Nosotros y los coronavirus

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El hombre solo puede entenderse como una parte del planeta en el que vivimos.

Quizás la más genial aportación para la comprensión del mundo del que formamos parte es la de Charles Darwin. La evolución orgánica  explica la unidad de la vida y al mismo tiempo su enorme diversidad. Todos los organismos vivos derivamos de una estructura viviente primitiva. De esta,  muy  poco a poco, fueron desarrollandose un cada vez mayor número de  organismos,  de una  progresiva  complejidad y mejor adaptados al medio. La especie humana  es única,  no solo en lo que se refiere a su estructura biológica, sino fundamentalmente por su mente, por su capacidad simbólica y  por su poder de entender la realidad  que le rodea y de cambiarla,  que mejora enormemente  su  capacidad de adaptación y de supervivencia y le coloca en una posición única en la naturaleza.

La brutal epidemia producida por el coronavirus  SARS-CoV-2  en la que estamos inmersos puede conceptuarse como un choque  enormemente violento  entre este organismo aparentemente simple,  pero enormemente evolucionado para sobrevivir en su medio;  y el hombre, la criatura más avanzada y compleja de la naturaleza.

Desde el punto de vista biológico,  el organismo humano  tiene unos complicados  mecanismos defensivos para impedir de la invasión de los microorganismos,  y también  unos mecanismos de regulación que le permiten  mantener su  estabilidad  orgánica  durante  la agresión. La invasión por el  SARS-CoV-2 es capaz  de alterar profundamente  estos  mecanismos inmunológicos defensivos , provocando por un lado una disminución de las células inmunitarias, y por otro lado una alteración de su regulación. Esto puede ser la causa,  en los casos más graves,   de una liberación masiva de mediadores inflamatorios ,  que pueden por un lado  llevar a la inundación de los espacios alveolares de los dos pulmones y a la insuficiencia respiratoria;  y, por otro,  a una situación de Shock y de fallo multiorgánico.

La enfermedad, de esta forma,  se puede  manifiestar de una manera variable  que  depende por un lado de la capacidad invasión  del nuevo virus, y por otro lado de los mecanismos defensivos del organismo, que, como hemos visto,   pueden llegar a estar profundamente alterados por el  mismo.  Algunos pacientes, los más graves,  aproximadamente un 5% de los infectados, en los que existe probablemente esta desregulación inmunológica masiva, presentan un cuadro gravísimo de distress respiratorio y shock con fallo multiorgánico , que precisan ser atendidos en las UCIs.  En el otro extremo se encontrarían  los pacientes que tienen cuadro leves, o que incluso están asintomáticos, en los que probablemente  los propios mecanismos de defensa han logrado controlar y eliminar al virus de forma eficiente;  constituirían, en la experiencia de China,  un 80 % de los casos. Por fin, estarían los  casos intermedios, con invasión pulmonar y neumonías clínicas , que precisan ser ingresados en las plantas generales de los hospitales y  que constituirían un 15% de los casos. Estos porcentajes de 5, 80 y 15, varían en las distintas regiones.

Se sabe que el virus SARS-CoV-2 infectan a los murciélagos de cierta región de China y  se cree que  en algún momento pasó  a infectar a un exótico animal de esta región:  el pangolín. De este animal y de  forma que no se conoce bien, saltó después a infectar al hombre. Lo hizo   al principio tan solo  afectando quizás  a una o dos personas   y en  dos-tres meses, por contagio fundamentalmente directo,  de hombre a hombre , por vía respiratoria, a través de las gotitas contaminadas que expulsamos con la tos. Pero probablemente también lo hace de forma indirecta, a través de la contaminación con aerosoles del aire que respiramos;  y de los objetos, que nosotros tocamos y nos llevamos a la cara. Por medio de estos mecanismos de transmisión  el virus  ha llegado a infectar  a cientos de miles de personas  en  todo el planeta, y a matar a  decenas de miles de ellas.

El análisis de la estructura genética del virus, una cadena directa simple  de RNA,  muestra semejanza con la cadena de los coronavirus de los murcielagos  y de los pangolines, y también con otros coronavirus responsables de otras epidemias de gran mortalidad en el pasado , como la del SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome, Síndrome respiratorio agudo grave en castellano) o el  MERS ( Midle East Respiratory Syndrome, Síndrome respiratorio  agudo del Oriente Medio). Se piensa que el SARS-CoV-2  ha adquirido su agresividad y  su enorme capacidad de difusión por medio de un  proceso evolutivo  que ha tenido lugar en los reservorios de los murciélagos. En un intento de superar los mecanismos inmunológicos muy eficientes del murciélago, el virus, por selección natural se ha ido fortaleciendo y resistiendo a las defensas de este animal. Cuando el virus, perfectamente adaptado a vivir en un ambiente inmunológico muy hostil,  ha pasado al hombre,   se ha encontrado con unos sistemas inmunológicos diferentes   y probablemente con una  menor capacidad para contenerlos. También para lo malo, formamos parte de las cadenas de la  naturaleza.

Pero la invasión por el virus no solo ha alterado nuestros organismos biológicos.  También ha provocado una brutal alteración de nuestras estructuras sociales, laborales, productivas y sanitarias, como nunca se había visto antes, amenazando y destruyendo ya en parte,  todo nuestro orden y construcción  social.

Walter B. Cannon, el médico y fisiólogo de Harvard del primer tercio del pasado siglo, a partir de la obra de Claude Bernard, el genial fisiólogo francés de la segunda mitad del Siglo XIX,  estableció el concepto de Homeostasispara designar el conjunto de mecanismos que mantienen la estabilidad de los seres vivos, a pesar de las agresiones. El mismo Cannon señaló como estas ideas sobre la regulación de los organismos vivos podrían aplicarse a los sistemas sociales. Con agresiones como la que estamos sufriendo, el sistema social, pondría en marcha complejos ajustes que intentaría llevarlo a una situación  de equilibrio estable. Pero esta reacción como sucede con los organismos vivos podría ser suficiente , insuficiente y también excesiva; y en los dos últimos casos llevarnos  a una situación de daño y destrucción de nuestro entramado social. En el caso de que recuperáramos  de nuevo  un punto de equilibrio estable,  este podría ser similar al anterior, pero también pudiera ser que el nuevo punto de estabilidad, como nos enseñaron los teóricos de la dinámica de sistemas, fuera un  punto completamente distinto al anterior y que nos acercaremos, a un nuevo punto de equilibrio del sistema social.

 

 

 

 

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