Las fotografías de Augusto Arcimís en La Granja de San Ildefonso ( 1899-1905). II. Los paseos por los alrededores.

Arcimís, como buen institucionista, tenía una  aproximación  muy especial  a la naturaleza, y esta relación está  reflejada en sus fotos esteroscópicas de aquellos años.

Las salidas al campo en los veranos de entonces en  La Granja parecían ser  de tres tipos: los paseos a pie, las excursiones en coches de caballos, y las expediciones a caballo  al pinar o a las cimas del Guadarrama.  De todas ellas existe testimonio fotográfico en la colección de Arcimís. Muchos de los lugares retratados por Arcimís en sus salidas al campo, están también recogidos en la guía de La Granja de Breñosa y Castellarnau, publicada unos años antes.

En esta entrada nos centraremos en las fotos de los paseos a pie alrededor de la Granja, dejando para más adelante las de las excursiones en coche de caballos y las expediciones a caballo por el Pinar y las cumbres de Guadarrama.

Vista General de La Granja a principios del Siglo XX

Vista General de La Granja a principios del Siglo XX

El Nogal de las Calabazas, da nombre a una de las rutas más frecuentadas por los paseantes entre La Granja y Valsaín. El nogal desapareció, al parecer después de la Guerra Civil, y esta fotografía de Arcimís es la única que conozco de este famoso árbol que ni daba calabazas, ni al parecer tampoco nueces. Hace unos años se volvieron a plantar nogales en este lugar y se reconstruyó una fuente.

El nogal de las calabazas

El nogal de las calabazas

Las casas de la pradera de Valsaín, estaban flanqueadas a inicios del siglo pasado de pequeños castaños de indias que más de cien años después tienen un tamaño majestuoso. Es incomprensible  que estos  castaños, sean hoy  sometidos a podas drásticas y mutilantes, con sierras mecánicas y grúas que han llevado a más de uno a la muerte.

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El puente de los canales sobre el río Valsaín, servía para llevar agua al Parque del palacio, a través de un sistema de caceras. En realidad es un acueducto de la época de Felipe II y su sistema de construcción sigue el de los viejos acueductos romanos. En su concepción primitiva, que es la que recoge la foto, los troncos a medio vaciar de los pinos sujetos en la parte más alta son los que conducían el agua desde el arroyo en donde se origina el acueducto, hasta el sistema de caceras  que cruzan el Parque hacia antiguos depósitos cercanos al palacio.

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El Camino de Pesquerías, de la época de Carlos III, construido de grandes bloques de granito, recorre la ribera del río Valsaín durante muchos kilómetros, hasta el hoy denominado arroyo del Telégrafo. El camino de Pesquerías es en realidad un tipo de jardín romántico integrado en la Naturaleza para su disfrute. Las fotos recogen algunos tramos del río a la altura del puente del Anzolejo que forma parte de este camino.

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La fuente de Santa Isabel aún sobrevive rodeada de construcciones en la urbanización de la Seo de Urgel aunque con el acuífero desecado. Al fondo las sábanas de las lavanderas se secan al sol.

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El Chorro Grande puede verse desde muchos kilómetros cuando lleva el agua del deshielo y sigue siendo un destino clásico  de los paseos desde La Granja. La visión desde la mata de Navalosar camino de El Chorro  ha cambiado drásticamente tras la urbanización del lugar.

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En La Casa de Vacas pastaba el ganado de los reyes, pero fue desamortizado del patrimonio real en la mitad del Siglo XIX. A diferencia de otros bienes desamortizados en la época,  la Mata de la Sauca, como la de Navalosar, nunca retornó a  la corona y permaneció en manos privadas lo qué favoreció su urbanización parcial a finales del pasado siglo. Arcimís recoge en sus fotografías  a las lavanderas que tendían al sol  sus ajuares blanco sobre la hierba o sobre los matorrales.

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Las Peñitas, era un lugar clásico para  pequeños paseos hacia el campo, si no específicamente en  este lugar, aún quedan este tipo de bloques de granito entre la carretera de Segovia y la ribera del río Valsaín, si bien no parece que la gente pasee mucho ahora hasta ellos.

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Las  Pasaderas, siguen siendo un paso obligado a la orilla izquierda del río Valsaín en las cercanías de La Granja, aunque a veces cuando el río está crecido, los grandes bloques de granito pueden llegar a ser desbordados por la corriente de agua. Un poco más allá se construyó un pequeño puente de hormigón que presta el mismo servicio , pero que le resta encanto al paso del río.

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Las fotos de Arcimís son un testimonio único de como eran los lugares de paseo cerca de La Granja hace más de cien años. Estos lugares siguen siendo destino habitual de muchos paseantes . En algunas zonas el deterioro del paisaje ha sido notable, fundamentalmente en las zonas del patrimonio real que pasaron a manos privadas y que , a diferencia de otros bienes desamortizados, nunca retornaron a sus dueños : las matas del Navalosar y de La Sauca.

La colección completa  de las fotografías estereoscópicas de Augusto Arcimís se encuentra disponible en formato digital en la web del Instituto para la Conservación del Patrimonio Cultural de España dependiente del Ministerio de Educación. Esta colección se compone de más de 800 fotografías de las que alrededor de 300 están hechas en La Granja.

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Las fotografías de Augusto Arcimís en la Granja de San Ildefonso (1899-1905). I. La casa de Arcimís

En otra entrada de este blog escribí sobre  un grupo de científicos de la Intitución Libre de Enseñanza en la Granja de San Ildefonso en la última mitad del Siglo XIX.

Formaba parte de aquél grupo, el astrónomo  y meteorólogo Agusto Arcimis, primer director del Instituto Nacional de Meteorología.

Hace algunos  meses,  Pedro Heras me alertó sobre el hallazgo en la Fundación Duques de Soria de una colección de antiguas fotografías estereoscópicas de La Granja realizadas por Agusto Arcimís.  Acu Estebaranz  ha publicado recientemente una selección   de estas fotos en su blog. La colección completa  se encuentra disponible en formato digital en la web del Instituto para la Conservación del Patrimonio Cultural de España dependiente del Ministerio de Educación. Esta colección se compone de más de 800 fotografías de las que alrededor de 300 están hechas en La Granja.

Las fotos de la Granja de  Arcimís componen un reportaje detallado, preciso, minucioso, de los veranos en La Granja de la burguesía científica ilustrada que se va componiendo alrededor de la Institución. Están reflejados en las fotos:  la pequeña casa y su jardín, las excursiones, las fuentes,  el palacio, su familia, las calles del pueblo…Está también la luz de La Granja en todas ellas. La mentalidad científica, sistemática  y ordenada de Arcimís se ve retratada en este conjunto de fotografías que forman un testimonio único sobre La Granja en aquellos años.

De todas las fotografías de Arcimís de La Granja , quiero  centrarme hoy en  las  de su casa y  su entorno.

Creo que esta  casa , hoy desaparecida,  estaba en la calle Travesía del Horno número 14,  un número de la calle que hoy tampoco existe.

En el último tomo de la historia que Antonio Jimenez Landi realizó de la Institución,  escribe que Arcimís legó esta casa  a la Institución:

 Con inexplicable retraso, La Junta Directiva quiere saber en qué situación legal se encuentra la casa que D Augusto Arcimís tenía en La Granja y la cual legó a la Institución…  De las indagaciones pertinentes se encarga Juan Uña (Acta 21 de octubre de 1935) … Pero estas indagaciones resultan ineficaces.

 En otras entradas de este blog me he referido a las estancias en La Granja de dos importantes miembros de la Institución:  José de Castillejo Manuel Bartolomé Cossio. Creo que los  dos se alojaron  en esta casa.

Castillejo habla en el verano de 1915,  de su estancia en La Granja en una “ casita simpática” , del  ” jardincito” y “los cuartos pequeñitos, con los muebles antiguos” , “… Los muebles viejos, la escalera y los cuartos ingenuos y tranquilos…” Lo que concuerda muy bien con las fotos de la casa que hizo Arcimís. ” Como me acuerdo de Arcimís, a quien conocí todavía fuerte en su vejez ! “, escribía entonces.

Por otro lado, Cossio había estado en el verano de 1916 en La Granja, y por una postal que envía a Juan Ramón Jiménez, sabemos que estaba alojado en la Travesía del Horno 14, localización que concuerda perfectamente con las fotos que Arcimís hace del entorno de la casa.

La casa era pequeña con dos plantas y buhardilla  y tenía adosado un pequeño jardín.

La casa de Arcimís en La Granja que después fue de la Institución

La casa de Arcimís en La Granja que después fue de la Institución

En el jardín, según escribía Castillejo había perales y rosales. Vivía allí un pequeño gatito que el meteorólogo captó con su cámara.

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Muy probablemente, como ya  hemos dicho, la casa estaba localizada al final de la Travesía del Horno, al final de  la acera de las casas pares,   enfrente  de la de la tienda de muebles El Henar y el Colegio Peñalara. Quizás hacía esquina con la calle de San Juan Nepomuceno, donde está hoy el centro de salud. Al estar al final de la Travesía del Horno  la casa lindaría también con la plaza del Tío Cocinas, hoy denominada Río del Tío Cocinas porque por allí pasaba, según los planos antiguos un riachuelo.

 

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El interior de la casa estaba decorada con muebles de madera antiguos, probablemente de la primera mitad del XIX y se iluminaba con quinqués. No faltaban los cuadros y los papeles pintados en las paredes. La decoración era la de una casa de un familia burguesa acomodada de aquella época.

En la  planta baja había un salón y un comedor.

Salon y Comedor en la planta baja

Salon y Comedor en la planta baja

En la primera planta, un pequeño salón en el que lucía una antigua marina,  bien decorado con consolas y espejos, daba paso a los dormitorios.IMG_0224

 

Salon en la primera planta

Salon en la primera planta

En el despacho de Arcimís, además de las reproducciones fotográficas de las distintas fases de la Luna, y de la superficie de la Luna había varios paisajes pintados al óleo.

Despacho de Augusto Arcimís en su casa de La Garnja

Despacho de Augusto Arcimís en su casa de La Garnja

Desde la casa se veía la Sierra, y desde la ventana del estudio de Arcimís, La Silla del Rey y Peñalara.

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La colección completa  de las fotografías estereoscópicas de Augusto Arcimís se encuentra disponible en formato digital en la web del Instituto para la Conservación del Patrimonio Cultural de España dependiente del Ministerio de Educación. Esta colección se compone de más de 800 fotografías de las que alrededor de 300 están hechas en La Granja.

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Juan Ramón Jiménez en el Guadarrama. Verano de 1903

Cuando Ricardo Gullón ingresa en la Real Academia, dedica su discurso a un año crucial en la vida de Juan Ramón Jiménez :1903.

Retrato de Juan Ramón Jimenez por Sorolla a inicios de 1900

Retrato de Juan Ramón Jimenez por Sorolla a inicios de 1900

Juan Ramón llega a Madrid en 1901 aquejado de una enfermedad mental, aún hoy escasamente definida,enfermo de sueños y melancolía escribiría de él Cansinos Ansen,  e ingresa en el Sanatorio del Rosario por recomendación de su médico Luis Simarro Lacabra.

Simarro , médico, neurólogo, psiquiatra, histólogo y catedrático de Psicología Experimental, es miembro de la Institución Libre de Enseñanza y amigo personal de Francisco Giner de los Ríos.

 

Luis Simarro por Sorolla

Luis Simarro por Sorolla

A través de Simarro,  Juan Ramón entra en contacto no solo  con Giner y Cossio , sino  también con  un grupo de médicos de la Institución:  con Juan  Madinaveitia muy cercano en edad a Simarro, y con  otros más jóvenes como Nicolás de Achúcarro, Miguel  Gayarre y Francisco Jimenez Sandoval. Al morir la mujer de Simarro, Mercedes Roca, Juan Ramón y  Achucarro, van a vivir  a su casa. Achucarro, neurohistólogo, precozmente fallecido, y Juan Ramón, poeta, se hacen muy amigos

El Guadarrama forma parte del paisaje  de alguno de los paseos de Juan Ramón, por el  Madrid de entonces. Así lo retrata el poeta:

 En el fondo, Guadarrama adormecía su mole azul y rosa, llena de una dulce y despintada pedrería.

…….

Sobre el cielo azul las ramas de un verde claro y tierno se estremecían  a la brisa de cristal que el Guadarrama, descubierta y amable su nieve en la tarde limpia y nueva, mandaba como en un río  ideal y aéreo.

 Simarro, como Giner, pensaba que el contacto con la Naturaleza era un  buen medio para fortalecer  el alma y el cuerpo, y considera  que una temporada en la Sierra, sería muy beneficiosa para Juan Ramón. Y allí le envía, probablemente en el verano de 1903 y encarga su cuidado a su discípulo el Dr Francisco Jimenez Sandoval, gran amante de la Sierra, y junto con D Juan Madinaveitia y Miguel Gayarre,  uno de los primeros esquiadores  en el Guadarrama.

El Dr Rodriguez Sandoval por Sorolla. 1906. Museo del Prado .Madrid

El Dr Rodriguez Sandoval por Sorolla. 1906. Museo del Prado .Madrid

El poeta  y su médico Sandoval fueron   a Cercedilla  a una casa que allí tenía , al parecer, D Luis y que luego compraría el pintor Sorolla, tan unido entonces a  aquel grupo. Juan Ramón  dejó algún relato sobre su vida con el Dr Sandoval en la Sierra  en aquél tiempo:

 Nos echábamos en las piedras grandes de la mayor soledad, Cercedilla,  entre el cuervo y la hormiga. Y  allí,  en doble individualidad acompañada, leíamos, ciencia o poesía, estudíabamos  latín, alemán o inglés, soñábamos, pensábamos, todo con la vehemente ilusión de nuestras dos juventudes; yo 22, él 45. De pronto, un tren pasaba rozándonos con sus techos meneados nuestra planta, por el desfiladero estrecho, boca casi del túnel de San Rafael. Y el Sol trasparentaba arriba la avena, como la estará pasando ahora mismo, 29 de junio; el mismo sol y otro, la misma y otra avena. Latían bien nuestros corazones, el de cardiólogo de Sandovalito y el mío de cardíaco.

…………

El sol se ocultaba tras las Cabezas de Hierro, y los Molinitos se tintaban de violeta y gris en islas de rosa última, quietos con los «humanitos» como decía Sandovalito, como te llamaba Simarro. Contra el roble diminutivo, que me contajió entonces también,  acaso un toro negro, un hombre pardo nos acosaban con cuernos y honda.

Buenas piernas entonces las nuestras, como clavos, para correr y aguantar, subir a todos los picos, para andar las horas seguidas, a donde fuera y con resorte para la vuelta. Volvíamos todas las tardes por la alta vía, pecho al aire sin réplica. Cojíamos una flor, bebíamos un agua, seguíamos una nube. Anocheciendo, el olor de la madreselva y el fresco del riachuelo nos paraban en una piedra, descanso último  ya con la luna o estrella de nuestras casas. Buen amigo Sandovalito para la vuelta como para la ida o la estada. Palabra justa, silencio sin miedo ni inquietud. De acuerdo en lo bastante, y en lo que no, risa buena. Y buen médico de juventud, sin socio boticario ni enterrador, Francisco Sandoval.

Más allá de esta estancia, que marcó sin duda a Juan Ramón , existen noticias de algunas excursiones del poeta por El Guadarrama.

 En Cercedilla de Guadarrama, dormía yo una noche en la misma alcoba que un amigo mío de Madrid, con quien fui un fin de semana para subir reunidos a los siete Picos

 Los biógrafos de Juan Ramón , señalan también que entre 1904 y 1905 el poeta acompañaría en varias ocasiones a Giner de los Ríos y otros institucionistas (Cossio y Azcárate) en sus excursiones dominicales a la sierra madrileña.

Aquella temporada en la Sierra en 1903, fue el origen del libro de poemas Pastorales que publicaría en 1911: Una larga estancia en las montañas del Guadarrama me trae las Pastorales.

He releído en esta tarde lluviosa de otoño las Pastorales de Juan Ramón en busca de la  Sierra en sus poemas, pero lo que está allí no es  el Guadarrama sino una idea sublimada de la Naturaleza basada en la propia Sierra, en el campo de Moguer y posiblemente , como escribe Gullón,  en el pueblo francés de Nerac, durante su estancia en el sanatorio de Castel d’Andorte cerca de Burdeos.

En Pastorales está también la música romántica,Schüber y Bethoven,  la mujer que forma parte de la Naturaleza y su idea Panteista de la Luna, todo ello unido a su sensación, a su diálogo con  la Naturaleza.

Enfermo de sueños y de melancolía, enfermo siempre de muerte, las sensaciones del Guadarrama y el recuerdo de sus amigos excepcionales  en aquellos años acompañarían para siempre al poeta, aún  en su difícil camino por el exilio americano.

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El juego del mallo ( Le Jeu de Mail) en los jardines de La Granja de San Ildefonso

En un antiguo plano de 1722 de los jardines de La Granja aparece claramente delimitada una zona que corre paralela al parterre de La Fama y  que en determinado momento se acoda y se dirige hacia el noroeste. El lugar se denomina en el plano Le Jeu de Mail, lo que con el tiempo derivó al nombre de Juego del Mallo, y por último  a El Mallo. Esta zona del jardín es un antiguo campo de juego de un deporte hoy totalmente olvidado, el juego de la maza. Este juego  básicamente consistía en golpear con una maza de madera, una bola de boj, compitiendo con otros jugadores y cumpliendo una serie de reglas, para intentar completar el primero el recorrido del campo de juego. El terreno para el Jeu de Mail de los jardines de La Granja , restaurado recientemente en algunas de sus partes, es el mejor conservado,  y quizás el único, del mundo.

Yo he paseado muchas veces por las construcciones del  juego de la maza en el jardín de La Granja, cuando el sillar de su curva estaba aún enterrado, y nunca comprendí cual podría ser su uso, hasta que hace escaso tiempo me encontré con el viejo plano en francés de San Ildefonso de 1722 en donde se describía el campo de juego, también descubrí un pequeño folleto de Pedro Heras y Valentín Quevedo, en donde describían los orígenes de este  juego en La Granja.

Cuando Felipe V lo trae a España, el juego de la maza estaba ya muy extendido en Francia. Existían terrenos de juego en los jardines de Versalles y de Marly  y en la mayoría de las ciudades francesas. Además del juego en estos campos   también se jugaba al Mallo en los caminos abiertos o campo a través, una variedad a la  que se la denominaba a la chicana. En La Granja existe una antigua fuente denominada de El Mallo, bastante apartada del campo de juego de los jardines, lo que hace sospechar que originalmente también podría haberse jugado a la chicana en La Granja alrededor de este lugar.

Felipe V era  muy aficionado al  juego de la maza. Existe un testimonio en las memorias del Duque de Saint Simón, en su época de embajador en Madrid, sobre el juego del Rey a El  Mallo en una cancha que había en El Retiro en Madrid cuando no era temporada de caza. Saint Simón señala también que cuando este campo no estaba practicable, el Rey jugaba a la chicana por los paseos del parque, lo que refuerza la idea de que tal vez se jugaba también a esta modalidad en La Granja, quizás, como hemos dicho,  en las cercanías de la fuente de El Mallo.

Hay escasa literatura sobre el juego de la maza. Aparte de la obra deValentín Quevedo y de Pedro Heras sobre el campo de los jardines de La Granja, hay dos artículos en una revista inglesa de golf muy completos, escritos por Henry Jacubowick, en donde viene a concluir, con muy escasos argumentos, que el golf es un invento escocés y que nada tiene que ver con el juego francés de El Mallo asunto en el que, por supuesto, no están en absoluto de acuerdo los franceses.

Casi todo lo que se ha escrito sobre Le Jue de Mail practicado en el campo de juego ( hay otro dedicado al juego a la chicana tal y como se practicaba en Marsella a finales del,Siglo XVIII) deriva de un folleto publicado en 1718 en París. En este folleto hay unos grabados ilustrando los movimientos que se  hacían con la maza para golpear la bola y que recuerdan enormemente a los movimientos que vemos hacer hoy  a los jugadores de golf.

Originalmente el campo para jugar a El  Mallo estaba delimitado por dos hileras de árboles, era de tierra y tenía en los extremos unas vallas de madera para contener las bolas. El campo de juego de los jardines de La Granja  tiene en su inicio esta disposición, aunque  ya no hay rastro de las posibles vallas de madera.

En  el inicio de la cancha de juego de los jardines de La Granja  hay un bloque cuadrado de granito, que señala el lugar de salida de los jugadores.

Inicio del campo de juego del mallo en los jardines de San Ildefonso

Inicio del campo de juego del mallo en los jardines de San Ildefonso

Al fondo de este primer tramo, bordeado por viejos castaños de indias, hay una construcción de granito destinada a contener las bolas de madera y en donde el campo de juego experimenta un giro de noventa grados.

Sillar de granito en donde el campo de juego gira noventa grados

Sillar de granito en donde el campo de juego gira noventa grados

Esta segunda parte, el   terreno  de juego está elevado, para salvar el descenso  progresivo del paseo  en el que se asienta , y mantener la pista con el mismo nivel que en el inicio del juego. Esta parte se mantiene nivelada  sobre el paseo gracia una construcción de bloques de granito que contiene la arena de la cancha.

Segundo tramo del campo del juego del mallo en los jardines de San Ildefonso

Segundo tramo del campo del juego del mallo en los jardines de San Ildefonso

Este segundo tramo de la pista la anchura va disminuyendo de forma progresiva, sin duda para ir dando mayor dificultad al juego.

Sillar de granito en donde asienta la segunda parte del campo de Juego del Mallo en los jardines de La Granja

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Al final hay un viejo aro de acero, por donde el ganador ha de pasar el primero su bola, y que marca el final del juego.

Aro cuyo paso marca el fín de la partida.

Aro cuyo paso marca el fín de la partida.

 

En contra de la opinión de Henry Jacubowick, creo que el Jeu de Mail es un auténtico precursor del actual juego del golf y en este sentido este campo de La Granja es una auténtica joya , como tantas otras que  guarda en este irrepetible lugar.

 

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Todas hieren, la última mata

Cuando el escritor Camilo José Cela lee su discurso en la recepción del Nobel, empieza con un recuerdo a su maestro Pío Baroja y al lema estremecedor, referido al paso de las horas, que tenía grabado en un reloj de pared en su casa de la calle de  Ruiz de Alarcón en Madrid: ” Todas hieren, la última mata”.

Baroja había recogido este lema de la inscripción del reloj de sol de la torre de la iglesia de Urruña, una aldea del País Vasco Francés, en el camino de Hendaya a San Juan de Luz. El lema estaba escrito en latín: ” Vulnerant omnes, ultima  necat “.

D Pío hacia excursiones a pie desde su casa en Bera del Bidasoa , Itzea, hacia San Juan de Luz, bajando los puertos que rodean el monte Larrune y sin duda , en su paso obligado por Urruña, aquella inscripción  le había impresionado profundamente.

Recogió la frase  en varias de sus novelas: Zalacaín el aventurero,  Memorias de un hombre de acción ( Los recursos de la astucia) y en Las aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox.

Baroja había estudiado medicina en la Facultadde Medicina de San Carlos y en las salas del Hospital General de Madrid y había  ejercido como médico rural  en Cestona en Guipúzcoa. Allí, como tantos médicos de entonces y de ahora, se habría encarado muchas veces con la muerte. En sus memorias relata el ambiente de las salas de disección de San Carlos, en donde los estudiantes se enfrentan por primera vez  con los cuerpos sin vida. También nos cuenta sus experiencias con las autopsias que tuvo que practicar personalmente a  los cuerpos de los vecinos de Cestona muertos en forma violenta o sospechosa. Algunos de los cadáveres  que disecciona en la morgue de Cestona, son de personas que ha conocido en vida, como la curandera medio bruja que vivía en un chamizo, cerca de una cantera, a la  salida de Cestona, muerta en la noche como consecuencia de una caída.

D Pío era un hombre sensible y a pesar de la aparente dureza con la que se enfrenta a la muerte, no cabe duda de que su presencia le impacta y le hace reflexionar.

La   ausencia de vida en el cuerpo frío e inerte que poco tiempo atrás hablaba, se movía, respiraba, latía, hace inmediatamente pensar en un algo que lo animaba y que ya no está en él. Es el ánima, el alma, que  en el momento de la muerte ha abandonado ese cuerpo. En la tradición budista ese alma busca un nuevo cuerpo, y dependiendo de su grado de evolución espiritual, se reencarnará en un animal o en un hombre. Este ciclo de las almas es motivo de sufrimiento, pero  puede romperse y conseguir que el alma abandone definitivamente estas ataduras.

En la tradición cristiana, el alma, tras la muerte, según haya  sido nuestra vida, puede pasar al cielo, al purgatorio, o al infierno. Pero al igual que ocurrió con  el cuerpo de Cristo y su resurrección , en determinado momento vendrá la resurrección de la carne, y cada cuerpo se unirá de nuevo con su  alma.

Pero D Pío como buen materialista, no creía en un alma independiente del cuerpo. El alma , el ánima, la vida del cuerpo, no era nada más que una manifestación de la materia organizada, algo así cono la  secreción gástrica o biliar, y cuya existencia acababa también con la propia muerte del cuerpo.

La vida del hombre abarca desde el nacimiento hasta la muerte. El nacimiento, punto de origen de este camino, no es  a su vez sino el punto final del desarrollo, del crecimiento y  la maduración fetal. Este camino , por el que van andando  el lactante, el niño, el joven, el adulto, el anciano, conduce irremediablemente a un solo final.

Hay en esta senda sin retorno, una etapa creciente, de desarrollo y maduración , y otra decreciente que se inicia en cierto momento de la madurez y que se manifiesta en un declinar continuo, con una velocidad que es muy variable de unas personas a otras. Sobre este camino aparecen accidentes, enfermedades agudas y crónicas que pueden acabar con él definitivamente , o que en el mejor de los casos van incidiendo negativamente en este  proceso sin retorno.

“Todas hieren, la última mata”, hace referencia a este paso inevitable de las horas, a ese deterioro más o menos rápido que aparece con el declinar que acontece desde nuestra madurez hacia la vejez.

En la tradición del maestro budista Tich Nhat Hanh se  utiliza el sonido que marca las horas, para parar la atención sobre lo que estamos haciendo y volver a la realidad del aquí y del ahora y a nuestro interior: I am home. El  ser más conscientes de esta realidad del paso de las horas y de nuestro destino final, nos puede ayudar  a vivir más la vida en cada momento,  a ser más conscientes  del aquí y del ahora ( I am in the here and in the now) y  a  irnos preparando desde el punto de vista espiritual para el definitivo momento.

” Vulnerant omnes, ultima  necat”. Baroja  tenía este lema tremendo de la torre de la iglesia de Urruña, siempre presente en su reloj de pared y sin duda el sonido del paso de las horas le hacia reflexionar sobre la realidad de la vida y de la muerte, y  también recordar el sonido del campanario de la torre de Urruña, en aquella tierra a la que tanto quería.

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Plaza de Urruña

Plaza de Urruña

Torre de lglesia de Urruña

Torre de lglesia de Urruña

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El Ventorrillo. Origen y significado histórico en el Guadarrama

Leo en el blog de Julio Vías una interesante entrada sobre El Ventorrillo, un paraje en la subida desde Villalba y Cercedilla al puerto de Navacerrada , que me lleva a buscar más información sobre este lugar olvidado. Aprendo que El Ventorrillo está íntimamente unido al inicio del esquí en España, a la idea de la Sierra del Guadarrama y de la Naturaleza de la Institución Libre de Enseñanza y al desarrollo de la investigación biológica en nuestro país promovida por la Institución a través de la Junta para Ampliación de Estudios. Detrás de todo ello me encuentro con el gran  amor al Guadarrama y a la Naturaleza de una generación irrepetible, perdida tras la Guerra Civil.

El Ventorrillo esta hoy marcado por el tráfico de la carretera, el edificio de la antigua residencia para empleados del Banco Hispano Americano y las naves industriales en donde se almacena el material para la limpieza de las carreteras del puerto de Navacerrada en las nevadas. Pero escondido en la curva,  apenas perceptible desde la carretera, hay  un monolito de granito erigido a la memoria de D Manuel González de Amezúa el primer presidente del Club Alpino Español y pionero del esquí en España.

Hay un escrito de González de Amezua de 1919  dedicado a los orígenes del Club Alpino Español con  innumerables testimonios gráficos que es fundamental para entender el significado de El Ventorrillo. Cuenta  Amezua como empezó a esquiar en 1904 en este  lugar. Lo hizo de la mano de dos noruegos   B. Lorensen y K. Christiensen que tenían una fábrica de maderas en Madrid. Estos noruegos fabricaron los primeros esquís que se utilizaron en España, para ellos y para Amezua, y muy probablemente  fueron ellos los quele enseñaron a deslizarse por la nieve.

Muy pronto se unieron a ellos tres médicos muy ligados a la Institución: D Juan Madinaveitia y Ortiz de Zárate , y dos de sus discípulos: los Doctores Sandoval y Gayarre, que también lo eran de D Luis Simarro.  En el primer listado de amigos que se unieron posteriormente a ellos para esquiar, encontramos el apellido de otro médico muy ligado a la Institución Achucarro: discípulo predilecto  de Simarro, de  Madinaveitia y del propio Cajal precozmente desaparecido. Amezua recuerda los nombres de otros pioneros entre los que volvemos a encontrar algunos apellidos  de  la Institución  y de la Junta para Ampliación de Estudios: G. Espada, Ontañón, Santos Mata, Posada, Orueta, Levenfeld, Vivanco, Del Río y Torres Campos. Todos ellos fundaron con Amezua el Club Alpino Español y esquiaban en El Ventorrillo .

En el Ventorrillo , en terrenos del ayuntamiento de Cercedilla, se empezaron a construir edificios que facilitaran la estancia de los que practicaban el esquí, una pequeña estación de esquí y de montaña. Amezua relata como el primero de los edificios del Club Alpino en El Ventorrillo se construyó en 1906 acondicionando  las ruinas de una caseta de peones camineros que allí había. Posteriormente se edificó en 1907 el llamado Twenty Club, el chalet del club de  los veinte, que era el número de socios que entonces tenía el club. Más adelante, se edificó el chalet del Club Alpino Español (1909),  sobre el que se fueron haciendo sucesivas ampliaciones (1912 y 1916), así como el chalet que se denominó de la Agrupación B, para un grupo de Ingenieros. En este mismo lugar se construyó el chalet de   la Agrupación C que en realidad era la casa de D Juan Madinaveitia. A pesar de la muerte de D Juan en Barcelona al final de la guerra civil  y el exilio de sus hijos a Méjico, esta casa se ha mantenido en la memoria del Guadarrama , como relataba Amezua en sus orígenes y sigue confirmando  Vías en su entrada, como la casa de Madinaveitia.

Escribe también Amezua  sobre otra casa  que, ” solicitada por el Conde de Valdelagrana, y concedida, no se llevó á la práctica por dificultades inherentes relativas al sitio escogido y deseado por este señor socio, sitio que posteriormente aprovechó la Institución Libre de  Enseñanza para hacerse un pequeño y confortable refugio”. El origen de la “Casita de la Institución” está pues también íntimamente ligada al El Ventorrillo y a los orígenes del Club Alpino Español y del esquí en España.

Esta casita de la Institución en  El Ventorrillo se empezó a utilizar en el invierno de 1912 . Allí estuvo un mes D Francisco Giner de los Ríos en el verano de 1913, acompañado los primeros quince días por Rubén Landa, y los siguientes por Alberto Jiménez Fraud que dirigiría la Residencia de Estudiantes en Madrid hasta la Guerra Civil. Subieron andando, nos recuerda Jimenez Landi, desde Cercedilla con un burro que les cargaba el equipaje. Los hermanos Antonio y José Machado, dormirían en la Casita de la Institución, en  el mes de agosto de 1914, camino de La Granja desde Cercedilla. Hay una vieja fotografía de Giner subiendo a la casita con Rafael Altamira, y con un burro que carga en sus lomos a una mujer.

 

Attachment-1Por último, a instancias deD Ignacio Bolívar,   se creó en el Ventorrillo la Estación de Biología Alpina del Guadarrama  por la Junta de Ampliación de Estudios en 1911, dependiente del Museo de Ciencias Naturales. Bolívar, que tanto había andado por el Guadarrama y dormido en las ventas de arrieros de la Sierra en sus expediciones para la captura de insectos,  pronto se percató de la necesidad de este edificio para facilitar la investigación biológica en estas montañas. Después de la Guerra Civil  no se volvió a utilizar para estos fines  hasta los años ochenta del pasado siglo.

Julio Vías nos ha llamado la atención de que, por no sé que extraño milagro, escondidos entre los pinos de la reforestación aún se conserva en El Ventorrillo el “Twenty Club”, la casa de Madinaveitia, la Casita de la Institución y los  viejos edificios de la Estación de Biología Alpina del Guadarrama. Lo curioso es que este conjunto, que forma el núcleo histórico del origen de una nueva forma de ver el Guadarrama y  España, visión cercenada por la Guerra Civil y el Exilio, haya quedado fuera de los límites del nuevo Parque Nacional.
Entrada sobre El Ventorrillo hoy y ayer  en el Blog de Julio Vias

Imágenenes sobre el ventorrillo hace cien años por Manuel González de Amezua

 

 

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La vida en las zarzamoras en flor

Cuando con en el cambio de la luz de la tarde el verano anuncie su fin, el campo se inundará de estos frutos humildes, las moras, que se nos ofrecerán desde los zarzales. Se transformaran  del verde al rojo y del rojo al morado oscuro, casi negro. Su sabor también evolucionará: muy ácido cuando sean verdes,  menos agrio cuando se tornen rojas, dulces cuando  ya se hayan vuelto negras.

Pero sí uno sube  en este mes de julio hacia la parte alta del pinar  verá los zarzales repletos de flores  al lado de los caminos o de los arroyos. Sobre estas flores, anticipo de las moras cuando se  apague el verano, verá aparecer una muchedumbre de pequeños seres. Algunos de ellos al volar  crearán ese sonido zumbón que inunda el aire, tan  característico de muchas tardes de julio. Otros  revolotearán  con sus bellas alas , yendo de flor en flor, libando el polen, que las flores  de los zarzales  les ofrecen  en esta  tarde de estío.

Este espectáculo único de las mariposas multicolores, de las abejas regordetas, de los moscones libando en las flores de los zarzales, nos descubren un mundo nuevo, un mundo paralelo, desconocido en los despachos cansinos, en las pantallas de los ordenadores que nos irradian durante horas, en los automóviles que nos contaminan , en las autopistas atascadas, en los aviones de bajó coste que nos llevan de aquí para allá, nadie sabe que se nos perdió allí. Este otro es un mundo natural, autosuficiente, solo dependiente del polen de las flores del zarzal, de los depredadores, de los ciclos reproductivos, de la cadena alimenticia y en donde  la vida continúa por sí misma, independientemente de nuestra mortecina vida en las ciudades.

Este mundo que se nos aparece en la tarde de julio en los zarzales, es un mundo real, un mundo frágil, es una parte del mundo de la vida, tal y como existía hace decenas de miles de años, tan cercano y palpable, pero al mismo tiempo tan distante del nuestro

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Las sequoyas gigantes de los Jardines de La Granja antes de que empezaran a crecer (1860)

En el blog de Acu Estebaranz encuentro una fotografia  antigua del jardín enfrente de la Colegiata del palacio de La Granja realizada por   J Laurent que está fechada en 1860.

la foto

Aparentemente en esta foto no hay rastro de las dos sequoyas gigantes que crecen hoy descomunales delante de la Colegiata.

Pero si  ampliamos la foto y nos fijamos en el sitio en donde crecen ahora las dos sequoyas gigantes , podemos apenas percibirlas. Aparecen con el aspecto de  dos pequeños abetos  de aproximadamente  1,5-2 mts de altura.

la foto3

En otra entrada del blog hemos recordado que fue un  escocés llamado John D Matthew el que trajo  a Europa, en 1853 , semillas de secuoyas gigantes del Parque de las Calaveras, en la Sierra Nevada de California y plantó las primeras secuoyas gigantes en Gran Bretaña.

Esta foto de Laurent de 1860 apoya que la plantación de estas dos sequoyas gigantes en la Granja podrían estar muy cercanas a su traida a Europa en 1853, y que muy probablemnte sean de las primeras plantadas en nuestro continente.

En otra foto del mismo blog realizada en 1905, entre  cuarenta y cincuenta años despues de que fueran plantadas, las sequoyas tienen ya un aspecto majestuoso pero indudablemente no con el tamaño inmenso con que las contemplamos  hoy

la foto 4

 Sequoyas Gigantes en losJardines de La Granja

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Antonio Machado y la Sierra de Guadarrama.

Antono Machado por Joaquín Sorolla (1917)Hispanic Society of America (New York)

Antono Machado por Joaquín Sorolla (1917)
Hispanic Society of America (New York)

Aunque en la obra de Machado la Sierra del Guadarrama no ocupa la extensión  de otros lugares como Soria o Baeza,  su impronta en el alma del poeta  fue muy importante.

Parte de esta huella profunda del Guadarrama en Machado  deriva de su vinculación  con la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y con la figura de Francisco Giner de los Ríos.

En la semblanza  de Francisco  Giner  con motivo de  su muerte en febrero de 1915, Machado expresa magistralmente esta unión suya con Giner , y la  de este,  y la de él mismo, con el Guadarrama:

 . . . Oh, si, llevad, amigos,

su cuerpo a la montaña,

a los azules montes

del ancho Guadarrama.

Allì hay barrancos hondos

de pinos verdes donde el viento canta.

Su corazón repose

bajo una encina casta,

en tierra de tomillos, donde juegan

mariposas doradas . . .

Allí el maestro un día

soñaba un nuevo florecer de España.

 Hay una versión previa en prosa de esta semblanza de Giner, en la que sin la música y el ritmo, nos acerca aún más a la austeridad de Giner , que es la de la ILE y la de la Sierra:

 Bien harán, amigos y discípulos del maestro inmortal, en llevar su cuerpo a los montes del Guadarrama. Su cuerpo casto y noble merece bien el salmo del viento en los pinares, el olor de las hierbas montaraces, la gracia alada de las mariposas de oro que juegan con el sol entre los tomillos. Allí bajo las estrellas, en el corazón de la tierra española reposarán un día los huesos del maestro. Su alma vendrá a nosotros en el sol matinal que alumbra a los talleres, las moradas del pensamiento y el trabajo.

 Tenemos pocos rastros de la excursiones de Antonio Machado por  el Guadarrama.

En una nota en Los Complementarios, en la que el poeta recuerda cómo se enteró del estallido de la Primera Guerra Mundial el tres de agosto de 1914, en La Granja, escribe:

 Salimos de Cercedilla, pernoctamos en la casita de la Institución don Víctor Masriera, su señora, Pepe y yo. De la casita a La Granja a pie. De La Granja a Segovia en automóvil. De Segovia a Madrid en tren. Corazón e itinerario de don Francisco Giner.

 Esta breve nota nos muestra que Machado anduvo por el Guadarrama en una época de su vida, siguiendo, como en tantas otras cosas, los caminos abierto por  Giner. El Guadarrama es, además, el corazón de Giner. A  través del  Guadarrama, Giner y Machado se unen por el mismo corazón.

La casita de la Institución en la Sierra del Guadarrama (Julio Vías)

 

Con los Masriera , él era profesor de dibujo en el Instituto Escuela, hace también excursiones por los encinares del Pardo. Otro de  los lugares intensos de Giner y de la ILE. A los Masriera dedica su bello poema a las encinas, en donde antes  de de escribir sobre ellas revisa los árboles de España, que son los árboles de su vida: el roble, el pino, la palmera, el haya, los chopos, los olmos, el manzano, el eucalipto, el naranjo,el ciprés, y al final, las encinas; en Aragón, en Navarra, en Extremadura, en las altas tierras del Duero, del Tajo, en Santander, en Córdoba y también en el bajo Guadarrama:

 y tú, encinar madrileño,

bajo Guadarrama frío,

tan hermoso, tan sombrío,

con tu adustez castellana

corrigiendo,

la vanidad y el atuendo

y la hetiquez cortesana!

Ya sé, encinas

campesinas,

que os pintaron, con lebreles

elegantes y corceles,

los más egregios pinceles,

y os cantaron los poetas

augustales,

que os asordan escopetas

de cazadores reales;

mas sois el campo y el lar

y la sombra tutelar

de los buenos aldeanos

que visten parda estameña,

y que cortan vuestra leña

con sus manos.

 Hace referencia aquí Machado, a los  retratos  de Velázquez del príncipe Baltasar Carlos a caballo, o vestido de cazador, desde los encinares de El Pardo o del Soto de Viñuelas, con el Guadarrama al fondo.

Fruto  sin duda también de  de las  excursiones de aquellos años por el Guadarrama es el bello poema (CIV) localizado en el camino de Balsaín (sic) y fechado en 1911, en donde muestra la fuerte unión del poeta con la Sierra a lo largo de su vida, una unión difícil de entender sin una vivencia muy profunda del Guadarrama:

   ¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,

la sierra gris y blanca,

la sierra de mis tardes madrileñas

que yo veía en el azul pintada?

    Por tus barrancos hondos

y por tus cumbres agrias,

mil Guadarramas y mil sones vienen

cabalgando conmigo, a tus entrañas.

 Un último grupo de impresiones del Guadarrama se originan durante la estancia de Machado como profesor de francés en el Instituto de Segunda Enseñanza en Segovia y están muy ligadas a sus viajes en tren a Madrid.

 Por donde el tren avanza, sierra augusta,

yo te sé peña a peña y rama a rama;

conozco el agrio olor de tu romero,

vi la amarilla flor de la retama;

los cantuesos morados, los jarales

blancos de primavera; muchos soles

incendiar tus desnudos berrocales,

reverberar en tus macizas moles.

 (CLXIV XI En tren. Flor de Verbasco)

 En este poema Machado nos muestra de nuevo  su conocimiento de la Sierra, un conocimiento que sólo ha podido originarse, como ya hemos hablado, en excursiones ( expediciones, él las llamaba), como la del año catorce o la del  camino de Valsaín o por los montes del Pardo.

Vuelven las impresiones del Guadarrama desde el tren entre Segovia y Madrid,:

   Hacia Madrid, una noche,

va el tren por el Guadarrama.

En el cielo, el arco iris

que hacen la luna y el agua.

¡Oh luna de abril, serena,

que empuja las nubes blancas!

 (CLVIII. X . Iris de la noche)

 También desde  el tren  la presencia de Guiomar, su tardío y prostero amor, a la que también une él al Guadarrama:

 Tu poeta

piensa en ti. La lejanía

es de limón y violeta,

verde el campo todavía.

Conmigo vienes, Guiomar;

nos sorbe la serranía.

De encinar en encinar

se va fatigando el día.

El tren devora y devora

día y riel. La retama

pasa en sombra se desdora

el oro de Guadarrama.

 (CLXXIII)

 —————————————————————-

Mientras releía y reflexionaba sobre  estos poemas de Machado, he tenido entre mis manos un viejo ejemplar de sus Poesías Completas,  que publicó la Colección  Austral en Buenos Aires, Argentina. La primera edición es de 1940, la sexta de1952. Machado enterrado y publicado lejos  de su España, lejos del Guadarrama, de Baeza y de Soria.

El ejemplar, de hojas ya amarillentas, está encuadernado con lomo de piel azul marino y lleva en la primera página, escrita con tinta azul,  la firma sencilla de mi padre, José Luis ,  y una fecha: 1953. El año en que yo nací.

A través de este libro, con las hojas amarilleadas por el paso del tiempo, mandado a encuadernar por mi padre , como atestigua un pequeño sello,  a Calero en su taller de Bárbara de Braganza 9, en Madrid, para que pudiera resistir el paso de los años, más años de los que pudiera vivir él,  o quizás de los que pudiera vivir yo. Mucho más allá del tiempo, he vuelto a sentir el Guadarrama y a encontrarme con un Machado o con un Giner  muy profundos,

Hace casi  cien años  que estos poemas se escribieron  y cerca de  61 años en que mi padre los leyó en este mismo libro, quizás por primera vez, pero en estas tardes de julio, con el sol dorado de la tarde cayendo sobre Peñalara , releyendo a Machado, parece que el tiempo hubiera muerto por primera vez.

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El paso de las estaciones en el Guadarrama

Como ahora se celebra el primer aniversario de la creación del Parque Nacional de las Cumbres del Guadarrama, el diario El País ha publicado unas bellas fotos de Luis Miguel Ruiz Gordón, que  muestran, de forma muy especial, el contraste del paso de las estaciones por la Sierra. Las fotos están hechas de forma tan perfecta, que en una primera impresión pudiera parecer un efecto del Photoshop, pero las fotos son reales, realizadas en distintos meses ,desde el mismo sitio con el mismo encuadre y el mismo acercamiento del objetivo. Ruiz Gordón ha captado en su fotografía la belleza del paso de las estaciones en nuestra Sierra.

Mirar por favor las fotos de Ruiz Gordón,  ha logrado captar en ellas mucho más que  las formas, los colores y las luces, ha captado el silencio,  el aire frio y el olor del pinar en el otoño.

 

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