Todas hieren, la última mata

Cuando el escritor Camilo José Cela lee su discurso en la recepción del Nobel, empieza con un recuerdo a su maestro Pío Baroja y al lema estremecedor, referido al paso de las horas, que tenía grabado en un reloj de pared en su casa de la calle de  Ruiz de Alarcón en Madrid: ” Todas hieren, la última mata”.

Baroja había recogido este lema de la inscripción del reloj de sol de la torre de la iglesia de Urruña, una aldea del País Vasco Francés, en el camino de Hendaya a San Juan de Luz. El lema estaba escrito en latín: ” Vulnerant omnes, ultima  necat “.

D Pío hacia excursiones a pie desde su casa en Bera del Bidasoa , Itzea, hacia San Juan de Luz, bajando los puertos que rodean el monte Larrune y sin duda , en su paso obligado por Urruña, aquella inscripción  le había impresionado profundamente.

Recogió la frase  en varias de sus novelas: Zalacaín el aventurero,  Memorias de un hombre de acción ( Los recursos de la astucia) y en Las aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox.

Baroja había estudiado medicina en la Facultadde Medicina de San Carlos y en las salas del Hospital General de Madrid y había  ejercido como médico rural  en Cestona en Guipúzcoa. Allí, como tantos médicos de entonces y de ahora, se habría encarado muchas veces con la muerte. En sus memorias relata el ambiente de las salas de disección de San Carlos, en donde los estudiantes se enfrentan por primera vez  con los cuerpos sin vida. También nos cuenta sus experiencias con las autopsias que tuvo que practicar personalmente a  los cuerpos de los vecinos de Cestona muertos en forma violenta o sospechosa. Algunos de los cadáveres  que disecciona en la morgue de Cestona, son de personas que ha conocido en vida, como la curandera medio bruja que vivía en un chamizo, cerca de una cantera, a la  salida de Cestona, muerta en la noche como consecuencia de una caída.

D Pío era un hombre sensible y a pesar de la aparente dureza con la que se enfrenta a la muerte, no cabe duda de que su presencia le impacta y le hace reflexionar.

La   ausencia de vida en el cuerpo frío e inerte que poco tiempo atrás hablaba, se movía, respiraba, latía, hace inmediatamente pensar en un algo que lo animaba y que ya no está en él. Es el ánima, el alma, que  en el momento de la muerte ha abandonado ese cuerpo. En la tradición budista ese alma busca un nuevo cuerpo, y dependiendo de su grado de evolución espiritual, se reencarnará en un animal o en un hombre. Este ciclo de las almas es motivo de sufrimiento, pero  puede romperse y conseguir que el alma abandone definitivamente estas ataduras.

En la tradición cristiana, el alma, tras la muerte, según haya  sido nuestra vida, puede pasar al cielo, al purgatorio, o al infierno. Pero al igual que ocurrió con  el cuerpo de Cristo y su resurrección , en determinado momento vendrá la resurrección de la carne, y cada cuerpo se unirá de nuevo con su  alma.

Pero D Pío como buen materialista, no creía en un alma independiente del cuerpo. El alma , el ánima, la vida del cuerpo, no era nada más que una manifestación de la materia organizada, algo así cono la  secreción gástrica o biliar, y cuya existencia acababa también con la propia muerte del cuerpo.

La vida del hombre abarca desde el nacimiento hasta la muerte. El nacimiento, punto de origen de este camino, no es  a su vez sino el punto final del desarrollo, del crecimiento y  la maduración fetal. Este camino , por el que van andando  el lactante, el niño, el joven, el adulto, el anciano, conduce irremediablemente a un solo final.

Hay en esta senda sin retorno, una etapa creciente, de desarrollo y maduración , y otra decreciente que se inicia en cierto momento de la madurez y que se manifiesta en un declinar continuo, con una velocidad que es muy variable de unas personas a otras. Sobre este camino aparecen accidentes, enfermedades agudas y crónicas que pueden acabar con él definitivamente , o que en el mejor de los casos van incidiendo negativamente en este  proceso sin retorno.

“Todas hieren, la última mata”, hace referencia a este paso inevitable de las horas, a ese deterioro más o menos rápido que aparece con el declinar que acontece desde nuestra madurez hacia la vejez.

En la tradición del maestro budista Tich Nhat Hanh se  utiliza el sonido que marca las horas, para parar la atención sobre lo que estamos haciendo y volver a la realidad del aquí y del ahora y a nuestro interior: I am home. El  ser más conscientes de esta realidad del paso de las horas y de nuestro destino final, nos puede ayudar  a vivir más la vida en cada momento,  a ser más conscientes  del aquí y del ahora ( I am in the here and in the now) y  a  irnos preparando desde el punto de vista espiritual para el definitivo momento.

” Vulnerant omnes, ultima  necat”. Baroja  tenía este lema tremendo de la torre de la iglesia de Urruña, siempre presente en su reloj de pared y sin duda el sonido del paso de las horas le hacia reflexionar sobre la realidad de la vida y de la muerte, y  también recordar el sonido del campanario de la torre de Urruña, en aquella tierra a la que tanto quería.

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Plaza de Urruña

Plaza de Urruña

Torre de lglesia de Urruña

Torre de lglesia de Urruña

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Una respuesta a Todas hieren, la última mata

  1. José María Taberna dice:

    Carlos, preciosa disección de Baroja, el tiempo y las creencias a partir de la leyenda latina de los relojes. He leído todo Baroja y recuerdo perfectamente la cita, además la familia de mi padre procede de Bera de Bidasoa y yo pasaba los veranos allí con mi abuela. Conozco la casa de Iztea, Larrune, San Juan de Luz, el Col d’Ibardin.
    Te escrito me ha hecho volver a aquellos años de mi infancia y a las lecturas de muchos años después en un vuelo “here and now”

    Muchas gracias.

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