Meditación de la medicación.

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Conforme nuestro cuerpo envejece vamos necesitando tomar cada vez más píldoras, comprimidos, tabletas … ,  para intentar regular las funciones alteradas de nuestro organismo.

En muchas ocasiones con esta medicación controlamos los síntomas o la evolución de enfermedades  que nos producen molestias, pero otras muchas veces, no tenemos  sentimiento de estar enfermos, sin embargo  nuestra tensión arterial, nuestro colesterol, nuestros niveles de azúcar… pueden estar por encima de los niveles deseados, y  las medidas de cambio de nuestra alimentación y aumento del ejercicio físico, no son suficientes para hacer descender sus  valores de forma apropiada y necesitamos medicarnos.

Mientras en el caso de enfermedades sintomáticas la toma de la medicación nos alivia y nos ayuda a controlar la enfermedad, en el caso de  trastornos asintomáticos, en general no nos gusta tomar medicación. Nos hace recordar que nuestro cuerpo está fallando. Nos sentimos dependientes de ella, pues sabemos que si la abandonamos, los valores alterados de glucosa, tensión… retornarán a los niveles previos y tendremos mayor probabilidad de tener problemas.  El tomar la medicación  aumenta, por otro lado,  la posibilidad de presentar efectos secundarios no deseables. Sentimos muchas veces rabia por tener que tomarla.

Un médico y filósofo americano, Drew Leder, nos plantea una nueva perspectiva de la medicación: la de  un regalo con múltiples facetas.

Las tabletas, las píldoras , los medicamentos que tomamos, materializan  el trabajo y el esfuerzo de miles de personas , que dedicaron muchos años de su vida a su investigación y desarrollo, y a ponerlas a disposición de los médicos y los pacientes.

Implican también  el ofrecimiento voluntario de a veces muchos miles de pacientes y personas que han participado en los estudios del medicamento, y la exposición y el sacrificio de cientos de animales que fueron estudiados para garantizar su  seguridad y su eficacia antes de empezar a ser estudiado en el hombre.

Conlleva también la sabiduría del médico que nos lo ha prescrito,  y la capacitación del farmacéutico que nos lo ha dispensado. Los años estudio y aprendizaje que les ha costado para poder llegar a hacerlo. La empatía y la compasión de sus cuidados.

La medicación es un regalo de todos ellos, y como tal lo agradecemos.

La financiación pública de nuevos medicamentos a través de los impuestos generales, es  un regalo de los millones de  personas que tienen que entregar  parte de sus ingresos al Estado y  mantener  este la equidad de acceso a las medicaciones para todos los pacientes.

Los antiguos griegos no distinguían entre los alimentos y los fármacos. Los alimentos tenían como los propios fármacos capacidad de modificar nuestro organismo, y ambos se integran e nuestro cuerpo para ejercer su acción. Los viejos filósofos taoistas  compartían esta visión holística de los medicamentos. Wang Yang-ming, un filósofo chino del Siglo XVI escribía:

El viento, la lluvia, el rocio, los truenos, el sol y la luna, las estrellas, los animales y las plantas, las montañas y los rios, la tierra y las piedras,  forman esencialmente un solo cuerpo con el hombre. Es por esta razón por la que algunas cosas como los granos de cereales o los animales pueden nutrir al hombre y por la que  algunos otros tipos de cosas como las medicinas o los minerales pueden curar las enfermedades. Como todos ellos comparten la misma fuerza material: penetran el uno en el otro”

Los medicamentos, aún los de síntesis química, penetran en el interior de nuestro cuerpo y se integran en él para ejercer su acción.

Los antiguos médicos hipocráticos hablaban también de una fuerza interior en nuestro organismo, que tendía a hacernos recuperar de la enfermedad ,  una vix medicatrix naturae. Los medicamentos actuarían ayudando a nuestros mecanismos internos de curación que han sido sobrepasados, han entrado en círculos viciosos o son insuficientes, por sí mismos. En este sentido, nadie podría pensar hace tan solo un lustro que el cancer se podría llegar a controlar ayudando a nuestras defensas naturales que han sido sobrepasadas por el tumor.

En la tradición católica, en la budista , en la taoísta, es normal hacer paradas a lo largo del día para volver al propio centro. La toma de la medicación se realiza con un cierto ritmo: cada doce horas, cada ocho horas , y esta es una espléndida ocasión para pararse:  para agradecer a la comunidad por este regalo que nos ha dado, para  centrarnos en nuestro propio cuerpo y en  su capacidad de curación, para sentir la unión con el resto de las cosas y expresar nuestra gratitud por la vida . Es el momento de realizar nuestra  meditación de la medicación.

 

 

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