Volver a los diez y nueve.

No sé qué año corría. No recuerdo bien en qué hospital sucedía. Acudía yo como estudiante a una guardia de obstetricia, el estudio de los partos. Había allí una pobre señora con un feto anencéfalo, un monstruo sin cabeza, al que no sé quién había dejado llegar al último estadio del embarazo. Este feto sin cerebro y sin cráneo, tenía un cuerpo enorme y desproporcionado. Aquella mujer, con aquel monstruo inviable en sus entrañas, se había puesto de parto, y el anencéfalo había empezado a descender por el canal del parto, con tan mala suerte que sus enormes clavículas se habían quedado encajadas en la pelvis de la pobre mujer, todavía bella y joven. Los médicos de guardia y los profesores a los que llamaron ante lo excepcional del caso, lucharon toda la noche por salvar su vida. Cuando llegó el amanecer, batallaban todavía contra la muerte en un quirófano al que yo ya no pude entrar. No sé si al final lograrían vencer.

Aquella brutal experiencia, me marcó para el resto de mi vida.

Ahora las noticias del último Consejo de Ministros, han vuelto a aflorar a mi memoria aquella traumática experiencia.

Esta tropa arraigada en el poder, Fernández, Bañez, Montoro,Wert, Gallardon… Nos están haciendo volver a los infiernos de la dictadura franquista. Esta tropa que despide el aroma de un cuartel viejo, de las oscuras tiendas del rastro donde vendían en montones la ropa militar usada, de las iglesias donde se decían las misas con los cadáveres aún en las cajas y en donde se intentaba paliar el olor putrefacto de los muertos con sprays de aromas de rosa envenenada, asemeja una bandada de buitres, destrozando con sus picos y sus garras la carroña que nos ha dejado la crisis. Están haciendo volver a nuestra generación a los diez y nueve, pero a diferencia de la canción de Violeta Parra, no a la vida y a la lozanía de nuestros cuerpos y a los sentimientos de entonces, si no a aquel ambiente que muchos de nosotros pensamos que ya nunca podría llegar a volver.

Dios quiera que a pesar de todas estas absurdas nuevas leyes, ninguna mujer en ningún lugar de nuestra tierra, tenga que volver a poner en peligro su vida, como la puso aquella pobre mujer en aquella lejana madrugada.

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