Porque amamos tanto al viejo hospital

Uno de las frases que me vuelven siempre a la memoria cuando , por algún motivo, vuelvo al Hospital Clínico de San Carlos,  en donde estudié, es de   D Gregorio Marañón.

Marañón había estudiado medicina clínica, al lado de Madinaveitia, en el viejo Hospital General de Madrid, donde hoy está el Museo Reina Sofía en la calle de Atocha, y allí había ganado una Jefatura de Servicio , cuando aún era muy joven. A este hospital volvió, creo yo que derrotado, a mediados de los años cuarenta, tras la Guerra Civil, y cuando ya se había iniciado la Segunda  Guerra Mundial.

En los años sesenta, cuando se celebra el cincuentenario de su servicio en el Hospital General de Madrid, D Gregorio se pregunta en voz alta , ante sus discípulos ¿Porqué amamos tanto al Hospital? .

Su respuesta es clara:

Amamos al hospital porqué en él está nuestra juventud.

Esta semana he vuelto al viejo Hospital Clínico a visitar a un amigo enfermo. El hospital no es aquél que yo viví hace más de treinta y cinco años, pero sin embargo sigue despertando en mí antiguas emociones y recuerdos.

Emociones duras de los primeros  contactos con el sufrimiento , la agonía , el dolor y la muerte. De la inmersión en  ese microcosmos,  en esa sociedad cerrada creada alrededor de la enfermedad, en donde había luchas, egos y poder como yo no he visto después en ningún otro. El olor de las salas, con el fetor de los cirróticos sangrantes  y del coma hepático. La respiración ruidosa de los pacientes con ictus. Del horror sórdido de las salas de disección , en donde abrían los cadaveres de las personas con las que habíamos estado hablando algunas horas antes. El ruido de las sierras circulares abriendo el cráneo.  L as noches de primavera en la Urgencia, donde entraba el frescor por la ventanas,  mientras oiamos amenazantes las sirenas de las ambulancias que se acercaban. Los suicidas y los locos en la Urgencia . El infierno de la droga y el alcohol…El sufrimiento humano en  sus formas más descarnadas y brutales.

Y tanbién la  ternura,  la compasión y la amistad de muchos. La  belleza  y la inocencia de  las estudiantes de enfermería y medicina,   una belleza que resaltaba aún mas en aquél ambiente. La bondad de muchos  con los enfermos y con nosotros. La inteligencia y la ciencia aplicada al alivio de los otros . Y mi admiración real  y mi gratitud , a los que entonces me enseñaban la medicina clínica, sobre aquellos cuerpos derrotados por la enfermedad.

Cuando esta semana he vuelto al Hospital Clínico , me ha vuelto surgir la misma pregunta, y  me he dado, como siempre,  la misma respuesta : amo a este  viejo hospital porqué en él está mi juventud , con  mis emociones y mis sentimientos de entonces. Emociones y sentimientos que viven aún dormidos en mi mente y que irremediablemente vuelvo a revivir en cuanto atravieso sus puertas. La diferencia es que ahora, quizás más que nunca, soy plenamente consciente de ellos, cuando aparecen.

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