Un cuadro del Greco en el Museo Reina Sofía de Madrid

San Jerónimo Penitente.Museo del Prado. Madrid

    Las salas del gran caserón al lado de la glorieta de Atocha, mucho antes de dedicarse a exponer los cuadros de pintura contemporánea, con el gran “Guernica” al frente, fueron las salas de un viejo hospital, el Hospital General de Madrid cuya fundación se remonta a  los tiempos de Felipe II. La primera piedra  de este hospital,  que en su inicio, como otros muchos hospitales españoles, fue un  asilo, se colocó el 8 de septiembre de 1596, y en su fundación tuvo un papel fundamental el Dr Cristobal Perez de Herrera.

    El Dr. D. Gregorio Marañón fue médico del Hospital General de Madrid desde muy joven , y su amor y  dedicación a él, salvo  en el paréntesis  devastador de la Guerra Civil y del Exilio, perduró toda su vida. En un bello artículo publicado en junio de 1936 sobre  ”El pasado, el presente,  y el porvenir del Hospital General de Madrid”, nos relata de primera mano como fue el hallazgo de un cuadro del Greco, en el hospital en 1933. Se estaban haciendo unas obras de acondicionamiento y se derribaron unas horribles celdas acolchadas  de la planta baja en donde se encerraban a los enfermos mentales  agitados , a los que era imposible sedar con los limitados remedios terapéuticos de entonces. Alguien descubrió en la parte más alta de una de estas celdas, que habitualmente permanecían totalmente a oscuras,  un cuadro  muy antiguo, que el Dr Marañón y el Dr Huertas, otro médico del Hospital Provincial, identificaron  sin ninguna  duda como un San Jerónimo del Greco, un motivo que este había llevado al lienzo en varias ocasiones.

    Nadie sabía como, ni cuando,  había llegado aquél cuadro a aquella celda oscura del hospital. Muchos creyeron durante siglos que el Greco era un loco, y también pensaron que este cuadro de San Jerónimo representaba también a otro loco, de lo que alguien quizás dedujo que el mejor sitio donde podía estar era en aquella terrible celda acolchada en donde encerraban a los pacientes furiosos. Marañón había estudiado desde los años veinte  la relación entre El Greco y la locura y siempre había mantenido la hipótesis de que los personajes que este pintaba en sus cuadros, representaban a los pacientes mentales crónicos que vivían en la Casa del Nuncio en Toledo , un palacio episcopal reconvertido con el paso del tiempo en un manicomio. En los años cincuenta del pasado siglo,  Marañón pidió permiso al director del viejo psiquiátrico para que algunos pacientes que allí vivían, si accedían  a ello, se dejaran el pelo y la barba largos. Los vistió después con unas túnicas que semejaban a las de los cuadros del Greco y los fotografió en una  actitud similar. Aquellas fotografías de aquellos pobres enfermos se reprodujeron en los semanarios de todo el mundo y causaron una gran extrañeza. Marañón quería hacer un paralelismo entre los místicos que el Greco  retrataba en Toledo, donde  vivía,  y algunos enfermos mentales crónicos que, siguiendo la tradición islámica, se tenían  como iluminados.

Gregorio Marañón con un enfermo mental crónico de la  Casa del Nuncio en Toledo

Gregorio Marañón con un enfermo mental crónico de la Casa del Nuncio en Toledo

Los apóstoles, según el Greco, y los enfermos mentales crónicos de la casa del Nuncio de Toledo, según Marañón.

Los apóstoles, según el Greco, y los enfermos mentales crónicos de la casa del Nuncio de Toledo, según Marañón.

   Volviendo al cuadro del Hospital General de Madrid,  este  apareció  intacto, solamente en la parte más baja tenía varios pinchazos. Una monja de la caridad muy anciana le contó al Dr Marañón, que tiempo atrás se encerró allí a un enfermo mental furioso que creía que el señor de las barbas del cuadro era el responsable de su reclusión  y que con un clavo  puesto en la punta de una escoba, le pinchó todo lo que pudo. Yo creo muy poco probable que un enfermo agitado pudiera tener a mano en aquella celda, una escoba y un clavo, con los que  dañar el cuadro, pero también lesionarse o lesionar a sus guardianes.

   El San Jerónimo del Hospital Provincial de Madrid, como en otros similares que se conservan del Greco sobre este tema , se encuentra en una actitud arrebatada, mística.  Mira  a la imagen de Cristo crucificado que contiene en su mano izquierda, mientras que en la derecha aprieta una piedra que coloca  contra su pecho y que creo que es  símbolo  del dolor, no solo corporal sino también psíquico. En la mesa hay  un reloj de arena,  que invita a reflexionar  sobre  el paso del tiempo, una calavera, que nos hace recordar la muerte ineludible,  y un gran libro , La Biblia , con el viejo y el nuevo Testamento, que él tradujo del Griego y del hebreo  al latín, y en donde según la tradición cristiana se encierra la revelación de la divinidad al hombre.  A la izquierda esta colgado su gorro de cardenal. Cuando personalmente miro este cuadro  y reflexiono sobre él,  me da la impresión de que  representa una alegoría muy  profunda del sufrimiento humano y de la doctrina cristiana del dolor.  Pienso que probablemente  fue colocado en aquella celda por alguien muy sabio, y con una gran compasión. Quizás   aquella persona pensaba que la visión del cuadro de San Jerónimo podría ayudar a templar  la  furia y la desesperación de a los que allí se encerraban y hacer más soportable su intenso sufrimiento.

    En 1970, este cuadro  fue cedido en depósito al Museo del Prado y se guardó en sus almacenes.  Quizás sea ahora  ya el momento de que este San Jerónimo  retorne a las salas del Viejo Hospital General de Madrid y que se recuerde  a sus visitantes su origen remoto en aquellas celdas en las que de tanto dolor y sufrimiento fue un día callado testigo.

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