La aproximación a la Naturaleza de Francisco de Asís (1182-1226)

Francisco de Asís

De los santos cristianos, el  más cercano  a las religiones orientales y a su aproximación a la naturaleza es Francisco de Asis.

Francisco tuvo una iluminación  cuando era muy joven , y a través de esta y de lo que él aprende de  los Evangelios,  plantea una posición radical ante la vida. Esta actitud,  en muchos aspectos,  recuerda a las enseñanzas del budismo.

La renuncia, la falta de apego,  la pobreza, la humildad,  el amor y la compasión (que se extiende mucho más allá del propio hombre hacia todos los seres) recuerdan en muchos aspectos a las doctrinas  budistas.

No hay ningún dato de que Francisco de Asis hubiera tenido algún  contacto con el pensamiento oriental. Francisco de Asis llega a esta nueva actitud ante la vida  a través de su propia iluminación  que hace compatible con las enseñanzas de los Evangelios.

Tengo la impresión de que si Francisco de Asís hubiera nacido en la tradición budista  hubiera sido considerado, por su capacidad de compasión hacia todos los seres , como un “bodichita” absoluto. Es decir como un ser en el estadio más avanzado del camino espiritual. Estos bodichitas iluminados, a los que Francisco de Asis se asemeja,  son seres  absolutamente excepcionales. Algunos Budistas estiman que solo aparece un iluminado como Francisco  cada quinientos años y ciertamente , no sé si en la historia del Cristianismo, pueda haber alguien que pueda asemejarse a Francisco de Asís.

En el  Cántico a las criaturas, escrito por el Propio Francisco, todos los seres de la naturaleza , hombres, animales, vegetales y minerales, son tratados   como “Hermana/os”. Con este término de Hermano/a define una relación muy especial de amor y de compasión que Francisco extiende a  todos los seres.

“Loado seas, mi señor, con todas tus criaturas, especialmente el loado hermano sol,… Por la hermana luna y las estrellas… Por el hermano viento, y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo…Por la hermana agua…Por el hermano fuego… Por nuestra hermana la madre tierra”

Escribe Celano en su vida primera  de Francisco de Asís que “su espíritu de caridad se derramaba en piadoso afecto, no solo sobre hombres que sufrían necesidad sino también sobre los mudos y brutos animales, reptiles, aves y demás criaturas sensibles e insensibles”

“Al encontrarse  en presencia de nuchas flores”, sigue escribiendo Celano, ” les predicaba, invitándolas a loar al Señor, como si gozaran del don de la razón. Y lo mismo hacía con las mieses y las viñas, con las piedras y las selvas y con todo lo bello de los campos, las aguas de las fuentes, la frondosidad de los huertos, la tierra y el fuego, el aire y el viento, invitándoles con ingenua pureza al amor divino y a una gustosa fidelidad. En fin, a todas las criaturas las llamaba hermanas, como quien había llegado a la gloriosa libertad de los hijos de Dios, y con la agudeza de su corazón penetraba, de modo eminente y desconocido a los demás, los secretos de las criaturas.”

El mismo Celano en su vida segunda vuelve a insistir en la especial relación fraternal de Francisco con la Naturaleza a través de sus criaturas,  incluidas la piedras sobre las que andaba, y de su compasión no solo hacia los hombres sino a todos los seres.  A través de esta compasión,   a través de su propia presencia y de sus manos,  Francisco tenía también una gran capacidad de curación.

La enseñanzas de Francisco de Asis, aquí apenas esbozadas, señalan un camino de enorme valor en el mundo de hoy, en el que el ser humano tiene que volver a plantearse su relación con la naturaleza.

Creo que suponen además un valioso punto de contacto entre la visión muy profunda del cristianismo que  ellas representan ,  y  la tradición espiritual oriental. Entre las dos :  el amor y el respeto a la naturaleza  como fondo y un largo viaje por discurrir.

El Greco. Francisco de Asis

Primero de enero de 2011

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Una respuesta a La aproximación a la Naturaleza de Francisco de Asís (1182-1226)

  1. Frate Leo dice:

    Hace algunos años tuve la ocasión de visitar Assisi, donde viví una intensa experiencia espiritual. Existe en la parte inferior de la basílica una sala donde se exponen algunas reliquias del Santo, y entre ellas se encuentra un pequeño fragmento de papel que San Francisco regaló a su “frate” Leo, que éste conservó como un tesoro durante toda su vida. Ese papelito contiene, en una cara, la conocida oración del “Cántico”, y en la otra se recogen los versículos del Libro de los Números de la Biblia, en los que Dios indica a Moisés la fórmula de la bendición a los israelitas: “El Señor te bendiga y te guarde; el Señor haga brillar su rostro sobre ti y tenga piedad de ti; el Señor te muestre su rostro y te de la paz”.
    La emocion que sentí no sólo provenía de la belleza y simple perfección de la oración, y de las desconcertantes energías que se concentran en Assisi, sino también de que esos mismos versículos los había incluido una tía mía, monja católica, en una biblia que me había dado como regalo de boda, modificando hábilmente la segunda persona del singular por la del plural, para dar así una bendición conjunta a los nuevos esposos.
    Comprendí en ese momento, que también mi tía, a la que algunos sobrinos sarcásticos llamaban la “tía marciana”, había emprendido, como San Francisco, una vida de renuncia, de falta de apego, de pobreza, de humildad, y de compasión, muy pocas veces entendida en nuestra sociedad.
    Desde entonces, he aprendido a respetar y a valorar cualquier gesto de contenido espiritual o religioso, pues todos ellos están encaminados a recordar el sentido trascendente de nuestra vida (con mayor o menor acierto y en función del propio grado de desarrollo espiritual de quien los realiza), y nos pueden ayudar a todos a disfrutar, aquí y ahora, de Dios y “de todas sus criaturas”.

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