 A.de C), diciendo que el olivo entonces todavía no crecía en España y Laguna, en sus comentarios al Dioscorides , habla de un olivo salvaje, el acebuche, que crece cerca del mar y que yo todavía he visto silvestre cerca de las costas de Barbate, y el olivo cultivado.

Cayo Plinio Segundo, recoje toda la antigua tradición cultural del cultivo de la oliva  y de la producción artesanal del aceite, que en cierto modo debía de seguir respetandose en el siglo XVIII,  cuando el Duque del Arco, plantó en medio de El Pardo su expléndido olivar. Hoy ya nadie sigue la vieja tradición en la Quinta de EL Pardo, y las aceitunas negrean en los olivos del Duque, y caen con el tiempo al suelo,  de donde pueden cogerse y al exprimirse entre los dedos,  aún nos siguen ofreciendo su jugo aceitado , de la misma forma que se lo ofrecían a Plinio y a Teofrasto hace más de dos mil años.

Con los olivos,  los almendros y los cerezos  de la Quinta del Duque del Arco en El Pardo, podemos seguir los ciclos de la naturaleza  en esta extensión del Guadarrama tan adentrada en la ciudad, y sentir  este pedazo de naturaleza como  nuestro.  Algo que ahora no podríamos seguramente hacer , si al final esta finca no se nos hubiera transmitido  con el el resto de El Pardo , y  de las antiguas  posesiones que la vieja monarquía española, conservada  hasta nuestros días.

Entrada a la Quinta del Duque del Arco desde el palacete.

Olivo

Almendros en flor

Flor de un almendro

Olivos

Olivo

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