Las fotografías de Augusto Arcimís en La Granja de San Ildefonso ( 1899-1905). II. Los paseos por los alrededores.

Arcimís, como buen institucionista, tenía una  aproximación  muy especial  a la naturaleza, y esta relación está  reflejada en sus fotos esteroscópicas de aquellos años.

Las salidas al campo en los veranos de entonces en  La Granja parecían ser  de tres tipos: los paseos a pie, las excursiones en coches de caballos, y las expediciones a caballo  al pinar o a las cimas del Guadarrama.  De todas ellas existe testimonio fotográfico en la colección de Arcimís. Muchos de los lugares retratados por Arcimís en sus salidas al campo, están también recogidos en la guía de La Granja de Breñosa y Castellarnau, publicada unos años antes.

En esta entrada nos centraremos en las fotos de los paseos a pie alrededor de la Granja, dejando para más adelante las de las excursiones en coche de caballos y las expediciones a caballo por el Pinar y las cumbres de Guadarrama.

Vista General de La Granja a principios del Siglo XX

Vista General de La Granja a principios del Siglo XX

El Nogal de las Calabazas, da nombre a una de las rutas más frecuentadas por los paseantes entre La Granja y Valsaín. El nogal desapareció, al parecer después de la Guerra Civil, y esta fotografía de Arcimís es la única que conozco de este famoso árbol que ni daba calabazas, ni al parecer tampoco nueces. Hace unos años se volvieron a plantar nogales en este lugar y se reconstruyó una fuente.

El nogal de las calabazas

El nogal de las calabazas

Las casas de la pradera de Valsaín, estaban flanqueadas a inicios del siglo pasado de pequeños castaños de indias que más de cien años después tienen un tamaño majestuoso. Es incomprensible  que estos  castaños, sean hoy  sometidos a podas drásticas y mutilantes, con sierras mecánicas y grúas que han llevado a más de uno a la muerte.

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El puente de los canales sobre el río Valsaín, servía para llevar agua al Parque del palacio, a través de un sistema de caceras. En realidad es un acueducto de la época de Felipe II y su sistema de construcción sigue el de los viejos acueductos romanos. En su concepción primitiva, que es la que recoge la foto, los troncos a medio vaciar de los pinos sujetos en la parte más alta son los que conducían el agua desde el arroyo en donde se origina el acueducto, hasta el sistema de caceras  que cruzan el Parque hacia antiguos depósitos cercanos al palacio.

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El Camino de Pesquerías, de la época de Carlos III, construido de grandes bloques de granito, recorre la ribera del río Valsaín durante muchos kilómetros, hasta el hoy denominado arroyo del Telégrafo. El camino de Pesquerías es en realidad un tipo de jardín romántico integrado en la Naturaleza para su disfrute. Las fotos recogen algunos tramos del río a la altura del puente del Anzolejo que forma parte de este camino.

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La fuente de Santa Isabel aún sobrevive rodeada de construcciones en la urbanización de la Seo de Urgel aunque con el acuífero desecado. Al fondo las sábanas de las lavanderas se secan al sol.

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El Chorro Grande puede verse desde muchos kilómetros cuando lleva el agua del deshielo y sigue siendo un destino clásico  de los paseos desde La Granja. La visión desde la mata de Navalosar camino de El Chorro  ha cambiado drásticamente tras la urbanización del lugar.

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En La Casa de Vacas pastaba el ganado de los reyes, pero fue desamortizado del patrimonio real en la mitad del Siglo XIX. A diferencia de otros bienes desamortizados en la época,  la Mata de la Sauca, como la de Navalosar, nunca retornó a  la corona y permaneció en manos privadas lo qué favoreció su urbanización parcial a finales del pasado siglo. Arcimís recoge en sus fotografías  a las lavanderas que tendían al sol  sus ajuares blanco sobre la hierba o sobre los matorrales.

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Las Peñitas, era un lugar clásico para  pequeños paseos hacia el campo, si no específicamente en  este lugar, aún quedan este tipo de bloques de granito entre la carretera de Segovia y la ribera del río Valsaín, si bien no parece que la gente pasee mucho ahora hasta ellos.

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Las  Pasaderas, siguen siendo un paso obligado a la orilla izquierda del río Valsaín en las cercanías de La Granja, aunque a veces cuando el río está crecido, los grandes bloques de granito pueden llegar a ser desbordados por la corriente de agua. Un poco más allá se construyó un pequeño puente de hormigón que presta el mismo servicio , pero que le resta encanto al paso del río.

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Las fotos de Arcimís son un testimonio único de como eran los lugares de paseo cerca de La Granja hace más de cien años. Estos lugares siguen siendo destino habitual de muchos paseantes . En algunas zonas el deterioro del paisaje ha sido notable, fundamentalmente en las zonas del patrimonio real que pasaron a manos privadas y que , a diferencia de otros bienes desamortizados, nunca retornaron a sus dueños : las matas del Navalosar y de La Sauca.

La colección completa  de las fotografías estereoscópicas de Augusto Arcimís se encuentra disponible en formato digital en la web del Instituto para la Conservación del Patrimonio Cultural de España dependiente del Ministerio de Educación. Esta colección se compone de más de 800 fotografías de las que alrededor de 300 están hechas en La Granja.

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Las fotografías de Augusto Arcimís en la Granja de San Ildefonso (1899-1905). I. La casa de Arcimís

En otra entrada de este blog escribí sobre  un grupo de científicos de la Intitución Libre de Enseñanza en la Granja de San Ildefonso en la última mitad del Siglo XIX.

Formaba parte de aquél grupo, el astrónomo  y meteorólogo Agusto Arcimis, primer director del Instituto Nacional de Meteorología.

Hace algunos  meses,  Pedro Heras me alertó sobre el hallazgo en la Fundación Duques de Soria de una colección de antiguas fotografías estereoscópicas de La Granja realizadas por Agusto Arcimís.  Acu Estebaranz  ha publicado recientemente una selección   de estas fotos en su blog. La colección completa  se encuentra disponible en formato digital en la web del Instituto para la Conservación del Patrimonio Cultural de España dependiente del Ministerio de Educación. Esta colección se compone de más de 800 fotografías de las que alrededor de 300 están hechas en La Granja.

Las fotos de la Granja de  Arcimís componen un reportaje detallado, preciso, minucioso, de los veranos en La Granja de la burguesía científica ilustrada que se va componiendo alrededor de la Institución. Están reflejados en las fotos:  la pequeña casa y su jardín, las excursiones, las fuentes,  el palacio, su familia, las calles del pueblo…Está también la luz de La Granja en todas ellas. La mentalidad científica, sistemática  y ordenada de Arcimís se ve retratada en este conjunto de fotografías que forman un testimonio único sobre La Granja en aquellos años.

De todas las fotografías de Arcimís de La Granja , quiero  centrarme hoy en  las  de su casa y  su entorno.

Creo que esta  casa , hoy desaparecida,  estaba en la calle Travesía del Horno número 14,  un número de la calle que hoy tampoco existe.

En el último tomo de la historia que Antonio Jimenez Landi realizó de la Institución,  escribe que Arcimís legó esta casa  a la Institución:

 Con inexplicable retraso, La Junta Directiva quiere saber en qué situación legal se encuentra la casa que D Augusto Arcimís tenía en La Granja y la cual legó a la Institución…  De las indagaciones pertinentes se encarga Juan Uña (Acta 21 de octubre de 1935) … Pero estas indagaciones resultan ineficaces.

 En otras entradas de este blog me he referido a las estancias en La Granja de dos importantes miembros de la Institución:  José de Castillejo Manuel Bartolomé Cossio. Creo que los  dos se alojaron  en esta casa.

Castillejo habla en el verano de 1915,  de su estancia en La Granja en una “ casita simpática” , del  ” jardincito” y “los cuartos pequeñitos, con los muebles antiguos” , “… Los muebles viejos, la escalera y los cuartos ingenuos y tranquilos…” Lo que concuerda muy bien con las fotos de la casa que hizo Arcimís. ” Como me acuerdo de Arcimís, a quien conocí todavía fuerte en su vejez ! “, escribía entonces.

Por otro lado, Cossio había estado en el verano de 1916 en La Granja, y por una postal que envía a Juan Ramón Jiménez, sabemos que estaba alojado en la Travesía del Horno 14, localización que concuerda perfectamente con las fotos que Arcimís hace del entorno de la casa.

La casa era pequeña con dos plantas y buhardilla  y tenía adosado un pequeño jardín.

La casa de Arcimís en La Granja que después fue de la Institución

La casa de Arcimís en La Granja que después fue de la Institución

En el jardín, según escribía Castillejo había perales y rosales. Vivía allí un pequeño gatito que el meteorólogo captó con su cámara.

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Muy probablemente, como ya  hemos dicho, la casa estaba localizada al final de la Travesía del Horno, al final de  la acera de las casas pares,   enfrente  de la de la tienda de muebles El Henar y el Colegio Peñalara. Quizás hacía esquina con la calle de San Juan Nepomuceno, donde está hoy el centro de salud. Al estar al final de la Travesía del Horno  la casa lindaría también con la plaza del Tío Cocinas, hoy denominada Río del Tío Cocinas porque por allí pasaba, según los planos antiguos un riachuelo.

 

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El interior de la casa estaba decorada con muebles de madera antiguos, probablemente de la primera mitad del XIX y se iluminaba con quinqués. No faltaban los cuadros y los papeles pintados en las paredes. La decoración era la de una casa de un familia burguesa acomodada de aquella época.

En la  planta baja había un salón y un comedor.

Salon y Comedor en la planta baja

Salon y Comedor en la planta baja

En la primera planta, un pequeño salón en el que lucía una antigua marina,  bien decorado con consolas y espejos, daba paso a los dormitorios.IMG_0224

 

Salon en la primera planta

Salon en la primera planta

En el despacho de Arcimís, además de las reproducciones fotográficas de las distintas fases de la Luna, y de la superficie de la Luna había varios paisajes pintados al óleo.

Despacho de Augusto Arcimís en su casa de La Garnja

Despacho de Augusto Arcimís en su casa de La Garnja

Desde la casa se veía la Sierra, y desde la ventana del estudio de Arcimís, La Silla del Rey y Peñalara.

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La colección completa  de las fotografías estereoscópicas de Augusto Arcimís se encuentra disponible en formato digital en la web del Instituto para la Conservación del Patrimonio Cultural de España dependiente del Ministerio de Educación. Esta colección se compone de más de 800 fotografías de las que alrededor de 300 están hechas en La Granja.

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Juan Ramón Jiménez en el Guadarrama. Verano de 1903

Cuando Ricardo Gullón ingresa en la Real Academia, dedica su discurso a un año crucial en la vida de Juan Ramón Jiménez :1903.

Retrato de Juan Ramón Jimenez por Sorolla a inicios de 1900

Retrato de Juan Ramón Jimenez por Sorolla a inicios de 1900

Juan Ramón llega a Madrid en 1901 aquejado de una enfermedad mental, aún hoy escasamente definida,enfermo de sueños y melancolía escribiría de él Cansinos Ansen,  e ingresa en el Sanatorio del Rosario por recomendación de su médico Luis Simarro Lacabra.

Simarro , médico, neurólogo, psiquiatra, histólogo y catedrático de Psicología Experimental, es miembro de la Institución Libre de Enseñanza y amigo personal de Francisco Giner de los Ríos.

 

Luis Simarro por Sorolla

Luis Simarro por Sorolla

A través de Simarro,  Juan Ramón entra en contacto no solo  con Giner y Cossio , sino  también con  un grupo de médicos de la Institución:  con Juan  Madinaveitia muy cercano en edad a Simarro, y con  otros más jóvenes como Nicolás de Achúcarro, Miguel  Gayarre y Francisco Jimenez Sandoval. Al morir la mujer de Simarro, Mercedes Roca, Juan Ramón y  Achucarro, van a vivir  a su casa. Achucarro, neurohistólogo, precozmente fallecido, y Juan Ramón, poeta, se hacen muy amigos

El Guadarrama forma parte del paisaje  de alguno de los paseos de Juan Ramón, por el  Madrid de entonces. Así lo retrata el poeta:

 En el fondo, Guadarrama adormecía su mole azul y rosa, llena de una dulce y despintada pedrería.

…….

Sobre el cielo azul las ramas de un verde claro y tierno se estremecían  a la brisa de cristal que el Guadarrama, descubierta y amable su nieve en la tarde limpia y nueva, mandaba como en un río  ideal y aéreo.

 Simarro, como Giner, pensaba que el contacto con la Naturaleza era un  buen medio para fortalecer  el alma y el cuerpo, y considera  que una temporada en la Sierra, sería muy beneficiosa para Juan Ramón. Y allí le envía, probablemente en el verano de 1903 y encarga su cuidado a su discípulo el Dr Francisco Jimenez Sandoval, gran amante de la Sierra, y junto con D Juan Madinaveitia y Miguel Gayarre,  uno de los primeros esquiadores  en el Guadarrama.

El Dr Rodriguez Sandoval por Sorolla. 1906. Museo del Prado .Madrid

El Dr Rodriguez Sandoval por Sorolla. 1906. Museo del Prado .Madrid

El poeta  y su médico Sandoval fueron   a Cercedilla  a una casa que allí tenía , al parecer, D Luis y que luego compraría el pintor Sorolla, tan unido entonces a  aquel grupo. Juan Ramón  dejó algún relato sobre su vida con el Dr Sandoval en la Sierra  en aquél tiempo:

 Nos echábamos en las piedras grandes de la mayor soledad, Cercedilla,  entre el cuervo y la hormiga. Y  allí,  en doble individualidad acompañada, leíamos, ciencia o poesía, estudíabamos  latín, alemán o inglés, soñábamos, pensábamos, todo con la vehemente ilusión de nuestras dos juventudes; yo 22, él 45. De pronto, un tren pasaba rozándonos con sus techos meneados nuestra planta, por el desfiladero estrecho, boca casi del túnel de San Rafael. Y el Sol trasparentaba arriba la avena, como la estará pasando ahora mismo, 29 de junio; el mismo sol y otro, la misma y otra avena. Latían bien nuestros corazones, el de cardiólogo de Sandovalito y el mío de cardíaco.

…………

El sol se ocultaba tras las Cabezas de Hierro, y los Molinitos se tintaban de violeta y gris en islas de rosa última, quietos con los «humanitos» como decía Sandovalito, como te llamaba Simarro. Contra el roble diminutivo, que me contajió entonces también,  acaso un toro negro, un hombre pardo nos acosaban con cuernos y honda.

Buenas piernas entonces las nuestras, como clavos, para correr y aguantar, subir a todos los picos, para andar las horas seguidas, a donde fuera y con resorte para la vuelta. Volvíamos todas las tardes por la alta vía, pecho al aire sin réplica. Cojíamos una flor, bebíamos un agua, seguíamos una nube. Anocheciendo, el olor de la madreselva y el fresco del riachuelo nos paraban en una piedra, descanso último  ya con la luna o estrella de nuestras casas. Buen amigo Sandovalito para la vuelta como para la ida o la estada. Palabra justa, silencio sin miedo ni inquietud. De acuerdo en lo bastante, y en lo que no, risa buena. Y buen médico de juventud, sin socio boticario ni enterrador, Francisco Sandoval.

Más allá de esta estancia, que marcó sin duda a Juan Ramón , existen noticias de algunas excursiones del poeta por El Guadarrama.

 En Cercedilla de Guadarrama, dormía yo una noche en la misma alcoba que un amigo mío de Madrid, con quien fui un fin de semana para subir reunidos a los siete Picos

 Los biógrafos de Juan Ramón , señalan también que entre 1904 y 1905 el poeta acompañaría en varias ocasiones a Giner de los Ríos y otros institucionistas (Cossio y Azcárate) en sus excursiones dominicales a la sierra madrileña.

Aquella temporada en la Sierra en 1903, fue el origen del libro de poemas Pastorales que publicaría en 1911: Una larga estancia en las montañas del Guadarrama me trae las Pastorales.

He releído en esta tarde lluviosa de otoño las Pastorales de Juan Ramón en busca de la  Sierra en sus poemas, pero lo que está allí no es  el Guadarrama sino una idea sublimada de la Naturaleza basada en la propia Sierra, en el campo de Moguer y posiblemente , como escribe Gullón,  en el pueblo francés de Nerac, durante su estancia en el sanatorio de Castel d’Andorte cerca de Burdeos.

En Pastorales está también la música romántica,Schüber y Bethoven,  la mujer que forma parte de la Naturaleza y su idea Panteista de la Luna, todo ello unido a su sensación, a su diálogo con  la Naturaleza.

Enfermo de sueños y de melancolía, enfermo siempre de muerte, las sensaciones del Guadarrama y el recuerdo de sus amigos excepcionales  en aquellos años acompañarían para siempre al poeta, aún  en su difícil camino por el exilio americano.

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El juego del mallo ( Le Jeu de Mail) en los jardines de La Granja de San Ildefonso

En un antiguo plano de 1722 de los jardines de La Granja aparece claramente delimitada una zona que corre paralela al parterre de La Fama y  que en determinado momento se acoda y se dirige hacia el noroeste. El lugar se denomina en el plano Le Jeu de Mail, lo que con el tiempo derivó al nombre de Juego del Mallo, y por último  a El Mallo. Esta zona del jardín es un antiguo campo de juego de un deporte hoy totalmente olvidado, el juego de la maza. Este juego  básicamente consistía en golpear con una maza de madera, una bola de boj, compitiendo con otros jugadores y cumpliendo una serie de reglas, para intentar completar el primero el recorrido del campo de juego. El terreno para el Jeu de Mail de los jardines de La Granja , restaurado recientemente en algunas de sus partes, es el mejor conservado,  y quizás el único, del mundo.

Yo he paseado muchas veces por las construcciones del  juego de la maza en el jardín de La Granja, cuando el sillar de su curva estaba aún enterrado, y nunca comprendí cual podría ser su uso, hasta que hace escaso tiempo me encontré con el viejo plano en francés de San Ildefonso de 1722 en donde se describía el campo de juego, también descubrí un pequeño folleto de Pedro Heras y Valentín Quevedo, en donde describían los orígenes de este  juego en La Granja.

Cuando Felipe V lo trae a España, el juego de la maza estaba ya muy extendido en Francia. Existían terrenos de juego en los jardines de Versalles y de Marly  y en la mayoría de las ciudades francesas. Además del juego en estos campos   también se jugaba al Mallo en los caminos abiertos o campo a través, una variedad a la  que se la denominaba a la chicana. En La Granja existe una antigua fuente denominada de El Mallo, bastante apartada del campo de juego de los jardines, lo que hace sospechar que originalmente también podría haberse jugado a la chicana en La Granja alrededor de este lugar.

Felipe V era  muy aficionado al  juego de la maza. Existe un testimonio en las memorias del Duque de Saint Simón, en su época de embajador en Madrid, sobre el juego del Rey a El  Mallo en una cancha que había en El Retiro en Madrid cuando no era temporada de caza. Saint Simón señala también que cuando este campo no estaba practicable, el Rey jugaba a la chicana por los paseos del parque, lo que refuerza la idea de que tal vez se jugaba también a esta modalidad en La Granja, quizás, como hemos dicho,  en las cercanías de la fuente de El Mallo.

Hay escasa literatura sobre el juego de la maza. Aparte de la obra deValentín Quevedo y de Pedro Heras sobre el campo de los jardines de La Granja, hay dos artículos en una revista inglesa de golf muy completos, escritos por Henry Jacubowick, en donde viene a concluir, con muy escasos argumentos, que el golf es un invento escocés y que nada tiene que ver con el juego francés de El Mallo asunto en el que, por supuesto, no están en absoluto de acuerdo los franceses.

Casi todo lo que se ha escrito sobre Le Jue de Mail practicado en el campo de juego ( hay otro dedicado al juego a la chicana tal y como se practicaba en Marsella a finales del,Siglo XVIII) deriva de un folleto publicado en 1718 en París. En este folleto hay unos grabados ilustrando los movimientos que se  hacían con la maza para golpear la bola y que recuerdan enormemente a los movimientos que vemos hacer hoy  a los jugadores de golf.

Originalmente el campo para jugar a El  Mallo estaba delimitado por dos hileras de árboles, era de tierra y tenía en los extremos unas vallas de madera para contener las bolas. El campo de juego de los jardines de La Granja  tiene en su inicio esta disposición, aunque  ya no hay rastro de las posibles vallas de madera.